Capítulo 1

De la nada, mi novia me soltó que se había hecho un retoque íntimo y que también se había tatuado. Con las mejillas ardiendo, me juró que lo había hecho solo para que yo disfrutara más.

Al día siguiente, preparé un caldito casero y fui a su oficina para darle una sorpresa, pero el golpe me lo llevé yo: estaba ahí, muy acaramelada en brazos de Lucas, mi mejor amigo.

Lucas le recorría la cintura con la mano y decía con voz ronca:

—Qué sumisa me saliste. Te pedí el tatuaje y el retoque y fuiste corriendo a hacértelo. Mi tonto amigo cree que fue para él... ¡qué idiota! Si supiera que te vas a casar conmigo, se caería muerto ahí mismo.

Su voz se tornó gélida al responder:

—Lo nuestro es solo un matrimonio por conveniencia. Te lo advierto: ni se te ocurra que Marcos se entere de esto, ¿me oyes?

Lucas soltó una risita cínica mientras recorría su cuerpo con la mano, bajándola lentamente.

—Tranquila, preciosa. Mientras me tengas bien contento, no le buscaré broncas a ese pobre diablo.

Detrás de la puerta, sentí cómo se me congelaba la sangre.

Apreté el celular con rabia, mientras las palabras de mi jefe sobre la opción de un traslado me daban vueltas en la cabeza.

Sin dudarlo más, le envié un mensaje: "Jefe, acepto el puesto. Solicito mi traslado a la sede de Marla para dentro de tres días."

Tras recibir la respuesta de mi jefe, me apoyé contra la pared. Sentía que las fuerzas me abandonaban.

La voz de Lucas volvió a resonar en mis oídos:

—Ya, párale con los besos, que si Marcos vuelve y nos cacha, te vas a meter en un buen lío. Por cierto, todavía ni sospecha que me pasaste los diseños que él mismo hizo para el vestido y el traje. Cuando le enseñé la ropa terminada, el muy tonto hasta creyó que teníamos los mismos gustos y que por eso éramos mejores amigos. Es tan ingenuo que hasta me da risa.

Al escuchar esto, me puse pálido de inmediato.

Llevaba seis años con Ivana y todos en su mundo me conocían bien. Sabían que yo no buscaba ni reconocimiento ni plata, solo quería que ella tuviera éxito.

Ella siempre me prometía que tendríamos una boda por todo lo alto.

En ese entonces, ilusionado como un idiota, pasé noches enteras en vela diseñando personalmente nuestros trajes hasta lograr la versión final.

Sin embargo, los dibujos se esfumaron hace unos días. Los busqué hasta debajo de las piedras y nada.

Entonces, Ivana me rodeó con sus brazos, con una cara de culpa, y sollozó:

—Ay, Marcos... puede que los haya echado a la basura sin querer. De verdad, lo siento tanto.

Eran diseños que me habían costado muchísimo esfuerzo y noches sin dormir. Perderlos así me dolió en el alma.

Pero aun así, me tragué mi tristeza y la consolé diciéndole que no pasaba nada, que simplemente haría unos nuevos.

Pero ahora, la verdad me golpeaba el pecho como un mazo. Resulta que mis bocetos nunca terminaron en la basura, sino que ella se los entregó a su prometido para complacerlo.

No pude seguir escuchando y caminé tambaleándome hacia el baño.

En ese momento, el celular vibró. Era un mensaje de Lucas:

"Marcos, ¿cuándo vuelves? Mi prometida vino y se fue mientras no estabas. Qué lástima, de verdad quería presentártela."

Miré mi reflejo en el espejo: estaba blanco como el papel.

Me eché agua en la cara con fuerza, tratando de reaccionar, y luego salí lentamente.

Lucas estaba tarareando una melodía. Al verme llegar, me lanzó una mirada cargada de intención.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Viste a mi mujer? Es hermosa, ¿verdad?

Le sostuve la mirada. En ese instante comprendí lo que buscaba. Lo había hecho a propósito para que yo lo viera todo y obligarme a rendirme.

Pero parecía olvidar que Ivana y yo tuvimos una relación formal durante seis años. Aunque no hayamos llegado al altar, yo no era ningún tercero en discordia que tuviera que esconderse.

Reprimí la rabia y forcé una leve sonrisa.

—Se ven muy bien. Hacen una pareja perfecta, les deseo lo mejor.

Capítulo 2

Sin decir más, me di la vuelta y me alejé. Pero Lucas me gritó a mis espaldas, con mucha arrogancia:

—No importa cuánto tiempo lleven juntos, lo que cuenta es que una mujer acepte casarse contigo. Ahora ella es mi esposa, así que mejor no te le acerques.

No me detuve. Mantuve la espalda bien recta y caminé hacia casa fingiendo que nada me afectaba.

Ivana ya estaba ahí cuando llegué. En cuanto me vio entrar, se le iluminó la cara con esa sonrisa y abrió los brazos para recibirme, como si nada.

—Mi amor, ya volviste.

Me hice a un lado por instinto para esquivarla.

Ella se quedó ahí, con los brazos al aire y una cara de total desconcierto. Me fijé en lo que traía puesto. No era el mismo vestido con el que había salido esta mañana.

—Veo que te cambiaste de vestido.

Esa confusión en los ojos de Ivana se transformó en culpa en un segundo. Sonrió y se apresuró a inventar una excusa:

—Ay, es que se me cayó el café encima por accidente, así que tuve que pedirle a mi asistente que me trajera otro. Pero no te preocupes, en cuanto esté limpio lo voy a guardar como un tesoro. Después de todo, es el diseño que hiciste exclusivamente para mí.

¿De verdad se había manchado con café? Seguro pasó mientras estaba con Lucas.

El asco que apenas había logrado contener en el camino regresó de golpe. Estuve a punto de echarle en cara su mentira en ese mismo instante.

Pero al recordar que me iría en dos días, ¿qué sentido tenía armar un escándalo?

—Está bien, como quieras.

Ivana me miró con mucha ternura:

—¿Por qué siento que hoy no estás de humor? ¿Quién hizo enojar a mi vida? ¡Dime para ir a darle su merecido! ¿O prefieres que te lleve a cenar algo rico para que te sientas mejor?

Después de seis años juntos, nos conocíamos de memoria.

Ella notaba de inmediato si algo me pasaba.

Antes, yo siempre cedía ante sus mimos. No importaba qué tan mal me sintiera, ella lograba animarme enseguida.

Pero ahora no sentía absolutamente nada. Apenas iba a abrir la boca para contestarle cuando le empezó a sonar el celular.

Como estábamos cerca, alcancé a ver el nombre en la pantalla: Querido.

No hacía falta ser un genio para saber que era Lucas.

En cuanto colgó, Ivana me miró con cara de pena:

—Marcos, mi amor, surgió un imprevisto en la oficina que tengo que resolver ahorita mismo. No te muevas de aquí, ¿sí? De regreso te traigo ese pastelito que tanto te encanta.

Salió a toda prisa antes de que yo pudiera decir palabra.

Solté una sonrisa amarga y, en absoluto silencio, empecé a hacer mis maletas.

Al ver que tres maletas no bastaban para todo, se me nubló la vista.

En estos seis años, Ivana siempre encontraba la manera de darme gusto cuando me veía triste.

Desde un simple antojo de la calle hasta relojes caros o corbatas. Eran tantos recuerdos acumulados que ya hasta perdí la cuenta.

En todo este tiempo, todos pensaron que ella me amaba con locura, y yo también estaba convencido de eso. ¿Pero cuándo fue que este amor empezó a echarse a perder?

¿Habrá sido cuando la ropa que le regalé, las tazas que hice a mano y las joyas que elegí con tanto cuidado empezaron a desaparecer?

¿O cuando se le pegó tanto a Lucas y me veía la cara una y otra vez con el cuento de que si el trabajo, que si las juntas o los dichosos viajes?

¿O tal vez fue mientras me bajaba el cielo y las estrellas planeando una boda de ensueño, al mismo tiempo que se revolcaba con Lucas y organizaba su boda por el civil a mis espaldas? Me estaba convirtiendo en "el otro" de mi propia relación y yo ni cuenta me daba.

No es que no hubiera pensado en enfrentarla. De camino a casa tenía mil reclamos en la cabeza, pero al final preferí callar.

Ya no tenía caso, todo se había terminado.

Hice una llamada:

—Me voy del país en tres días. Quiero que manden un arreglo de flores enorme a la boda de Lucas. En la tarjeta pon: Felicidades a la señorita Ivana y al señor Lucas por su unión eterna. Y fírmala con mi nombre.

Capítulo 3

—No hace falta confirmar con ellos, que sea una sorpresa de un amigo.

Después de dejar todo listo, me llegó un mensaje de Lucas. Me mandó una ubicación con un tono de lo más provocador: "Mañana es el ensayo de la boda con mi mujer. Esta noche te tengo un regalito... a ver si tienes los pantalones de recibirlo.

Dudé solo unos segundos y decidí ir.

Al entrar al bar, me topé con la mejor amiga de Ivana. Estaba borrachísima, tomando aire afuera de un reservado.

Cuando me vio, soltó una carcajada:

—¿Por qué te pareces tanto al noviecito de Ivana? ¿Será que estoy viendo visiones? Esa mujer se pasa de lanza. Ya se va a casar y sigue con su teatrito. Ni miedo le da que la cachen. Por su culpa ni podemos hablar, no sea que se nos escape algo.

La miré sin decir nada mientras ella se tambaleaba, sintiendo una profunda tristeza.

Resultó que todo el mundo sabía que se casaba con Lucas.

Yo era el único tonto que no tenía idea. Mis seis años de relación no eran más que un chiste de mal gusto.

Me quedé quieto afuera del reservado. Por la rendija de la puerta vi a Ivana —que supuestamente estaba trabajando horas extra— sentada en las piernas de Lucas, bebiendo una copa tras otra.

Lucas, con una sonrisa burlona, la rodeaba por la cintura. Se veían tan unidos, como una verdadera pareja de enamorados.

De pronto, alguien soltó la pregunta:

—Oye, Ivana, ¿en serio vas a seguir engañando a Marcos así? ¿No crees que esté mal?

Ivana se detuvo en seco y se le endureció la mirada:

—Les advierto que nadie le diga nada a Marcos, o ya saben de lo que soy capaz. Esto es solo un matrimonio por conveniencia. Incluso si él se entera, no me culpará. Se lo voy a explicar, pero no ahora.

Frunció el ceño, harta, y se tomó el trago de un solo golpe, como queriendo sacudirse la ansiedad.

Lucas pareció notar que yo estaba afuera, porque su sonrisita de burla se hizo todavía más obvia.

Con toda la intención de picarme, le acarició la cara a Ivana.

—Ay, mi amor... si sigues haciéndote la que ama tanto a Marcos frente a mí, me voy a poner celoso.

Ivana respondió con voz mimosa:

—Qué celoso eres, ¿quieres que te dé un beso?

Y tras decir eso, se inclinó para darle un beso apasionado a Lucas.

Observé esa escena tan asquerosa con una frialdad absoluta. Toda esa tensión que había estado cargando por tanto tiempo, por fin se esfumó.

Pensar que alguna vez nos apoyamos en los peores momentos... y ahora, todo se había ido directo a la basura. Qué ironía.

Sabía perfectamente que Lucas hacía esto para que yo lo viera, así que no me iría con las manos vacías.

Saqué mi celular en silencio y grabé esa escena asquerosa.

Al terminar, me di la vuelta para irme.

Justo en ese momento, Ivana se levantó toda tambaleante. Se ve que ya se había hartado de tanto beso y, de pronto, se acordó de mí, murmurando en voz baja:

—Bueno, ya estuvo, ya me voy. Tengo que pasar por el pastel de Marcos... ustedes sigan en lo suyo.

Me detuve un instante, pero no miré atrás y me alejé de ahí.

Esa noche Ivana ni se apareció por la casa y, por supuesto, el dichoso pastel nunca llegó.

Pero el celular no paraba de vibrar. Lucas me bombardeaba con sus fotos íntimas.

Faltaban dos días para irme cuando sonó la alarma.

Sin avisarle a nadie, me puse un cubrebocas y entré con sigilo al hotel.

Ahí estaban: Lucas e Ivana en pleno ensayo.

Llevaban puestos el vestido y el traje que yo mismo había diseñado con tanto cuidado.

Los vi caminar por el escenario siguiendo las indicaciones del maestro de ceremonias.

Me quedé ahí, observando cómo se miraban con ternura mientras se ponían los anillos que simbolizaban la eternidad.

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