Capítulo 2

—Corta el rollo y dime como te fue con mi amigo —inquirió acelerado —Confiesa que todavía te tiemblan las piernas y tienes la garganta seca de las ganas de besarle.

—¡Cállate por amor de Dios!

Malcolm sabía todo sobre nuestra historia juntos. Había sido un espectador en primera fila de nuestro idilio, hasta que todo se fue al garete.

—Me encantaría estar ahí para abrazarte nena, sé que lo estás pasando fatal —farfulló en siseo.

Me dejé caer contra el metal frío de la pared dentro de aquel ascensor en el que bajaba sola, por suerte. Me llevé las manos a la boca conteniendo las ganas de llorar.

—¡Háblame...!

Mi amigo me trataba de infundir valor del otro lado de la línea porque sabía que era una maldita cobarde cuando me tenía que enfrentar a lo que sentía por mi ex. Ni siquiera me gustaba hablar de él y eso, Malcolm lo entendía pero a veces me pasaba alguna factura tanta intensidad contenida.

—Le quiero... —confesé dando un golpe al suelo, molesta conmigo misma —me lastima hacerlo, pero nunca he podido superarlo Malc, ¿Cómo pudo hacerme aquello?, joder.

—¿Quieres que vaya para allá? —susurró preocupado.

—No puedes —decreto y sonrió triste saliendo del ascensor —Lina me mata si le robo al novio en plenos preparativos, no seas listillo.

Ambos reímos porque sabe que sé, que quiere huir. Pero me derrito de saber que me apoya tanto como ha hecho desde el día en que dejé a Jhonny.

—Se me pasará. Solo ha sido el brutal efecto de volverlo a ver. Ahora, que he comprobado lo canalla que suele ser, puedo seguir desde este punto. No te preocupes.

El resto del camino a mi hotel lo pasamos recapitulando lo que había sido vivir un romance inolvidable sucedido por un desencanto amoroso todavía más inolvidable.

Me hacía muy bien sentir el apoyo de mi familia y mis mejores amigos, incluso los de Jhonny,  pero nada era suficiente para aplacar el ardor lacerante que habitaba en mi pecho a pesar de la preparación psicológica a la que me había sometido para venir a verlo una vez más, en cada segundo que lo tenía delante.

¿Si soy masoquista?... ¡Quizás lo sea!

Un amor como el que viví con él no se volatiliza y desaparece así como si, ni siquiera después de aquel brutal engaño, y sobre todo cuando todas las personas que te rodean apuestan porque algo más sucedió y reclaman que no fui capaz de investigarlo.

Pero, ¿Cómo demonios se investigan unos cuernos?... no había nada más que saber que lo que había visto y oído.

Sabía que me hacía ver débil ante su poderosa personalidad tanta blandenguería por mi parte, pero no podía evitarlo y para qué me iba a mentir fingiendo un control que no tenía y que se veía que perdía en la situación frente a él.

El día avanzó en su curso como si yo no estuviera metida hasta el cogollo en una situación compleja de la que no sabía como salir.

Él, creyendo que yo me iba a casar con otro me estaba obligando a dejar mi sueño, mi trabajo y mi ilusión de tantos años evidentemente solo por celos, que por otro lado no se entendían y que dejarían en la calle a gente que apreciaba y con las que trabajaba desde hacía mucho.

Jhonny, me estaba jodiendo la vida de nuevo.

Me dí una ducha larga, tratando de que el agua caliente abriera mi cabeza tanto como mis poros y me dejara vislumbrar alguna idea para solucionar tan infortunado acontecimiento.

Pero evidentemente no funcionó porque tenia las neuronas al borde la muerte en masa y nada me sacaba del apuro. No se me ocurría una mierda.

Envuelta en mi albornoz, y secando mi pelo con la toalla estaba, cuando sentí el móvil sonar y decidí ignorarlo, no tenía ánimos para repetir mi discurso a más gente.

Salí a la terraza y dejé que mi vista se perdiera en el ajetreo de la ciudad de Nueva York, panorama que echaba muchísimo de menos...entre otras cosas.

El bullicio me resultaba familiar. Ver a la gente corriendo de aquí para allá y subiendo y bajando de taxis que no paraban de rodar por aquellas calles en todo el día me hacía sonreír pensando en cuantos desengaños y amores plenos se subían y bajaban de aquellos autos, disfrazados de personas.

Desde donde estaba se veía la boca del metro y un violinista con rastas no dejaba de intentar vender su arte a gente que solo corrían detrás de compromisos de trabajo.

La vida desde allá arriba se veía tan insustancial que era casi insultante.

—Siempre he amado la concentración que dibuja tu rostro cuando observas  la vida de los demás y la comparas con la tuya propia, cuando antes sobre todo, tu vida era yo.

Me giré asustada,  pero  de saberlo dentro de mi habitación,  porque su voz era un dardo ardiendo a mi alma y no había manera de que no me quemara cuando hablaba.

—¿Qué estás haciendo aquí?¿Cómo has entrado?

Sin saber por qué,  me llevé una mano a la cinta de mi albornoz y el recorrió mi camino con sus ojos y su boca dibujó una mueca sexi que me sabía de memoria y se interpretaba perfectamente como, deseo. Me deseaba.

¡Hostias!

—Es el hotel de mi hermano. Estas desnuda en una suite que me pertenece y todos saben que eres mi mujer, nadie en el hotel me impediría hacerlo, pero...—avanzó hasta mí y me alejé dejando que su cadera se recortara contra el muro y alzó mi móvil mostrando su pantalla para mí —te avisé que subiría y no me respondiste. Pensé que te había pasado algo petite y tuve que entrar.

—No seas cínico, Jhonny —repliqué acercándome a tomar mi teléfono y lo alejó y me detuve —y no estoy desnuda, además... si estoy en tú suite es porque la empresa me ha reservado el hotel y el avión. No lo he escogido yo.

—Por supuesto que no —aceptó —he sido yo, personalmente, quien ha reservado tu viaje —susurró posteriormente poniéndome de los nervios —quiero que mis sábanas huelan a tí otra vez. Quería que durmieras sobre mi, pero me tendré que conformar con que lo hagas sobre mi esencia y me dejes la tuya. Voy a pasar horas oliendo esas telas como si fuera tu piel, Claire. Me muero de ganas.

Luchar contra él era imposible. Cuando se ponía en ese plan no tenia frenos y yo sinceramente no creía más en él, entonces sentía que batallar con su canallada era explotar en vano gran parte de mi preciado tiempo.

—Dame el móvil Jhonny y sal de aquí —alcé la mano y abrí la palma para él, esperando que me lo entregara —no sé como tienes el descaro de venir en esa actitud cuando ambos sabemos que no sientes nada de lo que dices y que a saber Dios, qué demonios quieres verdaderamente de mí. Teniendo en cuenta claro, el chantaje que me hiciste antes.

—Ya sé que no vas a casarte petite, eso cambia lo de antes. Olvida esos papeles y cena con mi familia en la casa de campo. Mi madre y Janine están ilusionadas. ¡Por favor!

Junto las manos poniendo cara de corderito y yo quería darle. Duro. Era un maldito cabrón.

—Me preocupa muchísimo que estés enterado de mi vida entera y que actúes como si solo importara lo que sea que te propongas. Ni siquiera intentas averiguar por qué te he mentido y manipulas todo a tu antojo. No creas ni por un segundo que no me doy cuenta de lo que intentas hacer Jhonny —lo puse en perspectiva y él arrugó la frente atento —pero no va a funcionar. No voy a volver a tener nada contigo. No nos vamos a acostar y no me vas a convencer de hacer algo ilegal para ganar tu juicio, si es cualquiera de esas cosas las que te propones.

Se acercó a mí con paso felino. Era un hombre imponente y sensual hasta para mi caminar. Su altura rivalizaba con las ganas que provocaba de montarlo y verlo así, tan cerca de mi otra vez, me hacía dudar a pesar de todo.

Puso el móvil en mi mano y me alejé enseguida. Su tacto caliente me quemó la piel y el magnetismo sexual que siempre hubo entre los dos se hizo demasiado latente y me mordí un labio.

—Primero que nada —apuntó ronco y mirando mis labios entre abiertos —puedes apostar que serás mía otra vez, y volverás a hacerlo y otra vez y otra vez y todas las veces que me lo pidas porque lo deseas tanto como yo —llevé las manos a mi nudo en la cintura y sin saber porqué, él me siguió con la vista y deslizó su dedo índice por encima de todo mi antebrazo sin parar de decir —te prometo que vamos a arreglarlo todo y ambos, saldremos juntos de el lío en el que me he metido, pero tú,  a esa cena irás... te lo aseguro.

—No puedes decidir por mí y he dicho que no voy. Dale saludos a tu madre, pero no iré.

—Te recojo a las cinco de la tarde. Iremos en el Jet. Lleva ropa para dormir allá, volveremos mañana.

El teléfono empezó a vibrar en mi mano y el nombre de Janine se escribió sobre la pantalla al tiempo que una sonrisa nacía en los labios de mi ex. Era tramposo.

—No va a funcionar ,Jhonny. No quiero nada contigo.

—Yo en cambio lo quiero todo. Y te aseguro que lo tendré. Adiós petite.

Capítulo 3

—¡Por favor, Claire, te lo imploro!

La vocecita de puchero que ponía Janine al teléfono, era persuasiva. Ella de entre todos los familiares de Jhonny, tenía una especial relación conmigo. Habíamos sido confidentes y amigas, incluso antes de meterme bajo las sábanas de su hermano. Era aquella una familia que adoraba y que me había querido siempre. Eran perfectos para mi, así como la mía lo había sido para Jhonny, y nosotros habíamos sido la perfección de las relaciones amorosas, hasta que todo se estropeó.

—No vamos a volver Jani, no puedo ni verlo. Sabes que es doloroso para mí.

—Tienen que hablar. Hay cosas que no sabes y él es un imbécil, pero te ama con locura. No tienes ni idea —porfiaba ella —pero eso da igual. Es asunto de ustedes y no vamos a meternos, es simplemente que mamá y yo queremos verte. Quiero dormir contigo y volver a nadar en el río mientras miras el fondo asustada y me divierto al lado de una de las mujeres que más he amado en mi vida. Claire, por favor, por favor, por favor. Ven. Di que sí.

¿Cómo podía negarme a eso?

Suspiré y ella sonrió victoriosa del otro lado de la línea, sabedora de que había conseguido envolverme en las triquiñuelas de Jhonny para hacer su voluntad y de paso, hacer feliz a su hermana.

—Vaaale, iré.

Dando gritos de desquiciada me colgó sin despedirse. Ella estaba la mar de feliz y yo de preocupada.

Me quedaban unas horas antes de salir a aquel imprevisto viaje, cuando decidí recostarme un rato a dormir, no sin antes echar una ojeada a los papeles que mi ex me había dado cuando había entrado en cólera por el tema de mi supuesta boda.

Como él mismo había mencionado, aquello era un simple acuerdo de ruptura de colaboración,  en la que mis acciones pasaban a ser suyas y me quedaba con casi nada más allá de mi bufete. A pesar de todo agradecía no tener que irme. Y reconocía que aquello había sido una jugada vil de su parte e intempestiva de la mía. Ninguno de los dos había estado muy fino ahí.

Traté de relajarme y no pensar en nada que tuviera que ver con él, abstraerme de su presencia nuevamente en mi vida y de su manera poco espontánea de abordarme para tenerme nuevamente.

Se veía calculado, y eso, me molestaba. Saber que había quizás, estado esperando este momento para volver a humillarme me jodía. Muchísimo.

Sin poder hacer más que descansar mi cuerpo para lo que estaba por venir, me dejé abrazar por las almohadas fabulosas de aquella cama que me hizo sonreír como lerda cuando te recordé que él había prometido oler luego cada espacio que había perfumado con mi cuerpo.

Sabía decir cosas que seducían, y yo sabía muy bien caer como idiota, pero por el momento...solo me limité a sonreír y abrazar las almohadas de la cama del hombre que más había amado en mi vida.

...Abrí la puerta de la habitación gesticulando para silenciarlo antes de que soltara alguna de sus pullitas por haber conseguido lo evidente.

Y su sonrisa me deslumbró. Tuve que retomar el orden de mis pensamientos para seguir odiandolo y concentrarme en ignorarlo por las siguientes horas que duraría el vuelo.

—Estás preciosa, petite —susurró en mi oído cuando pasé por su lado y me quitó de las manos el pequeño bolso que llevaba con alguna ropa —nunca he sido capaz de no admirar tu belleza y ponerme a cien. Te deseo. Deja que te toque solo un poco y niega que me deseas también. Déjame besar tu cuello, la curva de tu cintura. Deja que deslice mis dientes por el arco de tus pechos...

—¡Ya basta!...—le reclamé girando hacia él y alzando un dedo en advertencia —no quiero oírte decir esas cosas Jhonny, no te creo y no quiero tener nada que ver contigo. Déjame en paz. No quiero que me toques y no quiero que me digas que sientes nada. No me interesas y eso, es lo único que quiero tener más que demostrado contigo. Basta ya.

—Que mentirosa eres —discutió pasando por mi lado y llamando el ascensor —pero que me calle lo que siento no quiere decir que no lo note arrasando por cada por de mi piel y de la tuya. Te siento vibrar si me acerco y noto como tiembla tu cuerpo ante el mio. Tú y yo, nos pertenecemos. Te guste o no.

El resto del viaje en el auto hasta el aeropuerto lo hice en silencio y él por suerte respetó eso. Mantuvo una prudencial distancia y no se insinuó más ni provocó ninguna situación incómoda o que me hiciera explotar en furia, como lo había hecho antes.

Subimos avión y podía notar como sus ojos viajaban por mi cuerpo sin pudor. Llevaba un short ni largo ni corto de lino rojo y un top blanco con una camisa abierta a cuadros por encima, y botas a juego. Pero cada hilo de tejido de mi ropas parecían estar incendiados por la intensidad que me transmitía su mirada sobre mi piel.

Subí al avión prácticamente sodomizando al pasamanos, hasta que me sentí libre de sus ojos detrás de mí y me encerré en la habitación del Jet, era un vuelo privado y prefería estar lejos suyo. No quería ni que me hablara.

Despegamos y yo me senté en el asiento de allí dentro, amarré mi cinturón y una vez en el aire, decidí trabajar un poco para no pensar en que detrás de aquella puerta estaba mi ex y juraba que me deseaba.

Me perdí en las páginas de futuros casos que había dejado en Miami y conseguí avanzar bastante en los próximos juicios que tendría. Sin embargo aún no sabía el motivo por el que Jhonny me había traído hasta Mueva York. Ese espacio seguía en blanco.

La puerta se abrió de repente y lo escuché caminar detrás de mí pero decidí no mirarlo. Tal vez si lo ignoraba no volvería a hablar de sus deseos y los que suponía tenía yo, amén de que yo sabía que no estaba equivocado.

Yo estaba sentada sobre su cama, de espaldas a la puerta y a pesar de no verlo, no pude evitar sentirlo.

—Nunca tuve nada con ella petite. Jamás te fui infiel. Puedo demostrarlo y me está volviendo loco que me odies tanto por algo que fue un error —su aliento se condensaba en mi cuello y se me cerraron los ojos, sus manos subían y bajaban poco a poco por mis brazos y sentí el colchón moverse indicando que de había sentado detrás de mí —quiero dejarte ir, mantener la distancia pero enloquezco de saber que estás cerca y también me deseas. Déjame tocarte un poco. Saborear tu piel, recordarte a besos lo que se siente cuando nos rozamos.

—Cállate por favor, cállate. Deja de mentir.

Me había recostado sobre su pecho y encorvado el cuello como por inercia. Sabía que estar con él era un error. Que no podría soportarlo y cuando le oigo decir esas cosas, ya confirmo mis teorías de sobrevivir solo si mantenemos las distancias.

Sus manos separan mi camiseta de la piel de mi cuerpo y trepan por mi abdomen hasta levantar las copas de mi sujetador y detenerse en ambos pechos, para luego gemir en mi oído mientras yo aprieto sus manos con las mías.

—Vuelve conmigo. Dejemos todo atrás. Eres la mujer de mi vida y soy el hombre de la tuya. Ambos lo sabemos —me muerde el cuello mientras pellizca mis pezones y soy incapaz de no arrodillarme con él detrás de mí mordiendo y chupando hasta llegar a la comisura de mi boca y casi conseguir que giré el rostro y hunda la lengua en su boca.

Solo había una manera de detener aquello antes de que fuera demasiado tarde y terminara arrepintiendome de meterme a la cama con él.

Cuando su erección se clavó entre mis nalgas por encima de la ropa, supe que debía apurarme o volvería a caer y él era devastador. No quedaba nada cuando arrasaba con todo.

—¡Bésame! —ronroneó ronco y excitado.

—Me he acostado con más de cinco tíos desde que lo dejamos... ¿En serio quieres besarme cuando han habido muchos detrás de tí y mucho mejores ?

Nos miramos unos segundos a los ojos y no supe descifrar lo que escondían los suyos, pero creí que había perdido la partida cuando sacó una mano de mi pecho y la bajó sin detenerse hasta colarse dentro de mis bragas y bordeó mis pliegues antes de decir con los ojos cerrados...

—Deja de atrasar lo inevitable y no inventes nada Claire. Te conozco demasiado y tú también me conoces a mi —sacó la mano, metió los dedos en su boca y no sostuvimos la mirada —vamos a volver a estar juntos y en eso no hay duda. Pero, solo voy a hacerte el amor cuando me pidas tú que te toque y te haga mía otra vez. En eso, voy a esperarte. Tienes el camino limpio. El despegue es en media hora, ven a tomar un refresco conmigo. Si meto la lengua en tu boca sé que la tienes seca.

¡Joder, joder!

—Vete, Jhonny. Sal de aquí.

Me quedé apoyada en mis rodillas, arrodillada en la cama y caliente como una estufa. Me moría por aparcar el pasado justo allí y vivir el presente justo aquí. Pero no podía. El dolor me impedía olvidar.

Ese viaje me costaría mucho más de lo que había previsto y Jhonny se empeñaba en ponérmelo cada vez más complicado.

¿Sería verdad lo que dijo antes?...

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