Capítulo 2

—Por favor, no me mate. Se lo suplico. Mi mamá está muy grave. Yo le juro que no vi nada.

Al escuchar las voces, Rubén la toma del brazo, le apunta por el costado, mientras le advierte.

—Haces el mínimo ruido y te vas a acompañar a la muertita. ¡Camina y disimula!

Ambos hombres salen rápidamente de la habitación donde yace aún entre la vida y la muerte, Elena. La enfermera que entra, al ver aquel pozo de sangre debajo de la camilla, grita desesperada. El alboroto de los médicos corriendo por el pasillo provoca la angustia de los familiares de los pacientes. Los médicos hacen esfuerzos por salvarle la vida a la joven madre.

Rubén entra junto a Amanda a una de las habitaciones desocupadas.

—Aquí —le señala Pablo, quien está ingeniándose un plan para impedir que Rubén calle a la hermosa chica.

—Llegó tu hora, mamita. —le susurra al oído. Amanda tiembla angustiada. Se arrodilla para implorarle al indolente asesino.

—¡No! Por piedad no lo haga, mi madre sólo me tiene a mí.

—Cálmate, esa chica nos puede servir, no te das cuenta que es muy parecida a Elena. Ella puede evitar que el jefe te elimine.

Rubén la observa fijamente, no se había percatado de aquel detalle, cuando recibió el corte en el rostro hace un año atrás, perdió la visibilidad en el ojo izquierdo.

—Tienes razón, esta perra es igual a aquella.

—Déjame conversar con ella. Tú ve al retén a ver como resuelves lo del bebé.

—Está bien. —antes de salir de la habitación, se coloca la chaqueta reversible del otro lado para evitar ser reconocido por alguien.

Pablo trata de calmar a la joven, quien llora sin poder contenerse.

—Déjame ir, te lo ruego. El médico de mi madre está llamando, ella está muy mal.

—No puedo, Amanda. —Ella se sorprende al ver que él aún recuerda su nombre.— Rubén es implacable, lo sabes. Es mejor que sigas con el plan. Yo puedo ayudarte si tú me ayudas. ¿Entiendes? —ella asiente.— ¿Dime que tiene tu madre?

Entre sollozos y hipidos, la joven le cuenta sobre la grave situación de su madre. Él la escucha atentamente, mientras ordena en su cabeza un plan donde todos saldrán beneficiados, todos inclusive ella.

—Escucha lo que voy a proponerte por favor. Tu madre necesita un transplante, la chica que acaba de morir puede ser la donante. Conozco al dueño del hospital, sólo una llamada y él no tendrá problemas en realizar la operación, por supuesto si son compatibles tanto el donante como tu madre. —aunque aquello sonaba descabellado, Amanda sabe que es la oportunidad de salvarle la vida a su madre.

—¿Dígame que debo hacer?

—Primero calmarte, segundo darme algunas informaciones sobre tu madre y tercero hacer lo que te pida. —ella asiente por segunda vez, no tiene más ninguna opción. Debía escoger entre morir o salvar a su madre y salvarse ella.

—Haré lo que me pida.

Mientras Amanda le da la información sobre su madre, Pablo realiza las llamadas que debe hacer. En minutos todo parece transcurrir rápidamente y como por arte de magia el plan comienza a funcionar perfectamente. La prueba de compatibilidad entre Elena y Verónica resulta positiva. Inmediatamente, internan a Verónica y comienza la operación.

El médico desconecta a Elena, por órdenes de arriba, ambas mujeres entran a quirofanos y como en una serie de ficción operan de manera simultánea a ambas mujeres. Rubén entre tanto, regresa a la habitación, pronto anochecerá y deberán llevarle noticias al jefe.

—¿Lograste convencerla? —Pablo asiente— El bebé está en perfectas condiciones.

—Ya cumplí con mi parte, ahora te toca cumplir con la tuya. Debes ir y buscar al bebé como si fueras su madre. Nadie sabe de la muerte de Elena, excepto nosotros tres y la enfermera de la cual nos haremos cargo luego. Deberás ir a la habitación tomar el bolso que traía Elena y usar sus documentos, luego irás con Rubén a retirar al niño. Saldrán juntos, yo los esperaré en el auto. No quiero errores Amanda. Tu madre está viva gracias a mí. Ah, no te preocupes por ella, ya dejé a cargo a una enfermera que se encargará de cuidarla personalmente.

Acompañada de Rubén, fue hasta el retén. Él ya había hecho su parte, darle un buen pago a la enfermera de turno.

—Tenga —la enfermera le entregó al niño en brazos.

Amanda tuvo que voltear el rostro para no ser reconocida por la misma enfermera que horas atrás, recibió de sus manos el medicamento para su madre. Aquello era algo increíble, ver como esa misma mujer era capaz de recibir dinero y entregar a aquel bebé sin importarle su destino.

—Camina —le ordenó nuevamente Rubén.

—¿Puedo pedirle un único favor?

—¿Un favor? ¿Crees que no es suficiente con que te haya dejado con vida? Realmente no me interesa complacerte en nada.

—Es sólo pasar por la habitación donde está mi madre y vef como está.

—Ya Pablo te dijo que está bien, además el jefe espera por nosotros.

El bebé comenzó a llorar, habían pasado tres horas ya desde que le dieron de comer.

—Debe tener hambre.

—¿Y qué esperas que haga yo? Muévete y vamos al auto.

La chica caminó hacia donde él la dirigía, intentaba calmar el llanto del bebé para no despertar sospechas, mientras ella también gritaba de dolor por dentro sin poder despedirse de su madre. Subió al auto.

—¿Qué ocurre, por qué llora? —preguntó alterado Pablo.

—Debe tener hambre. —respondió ella.

—Bien y que debemos hacer para que se calle.

—Darle de comer, necesitamos comprarle algún alimento.

—Ve a la farmacia Rubén, compra bebida para bebé y un biberón.

—No me jodas, Pablo. Ve tú.

—Yo no maté a la madre, así que muévete —Rubén bajó del auto, enardecido.

Minutos después regresó. Trajo la leche en polvo y el biberón, mientras destapaba una botella de agua para tomar un trago.

—¡Necesito agua para preparar la fórmula! —replicó ella.

Rubén la fulminó con la mirada, le entregó la botella a medias y ella preparó el biberón. Se lo dio a beber, el bebé desesperadamente comenzó a tomarlo.

—Ya mi amor, todo va a estar bien —dijo ella, besando una de la frente del pequeño angelito que llevaba entre sus brazos.

Pablo observa desde el retrovisor la dulzura de aquella hermosa mujer, aunque era físicamente igual a Elena, jamás podría compararla con Amanda.

Amanda está llena de emociones y sentimientos confundidos. Debía estar feliz por la vida de su madre, pero él miedo a lo que debía enfrentarse ahora la paralizaba por completo, eso sin mencionar que había sido testigo de la muerte de aquella mujer y ahora cómplice del secuestro de un bebé. Su vida había cambiado en fracciones de segundos sin que ella imaginara todo lo que estaba por ocurrirle aún.

La hermosa chica, no dejaba de pensar en cómo Pablo había resuelto todo con apenas mover un par de piezas ¿Quién era él y peor aún en que estaba metido? La respuesta parecía muy obvia pero tampoco podía negarse a sí misma que aquel hombrecla atraía inevitablemente.

La vida es como un tablero de ajedrez donde se mueven las piezas desde arriba, sólo que ella apenas era un peón.

Capítulo 3

Amanda está aterrorizada, hubiera preferido mil veces que Pablo estuviera ocupando el lugar de Rubén a su lado en vez de estar manejando; a pesar de que no lo conoce, le inspira más confianza o eso quiere creer.

No ha levantado la mirada del bebé, lo alimenta con sumo cuidado, es tan pequeñito que no deja de enternecerse, y a la vez preocuparse de que algo pueda sucederle, sobre todo, considerando la velocidad a la que va dirigiendo Pablo por la autopista. No sabe a donde la llevan, pero si con quien y para qué.

Le teme a todo, a aquel repugnante hombre que lleva a su lado asegurándose que no se tire del coche en un intento de escape; a convertirse en madre de un bebé que no es suyo; a la recuperación de su madre y al hecho de que puede no volverla a ver nunca; pero, más que a nada, al tal Alejo, el tan temido jefe de estos dos hombres que la escoltan para entregársela en bandeja de plata a ese criminal.

En su cabeza intenta repetir una y otra vez, al pie de la letra, las palabras de Pablo, explicándole brevemente las instrucciones que debía seguir si quería mantenerse viva.

—Siento mucho que te veas involucrada en todo esto —le dice él— pero créeme, ahora mismo es lo mejor tanto para ti como para nosotros; piensa en que, finalmente estás salvando a tu madre. Te prometo que no le faltará nada.

—Pero ¿qué será de mí ahora? ¿hacia dónde vamos?

Tener esta conversación a solas con Pablo, la hacían sentir un poco más tranquila, si es que eso era posible teniendo en cuenta su situación actual. Rubén se encontraba atando los últimos cabos sueltos que habían dejado en el hospital. Debían darle una buena paga a los doctores implicados en el transplante de órgano y una buena amenaza también para que mantuvieran sus bocas calladas por el resto de sus vidas.

—Ahora te llevaremos a la mansión de Alejo, nuestro jefe. Tu nombre a partir de ahora será Elena, mujer preferida del jefe. Eres bailarina de pole dance, se conocieron en un club nocturno y, el hijo que llevas en tus brazos, es suyo.

Amanda no está segura del por qué, pero la voz de Pablo se quebró un poco cuando dijo esto último, como si le hubiese costado un trabajo enorme pronunciar aquella frase “su hijo:

—Lo mejor para ti —continuó diciendo él— es que no le contradigas en nada, no le contestes, no te le enfrentes. Todo lo que te diga serán órdenes para ti y debes acatarlas sin chistar — la tomó de la barbilla para obligarla a levantar la cabeza y mirarle directo a los ojos— sea lo que sea ¿me estás entendiendo? Él va estar muy molesto ya que Elena salió huyendo de aquí para tener el bebé en secreto, nunca le dijo a Alejo que estaba embarazada, lo ocultó, así que será algo difícil de manejar, tendrás que ser fuerte y aguantar callada. Tú eres su mujer ahora y debes respetarlo, solo así podrás mantenerte a salvo.

—Pero, si ella se lo ocultó y escapó de aquí, ¿cómo ustedes la encontraron?

—Alejo es un tipo demasiado peligroso, por tanto, tiene ojos en todas partes, cuando digo en todas partes, créeme, hasta en el subsuelo tiene informantes. Cuando Elena entró en el hospital con los dolores de parto, ya él lo sabía.

Ahora esas palabras resonaban en su cabeza. Estaba demasiado nerviosa en ese momento como para entender a lo que él se estaba refiriendo. La chica a la que Rubén había matado, era prostituta y, al parecer, exclusiva del tal Alejo.

La mente de Amanda es demasiado noble y dulce como para entender a qué se está refiriendo Pablo cuando dice que el comportamiento de Alejo a su llegada será un poco difícil de manejar. No tiene ni idea del monstruo que la espera ansioso.

Antes estaba preocupada, pero ahora, el terror se apoderó de ella visible en su máxima expresión, lo cual no fue ajeno para Pablo, quien no dejana de mirarla por el retrovisor.

“Pobre chica, ¿en qué la he metido” piensa él, mientras ella sólo tiene una sola cosa en su cabeza “¡¿Cómo voy a estar yo con este mafioso, si soy virgen?!”.

Luego de lo que pareció una eternidad, llegaron a la mansión. Rubén se desaparece enseguida, como si hubiese estando deseando salir de ahí a la carrera. Pablo se le acerca y, con delicadeza, la toma del brazo y la conduce escaleras arriba hasta llegar a una habitación.

Cuando las puertas se abrieron, los ojos de ella también lo hicieron. Sin dudas se encontraba a la entrada de la que sería el cuarto del bebé. Todo estaba perfectamente decorado en blanco y azul. Quien la viera, no pensaría que podía haber salido de la mente de alguien tan peligroso como el dueño de esa gigantesca casa.

Con mucho cuidado, coloca a la bebé en su cuna aprovechando que se había quedado profundamente dormido en el trayecto.

—¿Cuál es mi habitación?

Le pregunta a Pablo de forma inocente y este no puede hacer que compadecerse de ella y maldecir una y mil veces que se encontrara en ese hospital en el momento menos adecuado.

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