Portada de la novela Una vez era la esposa tonta, ahora la estrella en ascenso

Una vez era la esposa tonta, ahora la estrella en ascenso

9.3 / 10.0
Tras tres años de desprecio y un matrimonio vacío, Cathryn descubre que Liam le es infiel con su hermanastra justo al perder a su madre. Cansada de la traición, exige el divorcio pese a las burlas de quienes dudan de su destino. Sin embargo, su vida se transforma al resurgir bajo la protección de un magnate influyente. Mientras ella brilla en la cima, un arrepentido Liam le suplica perdón de rodillas, pero Cathryn ya no mira hacia el pasado.
Resumen de Una vez era la esposa tonta, ahora la estrella en ascenso
Tras tres años de desprecio y un matrimonio vacío, Cathryn descubre que Liam le es infiel con su hermanastra justo al perder a su madre. Cansada de la traición, exige el divorcio pese a las burlas de quienes dudan de su destino. Sin embargo, su vida se transforma al resurgir bajo la protección de un magnate influyente. Mientras ella brilla en la cima, un arrepentido Liam le suplica perdón de rodillas, pero Cathryn ya no mira hacia el pasado.
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Una vez era la esposa tonta, ahora la estrella en ascenso Capítulo 1

"Estoy casada".

En la oscuridad, Cathryn Brooks sintió cómo su espalda chocaba contra la puerta y se quedó sin aliento cuando un hombre alto se cernió sobre ella. De él emanaba calor y su aliento le rozaba el cuello, provocándole un temblor incontrolable.

Unos dedos férreos le rodearon la cintura, inmovilizándola. Soltó una carcajada burlona. "Casada, ¿eh? ¿Y aun así merodeas sola por un hotel en plena noche? ¿Sabe tu marido lo que haces en realidad?".

Un dolor agudo atravesó el pecho de Cathryn. Apenas una hora antes, había recibido un video en su celular. En él aparecía su esposo, Liam Watson, retozando en la cama con Jordyn Moore, su propia hermanastra. Los dos estaban entrelazados, sin mostrar la menor culpa.

Impulsada por la desesperación, Cathryn había irrumpido en el hotel para atraparlos con las manos en la masa. Pero antes de que pudiera encontrar la habitación correcta, aquel desconocido la arrastró a otra.

"Ya que estás aquí, déjate de teatros", murmuró el hombre, cargándola bruscamente sobre su hombro y arrojándola sobre la cama. Se quitó la corbata de un tirón y le inmovilizó las muñecas por encima de la cabeza. Su boca se estrelló contra la de ella, dura e implacable.

"Si dices que estás casada, ya debes saber cómo va esto", se burló, arrancándole la ropa pieza a pieza.

Cathryn luchó en vano. "Yo no he...". Separó los labios, pero las palabras murieron en ellos antes de poder salir. Tres años encadenada a un marido y seguía siendo virgen. ¿Quién demonios se lo creería?

El video de Liam y Jordyn se repetía una y otra vez en su mente, y un calor abrasador le inundó el pecho, una furia cruda y violenta. Dejó de luchar.

Entonces, el hombre la penetró sin piedad. El dolor desgarró su cuerpo, agudo y despiadado, como si fuera a partirla en dos. Apretó los dientes con tanta fuerza que sintió el sabor metálico de la sangre inundarle la boca.

Su primera vez, a la que tanto se había aferrado, le fue arrebatada con brutal imprudencia por un hombre cuyo rostro ni siquiera distinguió en la oscuridad.

***

La luz de la mañana se coló en la habitación y el zumbido de su celular sacó a Cathryn del sueño. Lo buscó a tientas y contestó, aturdida.

"Señora Brooks, le llamamos del Hospital Olekgan. Es urgente, por favor, venga rápido. Se trata de su madre".

Desde la cama, a su espalda, llegó una voz grave y burlona. "¿Llamaba tu marido para ver cómo estabas?".

Cathryn se apresuró a recoger su ropa esparcida y se la puso con manos frenéticas. Mantuvo la cara baja mientras murmuraba: "Hagamos como si lo de anoche nunca hubiera ocurrido".

Para ella, aquel imprudente encuentro no había sido más que una venganza por la traición de Liam.

El hombre estaba sentado, semidesnudo, en el borde de la cama, con una mueca de desprecio en los labios. "Eres aún más promiscua de lo que pensaba".

Su desdén hacia ella era inconfundible. Casada, pero se acostaba con otros como una cualquiera, ¿y ahora pretendía actuar como si nada hubiera pasado?

Cathryn se negó a darle la satisfacción de una respuesta. Su única preocupación en ese momento era su madre. Sin dedicarle ni una mirada, salió furiosa de la habitación.

Momentos después, sonó un golpe vacilante en la puerta. "Señor Brooks", llamó alguien en voz baja al entrar.

Andrew Brooks se apretó las sienes, que le palpitaban, con el alcohol de la noche anterior aún retumbando en su cráneo. "¿Fue cosa de mi abuela?".

Karl Bennett, su asistente, asintió con rapidez, encogiéndose visiblemente bajo la aguda mirada de su jefe.

Andrew frunció el ceño. Así que había sido su abuela, Amanda Brooks, quien había enviado a esa mujer a su cama. Una oleada de frustración lo invadió. Era el jefe del imperio financiero más formidable de la ciudad de Olekgan y controlaba Antaford, la mayor empresa del país que cotizaba en bolsa. Sin embargo, acababa de perder la virginidad con una mujer casada.

Al reflexionar sobre la noche anterior, su irritación se disparó. Durante toda la noche, por muy brusco que hubiera sido, ella no había emitido ni un solo sonido. Supuso que eso significaba experiencia, demasiada. La forma en que se había mostrado hacía un momento, tranquila e indiferente, confirmó su opinión: era de las que usaban a los hombres y se marchaban sin pensarlo dos veces.

Andrew no entendía de dónde había sacado su abuela a una mujer así, ni por qué había decidido meterla en su cama. De no ser por la niebla del alcohol, nunca la habría tocado.

Entonces, su mirada se posó en las sábanas arrugadas, donde una nítida salpicadura roja destacaba con crudeza. Estaba casada, ¿no? Entonces, ¿podría ser que...?

Recordó la leve mancha de sangre en la comisura de sus labios antes de que se marchara. Si hubiera sido virgen, y él se hubiera pasado con ella, arrebatándole eso...

***

Cathryn tomó un taxi y se dirigió a toda velocidad hacia el Hospital Olekgan.

En cuanto entró, apareció Jordyn, del brazo de Liam, desfilando por el pasillo como si fuera la dueña del lugar.

Cathryn sintió que los ojos le ardían. "¿Cuánto tiempo llevan acostándose?".

Jordyn se acurrucó en el hombro de Liam, con una sonrisa maliciosa y burlona. "Desde la misma noche que te casaste con él", dijo, con la voz rebosante de satisfacción. "Fue entonces cuando tu marido vino por primera vez a mi cama. Tres años de matrimonio, ¿y sigues siendo virgen? Eso es jodidamente patético".

Su risa resonó por el pasillo, aguda y cruel.

La conmoción desgarró a Cathryn como si le hubieran arrojado un cubo de agua helada.

Durante tres largos años, Cathryn se había ocupado de la casa, había hecho de esposa obediente y había esperado noche tras noche a que Liam volviera, solo para descubrir que la había traicionado en su propia noche de bodas con Jordyn. Todas las excusas que había inventado para él, sus noches fuera, su fría distancia, se hicieron añicos en un instante. Nunca la había tocado porque ya se acostaba con otra mujer: su propia hermanastra.

El pecho de Cathryn ardía con una mezcla de humillación y furia. Debería haberlo sabido. A Jordyn siempre le había gustado robarle lo que era suyo, ya fueran juguetes, vestidos o, ahora, su marido.

Liam dijo sin rodeos, con los ojos vacíos de emoción: "Cathryn, divorciémonos. Te irás sin nada".

A Cathryn se le oprimió el pecho como si le hubieran clavado una cuchilla. Tres años de lealtad, tres años de espera, y esto era lo que él le daba a cambio.

Una risa amarga escapó de sus labios. "Liam, ¿de verdad crees que me importa tu maldito dinero?".

Cathryn nunca había sido una interesada; la familia de su madre era adinerada y a ella el dinero nunca le importó.

Liam soltó un bufido burlón. "¿Sigues creyendo que eres una heredera protegida? En cuanto tu madre falte, no serás nada, solo otra mujer luchando por sobrevivir en la calle".

Cathryn se puso rígida, con la incredulidad reflejada en su rostro. "¿De qué demonios hablas?".

"Cathryn", intervino Jordyn, con una sonrisa tan afilada que podría sacar sangre. "Si corres ahora, puede que llegues a despedirte de tu madre antes de que sea demasiado tarde".

A Cathryn se le revolvió el estómago e, instintivamente, salió corriendo por el pasillo hacia la habitación del hospital.

"Lo siento, pero Bettina Moore ha fallecido a causa de una herida autoinfligida en la muñeca". Con cada sílaba, la voz del médico golpeó a Cathryn como un brutal puñetazo en el estómago.

"¡Eso es imposible!". La voz de Cathryn se quebró mientras las lágrimas corrían por su rostro. "Mi madre lleva años sumida en una especie de letargo. Apenas era consciente de lo que la rodeaba, ¡es imposible que se cortara las muñecas!".

"Estaba lúcida cuando la trajeron al hospital", respondió el médico con suavidad.

Cathryn no lo entendía. Su madre había tenido episodios intermitentes de lucidez durante años, ¿cómo podía de repente estar lo suficientemente cuerda como para acabar con su propia vida?

En la puerta, Jordyn se apoyó despreocupadamente en el marco, con Liam a su lado.

Soltó una carcajada burlona y arrojó una hoja de papel a los pies de Cathryn. "Echa un buen vistazo. Es la última carta de tu madre. Dice que se quitó la vida y que tú renuncias voluntariamente a cualquier derecho sobre sus bienes. Papá acaba de llamar, te han expulsado de la familia Brooks. A partir de este momento, no tienes ni un centavo a tu nombre".

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