Ese día comenzó muy mal para Ethan, quien estaba siendo obligado por su esposa a celebrar su cumpleaños, y eso era lo que menos deseaba en ese momento. Pero en la tarde eso cambiaría, gracias a su mascota Bob, conoció a una chica en la playa, su nombre era Rachel. Ella también estaba cumpliendo años ese mismo día y al igual que Ethan, había tenido un terrible día.
Cuando se encontraron, su conexión fue instantánea, a pesar que no se conocían, sentían que no querían separarse, por lo menos no tan rápido. Así que con la promesa de Ethan de que la enviaría segura y directo a su casa, se quedaron conversando en la playa hasta que cayó la noche.
—¿A qué te dedicas?, ¿vives por aquí? —preguntó Rachel con curiosidad.
—Bueno, en realidad me dedico a muchas cosas… pero sobre todo a inversiones, y no vivo por aquí, vengo sólo de vacaciones. —No sabía que más decir, pero inclinó un poco la cabeza acercándola a la de Rachel, y abrazándola con más fuerza, sin pensar lo que iba a decir añadió—: Hoy me… separé de mi esposa, estuvimos casados casi veinte años, pero nuestra vida juntos ha perdido el sentido, no hay comunicación, no hay pasión. —Esto último lo dijo en casi un susurro—. Tengo dos hijos, pero estoy seguro que entenderán… ¿Te das cuenta?, ahora el que habla demasiado soy yo.
—Entiendo que tus hijos todavía no se enteran de tu separación —comentó Rachel, abrazando a aquel hombre que sentía tan vulnerable.
—Así es, lamento mucho tener que dejarlos, aunque sé que no es una despedida, pero la realidad es que no vamos a pasar el mismo tiempo juntos —respondió Ethan, correspondiendo a ese abrazo del que no quería soltarse.
—Qué situación tan difícil tienes. Ayer terminé con mi novio, llevábamos seis meses juntos pero… como hoy era mi cumpleaños, quería que yo le diera su regalo. Ayer me lo exigió, me dijo: “¡o pasamos el día juntos o me voy!”, así que le dije adiós, no me gusta que me presionen. Sin embargo…, lo extraño. Me imagino que tú con tanto tiempo juntos… bueno… debe ser doloroso —dijo Rachel con dulzura.
—Lo es, pero te aseguro que es más difícil vivir de engaños y complaciendo caprichos. —En su última frase, Ethan dejó sentir su rabia y frustración.
—Creo que eres un buen hombre, aunque no te conozco, estoy segura que encontraras mucho amor en tu vida, claro si es que ya no tienes a alguien más —comentó Rachel, con intención de saber si frecuentaba a alguien.
—Todavía no. —Sonrió Ethan y con cierta reserva preguntó—. Y tú ¿tienes a alguien?
—No, todo esto me hizo comprender que quiero sentirme libre, no quiero estar atada a nadie, por lo menos no en este momento. Es hora de comenzar a vivir, tengo años sintiéndome perseguida y viviendo con el miedo de que me regresaran a casa. Quiero tiempo para mí, quiero divertirme, pasarla bien y a veces… lo veo tan lejos, será ¿qué estoy pidiendo demasiado? —clamó Rachel, mirando a Ethan a los ojos.
—No lo creo, tienes todo el derecho. Me imagino que estás cumpliendo dieciocho años —afirmó Ethan mirándola a los ojos.
Rachel asintió con la cabeza confirmando el comentario.
—Además eres joven y hermosa, te aseguro que puedes conquistar el mundo.
Ethan se acercó suavemente a Rachel acariciando su mejilla y cuando ya era inminente un beso, Rachel bajó la mirada. Ethan se detuvo, guardó silencio y volteó a mirar los últimos rayos de Sol que se perdían en el horizonte, para más tarde darle paso a una hermosa y brillante luna.
Por su parte, Rachel no sabía que decir o qué hacer, también guardo silencio y se inclinó para acariciar a Bob.
—Creo que… ya es hora de irme. —Aunque en realidad no quería irse. Nunca había deseado tanto que el reloj se detuviera.
—Sólo abrázame unos minutos más, después de todo, nada nos asegura que nos volvamos a encontrar —susurró Ethan suavemente al oído de la chica y se quedaron inmóviles por unos instantes.
—¿Por qué hacemos esto?, no nos conocemos, es irreal, ¿no te parece? —admitió Rachel apenada.
—En realidad soy de los que piensan que todo sucede por una razón. Los dos estamos tristes, es nuestro cumpleaños. A veces el universo también conspira para alegrarnos —respondió Ethan en tono de broma.
—Viéndolo así, hasta tienes razón... Ahora cuéntame algo de ti, lo que se te ocurra.
Rachel seguía aferrada a ese hombre en un abrazo, que le daba tanta paz y seguridad. Aunque en sus pensamientos se cuestionaba y trataba de decidir si estaba actuando de forma correcta; ¿qué pensaría él de ella? Sin embargo, decidió no reprimirse y permitirse sentir algo que nunca había experimentado de parte de un hombre: Empatía.
—¿Qué te puedo decir?, hoy cumplí cuarenta y dos años, ya te dije que tengo dos hijos, un chico y una chica, ya hablamos de mi trabajo, ¿qué otra cosa quieres saber? —preguntó Ethan un poco incómodo, lo que Rachel notó y rápidamente se apresuró a decir.
—Nada más. Si te escribo… ¿me responderás? —preguntó Rachel tímidamente.
—Por supuesto, me encantaría que nos volviéramos a ver. Claro, si tú quieres —respondió Ethan—. Pero quiero preguntarte algo. —Estaba decidido a preguntar qué le había pasado que la dejó tan triste, quería saber el motivo, pero al mirar aquellos ojos que contenían las lágrimas, no pudo continuar, sólo añadió —: Si alguien te dijera que te va a conceder un deseo de cumpleaños, ¿qué pedirías?
—No estoy segura… Espera ¿tú quieres ser mi hada madrina? —respondió Rachel con una sonrisa.
—Si lo pones así, pero esa no era la idea —dijo Ethan riendo.
—En realidad, hoy quería… tenía esperanza… en verdad quería ser parte de una familia, aunque sólo durara unos instantes, quería… quería que mi familia celebrara conmigo mi cumpleaños, que me felicitara, compartir con ellos ¿sabes? Pero eso es imposible, en verdad imposible. Así que… basta de llorar por eso, ahora como deseo pediré… un teléfono, al mío le hace falta un cambio… Creo que no soy buena para pedir deseos.
A pesar que Rachel no lloró, sintió que su corazón se partía en dos, quería que su hermana, su mamá y tal vez su padre, a quien nunca más volvió a ver desde que dejó a su madre, se preocuparan por ella. Ese día descubrió, que ellos no hicieron denuncia alguna por su desaparición, al contrario se alegraron de tener una boca menos que alimentar. Le daba pena contar eso a un extraño.
—En este momento, lo que deseo es… un fuerte abrazo —susurró Rachel mirando a Ethan.
—Ven. —Ethan la tomó por la cintura y apretó su cuerpo contra el suyo, acariciaba su rubio cabello, ella dejaba descansar su rostro sobre su pecho, mientras él le dio un suave beso en la frente.
—Quisiera alegrarte, quisiera hacerte sentir mejor, dime ¿qué puedo hacer? —preguntó Ethan amorosamente.
—Encontrarte hoy, ha sido genial, para mí es suficiente, te he contado prácticamente mi vida, ahora me siento avergonzada, también tienes tus problemas... Creo que ya debo irme —dijo Rachel con tristeza.
—Para mí… ha sido una alegría conocerte. —Ethan no quería dejarla ir. Y sólo añadió—: Dame un minuto. —Tomó la mano de Rachel con una mano y con la otra sacó su celular y comenzó a llamar.
—Frank, necesito que vengas por mí… Si, donde siempre, me acercaré a la vía... Gracias, te espero.
Mirando nuevamente a la chica continuó diciendo:
—No te preocupes, Frank te llevará a tu casa, en verdad es tarde, y no quiero que por mi culpa tengas una mala experiencia.
Ethan se inclinó para colocar la correa de Bob y después comenzaron a caminar hacia la carretera, lo que les tomó poco tiempo, estaban cerca de ella. Cuando llegaron se detuvieron a esperar, había poco tráfico a esa hora, y ya estaba oscuro, las luces de los postes iluminaban el lugar.
—Te lo agradezco —respondió Rachel soltando su mano de la de Ethan muy despacio.
—No es nada, ahora me toca a mí preguntar si ¿puedo escribirte… más tarde? Me gustaría saber si llegaste bien a tu destino. —Se apresuró a decir Ethan tímidamente.
—Me encantaría —respondió Rachel y aunque quería disimular, se notaba entusiasmo en su voz.
En ese momento llegó Frank en el auto. Era el chofer y mejor amigo de Ethan, aunque se ocupaba de muchas cosas más, incluyendo la seguridad de la familia. La casa de la playa quedaba a poca distancia de allí, así que no tuvieron mucho tiempo para despedirse. Paró el auto cerca de ellos y bajo para saludar. Era un hombre moreno y corpulento, pero con cara amable donde siempre exhibía una sonrisa. Aunque ya tenía sus años, todavía conservaba algo de su juventud.
Tanto Ethan como Rachel se quedaron en silencio mirando a Frank, quien saludó con un gesto amable a la joven.
—Frank, por favor lleva a Rachel, ella te indicará para donde va —dijo Ethan a su amigo.
—Será un placer —respondió Frank con su acostumbrado buen humor.
Era evidente que ambos querían retrasar su despedida, y Rachel se preguntaba, cómo era posible sentir tanta tristeza al despedirse de un extraño, cómo era posible desear pasar más tiempo con alguien que apenas conocía. Temiendo haber estado sumida en sus pensamientos más tiempo del apropiado se acercó a Ethan y le dio un beso en la mejilla.
—Espero que sigas pasando bien tu cumpleaños y… escríbeme, no lo olvides. Nos vemos.
—Nos vemos… pero… espera, quiero pedirte algo —dijo inesperadamente Ethan a Rachel, volteando a mirar a Frank.
Mientras Frank con un rápido y disimulado movimiento, entró al auto y cerró la puerta.
—Dime —respondió Rachel como dándole tiempo a Frank para que se retirara.
—Es obvio que ambos hemos pasado un mal día y siendo nuestro cumpleaños… ¿qué te parece si celebramos y comemos pastel antes de que termine nuestro día?, juntos… por supuesto —propuso Ethan tímidamente a su nueva amiga.
—Y… ¿cómo sugieres que celebremos? —preguntó Rachel un poco nerviosa, en verdad no quería irse, pero tampoco quería ir demasiado rápido y arruinar todo.
—Tengo un apartamento… pero no pienses mal, no te estoy proponiendo nada inapropiado, sólo que pasemos más tiempo juntos, me esperas allí y luego veremos si salimos o nos quedamos. Comemos algo, compartimos un rico pastel, en fin, allá nos ponemos de acuerdo en cómo queremos celebrar.
En verdad, Ethan se sentía como un adolescente, no podía pensar con claridad, algo dentro de él le recordaba que era una chica muy joven, pero no quería escucharse a sí mismo, sólo deseaba continuar con ella, y que ese día no terminara tan pronto.
Después de pensar unos instantes, y a pesar que Rachel no se esperaba algo así, sentía que eso era lo que realmente deseaba, aunque no fuese lo correcto.
En realidad, no conocía a ese hombre, pero parecía tan amable y le gustaba tanto. ¿Cómo era posible que estuviera considerando esa posibilidad?, se reprendía y estaba enojada consigo misma; siempre había sido muy prudente en su vida, pero sólo deseaba seguir con él. Después de un breve silencio, le respondió:
—Siempre que no implique tener sexo, no te quiero ofender, eres un hombre atractivo, pero no te conozco lo suficiente. Reconozco, que si, quisiera divertirme y olvidarlo todo, si te conviene a ti, acepto tu propuesta —respondió Rachel con sinceridad.
Ethan no pudo evitar reírse, y tomó la mano de la chica.
—¿Siempre eres tan directa?, pues te diré algo, no niego que la idea del sexo siempre pasa por la cabeza de un hombre, pero el tiempo dirá, no hay nada obligado. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de la compañía de alguien y me gustaría… pasar más tiempo contigo y conocerte —respondió Ethan con sinceridad, pero con ánimo de ser gracioso más que de hacer una propuesta directa.
—Me gustan las cosas claras. Hoy ha sido un día difícil para mí, por no decir horrible, y sí, quisiera hacer algo… agradable hoy… pero… está bien para mí, si me aseguras que no esperas nada a cambio —recalcó Rachel con cierta duda en su voz.
—Te doy mi palabra, no estás obligada a hacer nada que no quieras. Entonces, ¿lo tomo como un sí? —preguntó Ethan y se notaba la alegría en su voz.
—Sí, tengo muchas ganas de comer pastel —dijo Rachel inclinándose y despidiéndose de Bob con mucho cariño—. Te veré luego grandote.
Ethan quería responderle, pero no consiguió nada apropiado que decir, así que se limitó a sonreír, le abrió la puerta del auto para que subiera y se despidió.
—Nos vemos, tengo algo que hacer, pero te seguiré lo más pronto posible.
Rachel, hizo un gesto de aprobación y se subió al auto. Mientras Ethan le informó a Frank cuál era su destino. Cerró la puerta y se despidió con la mano, para comenzar a caminar de regreso a la casa de la playa.
—Bueno amigo, es hora de regresar, tengo que agradecerte por alegrar mi día y por ayudarme a tomar una decisión, es hora de continuar —dijo Ethan a su mascota Bob, en el camino de regreso a casa.
Ethan, sólo pensaba en Rachel, la chica que había conocido en la playa, y que ahora lo estaría esperando en su apartamento. Trataba de decidir cómo actuaría, qué le diría, pero sobre todo, cómo borraría esa profunda tristeza que tenía en su mirada. Sentía que todo había pasado tan rápido, aunque lo que menos necesitaba en ese momento era pensar bien las cosas, prefirió dejarse llevar. La diferencia de edad entre ambos era mucha, pero la atracción era muy fuerte.
Llegó a la casa de la playa y se paró frente a ella por unos instantes. Estaba algo nervioso, luego continuó. Entró y no escucho ruidos ni conversaciones. Quitó la correa a su perro, quien de inmediato se dirigió a la cocina, luego subió las escaleras hasta su habitación, y encontró a su esposa Emily leyendo un libro en la cama. Sin pronunciar palabra alguna se sentó para quitarse los zapatos, prepararse y darse un baño.
—¿Cómo la pasaste hoy? —preguntó Emily con ironía.
—Aburrido, incómodo… —respondió Ethan con voz calmada y luego añadió —: Me imagino que esa es la respuesta que esperabas.
—Esperaba algo más… impactante, pero creo que es suficiente castigo, por no dejarme hacer la fiesta que tanto había planeado —contestó Emily con una sonrisa.
—¿Sabes qué? —dijo Ethan mirándola a los ojos—, ya me cansé de ésta mentira, de tus castigos y de que seas tan malcriada, es mejor que terminemos aquí, no creo que nuestra situación pueda mejorar, basta de terapias, basta de paciencia, es momento de separarnos.
Emily, soltó el libro, no podía creer lo que escuchaba, pensaba que ella no se merecía eso, sólo quería celebrar por todo lo alto el cumpleaños de su esposo, definitivamente él no la comprendía.
—¡No puedes hacer esto, no te lo acepto! —exclamó Emily levantando la voz.
—No hagas un drama, te lo he repetido muchas veces, no me gustan tus castigos. Estás ciega, sólo quieres cumplir tus caprichos y ya no estoy dispuesto a soportarlo. —Con voz segura pero calmada Ethan le respondió a su esposa, que se alteraba cada vez más—. Voy a bañarme, me cambio y luego me iré.
Ethan se fue al cuarto de baño, tardó sólo unos minutos, salió, se vistió ante la mirada atónita de Emily, que seguía llorando pero sin saber que más decir. Todavía no podía creer lo que estaba haciendo, miró a su esposa, ella le devolvía una mirada fría, sus lágrimas corrían por sus mejillas silenciosamente.
Se quedaron unos momentos contemplándose el uno al otro, Ethan quería salir lo más pronto posible de esa habitación y le dijo en voz baja.
—Voy a hablar con los chicos.
Terminó de vestirse y salió de la habitación dejando a Emily inmóvil de la impresión en la cama. Fue a la habitación de Matthew, llamó a la puerta, pero nadie respondió, así que siguió hasta la habitación de Sarah y tocó la puerta.
—¿Si? —respondió Sarah.
—¿Puedo entrar?…, necesito que hablemos —dijo Ethan.
Sin embargo, no había terminado bien la frase cuando una preocupada Sarah abrió la puerta.
—Claro papá, pasa… ¿qué sucede? —preguntó Sarah, mirándolo con curiosidad.
Ethan pasó y se sentó en la cama, con su mano le indicó a su hija que lo acompañara. Cuando Sarah se sentó a su lado, Ethan tomó su mano.
—Siento mucho tener que decirte esto pero… —Ethan no terminó de hablar
Sarah sabía exactamente lo que iba a decir y continuó sus palabras.
—Mamá y tú se van a separar, ¿cierto? —Sarah apretó con fuerza la mano de su padre y sus ojos brillaron y se nublaron de lágrimas.
—Sí —respondió Ethan, aunque era casi un susurro—. No puedo seguir así. No quiero dejarlos, pero... —Tuvo que callar para evitar decir, ya no la amo y luego añadió—: Es mejor separarnos. Cuando me instale les aviso, ya sabes que puedes llamarme cuando quieras o cuando me necesites. Te amo a ti y a tu hermano, eso nunca cambiará, espero que comprendan. Pasé por la habitación de Matthew, pero creo que no está.
En ese momento se abrió la puerta y era precisamente Matthew el que entraba a la habitación.
—Lo siento papá, no soy tan valiente como Sarah —dijo Matthew mirando a su hermana con una tierna sonrisa—. Escuche a mamá y tuve miedo de lo que venías a decirme. —Matthew tenía lágrimas en los ojos.
—No hijo, yo lo siento de verdad —aseguró Ethan de corazón.
Ethan se levantó, abrazó a su hijo y no pudo evitar que también se le escaparan algunas lágrimas. Sarah se unió a ellos y los tres se fundieron en un fuerte y largo abrazo. Secó las lágrimas de sus hijos para luego secar las suyas.
—No tengo palabras para decirles lo que me siente tener que irme, pero no puedo seguir alargando ésta situación, como le dije a Sarah, luego les paso donde estoy, por ahora no tengo nada definido; llámenme si me necesitan, no dejen de comunicarse conmigo, voy a tomarme unos días, probablemente viaje por una semana. Cuando regrese tramitaré el divorcio, para mí, es una decisión definitiva.
—Eso le comente a Matthew ésta tarde, mamá fue muy injusta hoy contigo, hasta la comida y el pastel no eran de tu agrado. Invitó a su hermana y a ese tonto para fastidiarte, no me extraña que hagas esto hoy —afirmó Sarah.
A Sarah le temblaba la voz, estaba enojada con su madre. Matthew todavía con lágrimas en los ojos, asintió con la cabeza, también estaba dolido por lo que había pasado.
—No quiero que se enojen con su madre, pero les doy las gracias porque eso demuestra que me conocen y me quieren. Hay muchas cosas en una relación, que pueden hacer que las personas se comporten de esa manera. Les encargo mucho a Bob —dijo Ethan con una pequeña sonrisa—. Los amo, ténganlo siempre presente.
Ethan se despidió muy triste de sus hijos, y salió de la habitación de Sarah cerrando lentamente la puerta detrás de él. Se dirigió a la cocina donde se encontraban reunidos varios empleados y le pidió al chofer de su esposa que lo llevara a su oficina. Caminaron hacia el auto y emprendieron rápidamente su camino. Ethan sacó su celular y le escribió a su nueva amiga.
Ethan_20:54
Hola, ¿cómo les va?
Rachel_20:56
Todo bien, Frank dice que falta poco. Y tú ¿cómo estás?
Ethan_20:57
Bien, voy en camino. Dime de qué sabor prefieres de pastel.
Rachel_21:01
Sorpréndeme, que sea de tu gusto, pero algo especial.
Ethan_21:03
No me quedó claro, así que te pregunto de nuevo ¿qué pedirías como deseo de cumpleaños?
Rachel_21:05
Ser libre… y tal vez un celular nuevo.
Ethan_21:06
¿Por qué no te sientes libre?
Rachel_21:10
No lo sé, tal vez por vivir tanto tiempo con la angustia de que me regresaran a mi casa.
Ethan_21:11
Quiero ayudarte.
Rachel_21:12
¿Cómo?
Ethan_21:13
Me las arreglaré. Por lo menos hoy dibujaré una sonrisa en tu hermoso rostro.
Rachel_21:15
Te espero, ya llegamos.
Ethan, nunca creyó que sería capaz de dar ese paso, dejar todo atrás y seguir adelante y mucho menos encontrar a alguien como Rachel, se sentía muy atraído por ella, a pesar de las circunstancias. Era hermosa, inteligente, dulce, joven, sobre todo joven. Se cuestionaba sentirse atraído por una chica que podría ser su hija, nunca le había pasado. Definitivamente esa chica era especial.
Había transcurrido cierto tiempo, aunque Ethan no estaba seguro de cuanto, iba camino a la oficina, mientras estaba sumergido en sus pensamientos. Entonces notó que el joven chofer lo miraba con curiosidad y se comunicaba con alguien por su móvil, por lo que llamó a Frank.
—Voy a la oficina, te espero. —Sin decir nada más guardó su celular y continuó en silencio hasta que llegó a su destino.
Bajó del auto y se despidió con cortesía:
—Muchas gracias.
—Pero Señor, ¿quiere que lo espere? o algo —preguntó el chofer apresuradamente.
—No gracias Manuel, puedes regresar a la casa. —Ethan cerró la puerta y se dirigió al edificio donde se ubicaba su oficina.
A pesar que era tarde, en el edificio siempre había personas trabajando todos los días de la semana, a cualquier hora del día. Cuando el joven de seguridad se dio cuenta que el que bajaba del auto era Ethan, enseguida le fue a abrir la puerta.
—Buenas noches, Señor. —dijo el joven.
—Buenas noches, Steve, así que hoy te tocó trabajar de noche —aseveró Ethan con una sonrisa.
—Así es Señor, por cierto, espero que haya pasado un feliz cumpleaños —expresó Steve rápidamente.
—Si gracias, muy amable.
Ethan se dirigió al ascensor, pero en lugar de subir a su oficina bajó al estacionamiento, y allí a unos pocos pasos ya estaba Frank esperándolo. Se apresuró a subir al auto.
—¿Vamos a su apartamento, Jefe? —preguntó Frank con picardía—. Dejé instalada a la joven, que por cierto estaba muy impresionada con el lugar.
—Primero pasemos por una pastelería. No, mejor vamos a visitar a Katherine. —respondió Ethan, sin mirar a Frank, se le notaba apenado y nervioso, luego comenzó hacer unas llamadas.
—Buenas noches, Giselle, soy Ethan…, si, bien, gracias, necesito un gran favor. Necesito que envíes unos vestidos de noche, pero para una chica joven…, si, zapatos, bolso, lo que se te ocurra…, no lo sé, tres o tal vez cuatro…, no tienes que molestarte, envíalos con alguien de confianza…, te paso la dirección…, es personal, confío en tu discreción… Gracias.
En ese momento, recordó las palabras de Rachel, diciendo que le gustaría un teléfono celular nuevo, así que, llamó a su amigo Charles, que era dueño de una tienda y además era su cliente y amigo.
—Charles, amigo mío… gracias, gracias… si lo recibí. Te llamo porque necesito otro celular, igual al mío… si, Frank pasará por allá en un rato, gracias, nos vemos. —Ethan tranco la llamada, mientras se quedaba pensando unos instantes.
—¿Estás seguro de lo que haces? —preguntó Frank mirándolo por el espejo retrovisor.
—En realidad no. Pero si me preguntas como me siento, te diría excelente —respondió Ethan a su amigo.
Llevaban mucho tiempo trabajando juntos y se tenían confianza y gran estima.
—Hoy me separé de Emily. Frank, por fin tuve el valor de hacerlo y los chicos me entienden, ya hablé con ellos. Ahora sólo quiero seguir adelante —comentó Ethan emocionado.
—Y no me digas, esa chica te ayudó a dar ese paso. No la había visto antes, ¿de dónde la conoces? —preguntó Frank con inquietud.
—La conocí hoy en la playa —respondió Ethan con una sonrisa—. Bob me la presentó. Hoy también es su cumpleaños ¿qué te parece?
—Una locura, es muy joven, aunque muy hermosa, pero ¿crees que estás actuando correctamente? —preguntó nuevamente Frank con toda sinceridad y seriedad.
—No, sé que no, pero no puedo, ni quiero evitarlo. Me encanta esa chica y no me reproches Frank, ahora te pareces a mi madre —contestó Ethan tratando de hacer un chiste de la situación, logrando que Frank sonriera también.
—No fue mi intención, entonces… ¿a buscar el celular? —dijo Frank para terminar la conversación.
—Sí, me parece bien, mejor llamo a Katherine para no llegar tan tarde —comentó a su amigo.
Ethan llamó a su amiga Katherine, le pidió varios pasteles y aperitivos y le envió la dirección de su nuevo hogar.