—No hace falta confirmar con ellos, que sea una sorpresa de un amigo.
Después de dejar todo listo, me llegó un mensaje de Lucas. Me mandó una ubicación con un tono de lo más provocador: "Mañana es el ensayo de la boda con mi mujer. Esta noche te tengo un regalito... a ver si tienes los pantalones de recibirlo.
Dudé solo unos segundos y decidí ir.
Al entrar al bar, me topé con la mejor amiga de Ivana. Estaba borrachísima, tomando aire afuera de un reservado.
Cuando me vio, soltó una carcajada:
—¿Por qué te pareces tanto al noviecito de Ivana? ¿Será que estoy viendo visiones? Esa mujer se pasa de lanza. Ya se va a casar y sigue con su teatrito. Ni miedo le da que la cachen. Por su culpa ni podemos hablar, no sea que se nos escape algo.
La miré sin decir nada mientras ella se tambaleaba, sintiendo una profunda tristeza.
Resultó que todo el mundo sabía que se casaba con Lucas.
Yo era el único tonto que no tenía idea. Mis seis años de relación no eran más que un chiste de mal gusto.
Me quedé quieto afuera del reservado. Por la rendija de la puerta vi a Ivana —que supuestamente estaba trabajando horas extra— sentada en las piernas de Lucas, bebiendo una copa tras otra.
Lucas, con una sonrisa burlona, la rodeaba por la cintura. Se veían tan unidos, como una verdadera pareja de enamorados.
De pronto, alguien soltó la pregunta:
—Oye, Ivana, ¿en serio vas a seguir engañando a Marcos así? ¿No crees que esté mal?
Ivana se detuvo en seco y se le endureció la mirada:
—Les advierto que nadie le diga nada a Marcos, o ya saben de lo que soy capaz. Esto es solo un matrimonio por conveniencia. Incluso si él se entera, no me culpará. Se lo voy a explicar, pero no ahora.
Frunció el ceño, harta, y se tomó el trago de un solo golpe, como queriendo sacudirse la ansiedad.
Lucas pareció notar que yo estaba afuera, porque su sonrisita de burla se hizo todavía más obvia.
Con toda la intención de picarme, le acarició la cara a Ivana.
—Ay, mi amor... si sigues haciéndote la que ama tanto a Marcos frente a mí, me voy a poner celoso.
Ivana respondió con voz mimosa:
—Qué celoso eres, ¿quieres que te dé un beso?
Y tras decir eso, se inclinó para darle un beso apasionado a Lucas.
Observé esa escena tan asquerosa con una frialdad absoluta. Toda esa tensión que había estado cargando por tanto tiempo, por fin se esfumó.
Pensar que alguna vez nos apoyamos en los peores momentos... y ahora, todo se había ido directo a la basura. Qué ironía.
Sabía perfectamente que Lucas hacía esto para que yo lo viera, así que no me iría con las manos vacías.
Saqué mi celular en silencio y grabé esa escena asquerosa.
Al terminar, me di la vuelta para irme.
Justo en ese momento, Ivana se levantó toda tambaleante. Se ve que ya se había hartado de tanto beso y, de pronto, se acordó de mí, murmurando en voz baja:
—Bueno, ya estuvo, ya me voy. Tengo que pasar por el pastel de Marcos... ustedes sigan en lo suyo.
Me detuve un instante, pero no miré atrás y me alejé de ahí.
Esa noche Ivana ni se apareció por la casa y, por supuesto, el dichoso pastel nunca llegó.
Pero el celular no paraba de vibrar. Lucas me bombardeaba con sus fotos íntimas.
Faltaban dos días para irme cuando sonó la alarma.
Sin avisarle a nadie, me puse un cubrebocas y entré con sigilo al hotel.
Ahí estaban: Lucas e Ivana en pleno ensayo.
Llevaban puestos el vestido y el traje que yo mismo había diseñado con tanto cuidado.
Los vi caminar por el escenario siguiendo las indicaciones del maestro de ceremonias.
Me quedé ahí, observando cómo se miraban con ternura mientras se ponían los anillos que simbolizaban la eternidad.
Lloraban a más no poder mientras se besaban, dejándose llevar por la emoción.
En ese momento se me llenaron los ojos de lágrimas y no pude evitar bajar la mirada para frotarme los párpados cansados.
Alguien del personal, como si hubiera encontrado con quién platicar, me dijo con entusiasmo:
—¡Qué tierno, ¿verdad?! La verdad, yo pensé que entre la gente rica no existía el amor del bueno. Se nota que se adoran; la mirada no miente.
Forcé una sonrisa:
—Sí... se ve que se quieren mucho.
Ivana, como si hubiera sentido mi mirada, volteó de golpe hacia donde yo estaba. Por puro instinto, me bajé la gorra hasta los ojos y agaché la cabeza.
Lucas también miró hacia acá con una sonrisa triunfal:
—¿Qué pasa, Ivana? ¿Viste a alguien conocido?
Ivana se quedó desconcertada un segundo y luego respondió:
—Nada, me confundí.
Volví a levantar la vista, miré los trajes que llevaban puestos y susurré:
—Bueno... al menos mi sueño se cumplió.
Aunque no fuera yo quien vestía el esmoquin ni el que caminaba hacia el altar, al menos yo mismo diseñé esa ropa.
De cierta forma, era el cierre de mis seis años de juventud y de este amor que un día me consumió.
Al terminar el ensayo, Lucas me interceptó en la puerta del camerino. Me miró de arriba abajo con una sonrisa burlona:
—Después de todo lo que te he mostrado estos días, ¿todavía no te rindes? Tal vez Ivana te quiso alguna vez, pero si de verdad te amara, ¿crees que se casaría y se acostaría conmigo? Tú y nosotros somos de mundos distintos. Te aguantaba porque eras su novio, pero mejor ubícate de una vez y lárgate. Desaparece de nuestras vidas lo más lejos que puedas.
Dicho esto, dio media vuelta con desprecio y se marchó.
En ese momento sonó el tono especial de mi celular: era Ivana. No le contesté. A los pocos segundos llegó un mensaje: "Marcos, anoche trabajé hasta muy tarde y no regresé para no molestarte. Tengo un viaje de negocios inesperado estos dos días, pero vuelvo pasado mañana. No te enojes conmigo. Cuando regrese te llevo el pastel que te gusta."
Al leer su mensaje, me invadió una tristeza profunda.
Qué esfuerzo el suyo: tener la energía para organizar una boda y, al mismo tiempo, esmerarse tanto en mentirme y fingir que me amaba.
Se me enrojecieron los ojos, pero no solté ni una lágrima.
Alguien que traiciona el amor de esa manera no merece ni un segundo de mi sufrimiento.
No le respondí. Simplemente la bloqueé y borré su contacto para siempre.
Al llegar a casa, reuní las capturas de las provocaciones de Lucas y el video de ellos besándose.
Se lo mandé todo al repartidor que entregaría las flores al día siguiente y le di instrucciones: "Por favor, reproduzca este video frente a la novia. Gracias."
El día de la boda, me fui al aeropuerto arrastrando mi maleta.
Mientras tanto, en la fiesta, Lucas saludaba a los invitados con una sonrisa de oreja a oreja, pero Ivana no soltaba el celular.
Como yo no le había respondido ni le contestaba las llamadas, empezó a sentir una inquietud extraña. Pero no podía irse, así que solo le quedaba esperar con ansiedad a que terminara la ceremonia.
Por fin, el maestro de ceremonias dio inicio y la novia entró.
El repartidor llegó con un ramo de flores y se lo entregó a Ivana.
Lucas estaba dando su discurso e Ivana recibió las flores con una sonrisa.
Sin embargo, al leer la tarjeta, se puso pálida de inmediato.
El repartidor aprovechó el momento:
—Señorita, también hay un video que el señor que mandó las flores me pidió que le mostrara. Dijo que felicidades por encontrar a su compañero de vida, que les desea lo mejor y que espera no volver a verlos nunca más.