En aquel entonces, los resultados del análisis de sangre de Emma fueron claros, sin indicios de posibles complicaciones o incompatibilidad; en pocas palabras, era la candidata perfecta para salvar a Nicola.
Nunca dudó en donar su médula ósea para salvar una vida, y mucho menos considerando que se trataba de su propia hermana.
Sin embargo, antes de que pudiera expresar su decisión, Ricky, quien al parecer la concebía como una mujer fría e indiferente, asumió que no aceptaría salvar a Nicola; estaba tan desesperado que incluso se arrodilló ante ella y le suplicó, una visión que destrozó el corazón de Emma.
Nunca en su vida lo había visto humillándose de esa manera ante alguien.
Ella conocía a Ricky desde que eran niños; desde la escuela primaria hasta la secundaria, siempre fueron inseparables. Muchos que los conocieron en esa época dirían que compartían un amor puro, propio de la niñez. Ricky solía pelear con otros chicos solo para defenderla y se quedaba despierto hasta altas horas de la noche para ayudarla a prepararse para los exámenes.
Ella había creído, ingenuamente, que después de todos esos años de estar a su lado, algún día se ganaría su corazón, pero la vida le demostró que estaba muy equivocada.
Llegó a comprender que los sentimientos nunca se conquistaban con la lógica ni con el tiempo.
Emma nunca fue tan buena actuando linda o sabiendo exactamente cómo complacer a Ricky como Nicola; aunque él se preocupaba por ambas, la forma en que adoraba el hombre a su media hermana siempre era más tierna, más genuina.
Ricky seguramente la amaba profundamente.
Este pensamiento atravesó el corazón de Emma y sus ojos ardieron con lágrimas contenidas.
Lo que más le dolió no fue el amor de Ricky por Nicola, sino el hecho de que él asumiera que era lo suficientemente despiadada como para dejarla morir. Aquel juicio, tan severo y errado, la enfureció; en un arrebato de ira ciega, le exigió a Ricky que se casara con ella.
Lo que más anhelaba era convertirse en su esposa; aunque acordaron que su matrimonio solo duraría dos años, creyó tontamente que sería el tiempo suficiente para hacer que ese hombre se enamorara de ella. Sin embargo, la realidad, dura e implacable, destrozó esa esperanza.
Emma lo terminó perdiendo de forma miserable.
"¿Todavía tienes las agallas de aparecer aquí?", una voz mordaz sacó a la chica de sus pensamientos.
Emma se secó rápidamente las lágrimas y se giró para ver a Verena Cooper parada detrás de ella; su presencia provocó que su expresión se tornara fría al instante.
Esta mujer era su madrastra, tenía cuarenta años pero lucía una década más joven; con su cabello perfectamente peinado y su elegante ropa de diseñador, irradiaba elegancia y autoridad.
Cuando Emma todavía estaba de luto por la pérdida de su madre, Verena, quien trabajaba como la sirvienta de la familia, quedó embarazada; el padre del bebé era nada más y nada menos que Colby.
"¡Ahórrate esas lágrimas de cocodrilo!", le dijo su madrastra en un tono burlón mientras pasaba caminando a su lado para entrar en la sala del hospital.
La chica se tragó su frustración y la siguió, obligándose a mantener la compostura.
Cuando Nicola la vio, sus ojos dejaron de verse cansados y una tenue luz brilló en ellos. "Emma", la llamó suavemente y con un rastro de calidez en su voz.
La chica sonrió y se acercó a su media hermana para tomarla de la mano con mucho cuidado. "Escuché que me extrañaste".
Nicola asintió con una expresión gentil: "Sí, han pasado tres meses desde la última vez que te vi. Te extrañé mucho".
El corazón de Emma se retorció dolorosamente; su hermana, con su inocencia y amabilidad, hizo todo mucho más difícil.
¿Cómo podía su propia hermana, a quien había admirado tanto, ser la que se interpusiera entre ella y el hombre que amaba? Cuando Nicola enfermó, Emma cometió un acto imperdonable, aprovechándose de una tragedia para asegurar su lugar como la señora Jenner.
Esperaba que su hermana le guardara resentimiento por lo que hizo, tal vez incluso llegando a despreciarla; en su mente, sus encuentros posteriores se tornarían fríos, llenos de resentimiento y lejanía. Sin embargo, Nicola seguía preocupándose por ella, como si nada hubiera cambiado, y eso fue lo que hizo que las cosas fueran aún más difíciles; cada vez que Emma la miraba, la culpa se volvía insoportable.
"Me tomaré un descanso del trabajo, así que tendré mucho tiempo para estar contigo", le informó Emma, cuyos ojos seguían enrojecidos por la emoción, pero logrando forzar una sonrisa.
El rostro de su hermana se iluminó. "¡Eso suena increíble! Quiero que vengas a visitarme todos los días hasta que me den de alta, ¿de acuerdo?".
"Por supuesto, estaré aquí todos los días", respondió Emma cálidamente.
Desde un costado, Verena rodó los ojos y miró a su hijastra con un desprecio que no se molestó en disimular.
Se mordió la lengua y evitó ser grosera por el bien de Nicola, pero cada vez que miraba a Emma, su ira estallaba; no podía olvidar lo mucho que su amada hija se deprimió cuando Ricky se casó con esta otra chica.
Luchando contra su amargura, Verena convenció a Nicola para que durmiera. Una vez que se durmió, se volvió hacia Emma y le dijo con una voz fría: "Ricky vendrá pronto a ver a Nicola. Si no quieres que las cosas se pongan incómodas, será mejor que te vayas".
La chica permaneció callada mientras intentaba asimilar sus palabras. Después de lanzar un último vistazo hacia su media hermana y comprobar que seguía durmiendo pacíficamente, se giró y se dirigió hacia la puerta.
Justo cuando la iba a cruzar, la voz de Verena cortó el aire una vez más: "No te molestes en volver. Después de todo lo que le has hecho a mi hija, no mereces estar cerca de ella".
Emma no respondió; simplemente salió de allí, con sus pasos volviéndose pesados por culpa de la realidad que desde hacía tiempo aceptó cargar.
Tras cerrar la puerta silenciosamente detrás de ella, se dejó caer en un banco del pasillo; luego enterró su cara entre sus manos mientras las lágrimas fluían sin control, emitiendo sollozos silenciosos que hacían que su cuerpo se estremeciera.
Jenifer estaba esperándola en el auto, pero al sentir que ya había pasado demasiado tiempo, se preocupó y decidió dirigirse al hospital para ver cómo estaba su amiga. Cuando entró al pasillo y la vio encorvada en el banco, luciendo completamente derrotada, estaba a punto de correr en su dirección cuando notó a Ricky saliendo del ascensor. El hombre se detuvo cuando vio a Emma, pero después de una breve pausa, caminó hacia ella.
Después de haberlo seguido a todas partes desde la infancia, la chica se volvió capaz de reconocer el sonido de sus pasos en cualquier lugar. Al oír ese ritmo familiar, rápidamente se secó la cara y trató de recomponerse, aunque el esfuerzo pareció inútil.
"¿Viniste a ver a Nicola?", le preguntó, forzando una sonrisa mientras lo miraba.
Los ojos de la chica estaban hinchados por culpa del llanto y tenía manchas de maquillaje corrido en la cara; lucía demasiado frágil, muy diferente de lo que solía ser.
Ricky habló con un tono indiferente: "¿Tú ya la visitaste?".
"Sí", susurró ella en respuesta.
Por un momento, algo en su apariencia miserable pareció despertar una pizca de simpatía en el hombre, ya que en una inusual muestra de amabilidad, añadió suavemente: "No te preocupes. Nicola se someterá pronto a un trasplante de médula ósea. Estoy seguro de que ella mejorará rápido".
"Sí, pienso lo mismo".
Sin decir más, Ricky simplemente se giró para abrir la puerta de la sala donde se encontraba Nicola. Antes de que pudiera entrar, Emma no pudo evitar gritarle: "Por favor, cuídala bien".
Si no podía tenerlo, entonces tal vez era hora de dejarlo ir, de devolvérselo a su hermana, la mujer a la que realmente amaba.
Él se detuvo por unos momentos, con su mano suspendida sobre la superficie de la puerta. Sin volverse hacia la chica, respondió con una voz cargada de ira contenida: "No necesito que me lo recuerdes. Me aseguraré de cuidarla bien".
Sus palabras fueron severas, cargando cada sílaba con su frustración. Emma se estremeció de solo escucharlo.
Se suponía que ya había firmado los papeles del divorcio, liberándolo de su matrimonio falso y dándole la oportunidad de regresar con Nicola. Esto era lo que él siempre había deseado ¿no?
Entonces, ¿por qué parecía que seguía furioso con ella?
¿Realmente anhelaba tanto deshacerse de la mujer que alguna vez fue su esposa? ¿Cuán profundo era su odio?
Ricky desapareció en la habitación, pero Emma permaneció inmóvil en el banco, con los ojos fijos en la puerta cerrada; se sentía vacía, como si estuviera perdida en un abismo.
Jenifer, quien observó todo desde la distancia, no pudo soportarlo más y corrió hacia su amiga para levantarla suavemente, llevándola lejos de la sala del hospital.
En los días siguientes, Emma continuó visitando el hospital, pero ya no entró a la sala de Nicola; simplemente se quedaba junto a la puerta, mirando a través del cristal.
A veces veía a Ricky paseando con Nicola por el jardín del hospital, compartiendo una cercanía que le resultó dolorosa; desde lejos observaba como una espectadora silenciosa, presenciando una vida de la que no formaba parte.
La frialdad que recibía de parte de Ricky siempre contrastó con el gentil cuidado que mostraba en presencia de Nicola, dejando a Emma con una herida profunda y dolorosa que aparentemente jamás sanaría.
Un mes después, Nicola se sometió con éxito a su trasplante de médula ósea; no hubo signos de rechazo ni complicaciones, por lo que su recuperación progresó sin problemas.
Por primera vez en mucho tiempo, Emma tuvo una sensación de alivio.
Todo ese mes, Ricky pasó la mayor parte del tiempo en el hospital, permaneciendo al lado de su media hermana; estuvo tan ocupado que al parecer olvidó acudir al Registro Civil para finalizar el divorcio.
Emma ya había observado suficiente de su afecto hacia Nicola, así que ahora estaba lista para cerrar este capítulo, lista para alejarse y reconstruir su vida.
Ese día, decidió llamarlo; el tono de espera sonó durante lo que pareció una eternidad antes de que el hombre finalmente contestara.
"¿Qué quieres?", le preguntó con ese tono tan frío y distante con el que siempre le hablaba.
La chica no dudó ni un poco a la hora de preguntar: "¿Cuándo finalizaremos el trámite del divorcio?".
Una larga pausa llegó desde el otro extremo de la línea. Cuando Ricky finalmente habló, su voz era distante, pero sus palabras la tomaron por sorpresa: "Todavía no he firmado todos los papeles".
El corazón de Emma dio un vuelco. Después de tanto tiempo transcurrido, ¿y él todavía no firmó los papeles del divorcio?
Emma se quedó congelada por un momento, con su mente acelerándose con toda clase de pensamientos.
¿Por qué Ricky todavía no había firmado los papeles?
¿Acaso cambió de opinión? ¿O existía la posibilidad de que ya no quisiera el divorcio?
Ese pensamiento fue fugaz y absurdo, por lo que la chica lo descartó rápidamente.
Ricky siempre había deseado deshacerse de ella. Ahora que Nicola se estaba recuperando y tenía edad suficiente para casarse, no había motivos para seguir esperando; seguramente este retraso fue una mera casualidad y no significaba nada en realidad.
"Nos vemos en el Registro Civil mañana a las nueve", le dijo Emma con un tono cortante, sin dejar lugar a ninguna objeción antes de finalizar la llamada.
Esa noche, el sueño la eludió; la chica permaneció un rato considerable sentada en el borde de su cama, con la mente hecha un desastre mientras tenía la mirada perdida en la oscuridad de la noche. Por la mañana, su cuerpo se sentía todo entumido, pero se obligó a moverse; se duchó, se cambió de ropa y aplicó en su rostro una delicada capa de maquillaje. Sin importar lo que sucediera hoy, necesitaba lucir lo más serena posible, incluso si su corazón estaba hecho pedazos. Cuando llegó al Registro Civil, respiró profundamente mientras esperaba.
Los minutos se convirtieron en una hora, pero no había señales de Ricky por ningún lado.
Un nudo de inquietud se apretó en el pecho de Emma; cuando le marcó, el tono de espera no dejó de sonar desde el otro extremo.
Abrumada por la frustración, salió furiosa del lugar y se dirigió directamente a la sede del Grupo Jenner; ignorando las protestas de la recepcionista, entró en el ascensor y subió al piso donde se encontraba la oficina de Ricky.
Cuando el hombre regresó a su oficina después de una reunión, encontró a Emma sentada en el sofá de cuero, con el rostro pálido pero marcado por la irritación.
"¿En qué momento llegaste?", le preguntó, sin inmutarse ante su presencia. Era como si hubiera anticipado que ella haría acto de presencia. Con toda la calma del mundo, Ricky se acercó a su escritorio, abrió un archivo y comenzó a revisarlo, sin dirigirle la mirada a su esposa.
"Hace aproximadamente media hora".
"Por favor, espera un poco más".
La voz de Ricky llegó en un tono indiferente mientras continuaba absorto en su papeleo, dejando en claro que atender a la chica no era su prioridad.
Emma pudo sentir cómo la furia hervía y subía hasta su pecho, amenazando con desbordarse.
"¿Por qué estamos haciendo esto?".
Ella lo estuvo esperando en el Registro Civil durante una hora, con la esperanza de finalizar el divorcio y darle un cierre a su relación. Sin embargo, a pesar de que había ido a verlo directamente a su oficina, él insistió en hacerla esperar.
¿Acaso estaba haciendo esto para demostrar lo poco que le importaba? ¿Su esposa valía menos que los papeles que estaba revisando en ese momento?
"¿Qué es lo que quieres?", la voz de la chica se elevó y su frustración finalmente fue externada, rompiendo la fría indiferencia de Ricky.
Él alzó la mirada, mirándola con una expresión tan ilegible como siempre. "Te dije que debías esperar un poco más".
Emma no iba a tolerarlo; su paciencia ya se había agotado.
"¡Ya estoy cansada de esperar! ¡Quiero que el divorcio se concrete hoy mismo!".
"Eso no va a pasar".
El cuerpo de la chica se paralizó y su mente se quedó en blanco mientras esas palabras la golpeaban como un puñetazo.
A Ricky no pareció importarle su reacción, ya que terminó su trabajo con calma, sacó los papeles del divorcio del cajón de su escritorio y caminó hacia ella.
Sin decir una sola palabra, los hizo pedazos ante su mirada incrédula.
"Seguirás siendo mi esposa. ¿No es eso lo que querías? Se supone que me amas, ¿no? Hiciste un gran esfuerzo para convertirte en la señora Jenner, ¿o me equivoco? Bien. Eso solo es tuyo y nadie más podrá quitártelo", dijo Ricky con los ojos ardiendo de ira.
El corazón de Emma se aceleró y su mente dio de vueltas. Ella ya había firmado los papeles y Nicola estaba mejorando. ¿Por qué Ricky ahora estaba haciendo esto?
Durante dos años, este hombre no le mostró nada más que indiferencia, ansioso por alejarla. Entonces, ¿por qué cuando finalmente tuvo la oportunidad, se negó a dejarla ir?
"No te entiendo. El divorcio fue idea tuya", dijo la chica mientras su orgullo se disolvía. "Ya puedes regresar con Nicola. Yo dejaré de ser un estorbo en tu vida. Por favor, firma el divorcio y déjame ir", le pidió ella con unas palabras cargadas de desesperación.
Ya había tomado la decisión más dura en su vida: hacerse a un lado por el bien de todos, incluso si eso la dejaba destrozada.
No fue nada sencillo, pero se había preparado para este momento.
"¿Dejarte ir?". Los labios de Ricky se torcieron para formar una sonrisa burlona. "No será tan sencillo".
La frustración de Emma se intensificó. "¿Por qué de repente estás en contra del divorcio?".
"Solo estoy siguiendo los deseos de Nicola".
"¿Qué?". Los ojos de la chica se abrieron de par en par y la incredulidad la invadió. "¿Qué quieres decir con que mi hermana quiere que hagas esto?".
"Sí, ella quiere que nos quedemos juntos y que seamos felices".
La ira de Emma estalló: "¿Que seamos felices? ¿De qué hablas?".
"Ella opina que deberíamos hacer las paces y esforzarnos para que nuestro matrimonio funcione. Eso es lo que desea para nosotros".
La fría sonrisa de Ricky se desvaneció rápidamente y regresó a su expresión indiferente habitual.
Sin embargo, debajo de esa fachada, su mente estaba lejos de estar tranquila. Él no era un objeto que pudiera cederse o compartirse entre dos mujeres; sus decisiones eran suyas y nadie más tenía derecho a tomarlas.
En cuanto a Emma, seguía luchando por entender en qué estaba pensando su esposo; por un momento pensó que él solo estaba haciendo esto por alguna promesa que le hizo a Nicola, pero nada de eso tenía sentido.
"¿Qué sucede contigo? ¿No quieres estar con Nicola?".
La pregunta pareció tocar una fibra sensible, ya que la expresión del hombre se tornó sombría de inmediato y su serenidad se hizo añicos. "Ve a empacar tus cosas ", le ordenó con frialdad.
Emma parpadeó confundida. ¿Le estaba pidiendo que volviera a su casa? ¿El mismo hombre que la había echado hacía apenas un mes con una firme determinación?
"Ricky...".
Antes de que la chica pudiera decir más, su esposo le espetó con unos ojos que ardían de ira: "¿Por qué sigues ahí parada? ¡Apresúrate y vete!".
Emma tragó saliva con fuerza, aturdida por la intensidad de su furia; no podía entender qué acababa de suceder, pero lo que sí sabía era que cualquier protesta solo empeoraría las cosas.
Ricky se dio la vuelta y caminó hacia uno de los ventanales. Una vez allí, encendió un cigarrillo; dando una larga calada y con una mano en el bolsillo, contempló la ciudad de espaldas a Emma. El humo se alzaba a su alrededor en silencio.
Cuando terminó y se dio la vuelta, su esposa ya se había ido.
Ella se marchó silenciosamente, sin dejar nada atrás excepto una taza medio vacía de café frío sobre la mesa y la pila de papeles de divorcio rotos.
Durante dos años, Ricky había estado esperando este momento, el final de su matrimonio.
Incluso redactó los papeles del divorcio dos meses atrás, preparados por su asistente de más confianza, faltando únicamente las firmas finales que harían oficial su separación definitiva El hombre pensó que se sentiría aliviado, concluyendo con su matrimonio sin dificultades, pero después de que Emma firmara los documentos, algo comenzó a carcomerlo por dentro. Ahora lo invadía una extraña inquietud que no podía suprimir.
¿Fue realmente porque Nicola quería que permanecieran juntos? ¿O había algo más? Ricky ya ni siquiera sabía qué era lo que él quería.
——
La brisa de finales de otoño era cortante, envolviendo a Emma en un intenso frío que apenas notó mientras deambulaba sin rumbo por las calles, perdida en sus pensamientos y sintiéndose como una sombra de sí misma.
Vagó hasta que se encontró parada una vez más frente al Hospital Ecatin.
No podía recordar cuántas veces había terminado en este lugar, impulsada por la urgencia de ver a Nicola pero siempre deteniéndose antes de hacerlo; después de permanecer parada afuera de la entrada durante lo que parecieron horas, viendo cómo el mundo continuaba con su rumbo, finalmente reunió la determinación suficiente para entrar y dirigirse directamente al edificio de pacientes internados.
Tomando el ascensor hasta el piso donde estaba Nicola, la chica siguió su rutina habitual, deteniéndose justo afuera de la puerta de la sala y mirando a través de la ventana de cristal.
Su hermana se veía mejor y de muy buen humor mientras comía con más energía; la cuidadora le limpió la cara y las manos después de que terminó, con la joven volviendo a acomodarse en la cama para después jugar con su celular, esbozando una sonrisa tan dulce como siempre.
Verena rondaba cerca, reprendiendo a su hija con un tono severo, instándola a guardar su celular para que descansara más.
"Pero estoy viendo el programa que protagoniza Emma", dijo Nicola con una suave sonrisa. "Quiero terminar de verlo".
La expresión de su madre se agrió. "¿Otra vez Emma? Ni siquiera se ha tomado la molestia de venir a visitarte, pero tú sigues hablando de ella".
"Las actrices son personas muy ocupadas, así que la entiendo. Iré a visitarla en cuanto me den de alta. Si tengo la oportunidad, también quiero ir a una de sus sesiones", comentó Nicola con un tono esperanzado.
Verena resopló con frustración. "Por supuesto que no. No irás a verla. ¿Por qué molestarte en prestarle atención a alguien tan egoísta como esa chica? Tú no le importas en absoluto. Incluso te robó a tu hombre. Mejor concéntrate en olvidarla. Recuerda que te casarás con Ricky en cuanto seas dada de alta".
El rostro de Nicola decayó y la calidez desapareció de su sonrisa. Sacudiendo la cabeza suavemente pero con determinación, respondió: "No me casaré con Ricky. Él ya le pertenece a Emma".
"¡Pero ellos se van a divorciar! Ya pasaron dos años", dijo Verena en un tono severo, esforzándose por contener su frustración.
"Lo sé", respondió su hija en voz baja. "Pero Ricky no lo ha mencionado todavía. Creo que… quizá él ya no quiere divorciarse".
Fue ahí cuando la paciencia de Verena se acabó. "¿Hablas en serio? ¿Por qué siempre piensas en el bienestar de todos demás excepto en el tuyo? Si él no menciona el divorcio, ¡tú tienes que presionarlo! ¡Ricky te ama a ti, no a Emma!".
Nicola bajó la mirada y habló con una voz cargada de resignación: "Mamá, mi salud no es estable. El médico me advirtió que si llego a recaer, podría no ser lo suficientemente fuerte para resistir otro trasplante. La quimioterapia podría ser mi única opción… pero tengo miedo de no resistirla".
La ira de Verena vaciló y su expresión se tensó con una mezcla de miedo y frustración. "El médico dijo que solo es una posibilidad. No empieces a perder la esperanza pensando en hipótesis intangibles".
"No he perdido la esperanza", susurró Nicola con una voz ligeramente temblorosa. "Pero si Ricky no quiere divorciarse, ¿qué más puedo hacer? No puedo pedirle que deje a Emma. No quiero obligar a nadie".