Portada de la novela Ocultándole Mi Embarazo Al CEO

Ocultándole Mi Embarazo Al CEO

9.3 / 10.0
Tras ser abandonada y enfrentar la ruina, Olivia Fox acepta un trato desesperado: un matrimonio falso con Caín Foster, el gélido líder de Foster Global. A cambio de salvar sus finanzas, ella debe fingir ser su esposa un año, ocultando que está embarazada de otro hombre. Sin embargo, la inesperada aparición de Freddy López y la intensa atracción por Caín ponen en riesgo su secreto. ¿Podrá sobrevivir su vínculo cuando el CEO descubra la verdad oculta?

Ocultándole Mi Embarazo Al CEO Capítulo 1

El aire en el vestíbulo de Foster Global no era aire; era dinero condensado y refrigerado, un frío que se adhería a la piel y que Olivia Fox sentía hasta los huesos.

Las lámparas de araña sobre su cabeza parecían racimos de diamantes, y el mármol negro que se extendía bajo sus gastados botines era tan pulido que reflejaba su figura pequeña y frágil. Ella era una anomalía en ese paisaje de poder, una mota de polvo en un imperio de miles de millones de dólares.

Olivia, con su cabello rubio ceniza recogido en una cola de caballo, apretó la carpeta contra el inicio de su vientre, un gesto que se estaba volviendo inconsciente. Solo tenía tres meses, y la sutil hinchazón era apenas perceptible bajo su grueso jersey de lana, pero para ella, era un faro de la verdad. Una verdad que, si salía a la luz, podía arruinar esta última y desesperada oportunidad.

La cifra en el papel -quinientos mil dólares- era una burla, una cantidad absurda que solo un imperio como este podía desembolsar sin pestañear. Pero era la única esperanza de salvar a su madre de una cirugía que no podía esperar.

Su reloj de pulsera, un regalo de su abuela, marcó las cuatro de la tarde. La hora límite.

-La señorita Fox puede pasar- anunció la asistente personal, una mujer rubia como ella, pero con un uniforme de seda inmaculado y una voz que sonaba como el clic de un obturador de cámara. La puerta de caoba, más ancha que cualquier pared de su apartamento, se abrió a un santuario de cristal y metal.

La oficina del piso 60 no estaba diseñada para recibir visitantes; estaba diseñada para dominar. Y el hombre que dominaba ese espacio era Caín Foster.

Estaba de espaldas a ella, la silueta inmensa recortada contra el horizonte de la ciudad, que a esa hora dorada del atardecer parecía un juguete a sus pies. El traje, de un color gris oscuro y perfectamente ajustado, proclamaba riqueza sin esfuerzo. Su cabello, del mismo tono rubio claro que el de Olivia, brillaba con la luz del ventanal, pero a diferencia de ella, su aura no era de vulnerabilidad, sino de peligro controlado.

Caín no se giró de inmediato. El silencio era un arma que él blandía.

-Cierra la puerta, Olivia- su voz era baja y profunda, un tono gutural que resonó en el cristal. No fue una petición; fue una orden.

Olivia cerró la puerta con suavidad y se quedó de pie, erguida, desafiando la necesidad de encogerse.

Finalmente, Caín se giró. Sus ojos, de un azul metálico e intenso, la recorrieron de arriba abajo con una indiferencia tan absoluta que era ofensiva. En ese momento, comprendió que para él no era una mujer, ni una persona, sino un algoritmo de riesgo.

-Siéntate, Olivia. He leído el escueto informe de tu abogado. Es ridículo- dijo, haciendo un gesto a un sillón de cuero frente a su escritorio inmaculado. No había ni un solo papel fuera de lugar, ni una grieta en su fachada.

Ella se sentó, sintiendo el cuero frío bajo sus muslos.

-Sé que es una cifra grande, señor Foster. Pero he traído todos los documentos. Puedo trabajar para usted. Haré lo que sea para pagar la deuda. Necesito el dinero en menos de dos semanas.

Caín se movió, abandonando el ventanal para apoyarse en el borde de su escritorio. Su proximidad era una invasión. Ella tuvo que levantar la barbilla para mantener el contacto visual.

-Hacer lo que sea, ¿eh?- Caín sonrió, un movimiento breve que no alcanzó sus ojos. Era una expresión cruel. Tomó un sorbo de un vaso de cristal con una bebida transparente. Sus ojos se detuvieron, solo por un instante, en la curva de su vientre.

Olivia se tensó. El aire se hizo pesado. Ella sabía que ese era el punto más débil de su desesperación, la evidencia de su imprudencia con Freddy López, el hombre que le había prometido un futuro y le había dejado solo un problema. Ella rápidamente cambió la posición de sus manos sobre la carpeta.

-Soy una trabajadora incansable y aprendo rápido- insistió, ignorando su mirada. -No soy una estafadora.

Caín suspiró, un sonido que denotaba aburrimiento.

-Foster Global no es una casa de empeño. Ni una organización de caridad. Pero tienes razón en una cosa, Olivia Fox: me has atrapado en un momento de necesidad. Él se enderezó y caminó lentamente hacia una credenza de madera oscura, abriendo una botella de whisky que parecía costar más que la vida entera de Olivia.

-. Tengo una propuesta. Es ilegal, inmoral, y si tuvieras una opción, la rechazarías. Pero te dará el dinero que necesitas... y mucho más- Caín llenó un segundo vaso y lo deslizó sobre el escritorio-. La fusión con Arslan Holdings está estancada. La junta quiere estabilidad, una cara familiar, una esposa. Alguien que no ponga en riesgo mis activos o mis secretos.

Olivia no tocó el vaso, sus ojos fijos en el perfil de Caín. La forma en que mencionó "secretos" envió un escalofrío que no era por el frío.

-¿Qué tiene que ver eso conmigo?

Caín finalmente se apoyó en el escritorio de nuevo, mirándola directamente, sus ojos como dos témpanos de hielo.

-Te ofrezco un matrimonio por contrato, Olivia. Un año. Serás mi esposa, me acompañarás a eventos, mantendrás mi mansión en orden, y nadie sabrá jamás la verdad. A cambio, recibirás inmediatamente los quinientos mil dólares. Y cuando termine el año, serás libre con un millón de dólares más y un acuerdo de confidencialidad que te atará de por vida. ¿Qué me dices?

Olivia sintió que el aire abandonaba sus pulmones. El pulso le latía con furia en las sienes. Era una locura, un escenario sacado de una película. Pero la cara de su madre, enferma y frágil, apareció en su mente.

-¡No! Es... no puedo. Es una locura- dijo, intentando levantarse.

-Es una necesidad, por lo que veo- replicó Caín con una voz más dura, señalando el sobre con los documentos médicos. -Piensa en tu madre. El reloj está corriendo. Nadie más te dará ese dinero a tiempo. ¿Prefieres verla morir por orgullo, o casarte con un hombre que no te tocará y que te hará rica? -El golpe fue tan bajo que casi la hace llorar. Caín sabía jugar, sabía dónde estaba el dolor. -Te daré cinco minutos. Si dices que no, mi asistente te escoltará a la salida. Si dices que sí...- Caín sonrió de nuevo, y esta vez, el hielo en sus ojos se mezcló con una pizca de oscuro triunfo-. Te mudas esta noche.

Olivia miró el vidrio de whisky, luego a las luces de la ciudad, y finalmente a su mano que temblaba inconscientemente sobre su vientre. Podría esconderlo. Tenía que esconderlo. Solo por un año. Un año de mentira por la vida de su madre y la seguridad de su bebé.

-Acepto- susurró Olivia, la palabra desgarrándole la garganta. Era la mentira más grande y más noble que jamás había pronunciado.

Caín la miró fijamente durante un momento interminable. El contrato estaba sellado.

-Inteligente. Pero tengo una condición, Olivia. Una muy simple: No me mientas- dijo Caín, su voz volviéndose peligrosamente baja. -Mi paciencia con la falsedad es nula. ¿Entendido?

-Entendido- mintió ella por segunda vez, mirando al CEO que acababa de comprar a una esposa que ya estaba comprometida con otra vida.

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