Capítulo 3

La boda de Cole no tenía nada de sutil. Al contrario, cada rincón era una ostentación de lujo desmedido, una exhibición de poder y diamantes.

Un vestido de cien millones de dólares, adornado con más de cuatrocientos mil diamantes y perlas, era la joya de la corona de la ceremonia. Paige había soñado con caminar hacia el altar, vestida con él, desde que tenía uso de razón.

Conscientes de la abismal diferencia entre sus familias, los Jones y los Evans, Kiara y Darin hicieron lo imposible por guardar las apariencias. Reunieron quinientos millones de dólares como regalo de bodas para que la boda de Paige fuera un evento que deslumbrara a toda la ciudad. Sin embargo, al final, todo fue para Elliana.

El vestido, traído en avión desde el taller de una prestigiosa marca de vestidos extranjera, ahora ceñía el cuerpo de Elliana. Kiara, Darin y Paige solo podían observar, impotentes, cómo aquello por lo que tanto se habían sacrificado resplandecía en la mujer equivocada. La rabia casi los derribaba.

A Elliana le costaba reprimir la risa, pero con Cole a su lado, se contuvo y mantuvo una expresión neutral. La reputación de Cole era de sobra conocida: un hombre peligroso, resuelto e impredecible. Elliana sabía que no podía bajar la guardia. Aún no entendía cómo había terminado siendo su esposa, pero necesitaba respuestas con urgencia.

Un enjambre de reporteros pululaba fuera de la mansión de los Jones, ávidos de cualquier fisura en la historia. Para no alimentar el frenesí, Cole prescindió del coche y se llevó a Elliana en su helicóptero privado.

A Paige le rodaban las lágrimas por las mejillas mientras el helicóptero se perdía entre las nubes. "Mamá, ¿mi sueño de convertirme en la esposa del hombre más rico realmente se ha esfumado?".

¡Claro que no!, replicó Kiara con veneno en la voz. "Cole no tolerará que lo hayan atrapado así. A Elliana se la impusieron. Quién sabe, tal vez ni siquiera sobreviva a esta noche".

Un destello brilló tras las lágrimas de Paige. "¿De verdad crees que se deshará de ella?".

Kiara esbozó una sonrisa gélida. "Cuando Elliana esté fuera de escena, ten por seguro que Cole volverá a ti. Tú solo mantén tu estatus como la principal socialité de Ublento. Tarde o temprano, serás su esposa".

Si hasta ese par de necias, Kiara y Paige, podían imaginar que Cole era capaz de provocar un escenario de viudez, Elliana, con su mente perspicaz, sin duda ya había contemplado esa posibilidad.

Aunque Elliana nunca había visto a Cole en persona hasta ese día, conocía todas las historias que circulaban sobre él. Lo describían como un hombre sanguinario, incluso cruel; la clase de hombre que aplastaba a cualquiera que osara interponerse en su camino. Quienes lo desafiaban, o desaparecían o terminaban deseando no haberlo hecho. Y ella no tenía la menor intención de poner a prueba a un hombre así.

Elliana mantuvo la cabeza gacha durante toda la ceremonia. Al entrar en el dormitorio, se dejó caer sobre el borde de la cama y guardó silencio.

Al otro lado de la habitación, Cole se quitó la chaqueta y se desplomó en el sofá. Clavó su mirada en ella, una mirada intensa y clínica, como si pudiera leerle el pensamiento con un solo vistazo.

Horas antes, su aspecto era un desastre: el delineador corrido, el cabello enmarañado y un maquillaje que le sumaba diez años. Pero ahora, bajo el delicado velo que cubría su rostro, lucía etérea con el vestido resplandeciente. Su piel brillaba y su figura era delicada y serena. Estaba deslumbrante.

Elliana tenía su propia leyenda, una historia oscura y retorcida. Se decía que, a los cinco años, había provocado el incendio que mató a su madre y le derritió su propio rostro. Algunos la llamaban la maldita; otros, la asesina. Fuera como fuese, nadie veía inocencia cuando la miraban.

La habían tachado de tonta y fea, pero Cole no veía nada de eso en ella. Sus ojos, agudos, astutos y llenos de luz, la delataban. No era ingenua, sino sagaz. Fuera cual fuese su juego, lo jugaba bien. Cuando Paige se abalanzó sobre ella momentos antes, Elliana se deslizó detrás de él con una agilidad pasmosa. Otros lo habrían atribuido al instinto, pero él percibió el control en su juego de pies. Semejante precisión no nacía del miedo, sino del entrenamiento.

Pero toda esa destreza no significaba nada para él en comparación con lo único que importaba: cómo el nombre de él había terminado ligado al de ella en un matrimonio. Alguien había movido los hilos entre bastidores. ¿Por qué? ¿Qué ganaban con ello? ¿Y era Elliana tan inocente como aparentaba?

No tenías ningún problema para hablar antes. ¿A qué se debe tanto silencio ahora?, el tono de Cole rasgó el silencio como un cristal.

Elliana se tensó y un escalofrío le recorrió la espalda antes de que pudiera evitarlo. "No es que planeara casarme para ascender... Es solo que no puedo evitar esta pizca de inquietud".

Vivir en la casa de la familia Evans implicaba seguir ciertas reglas, y Elliana lo había aprendido muy rápido. Una sonrisa amable por aquí, las palabras adecuadas por allá... podía ser la diferencia entre la supervivencia y el desastre.

Una risa seca escapó de los labios de Cole. Estaba actuando y él no se creía ni un segundo. Momentos antes, lo había llamado "cariño" delante de Paige con total naturalidad. No había habido ni un ápice de inquietud en su voz. Se limitaría a esperar para ver cuánto tiempo era capaz de mantener la farsa.

Elliana sabía que no le creía. Tampoco esperaba que lo hiciera. Solo necesitaba no darle ningún motivo para que la atacara.

Todavía sopesaba su siguiente movimiento en su cabeza cuando Cole se levantó sin previo aviso y cruzó la habitación con pasos lentos y deliberados.

Sin mediar palabra, se inclinó y la levantó en brazos antes de que ella pudiera respingar.

Ser levantada en sus brazos como una novia de cuento de hadas le provocó un vuelco en el corazón. "Señor Evans, ¿qué... qué está haciendo?".

Cole la miró desde arriba, con una sonrisa ladina en las comisuras de sus labios. "Dime, ¿qué se supone que hacen los recién casados en su noche de bodas?".

Todo se inclinó cuando él la arrojó sobre la cama, su cuerpo cerrando el espacio entre ellos como una nube de tormenta que se avecina.

El colchón rebotó bajo ella, su aroma la envolvió por completo, y Elliana se quedó inmóvil. Con esa peluca horrible y aquel maquillaje, ¿de verdad Cole sería capaz de consumar el acto?

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