Portada de la novela Una Esposa Invisible para James

Una Esposa Invisible para James

9.0 / 10.0
Con el fin de costear el tratamiento de su madre, Lorena Grey accede a un matrimonio por contrato con Patrick James, un CEO gélido y misterioso. Aunque él la ignora y protege con recelo los secretos de su pasado, Lorena no puede evitar desarrollar sentimientos profundos por su distante esposo. Atrapada en una unión sin afecto inicial, ella intentará derribar sus barreras emocionales. ¿Logrará Lorena transformar este frío acuerdo en un romance verdadero?
Resumen de Una Esposa Invisible para James
Con el fin de costear el tratamiento de su madre, Lorena Grey accede a un matrimonio por contrato con Patrick James, un CEO gélido y misterioso. Aunque él la ignora y protege con recelo los secretos de su pasado, Lorena no puede evitar desarrollar sentimientos profundos por su distante esposo. Atrapada en una unión sin afecto inicial, ella intentará derribar sus barreras emocionales. ¿Logrará Lorena transformar este frío acuerdo en un romance verdadero?
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Una Esposa Invisible para James Capítulo 1

Nunca imaginé que la vida pudiera cambiar en un solo amanecer. Dicen que el destino no avisa, que te cae encima como lluvia fría en un día despejado. Pero ese día no llovía: hacía un sol brillante, casi ofensivo, como si el cielo disfrutara ignorando la tormenta que estaba a punto de destrozar mi mundo.

Estaba en la cocina, sirviéndome café, cuando escuché el portazo del despacho de mi padre. Era un sonido seco, lleno de tensión, uno que reconocía bien. Mi padre solía golpear puertas solo cuando algo iba muy mal. Y últimamente, todo iba mal.

-Lorena -me llamó mi madre desde el pasillo, con la voz demasiado dulce para ser sincera-. Tu padre quiere hablar contigo.

Tragué saliva. Dejé la taza a un lado y me limpié las manos nerviosamente en mi pantalón. Algo dentro de mí se apretó.

-¿Qué pasó ahora? -pregunté, aunque en el fondo tenía miedo de saber la respuesta.

Mi madre evitó mi mirada, lo cual me confirmó que fuera lo que fuera, no sería algo que me gustaría.

-Ve. Él te lo explicará.

Caminé hacia el despacho intentando imaginar qué podía preocupar tanto a un hombre que llevaba semanas luchando contra bancarrotas, inversores furiosos y bancos que amenazaban con despojarlo de todo. Cuando entré, lo encontré sentado detrás de su escritorio, con las manos entrelazadas y el ceño fruncido.

-Papá... -empecé.

Él se frotó los ojos, agotado, y me indicó que me sentara frente a él.

-Lorena -dijo con voz ronca-. No voy a rodeos. Estamos al borde del colapso.

Él era tajante, directo, pero esa vez su tono tenía algo distinto: desesperación.

-Lo sé -respondí con un hilo de voz-. Pero encontraremos una solución, ¿verdad?

Mi padre tragó saliva antes de mirarme fijamente.

-Sí... ya la encontramos.

Mi estómago se revolvió. Algo en su mirada me puso la piel de gallina.

-¿Cuál es? -susurré.

Respiró hondo.

-Un matrimonio.

Parpadeé, confundida.

-¿Matrimonio? ¿De qué hablas? ¿Quién... quién se va a casar?

Él no dudó ni un segundo.

-Tú.

Sentí que el aire se escapaba de mis pulmones. Me quedé helada.

-¿Qué? -dije casi sin voz-. ¿Yo? ¿Con quién?

-Con Patrick James.

El nombre sonó como un golpe. Patrick James... lo había escuchado antes. Era el CEO joven pero multimillonario de James Corporation, una empresa tan enorme que podía comprar y vender la nuestra sin pestañear. Un hombre del que solo había visto fotos en revistas financieras: traje perfecto, expresión seria, mirada fría. Todo en él gritaba poder.

-No entiendo -murmuré-. ¿Qué tiene que ver él conmigo?

Mi padre se levantó y comenzó a caminar, inquieto.

-Necesita una esposa. Y nosotros necesitamos salvar la empresa. Es un acuerdo. Su familia quiere un enlace formal para consolidar ciertos negocios internacionales. Y tú... tú eres la candidata perfecta.

Me reí, incrédula.

-¿La candidata perfecta? ¡Es ridículo! Yo no conozco a ese hombre. ¡Ni siquiera lo he visto en persona! No soy un pedazo de carne que puedas negociar en el mercado ¿Acaso tienes idea de la magnitud de lo que propones ?

-Lo conocerás el día de la boda -respondió él sin inmutarse.

-¡NO! -grité poniéndome de pie-. ¡No puede pedirme algo así! ¡No voy a casarme con un desconocido!

Mi madre entró apresurada al escuchar mis gritos.

-Lorena, por favor -dijo con voz suave-. Escucha a tu padre, no puedes permitir que quedemos en la calle, tu hermano no merece esto, yo no merezco esto.

-¡No quiero escucharlo! -solté-. ¡Esto no puede ser real! ¿Entonces yo si lo merezco?

Mi padre me miró como si cargara el peso del mundo encima.

-Hija... si no aceptas... lo perderemos todo. La empresa, la casa, todo lo que construyó tu abuelo. Todo.

Sus palabras cayeron sobre mí como una bomba. Mi familia no era perfecta, pero lo era todo para mí. Era lo único que tenía.

-Lorena -agregó mi madre acercándose-. Patrick James es un buen partido. Es educado, respetado... y puede asegurarte un buen futuro, puedes darle hijos, ser la señora James

-¿Asegurarme o venderme? ¿Hijos? ¡Carajos Mamá ! Solo quiero terminar mi carrera universitari, Siempre quise ser repostera, Pero ustedes me impusieron ser Administradora financiera, estoy a cinco meses de poder graduado y ayudarlos, buscando un empleo, Pero resulta que ahora debo casarme-pregunté con voz quebrada.

Ella guardó silencio.

Mi padre se acercó, me tomó de los hombros y dijo en voz baja:

-Por favor. Necesito que lo hagas. Yo... no puedo salvar la empresa solo, está será tu empresa en algún momento.

Mi corazón se estrujó. Mi padre nunca había hecho algo así. Nunca me había pedido algo personal... hasta ahora, tal vez lo estaba tomando muy a pecho.

-¿Y si digo que no? -susurré.

-Entonces firmaremos la quiebra mañana mismo.

Era una sentencia.

Me quedé quieta, sintiéndome atrapada. Mi respiración se volvió irregular. Y en medio del silencio, comprendí que no tenía opciones.

-Está bien -dije finalmente, apenas audible-. Me casaré.

Mi madre suspiró aliviada. Mi padre inclinó la cabeza como si hubiera recibido un indulto, aunque sabía que yo era quien acababa de perder la libertad.

-Gracias, hija -murmuró él.

No respondí. Solo me dejé caer en la silla, sintiendo que la habitación giraba.

-¿Cuándo... cuándo será la boda? -pregunté con voz hueca.

Mi padre dudó antes de responder:

-En siete días.

Mi boca cayó abierta.

-¿Una semana? ¿Estás bromeando?

-Es el plazo que Patrick impuso. No hay negociación.

Me llevé las manos al rostro. No podía creer lo que escuchaba.

-Quiero hablar con él -dije repentinamente.

Mi madre me miró como si hubiera dicho una locura.

-No puedes -respondió-. La familia James quiere discreción. No habrá reuniones previas.

-¿Entonces me voy a casar con un fantasma? -ironizé.

Mi padre suspiró.

-Lo conocerás pronto. Es un hombre ocupado.

Me mordí el labio para no gritar.

-Perfecto -dije amargamente-. Voy a casarme con un hombre demasiado ocupado para conocer a su futura esposa.

Mis padres guardaron silencio, incapaces de mirarme a los ojos.

Respiré hondo, tratando de procesar todo. Pero no había forma. Era demasiado, demasiado rápido, demasiado absurdo.

-Necesito aire -dije abruptamente.

Salí del despacho sin esperar respuesta. Caminé hacia el jardín como si mis piernas se movieran solas. Me apoyé en la baranda de madera y sentí que el pecho me dolía. El viento fresco golpeó mi rostro, pero no me calmó.

-¿Cómo acabé así? -susurré-. ¿Cómo...?

-Lorena.

Me giré. Era mi hermano menor, Daniel. Tenía diecisiete años y ojos preocupados.

-Escuché gritos -dijo acercándose-. ¿Qué pasó?

-Papá... -tragué saliva-. Papá quiere que me case. Con un desconocido.

Daniel abrió los ojos, horrorizado.

-¿Qué? ¿Estás loca? ¿Y vas a hacerlo?

-No tengo opción -respondí, y mi voz tembló.

Él me sujetó por los hombros.

-Lorena, no lo hagas. Podemos encontrar otra salida.

-No hay otra salida -dije bajando la mirada.

Daniel apretó los dientes, frustrado.

-¿Y ese tipo? ¿Quién es?

-Patrick James.

Daniel soltó un silbido.

-¿El de James Corporation? Ese hombre es... jodidamente poderoso. ¿Estás segura de que quieres casarte con él?

-No quiero -admití-. Pero debo hacerlo.

Mi hermano bajó la mirada, derrotado.

-Ojalá hubiera otra forma -murmuró.

-Yo también -susurré.

Hubo un silencio largo.

-¿Sabes algo de él? ¿Algo personal? -preguntó Daniel después de un rato.

Negué con la cabeza.

-Solo que es ocho años mayor, multimillonario, y... frío.

Daniel bufó.

-Suena a un príncipe encantador.

Me reí sin humor.

-Suena a una pesadilla.

Mientras hablábamos, un auto negro se detuvo frente a la casa. No era un auto común. Era elegante, lujoso... imponente.

Daniel y yo nos giramos hacia él.

-¿Quién...? -empecé a decir.

La puerta trasera se abrió.

Y entonces lo vi.

Un hombre alto, con traje perfectamente ajustado, cabello oscuro peinado hacia atrás y una expresión que podría congelar un volcán. Sus ojos grises recorrieron la entrada de la casa con indiferencia, como quien evalúa una propiedad, no un hogar.

Patrick James.

Sentí que mi corazón se detenía.

Daniel susurró junto a mí:

-¿Ese es...?

-Sí.

Patrick avanzó con paso seguro hacia nosotros. Cada movimiento suyo tenía una precisión casi militar. Cuando llegó frente a mí, se detuvo. Me miró. Solo unos segundos. Pero bastaron para que sintiera la piel erizarse.

-Lorena Grey -dijo con voz profunda, controlada, sin una pizca de emoción.

-Patrick James -respondí, tratando de sonar firme aunque mi voz tembló.

Daniel dio un paso adelante, desafiante.

-¿Qué haces aquí? ¿No se suponía que la boda era en una semana?

Patrick no se molestó ni en mirarlo.

-Vine a conocer a mi futura esposa, quiero ver qué mujer se -dijo simplemente.

Mi respiración se cortó.

-¿Ahora sí quieres conocerme? -pregunté con un tono que ni yo reconocí.

Patrick alzó ligeramente una ceja.

-Consideré adecuado... evaluar la situación personalmente.

-¿Evaluar? -repetí, indignada-. ¿Como si yo fuera una compra?

Él no parpadeó.

-Esto es un acuerdo, señorita Grey. No un romance, aquí no hay cortejos, ni tonterías, evitate el mal rato.

Sentí una punzada en el pecho. Daniel dio otro paso, furioso.

-Ey, bájale el tono. Ella es mi hermana.

Patrick lo miró por primera vez. Fue una mirada breve, fría, que dejó a Daniel sin palabras.

-No estoy aquí para discutir -dijo Patrick-. Solo quería asegurarme de que entiende los términos.

-¿Y qué términos son esos? -lo enfrenté.

Él sostuvo mi mirada sin suavizar nada.

-Nos casaremos. Cumpliremos con las apariencias. Mantendremos la discreción. No habrá afectos innecesarios. No habrá interferencias en mis asuntos. Tampoco espero que interfieras en mi vida privada.

Mi voz se quebró por dentro, pero fingí fortaleza.

-¿Y qué esperas, entonces?

Patrick inclinó la cabeza.

-Que seas obediente. Y discreta.

Daniel soltó un insulto por lo bajo. Yo respiré hondo para no explotar.

-¿Y tú? -pregunté-. ¿Serás... fiel?

Patrick me sostuvo la mirada un segundo más... y luego dijo:

-No prometo nada que no esté dispuesto a cumplir, no eres tú quien pone las reglas.

Mi corazón se desplomó.

Él dio un paso atrás y añadió:

-La boda es en siete días. Prepárate.

Se giró hacia su auto.

Y justo antes de entrar, volvió la cabeza apenas.

-No esperes amor de mí. No tengo nada de eso para dar, mi corazón ya está comprometido.

Se metió en el vehículo y se marchó sin mirar atrás.

Yo me quedé allí, inmóvil.

Daniel me abrazó fuerte, y recién entonces me permití temblar.

Y mientras lo hacía, solo podía pensar:

Me casaré con un hombre que ya tiene el corazón en otro lugar.

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