Capítulo 2

Marcus.

Miraba la película de terror sin ninguna pizca de emoción. Estaba aburrido y tenía ganas de divertirme y olvidarme un poco de mi desgracia. Lo que sufrí en el pasado quedó como una horrible desgracia que jamás podré borrar de mi cabeza. Toda la mierda que viví en esa época fue una pesadilla en carne propia. Río solo al recordar que ahora tengo a todos en mis manos, tal como lo quise desde un principio. Solo falta dar el golpe final y hacerlos pagar uno a uno.

Ha pasado casi un mes desde que le pedí matrimonio a la hija de Roger. Bufando, doy vueltas por mi apartamento. Observo por la ventana y la oscuridad me provoca escalofríos; quedé con un problema de fobia desde entonces.

—Recordar no ayuda —murmuré, negando con la cabeza. Me serví un vaso de whisky y luego le puse un poco de comida a Nala. Me senté tratando de terminar de ver la película.

Al finalizar la película, me levanté del sofá y me dirigí a mi habitación. Estaba harto y quería salir de una vez por todas. Me vestí con un pantalón jean negro, camiseta polo blanca y un chaleco de cuero negro. —Ya no tenía ganas de vestirme formal—. Esta noche decidí ser un hombre sin prejuicios, disfrutaré al máximo el momento, porque luego, casado, solo estaré para hacer sentir a mi amada esposa lo que yo he sentido durante años. Por otro lado, soy un hombre muy importante dentro de la sociedad y mis empresas no pueden estar en boca de todos. Terminé de vestirme, usé una de las colonias más caras de mi closet y me vi en el espejo de pared, sonriendo mientras pensaba en miles de cosas.

Al salir de mi departamento, bajé al parqueadero y decidí ir en motocicleta. Me coloqué el casco y salí a toda prisa. Esta noche solo quiero pasarla bien y olvidarme de que soy un hombre con tantos problemas mentales, porque me arrebataron la posibilidad de vivir una vida feliz en mi juventud.

****

Estacioné mi moto en el parqueo de la disco, que estaba repleto y lleno de bullicio. Al entrar, las luces fosforescentes parpadeaban intensamente, creando una atmósfera sofocante.

La gente gritaba de un lado a otro, y mujeres casi semi desnudas bailaban en la pista. Me senté en la barra y pedí tequila al bartender. Observaba a las chicas bailar con entusiasmo mientras algunas me miraban coquetas, pero las ignoré y seguí bebiendo, disfrutando de la música. Después de más de tres botellas, la cabeza me daba vueltas, pero quería seguir tomando hasta olvidarme de quién soy. La música de Linkin Park resonaba a todo volumen, y aunque intentaba disfrutarla, unas manos comenzaron a acariciar mi espalda, a lo que reaccioné rápidamente quitándolas de encima.

—¿Quién demonios eres? ¿Quién te dio permiso para tocarme con tus sucias manos? —vociferé enojado, pero me sorprendí al ver que se trataba de Katrina. Sin importarme nada, la alejé de mí, notando que estaba borracha.

—¡Cuánto tiempo sin saber de ti, señor Marcus! —replicó arrastrando las palabras—. Jugaste con mis sentimientos, me engañaste de la peor manera y ahora estás aquí, muy alegre, tomando y vete a saber con quién.

—Lamento decirte que unos cuantos revolcones no significan que tú y yo tuviéramos una relación, así que puedes irte y no molestarme —espeté fulminante. Ella negó coqueta y nuevamente se acercó, insinuando que la llevara a la cama.

¿En serio? Esta mujer, ¿qué se ha creído? Unos cuantos revolcones no significan nada, pero al parecer ella se ha enamorado de mí.

—Solo quiero que estemos juntos esta noche, nada más... quiero que vuelvas a jugar conmigo.

La observé bien; estaba provocativa, pero no me apetecía estar con ella, no ahora. Dejé el pago al bartender y salí de la disco. Katrina me siguió, ya hastiado de ella, detuve mis pasos a punto de decirle que no se ilusionara conmigo, pero mi móvil sonó con una llamada entrante. Vi el remitente y bufé más molesto al ver que se trataba de Berenice.

—Es en serio —espeté cansado. Colgué la llamada, miré a Katrina nuevamente y, al ver varios taxis esperando a algún pasajero, le hice señas a uno. Saqué un billete de 50 dólares, y aunque Katrina estaba muy tomada y me tomaba de la mano, la alejé de mí.

—Me llevarás a un hotel a pasarla bien —expresó coquetamente. Negué, encendiendo un cigarro. Estaba sofocado y, antes de decirle sus verdades, mejor la mandé a la Mierda. Le pedí al taxista que se la llevara de una vez por todas. Katrina renegaba quejosa, no quería irse, pero eso ya no era mi problema.

Fui por mi motocicleta al estacionamiento y, de lejos, vi que Katrina seguía peleando con el chofer del taxi. —Vaya que mujercita —comenté para mí mismo. Le pedí la llave de mi moto al vigilante, luego le di una propina y salí de ahí dirigiéndome a mi apartamento. Mi móvil sonaba varias veces; sabía que era Berenice, otra loca sin remedio. Cuando llegué a mi apartamento, busqué a mi gatita, pero no estaba. Le dejé su comida y entré a mi habitación, quitándome la ropa para luego acostarme. Cerré los ojos, cansado y con deseos de dormir, pero mi móvil sonó nuevamente. Al ver que se trataba de Andrea, me levanté de la cama y respondí la llamada.

—Hola, buenas noches, Andrea.

—Hola, disculpa por llamarte a esta hora, pero quería saber cómo estabas —inquirió, pero su voz sonaba diferente.

—Estoy bien, ¿y tú? —escuché que suspiraba antes de hablar.

—Bueno, estoy bien. Tenía ganas de saber de ti. Por otro lado, quería pedirte si podríamos vernos mañana por la tarde.

Su tono suena cansado o quizás es mi imaginación por la borrachera que llevo encima.

—Está bien, mi bella. Te veo mañana después del mediodía, ¿te parece?

—Sí, me parece bien. Bueno, que pases buenas noches —susurra bostezando, probablemente por el cansancio.

—Descansa, cariño.

Cuelga la llamada y sigo mirando el móvil como un tonto. Necesito dormir; estoy mareado. Dejo el móvil a un lado y cierro los ojos, quedándome dormido.

******

La mañana se fue en reuniones con visitantes del extranjero y algunos compradores. Les mostramos los detalles del manual de siembra de tomates y otros cultivos de frutas en los terrenos de los Taylor. Fue una gran inversión tanto para la empresa de mis padres como para mí como propietario exclusivo. Creo que hasta podría comprar una mansión. Al finalizar, me dispongo a ver a mi prometida.

Mientras manejo, pienso en la futura casa que compraré para mi futura esposa y nuestro futuro hijo. Tengo muchos planes, pero de repente mi mente se desvía a cosas que no quiero que sucedan, como la posibilidad de ser feliz...

No quiero ser feliz con ella, ni con nadie. Así como sufrí, ella también deberá sufrir. Andrea no se imagina el infierno que le espera en esa casa.

Aparco el coche frente a la casa de la familia Castillo y marco el número de mi novia. Ella contesta al primer timbre.

—¿Amor, estás lista? —le pregunto al salir del coche.

—Sí, mira —respondió.

Levanto la mirada y la veo en el portón, con la arpía de su madre a su lado. Me acerco y dejo un beso en su sien, viendo de reojo a su madre que me mira con molestia.

—Buenas tardes, señora.

—Buenas tardes —dice seriamente. Luego voltea hacia su hija y le replica con seriedad—: No vengas tarde a la casa, recuerda que aún no te mandas sola —dicho esto, entra a la casa. Observo a Andrea, que se muerde las uñas nerviosa. Si no me equivoco, algo pasa entre esa vieja loca y su hija. Me molesta esta situación; pronto la pondré en su lugar.

—Lamento el comportamiento de mi madre. Ella aún me protege...

Niego, apretando los puños al ver cómo baja la mirada. Qué estúpida eres.

Sin decirle nada, tomo su mano y la guío al coche, saliendo de la residencia. La observo de reojo, esperando que me indique a dónde quiere ir, pero su mirada parece perdida.

—¿Estás molesto? —pregunta sin mirarme.

Vaya, por fin habló. Casi pensé que se había quedado muda.

—Sí, lo estoy. Me molesta ver cómo te trata tu madre. Lo bueno es que pronto te irás de su lado. Andrea, ya no eres una niña para que tus padres quieran gobernar tu vida —expreso, notando que parece tonta.

Ahora me cuestiono por qué estoy preocupado por ella.

—Lo siento, es que ella es así.

Ruedo los ojos sin seguir hablando de esa vieja arrugada.

—A todo esto, ¿a dónde quieres ir?

—Al salón para probarme el vestido de novia.

Detengo el coche y la veo molesto.

—¿El vestido de novia? ¿Por qué no me lo dijiste anoche? Así hubiéramos pedido una cita con la modista.

—Lo siento, Marcus. Solo quería salir de casa y fue lo único que se me ocurrió decirte. Y le dije a mis padres lo mismo. Estoy cansada de mi encierro, de decirle a mi padre a dónde tengo que ir. Nunca hay un espacio para mí, no puedo opinar, no puedo expresar lo que siento ni tampoco tengo derecho a salir a divertirme. ¿Crees que si no fueras uno de los hombres más ricos, mis padres hubieran aceptado que tú y yo nos casáramos? Nunca. Discúlpame por decirte estas cosas, pero mis padres solo me usan como una marioneta. Me ven como una joya para el mejor joyero. No niego que te amo, pero ¿qué hubiera pasado si me hubiera enamorado de un hombre pobre? —baja la cabeza negando. Sin saber por qué, la abrazo con fuerza.

Es la primera vez que la veo devastada de esta manera. No pensé que ella estuviera pasando un mal momento con sus padres. Durante el año que llevo con ella, creí que era de esas chicas delicadas que no podían ni mover un dedo por lo creída que se sentía. A veces, las apariencias engañan.

Llegamos a la modista para que escogiera el diseño del vestido de novia. Realmente, no me importaba qué estilo le quedaría bien; me daba igual. No la amo y no estoy para dar opiniones de vestidos. Al salir, la llevé un rato a la playa. Estacioné el auto y la ayudé a salir. Caminamos por la arena blanca. Ella se notaba más tranquila mientras tomaba fotos y hablaba de lo mucho que tenía ganas de salir.

Por un momento, la miré fijamente y sus ojos verdes me hicieron pensar en esa niña que conocí en mi niñez. Me pregunto qué sucedió con ella, si logró huir.

De repente, en mi cerebro aparece mi jodida realidad, mi sed de venganza. Lo único que deseo de esta chica es usarla como anzuelo. Pronto caerá en mi red. Ella será la Caperucita indefensa y yo el lobo devorador.

Capítulo 3

Andrea.

—La humanidad está hecha del polvo, y  al polvo regresaremos, habrán algunos elegidos —Leía en voz alta sin ni siquiera ver el computador ya que me sabía de memoria lo que yo había escrito, desvíe la mirada para ver a mi madre hablando por el móvil, mientras me escuchaba. Su risa diabólica me producía asco, todo en ella era falso, me usaba mientras su nombre estaba estampada en los libros Online y algunos en imprenta, prácticamente yo era la escritora fantasma— Eran solo dos los que debían salvar la humanidad porque eran inmortales, por esa razón los demás estaban destinados a sacri…

—Pausa— Grito mi madre, a lo que me sobre salte, trague saliva del nervios que ella me producía.—No me gusta ese párrafo, volverás a escribir y hacer algo mejor, al parecer ese hombre te quita las ideas, tal parece que  tu mente lo está ocupando él, Andrea aunque te vayas a casar tu deber es seguir escribiendo mis libros, que no se te quite eso de ese cerebro. —

Asentí desganada, no sabía que hacer todo el tiempo era lo mismo. Agradezco a ver conocido a Marcus por lo menos cuando sea su esposa podré respirar un poco.

—¿Lo elimino?— Pregunte mirándola.

—Omite esa parte, quiero que lo modifiques bien, ahora continua.

—Bien— Dije  empezando a leer lo que tenía escrito en la computadora

Eran más de las doce de la madrugada, mi madre se fue a las diez a descansar supuestamente cansada de tanto responder a sus fanáticos.

Guarde mis libros, apague la computadora. Observe un libro llamado

<<Cuando te encuentre>>.

De Nicholas Sparks.

Me dispuse a leer un poco para despejar la mente ya que no tenia sueño por lo tanto empecé a leer hasta que quede dormida.

*****

—Odio a todos y cuando salga de aquí los mataré de poco a poco.

—¿Quien eres?— Ríe a carcajada.— Porque no contestas— Me mira enojado, sus ojos eran grises pero lucían atormentados.

Quería salir de ese lugar, sentía que me están ahogando. Todo estaba oscuro, me puse de cunclias desesperada me jaloneo el cabello, me rasguño los brazos incluso las piernas, sentía que me ardían sin embargo no quería parar. Era aterrador estar encerrada.

Grite al sentir una mano tapando mi boca. Al ver que se trata de la otra persona pare mis gritos.

—Tienes miedo… imagínate cuantos años llevo encerrado.—Comento burlesco, su voz eran masculino no lo había notado.

—¿Porque estas aquí y desde cuando?— quise saber pero mi voz sonaba en pausado.

—No lo se, pero tu vas llorar también, vas a gritar para querer salir, quizás solo muerta podrás salir de este sótano.

—No… no—grite fuerte, el niño se me acerco mientras reía como un demente. Mis gritos no servirían para nada.

Quería despertar si se trataba de una pesadilla.

****

Abro los ojos cuando experimente como si mi corazón quería salir desde mi interior. Estoy sudando mientras mi cuerpo tiembla  y me digo a mi misma que todo fue un sueño, una maldita pesadilla, salgo de mi alcoba para entrar al baño, tratare de no pensar en ese sueño que día a día me mortifica.

Veo a los Patitos nadar sin miedo dentro del lago, se ven felices y libres, quisiera ser como ellos, pero creo que no podre ya que  vivo dentro de una Jaula de oro, lo único que puedo hacer es escribir y satisfacer a mi madre y padre.

Mi Papa me usa como negocio desde que empecé a ser la novia de uno de los hombres más prestigiosos de la ciudad, desde entonces ha echo lo todo para que yo le pida a mi novio que nos ayude a pagar las deudas acomuladas de él.

Marcus Taylor lo ha ayudado en varios de sus negocios, Incluso pago varios pagares que mi Padre tenía con las casas comerciales y como con los ganaderos.

Papa anhelaba que Marcus me pidiera matrimonio. No uno un instante en la que me lo recordaba.

—Debes hacer lo imposible para que ese riquillo se enamore de ti, incluso sedúcelo si es necesario  embarazarte  de él.

Aquel día me había quedado sorprendida por las bajeza que habla mi padre. Lo bueno fue que no llegue a ese extremo ya que el se enamoro y me pidió casamiento, creo que llegare virgen al matrimonio.

Luego sorprendido aquella vez porque mi novio me había pedido casamiento, mi papá reía en carcajadas como si se había ganado la lotería

—Querida hija que hiciste para lograr que Marcus te haya pedido matrimonio — había preguntado curioso a lo que yo no le respondí pero entonces él utilizo esa frase.— Creo que elegí el mejor Joyero para ti, no fue necesario mover las cartas, tienes mucha suerte.

Ahora lo tengo claro. Soy una Joya para el mejor Joyero.

Eso era siempre por otro lado esta mamá en negación a mi matrimonio porque ella sabe que al irme de su lado su máscara de escritora podrá estar en juegos, por lo tanto no le conviene y se que hará lo posible para que yo siga siendo la escritora Fantasma que la ha llevado a la sima.

Dejo de pensar al oír a Clotilde hablarme.

—Señorita Andrea su novio la espera en el living.

—Esta bien Cleo ya iré, muchas gracias— La sirvienta asiente sonriendo.

Me levante de la mecedora para ir adentro, pero me detengo al sentir una fuerte punzada en mi corazón.

¿Ahora qué me estaba sucediendo? quizás me voy a morir mejor debería ser lo mejor para no estar sufriendo con dos personas que nunca me amaron como su hija.

Siento un fuerte mareo a lo que me sostengo de la banca, aprieto los puños, quiero caminar pero mis pies no funciona.

—¿Andrea, que tienes? Te sientes mal— Marcus se me acerca y lo veo preocupado.

—No es nada, creo que se ha bajado un poco la presión— miento porque se muy bien que es mi corazón lo que me esta afectando.

Me sorprendo al sentir cuando me eleva en sus brazos llevándome con él dentro de la casa. Entramos a mi habitación y me deja sobre la cama, a los instantes aparece mi padre.

Vea Marcus luego a mi.

—Llamare al medico para que te vea. Estas muy pálida— Replica mi novio a lo que rápidamente niego.

—¿Andrea hija te encuentras bien?—Pregunta mi padre figindiendo estar preocupado. El sabe muy bien lo que me pasa, pero no quiere que mi prometido lo sepa.

—Estoy bien —miento sin esfuerzo.

—Mi pequeña de seguro no has desayuna. Cleotilde prepara algo saludable para mi hija y sus vitaminas.

—Si señor.

—Estas pálida, porque no habías desayunado—Me reprende Marcus

Lo observo sin saber que decirle, me cuesta mentir por esa razón no me gusta ponerme enferma enfrente de él puede ser que al enterrarse que padezco de una deficiencias cardíaca pueda alejarse de mi y no quiero eso.

—Suegro podría dejarme a solas con Andrea.

—Ah, si claro. —Papa se me acercó dejando un beso en mi mejilla me guiña el ojo antes de salir de la habitación.

—Estas enojado— quise saber al verlo demasiado serio.

—No lo estoy pero quisiera saber qué enfermedad tienes.—Trague saliva nerviosa.

—Solo un problema de la presión nada más.

Marcus soltó un suspiro indignado, por un segundo me miro fijamente para luego desviar la mirada hacia donde se encontraban mis libros regados.

—Tantos libros.— Asiento con un sonrisa de lado.— Son copias sin editar—Pregunto.

—Si, ósea aun no están publicadas, son de mi mamá, es un borrador.

Mi novio asintió dudoso.

—¿Porque los libros de tu mamá no están en su habitación?— Quiso saber mientras ojeaba uno de ellos.

—Porque le ayudo en algunas ideas. — Suspire aclarando la garganta— Marcus ven.

—Bien, al parecer la empleada sea demorado con tu desayuno, que tal si salimos un rato, vamos a un restaurante para que comas y de paso te llevo de compras.

Que lindo de su parte.

—Esta bien y muchas gracias haré lo que tú digas.

Mi novio se acerco dejando un beso en mis labios.

Quisiera que los días pasen rápido para poder casarme de una vez.

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