Portada de la novela Te quiero sólo para mí.

Te quiero sólo para mí.

8.3 / 10.0
Con 42 años, el millonario Ethan coincide con la joven Rachel, de 18, en una playa durante un amargo cumpleaños compartido. Ella carga con las secuelas del abandono, mientras él intenta ganarse su corazón mediante lujos y regalos. Pese a la brecha generacional y los prejuicios que los obligan a ocultarse, surge un vínculo intenso. Sin embargo, una venganza externa y secretos profundos amenazan su unión. ¿Logrará su amor sanar las heridas del pasado?

Te quiero sólo para mí. Capítulo 1

Apenas comenzaba el verano y ya se sentía el calor, aunque una suave brisa llegaba desde la playa, mientras el sol poco a poco ganaba más intensidad.

Para Ethan Marshall era un día especial, su cuadragésimo segundo cumpleaños. Seguía siendo un hombre muy atractivo, de contextura fuerte, cabello castaño salpicado por algunas canas y ojos azul celeste. Estaba reclinado en una cómoda silla cerca de la piscina, acompañado de su familia y evitando tomar Sol en su casa de la playa. En verdad a Ethan no le agradaba el Sol.

Su esposa, Emily Johnson, una mujer hermosa de su misma edad. Tenía cabello castaño con reflejos rubio dorado, ojos azul celestes y conservaba una impresionante figura. Le encantaba organizar grandes eventos sociales. Todavía estaba enojada con Ethan por su decisión de no celebrar con una gran fiesta su cumpleaños, como era costumbre para esa fecha.

A pesar de tener una gran fortuna, Ethan no se sentía de humor para celebraciones. Definitivamente estaba inconforme con su vida.

Tenía dos hijos, Matthew de diecinueve años y Sarah de quince. Ambos estaban muy animados junto con sus primos David y Madison en la piscina, planificaban los “Dulces dieciséis” para Sarah, que los cumpliría en diciembre de ese mismo año. Conversaban amenamente y se hacían bromas entre ellos.

Matthew era un joven muy atractivo, heredó el porte de su padre, alto, fuerte tenía sus mismos ojos y dulce sonrisa. Sarah, por su parte, era una chica de mediana estatura, cabello castaño largo y liso, tenía un cuerpo atlético por ser deportista, pero su rostro era muy dulce y sus ojos expresaban alegría y vitalidad.

Su hermosa esposa Emily, estaba acompañada de su elegante e insoportable hermana Ashley, cuyo marido de turno, Michael, la seguía como un perrito faldero, llenándola de halagos, y tratando de ser el centro de atención para toda mujer que estuviese a su alrededor. Hablaban de trivialidades.

Sin embargo, Ethan no se sentía a gusto en ese lugar, miraba el horizonte como esperando que algo sucediera y lo sacara de allí. Sentía que todos sus días eran iguales, no había nada nuevo, sólo trabajo, reuniones familiares y eventos sociales; pero ese día era el peor de todos para él, era su cumpleaños y lo que menos deseaba era celebrarlo.

Ethan deseaba que el día terminara muy rápido. Pensaba que apenas estaba finalizando junio y ya se sentía el desagradable calor, era evidente que no le agradaba el verano, aunque se sentía aliviado de que por lo menos los chicos se divertían.

—¡Oye papá! —gritó Matthew—, ¿qué te parece si Sarah se viste de rojo y blanco en su cumpleaños? Se vería genial y estaría acorde con la época navideña. —Guiñándole un ojo con una sonrisa de picardía.

—¡NOOO! —gritó Sarah ofendida—. No sabes nada de moda, ve a jugar fútbol con tus amigos.

Aunque esto logró sacar una medio sonrisa de Ethan, no pudo continuar con la broma, sólo se limitó a señalar a Sarah en señal de aprobación a su comentario.

En ese momento, Ethan recibió una llamada y mientras sacaba su teléfono celular del bolsillo de su short bermuda, Emily le gritaba enojada:

—¡Te dije que lo apagaras, hoy es un día para compartir en familia, olvídate de la oficina!

—No te preocupes querida, di instrucciones para que sólo me llamaran en caso de estricta emergencia —contestó Ethan a modo de disculpa, pero con cierto entusiasmo en su voz.

Su emoción duró poco, sólo era su hermano Albert con el que no quería hablar en ese momento, y mirando la pantalla de su teléfono celular, le dijo a su esposa:

—No es nada cariño, es sólo Albert… otra vez…, ya se cansará de llamar. —Se levantó para dar unos pasos a su alrededor y cambiar de lugar huyendo del Sol, y buscando seguir apartado y a la sombra.

Ethan, estaba distanciado de su familia, especialmente de su hermano Albert, quien trató de estafarle una gran fortuna, por lo que no tenía mayor trato con él. Además de saber, que sólo lo llamaba para proponerle negocios torcidos, que representarían una gran inversión para él y una pérdida segura.

Sus padres, Arthur y Lily, vivían en Londres. Los visitaba cada año, sobre todo en vacaciones escolares para llevarles a sus nietos; pero ese año no tenía ánimos de viajar. Así que, postergo su encuentro para navidad, alegando mucho trabajo, después de todo, ellos seguro asistirían al cumpleaños de Sarah y así no tendría que viajar.

El día transcurrió lenta y traumáticamente para Ethan. Luego del almuerzo partieron el pastel, que al igual que la comida, eran todo lo opuesto a lo que él consideraría sus platillos favoritos.

Así pasaron las horas, entre un profundo silencio de parte de Ethan, risas y juegos entre los jóvenes presentes y conversaciones superficiales entre su esposa y su cuñada, hasta que llegó el atardecer.

Cansado de estar en ese lugar, Ethan se levantó y le informó a su esposa que se iba a retirar.

—Voy a pasear el perro querida, vuelvo más tarde.

—Está bien cielo, creo que por hoy ya te he torturado suficiente —afirmó Emily, acercándose a su esposo y dándole un beso de despedida, mientras Ashley y su marido sonreían burlonamente.

—Nos vemos luego, gracias a todos por acompañarme hoy. —Se despidió Ethan amablemente.

—Sí, claro cuñado, me alegra que disfrutaras nuestra… compañía —dijo Ashley con un toque de ironía.

—Claro que si mi reina, quien no disfrutaría de tu presencia —señaló Michael con tono empalagoso y prepotente.

A Ethan, no le quedó más que despedirse con una sonrisa forzada, para evitar comentarios inapropiados, mientras sentía que con cada paso que daba salía de su tortura y recuperaba su libertad.

La familia Marshall, tenía de mascota a un hermoso perro Foxhound americano llamado Bob, al que Ethan le dedicaba parte de su tiempo. Lo llamó desde la puerta con su correa en la mano y la mascota salió con su acostumbrada alegría.

—Buen chico, vamos a dar un paseo —dijo a su perro, acariciándolo y colocándole la correa para salir de ese lugar.

Cuando llevaban poco rato caminando, se inclinó hacia Bob y soltó su correa, luego se sentó en la arena, y le dijo:

—Anda, ve, diviértete.

Su consentida mascota corría de un lado a otro. Ethan le lanzaba una rama que había encontrado en la playa y el perro se la devolvía para continuar con su juego, pero para su sorpresa, de repente el perro corrió hacia otro lado en busca de una chica que caminaba por la playa.

—Bob, ¡detente!, ¿qué haces amigo?, ¡ven regresa! —gritó Ethan a su mascota levantándose rápidamente.

—Hola hermoso, ¿eres tú? —dijo la chica acariciando al animal que se le encimaba con sus grandes patas, e inclinándose hacia él para leer su placa de identificación.

Al escucharla Ethan se acercó, mirando sorprendido a la chica.

—Disculpa a mi perro, no sé qué le ha pasado, generalmente es muy bien portado.

—No te disculpes…, es que somos amigos, ¿verdad, Bob? —respondió la chica acariciando al perro, luego levantó la mirada y observó al hombre con especial interés, era muy atractivo.

—Me llamo Ethan, soy amigo de Bob, disculpa la pregunta, pero ¿de dónde se conocen? —preguntó Ethan extendiendo su mano para saludar muy cortésmente.

—Trabajo en la peluquería canina donde llevan a Bob. Mi nombre es Rachel, gusto en conocerte —respondió Rachel tomando su mano con timidez.

—El gusto es mío, siempre pensé que a Bob no le agradaba ese lugar, pero veo que encontró a una amiga allí —dijo Ethan a la joven.

Ethan, estaba deslumbrado con la belleza de la chica. Rachel Lambert, era rubia de cabello largo liso hasta la cintura, intensos ojos verde azulados, rostro angelical y una hermosa figura que resaltaba con su vestido blanco que llegaba casi hasta sus tobillos. Llevaba un pequeño bolso y sus sandalias en la mano.

—Pero es un poco tarde, ¿qué haces por aquí a ésta hora?, si me disculpas la pregunta —aclaró Ethan a la chica.

—Sólo daba un paseo y creo que me perdí en el tiempo, cuando me di cuenta ya era tarde; pero siempre hay tiempo para un amigo, ¿verdad, precioso? —dijo Rachel a Bob acariciando su cabeza.

En ese momento, Bob salió a buscar la rama con la que jugaba con su dueño y la volvió a colocar en su mano.

—Eres incansable amigo mío —dijo Ethan a su fiel compañero.

Rachel observaba a Bob con una sonrisa que cautivó a Ethan y lo paralizó por un momento, luego continuó lanzando la rama a su perro.

Quería preguntar tantas cosas, dónde vivía, de dónde era, qué hacía por allí, pero se contuvo para no parecer ansioso o entrometido.

Al observar con atención a Rachel, se dio cuenta de que en su mirada se apreciaba una profunda tristeza.

—¿Desde cuándo trabajas en la peluquería?, parece que se conocen desde hace tiempo —preguntó Ethan para romper el incómodo silencio.

—Trabajo allí desde hace casi dos años y Bob es uno de sus mejores clientes —respondió Rachel mirando a Ethan con curiosidad—. ¿Tú eres su dueño? —preguntó.

—En realidad es de la familia, pero me agrada compartir tiempo con él, así que cuando puedo… —Ethan guardo silencio de repente para acariciar a Bob y continuar con su juego—. Cuando puedo, aprovecho para estar con él. —Y tras otra pequeña pausa continuó diciendo, mirando a los ojos a Rachel—. No quiero ser entrometido…, pero siento que estás muy triste.

—No, no sé…, sí…, creo que sí, es curioso que me lo digas.

Rachel se quedó sin palabras y muy sorprendida, nunca esperó que un extraño notara su tristeza. Estaba acostumbrada a que los hombres miraran su cuerpo, no su ánimo. Guardó silencio unos instantes, se sentó en la arena y compartió con aquel extraño parte de su tristeza.

—Es que…, hoy es mi cumpleaños…, fui a visitar a mi madre y eso siempre me deprime.

—¿Por qué te deprime?, si puedo preguntar —dijo Ethan sentándose en la arena cerca de la chica, pero al ver que se quedó en silencio añadió—: Que casualidad tan grande. —Mostró a Rachel su teléfono celular con los mensajes de felicitación—. También es mi cumpleaños.

La chica lo miró sorprendida y luego rieron al mismo tiempo, pero la verdad era que los dos estaban tristes y buscaban una respuesta a sus problemas. Ambos guardaron un breve silencio.

—Es muy poco probable encontrarse con alguien que cumpla en tú mismo día, pero esto es una locura, encontrarnos precisamente el día de nuestro cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños!, espero que la hayas pasado bien —dijo Rachel con sinceridad.

—La verdad, hoy no la he pasado muy bien, sé que soy afortunado, tengo una hermosa familia, pero… quiero algo más, ya no me siento a gusto con ellos, creo que es hora de avanzar, me siento estancado.

Esa era la primera vez que Ethan hablaba sobre sus sentimientos, la primera vez que expresaba sus pensamientos con palabras, así que bajó la cabeza con cierto pesar y también con vergüenza, le estaba contando todo eso a una joven extraña. En ese instante la chica tomó su mano suavemente.

—Creo que ambos necesitamos un abrazo.

En ese momento, Rachel se acercó a Ethan y le dio un suave y corto beso en sus labios y lo abrazó con fuerza. De sus ojos salieron lágrimas y sintió que aquel hombre correspondía a ese abrazo con todo su corazón. Luego se separaron poco a poco y volvieron a reír juntos al ver a Bob sentado junto a ellos, esperando para seguir jugando y observándolos con curiosidad. Se miraron con ternura y ella secando sus lágrimas le dijo:

—Cuando tenía quince años me fui de la casa. Quería comenzar una vida nueva lejos de los vicios y los problemas. Me costó mucho al principio, la gente no me daba trabajo porque era muy joven, y los que me contrataban esperaban que me acostara con ellos.

»Pase por varios trabajos, desde limpiar baños hasta pasear mascotas y esto último me resultó muy bien, conseguí varios clientes. Un día una Señora me dijo: “Si me bañas al perro te daré cinco veces lo que te pago por pasearlo”, por supuesto acepté de inmediato, pero le puse una condición, le dije: “Lo baño en el jardín”, en realidad era porque me daba miedo entrar a la casa, y como ella estuvo de acuerdo, fui a llevar los otros perros a sus dueños y regresé.

»Su perro era un poco malhumorado y a veces hasta agresivo, pero acepté el reto, aunque te aseguro que estaba muy nerviosa. Luego salió una joven de la casa, me entregó lo que necesitaba para bañarlo y me dijo en voz baja: “odia que lo bañen, ten cuidado”, por lo que le agradecí el gesto.

»Dejé las cosas a un lado, comencé a jugar con el enorme animal, era un Rottweiler, y poco a poco jugando con él, lo fui mojando, hasta que logré bañarlo sin problemas.

»La Señora me observaba desde la casa, cuando terminé de bañarlo se acercó y me pregunto: “¿Quieres trabajar para mí?, tengo una peluquería canina y hay varios casos difíciles, te pagaré bien, si tu mamá lo aprueba”. Le fui sincera y le explique mi situación, pensé que ya no me daría el trabajo, pero para mi sorpresa, me contrató y comencé a trabajar para ella.

»Creo que estoy hablando mucho.

—No, no, no, me encantó tu historia, es genial, eres muy valiente, creo que yo no le hubiese tocado a ese perro más allá de su correa. —Sonrió Ethan pasando su mano por la cabeza de Bob que se había tumbado al lado de ambos, luego añadió—: Y ¿cómo te llevas con tu jefa?

—Muy bien, me ha ayudado mucho y gracias a ella encontré donde vivir, hasta ese momento dormía en la calle o en refugios. Ha sido muy buena conmigo, le tengo gran aprecio… —Guardó un corto silencio y luego añadió—: Creo que ya debo irme, ¿les puedo tomar una foto?

—Si me dejas tomarte una a ti —respondió Ethan sonriendo.

Ambos se tomaron fotos y guardaron sus números de teléfono, sin embargo, y a pesar que ya el Sol se apagaba poco a poco, no querían separarse, el poco tiempo que llevaban hablando parecía una eternidad pero los dos querían más.

—Es hora de irme, fue agradable conocerte, se hace tarde y todavía tengo mucho camino por delante para llegar a la estación. —Rachel le extendió su mano a Ethan para despedirse.

—Quédate un poco más, prometo enviarte segura a tu destino. —Se apresuró a decir Ethan tomando su mano.

—¿Estás seguro que quieres que me quede?, hablo mucho, te aburrirás pronto —preguntó Rachel con picardía.

Ethan no soltó la mano de Rachel, la acercó aún más y pasó su otro brazo por su espalda. La chica acomodó la cabeza en su hombro, dejándose abrazar por aquel extraño. Así permanecieron un largo rato, en silencio, observando cómo se escondía el Sol, mientras Bob estaba acostado a su lado y una suave brisa, que aún traía algo del calor de ese día, les golpeaba la cara.

—Que locura, estoy abrazada en la playa a un extraño, precisamente el día de mi… bueno, nuestro cumpleaños —admitió Rachel bromeando con aquel hombre que le hacía sentir tanta tranquilidad.

—No te preocupes, no soy peligroso —aclaró Ethan riendo del comentario de su nueva amiga.

Se quedaron otro rato abrazados y mirando al horizonte, deseando que ese momento no terminara.

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