Capítulo 2

Khale Mickelson

Mi vida ya no era la misma, no si la comparaba con los dulces y buenos momentos de mi niñez, cuando pensaba que todo lo que hacía estaba bien y que mi familia era una bendición.

Recuerdo la última vez que me sentí realmente feliz, tenía cinco años y me habían dado el regalo que siempre quise para navidad, mis abuelos estaban aún con vida, mis padres aún no se divorciaban y seguía creyendo que mi vida era real y normal, pero después de aquel año, cómo si se tratase de un huracán que se llevaba todo a su paso, mi vida dio un vuelco total.

Me quedé sin mis abuelos, mis padres no hacían más que pelear y debido a nuestra condición, nuestro temperamento era frágil y cambia con leves provocaciones, poder manejar nuestra fuerza es complicado cuando nos encontramos cegados por la ira, y no fue hasta la primera pelea de mis padres que me di cuenta de lo que somos realmente, quedé anonadado con aquella verdad.

Lo terminé comprendiendo años después, los abuelos lo sabían, ellos me amaban, tenía el apellido de mi padre, mi madre me tuvo antes de convertirse en lo que ahora era, cuando mis padres se separaron tenía seis años, luego, cuando cumplí once, volvieron a unir sus vidas, ya no más peleas, no más discusiones, solo se enfocaban en que yo estuviera bien, supongo que me querían preparar para lo que venía o tal vez protegerme de las amenazas del exterior.

Mis padres, cómo siempre, me enseñaron todo lo que se debe saber de nosotros, así también lo importante que es la unión familiar, los clanes a los cuales pertenecemos, la palabra, el honor, y, en parte, creo que fue por eso que me dieron el ejemplo de su regreso, aún tenían desacuerdos en algunos temas, pero me habían demostrado que existía cariño sincero entre ellos, al menos por algunos años.

Actualmente tengo dieciocho años, se supone que será mi ritual de iniciación, sé perfectamente en qué consiste, tengo que morir para revivir cómo mis padres, al principio me negaba a la idea, quería huir antes que convertirme en uno de ellos, en parte porque asesinaron a mi ex novia, ella era del bando contrario, pero luego me di cuenta de que los de su especie habían comenzado la guerra con mi familia, ellos habían acabado con mi hermana, de la que no supe hasta hace un par de años cuando aquel suceso comenzó.

No entiendo aún cómo le hicieron para bloquearla de mi mente, o tal vez yo mismo lo hice, cómo niño pequeño quise ocultar todo lo que me hacía daño o asustaba.

Desde ese entonces me prometí no volver a caer en los encantos de cualquier mujer, mucho menos si no era de mi especie, cuando demostramos nuestros sentimientos somos débiles, mis padres demostraron debilidad al enseñarle a todo el mundo a mi hermana, por eso acabaron con ella y quebrantaron nuestra familia, necesitábamos ser independientes, tener más fuerza e inteligencia que ellos.

Claro que, cómo en toda ciudad, tenemos lugares sagrados, en los que se respeta la paz, en parte, porque no queremos que todos se enteren de lo que somos, y, en parte, porque no nos conviene llamar la atención del resto de ciudades cercanas a este pueblo.

—Buenas tardes, hijo. —dijo mi madre apareciendo en mi campo de visión—. ¿Preparado para esta noche? Todo el mundo está ansioso por este regreso a la vida. —agregó, asentí con la mirada fría, mirando a cualquier lado menos a ella, no es que le tuviera rencor o algo similar, pero es que no me gustaba demostrar mis sentimientos, no desde que me he enterado de toda la verdad que nos rodea.

—Tú madre te ha hecho una pregunta, Khale. Responde cómo se debe, por favor. —mencionó mi padre desde el otro lado de la mesa, sabía que le molestaba cuando me ponía en aquel plan insoportable, pero quería que pensara en que todo mi mundo estaba a punto de cambiar nuevamente.

—Sí, estoy preparado, me he hecho a la idea de esto desde, ¿Qué? Toda la vida. —mencioné sonriendo de lado, de mala gana. No me gustaba que me obligaran a hacer cualquier cosa, por más fácil que fuese.

Ninguno de los dos fue capaz de seguir hablándome, supongo que entendían perfectamente mi carácter, al final de cuentas, era digno hijo de mis padres, digno heredero de la familia Mickelson, sonreí de lado nuevamente, me levanté de la mesa y jalé de mi mochila, sí, lamentablemente tengo que asistir al instituto, cosa que no me parecía, pues tenía que hacer una vida normal siendo realmente extraordinario.

Subí a mi habitación y me quedé allí recostado en la cama, desde mañana todo sería diferente, estaba seguro de ello, todos me mirarían con recelo, pues en este pueblo hay tres tipos de personas, los de mi especie, los que nos juraron la guerra y los que no se meten con ninguno de los dos bandos.

Estos últimos, a pesar de saber lo peligroso que podemos llegar a ser, prefieren coexistir con nosotros que dejar sus antepasados aquí tirados, sonreí para mis adentros cuando sentí el impulso de ir a la playa, siempre, desde que tengo memoria, me escapo a ese lugar, es la manera más fácil que encuentro para escapar de mis problemas, cada vez que los tengo claro, otras veces voy solo con el motivo de relajarme y olvidar la maldita bestia en la que debo convertirme, pero todo en la vida tiene un precio y en este caso no será la excepción.

Me senté en la arena, la sensación de tenerla entre mis dedos era relajante, mi mirada se perdió en el horizonte, viendo cómo el sol se escondía en el agua, viendo cómo las olas seguían sus movimientos, cómo chocaban entre ellas, luego pensé en ella, en mi hermana, en la cruel forma que su vida fue arrebatada, y es que un bebé no tiene la culpa, pero nosotros sí, sé que mis padres aún se sienten culpables por no poder protegerla cómo se debía, supongo que debe ser difícil no hacerlo, no tengo hijos, pero la responsabilidad de no tenerlos nunca es toda mía.

De pronto cerré los ojos, a veces me sucedía, tenía algunas lagunas, visiones, cómo otros le llamarían, era una mujer, digamos que últimamente aparece más en cada una de ellas, no es que sea algo frecuente, pero sí me avisan de ciertos hechos y siempre terminan ocurriendo, a no ser que se eviten dichas acciones. Creo que era el primero de la familia con este don, por lo que no se lo he dicho a nadie, la primera vez que pasó vi a mis abuelos morir, se lo dije a mi abuelo, pero no quiso hacerme caso, más bien me dijo que no le comentara a nadie sobre ello, que podría poner mi vida en peligro al confesarlo al mundo.

Capítulo 3

Aun no entiendo muchas de las cosas que aquel anciano me dijo, pero sabía que cada una de ellas tenía un significado, que tendría que encontrarlo así fuera lo único a lo que me dedicase en la vida.

Abrí los ojos cuando aquella mujer parecía sostener un bebé entre sus brazos, ni siquiera podía ver completamente su rostro, solo su sonrisa, su cabello castaño, escuchaba su risa, y veía el rostro de aquel bebé, con cabello negro, ojos claros, de tez blanca, hermoso, encontraba algo similar de aquel niño conmigo, podía entender en qué camino me dirigía aquella visión, pero sin duda no se cumpliría, haría lo posible porque no.

Volví a casa, necesitaba llegar a la hora de siempre, más hoy que sería la ceremonia de iniciación, vendrían mis primos, mis tíos, tanto por la familia de mi madre cómo la de mi padre, todos creían que esto era maravilloso, un nuevo integrante con aquellas características en la familia, supongo que estaba bien, que así debía ser.

—Preparado hijo. —mencionó mi padre mientras me tendía una copa llena con sangre, con su sangre, siguiendo atentamente cada paso de la ceremonia de unión, para hacer más fuerte nuestro vínculo consanguíneo.

—Sí. —dije bebiendo de aquel cáliz de oro que no me hacía más que preguntarme, ¿Cómo es que había pasado todo esto? ¿Cómo es que nos convertimos en esto? Las veces que traté de averiguarlo simplemente fue en vano, además de que terminaba castigado, no estaba en edad para saberlo.

Luego de algunos minutos, en los que ya la sangre circulaba por mis venas, mis padres se acercaron a mí para abrazarme, sonreí de lado, en el momento en que mi padre me abrazó sentí una presión en mi pecho, cuando se separó vi caer una lágrima por su mejilla, caí al suelo cerrando los ojos, había enterrado una daga en mi pecho, sí, el ritual lo ameritaba, pero no moría, al menos eso era lo que pensaba, pues podía escucharlos a todos, más no abrir los ojos.

—¿Por qué no despierta? ¿Tanto debe demorar en hacerlo? ¡Qué le has hecho a nuestro hijo! —los gritos desgarradores de mi madre se hicieron presentes, algo no iba bien con la transformación o eso pensaba.

—Ya debería estar despierto, la transformación no lleva más de algunos minutos, ya llevamos dos horas esperando. —mencionó uno de mis tíos. Vaya, pronto comencé a sentirme más diferente aún, comencé a sentir cómo mi fuerza crecía en mi interior, cómo una sed desgarradora me invadía, no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando.

—Esto nunca ha pasado. Nunca nadie ha muerto por el ritual, ¿No? —preguntó mi padre mientras sentía cómo se acercaba a mí, se inclinaba para tomarme en sus brazos—. Hijo, debes despertar maldita sea, no sé qué haríamos si perdemos otro hijo. —agregó, no sabía que pensar, porque aún no tenía la capacidad para despertar.

De pronto mis ojos se abrieron y todos parecieron haber visto un fantasma, no sabía que pasaba, hasta que vi mi reflejo en el espejo, tenía los ojos rojos, del color de la mismísima sangre, no podía creer lo que estaba pasando, de todos los rituales a los que he asistido, nunca ha pasado algo como esto, no que yo me haya percatado.

—Hijo. —dijo mi madre acercándose a mí, sabía que estaba preocupada—. ¿Estás bien? ¿Te sientes bien? —preguntó en repetidas ocasiones, de pronto me cabreé de tantas preguntas, no eran solo mis padres los que me estaban preguntando, sino que todos los presentes, provocando que rápidamente perdiera la paciencia, el vaso que tenía en mis manos se desplomó en pedazos luego de que ejerciera un poco de fuerza en este.

— Estoy bien. Creo que necesito descansar un poco. —mencioné, mis padres asintieron y se quedaron atendiendo a los demás invitados para no hacer un desaire.

Cleare Jones

Nos mudábamos, no sabía cómo actuar, perdía el contacto con todos mis compañeros, con todos mis amigos, nos iríamos al otro lado del mundo y aunque por teléfono todo parecía ser más fácil, paulatinamente perderíamos el contacto, todos seguirían con sus vidas y tal vez… solo tal vez podría recibir un saludo en mi cumpleaños por parte de ellos, pero de eso en más no esperaba nada.

Mis padres habían sido ascendidos en su empresa, pero la condición del cargo era tomar las riendas de la sede de este lugar del que ni siquiera puedo pronunciar el nombre, supongo que algún día podré hacerlo.

Por lo menos aquí hay playa, mi casa queda cerca de ella, digamos que a unos quince minutos caminando, en auto me demoraría mucho menos.

He estado durante todo el día desempacando y ya era hora de salir a conocer el pueblo que sería mi nuevo hogar, esperaba que todo fuera bueno, que no tuviera mayores en mi nuevo instituto, porque sí, tenía que ir a este instituto, ni maneras de irme de aquí para reencontrarme con mis amigos.

Me detuve en la playa, la vista era maravillosa, era cómo aquellos típicos atardeceres que aparecen en las revistas, pero que sabes que están llenos de Photoshop, excepto que este era real y lo estaba contemplando, no perdí oportunidad para sacarle una foto con la cámara que me habían regalado para navidad mis padres y que hasta ahora no había querido usar, porque justamente ese día me dieron la noticia de que nos mudaríamos aquí, hace exactamente tres meses.

No podía creer todo lo que estaba pasando, pero esperaba que no demorase en adaptarme, sabía que algún día tendríamos que volver a esto, al ajetreo de la vida laborar de mis padres, pero muchos años habíamos pasado sin mudarnos, creo que mi pobre mente se había acostumbrado a aquello.

Mi teléfono comenzó a vibrar, cuando me di cuenta era mi madre de quien se trataba. Decidí contestar la llamada enseguida.

—Diga. —mencioné sonriendo a la nada, creo que este atardecer había sido más maravilloso de lo que había esperado, y lo mejor, había quedado plasmado en mi cámara, seguramente decidiría pintarlo en algún momento, porque sí, me encantaba pintar, no era experta en ello, de hecho, sentía que pintaba horrible en comparación a muchas de mis antiguas compañeras, pero sabía defenderme en aquel ámbito.

—Hija, tienes que venir pronto a casa, ya te habíamos dicho que en este puerto es mal visto que personas salgan por las noches. —mencionó mi madre desde el otro lado de la línea. Sonreí, de hecho, creía que era algo estúpido creer en algo así, pero por el momento, hasta que nos diésemos cuenta de que era verdad o no, tendría que cumplir con las reglas de mis padres, aunque una noche aquí en la playa no me caería nada mal para relajarme completamente.

—Está bien, ya me dirijo hasta allí. —mencioné sonriendo de lado, digamos que siempre he seguido al pie de la letra las reglas que mis padres me habían impuesto, y es que no eran muchas en realidad, tengo una buena relación con ellos y me encanta, siento que aparte de mis padres, puedo considerarlos amigos, por lo que no tengo problemas en esconderle secretos, siempre se los he dicho absolutamente todo.

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