Capítulo 2

Sonrío ligeramente negando con la cabeza.

—No, gracias.

—No tomes mi ofrecimiento a mal, mi casa es grande y vivo solo, puedes quedarte el tiempo que gustes —Me parece que su ofrecimiento es sincero.

—Muchas gracias, Charles, lo tendré en cuenta. 

(…)

Los días pasan y me desespera el hecho de que no puedo conseguir nada, busco por todos lados y no hay un trabajo de medio tiempo que me permita concentrarme en mis estudios. Quizá debería dejar de estudiar, inmediatamente me cacheteo mentalmente por esa idea, ¡eso nunca! No me he quemado las pestañas todos estos años para terminar botando todo por la borda.

Suspiro cansada, ya casi es de noche y todo está aparentemente tranquilo, el clima es cálido y el olor a pan recién horneado de la pastelería cerca de mi departamento entra por la ventana. Ya llevo varias horas revisando todos los anuncios que pueda encontrar en línea, buscando un dormitorio más pequeño donde pueda mudarme para reducir gastos, ya que mi economía no es la mejor de todas en este momento.

El ruido de mi puerta me hace brincar, los golpes son repentinos y muy fuertes. Debo admitir que me da un poco de miedo asomarme a la mirilla, no sé que loco pueda estar suelto por las calles a estas horas.

Me asomo asustada y me asombra ver a Helen. Tiene el rímel corrido y está un poco despeinada, me apresuro a abrir la puerta.

—Helen, ¿qué te pasó? —pregunto preocupada.

—Rompí con Martín…. Es un imbécil —Me abraza cuando ingresa al departamento.

Le doy una sonrisa triste, pero la conozco y sé que es temperamental y precipitada y que sobre todo a pesar de sus peleas, siempre terminan volviendo porque los dos se aman.

—Pasa y relájate, ya hablarán cuando estén más tranquilos.

—Lo dudo mucho, a veces me hace desesperar. 

—¿Qué estabas haciendo? —pregunta al ver la laptop.

Acomodo la pantalla de mi laptop para que Helen pueda verla. 

—Terminé de estudiar y estaba buscando un dormitorio donde me pueda mudar para reducir gastos —agacho la mirada y suelto un suspiro triste—, ya ves que no he podido encontrar un trabajo y pronto se acabaran mis ahorros si sigo pagando un lugar como este.

Mi pequeño departamento no es de lujo, pero está ubicado en una zona segura y eso tiene su costo.

—¿Y las entrevistas de ayer? —pregunta sentándose a mi lado.

—Una quería pagarme una miseria que no me alcanzaría ni para cubrir las copias de la universidad y la otra me necesitaban para todo el día, la paga es buena, pero no puedo dejar mis estudios. Tú sabes cuánto me he esforzado por ganar y mantener la beca como para perderla ahora.

—¿Por qué no te mudas a mi casa? —Helen me pregunta emocionada, al parecer ha dejado a un lado su pelea con Martín.

—No podría hacerlo, no me gusta incomodar, aparte vives con tu hermano y él se molestaría… Ni siquiera lo conozco.

Helen siempre me ha hablado de él, pero nunca me lo ha presentado ni me lo he cruzado. Eso me parece raro, pero parece que es un hombre muy ocupado.

—Mi hermano es buena onda y muy comprensivo… Estoy segura de que no tendrá ningún problema en que vengas a vivir con nosotras.

—No podría Helen… Muchas gracias por la oferta, pero no quiero incomodarlos —respondo apenada.

—Para nada, tú eres como mi hermana y estaríamos juntas conversando, haciendo pijamadas, la pasaremos bien, mi hermano se la pasa con sus amigos y yo siempre estoy sola…. Además, tu misma dices que se te están acabando los ahorros, déjame ayudarte —Sonríe feliz.

—Agradezco mucho tu oferta, pero prefiero alquilar algo pequeño —Le sonrío, aunque por dentro estoy dudando

—¡Es suficiente! Me molesta que nunca quieras ayuda de nadie —se cruza de brazos—, créeme que solo seriamos nosotras porque mi hermano solo llega a dormir y me siento sola durante el día.

—No lo sé.

Me cuesta aceptarlo, pero es verdad que aun alquilando algo pequeño mis ahorros no me alcanzan, sobre todo si no consigo un trabajo pronto.

—Anímate, la pasaremos bien.

—Ayudaría en los gastos y solo sería por dos meses, hasta que me vuelva a estabilizar —Mi voz es firme.

—El tiempo que quieras —Da cortos brincos de felicidad y me abraza

—¿Cómo harás para convencer a tu hermano? —pregunto preocupada.

—¿Bromeas? No le puede decir que no a su princesa y esa soy yo —Se señala sonriente y orgullosa por lo que acaba de decir.

—¡Helen! En serio me da mucha vergüenza —manifiesto apenada.

—Deja la vergüenza que ya está dicho… ¡Te mudas a mi casa!, mañana mismo le digo a mi hermano —voltea la mirada—, por ahora —se pone de pie sacando de su bolso una botella de vino— me acompañarás a ahogar mis penas.

—Cuenta con eso —Le guiño un ojo sonriente.

No me queda más que reír y asentir con la cabeza, Helen toma dos copas de la cocina y abre el vino.

—Vamos a brindar ¡Para que todos los hombres se vayan al cuerno! —grita Helen.

—¡Salud! —Ambas brindamos entre risas, canciones y bailes.

Helen pasa la noche en mi departamento, al despertar le presto unos lentes oscuros para cubrirse, debido a las bebidas del día anterior su cabeza no puede aguantar los rayos del sol y la mía tampoco. Se despide para ir a su casa a cumplir con lo prometido. Me muerdo las uñas y me pongo nerviosa al pensar en que Helen tiene que convencer a su hermano.

Ellos viven solos porque sus padres murieron cuando Alexander, el hermano de Helen, tenía veinte años y ella quince. Su hermano se ha encargado de ella dándole todo lo que necesita y más. Prácticamente, se ha convertido en un padre para ella.

Alexander

Me siento en el comedor con una taza de café, un jugo de naranja y unos huevos revueltos con tocino, esto será mi desayuno esta mañana. Me siento un poco cansado, pero no es nada que una buena taza de café no solucione. Llevo mi mirada hacia las escaleras y miro mi reloj, ya es tarde, Helen debería haber bajado a desayunar, aunque no sé a qué hora ha llegado, anoche, llegué muy tarde y fui directo a mi cama.

Escucho el sonido de la puerta al cerrarse y mi gesto se frunce. Helen ingresa y respira profundo el aroma del café recién pasado.

—¿Recién llegas? —pregunto desde mi lugar de la mesa.

Helen se acerca a darme un beso en la mejilla y a servirse una taza de café bien cargado.

—Me quedé a dormir en casa de Maddy —menciona despreocupada e intento recordar de quien habla.

—¿Maddy? —después de pensar un poco logro recordar de quién me habla— ¿Cuándo conoceré a tu amiga misteriosa?

—De eso te quería hablar hermanito precioso —Levanto la ceja con una ligera sonrisa dibujada en mis labios, ella solo usa esa palabra cuando quiere pedirme algo.

Se sienta a mi lado en la mesa con su taza de café en la mano.

—¿Precioso? —repito divertido— ¿Qué es lo que quieres pedirme?

—Lo que pasa es que mi amiga perdió su trabajo de medio tiempo y ya se le están terminando sus ahorros…. Y… le dije que se podía mudar con nosotros —Helen me sonríe.

—¿Está pasando malos momentos? —Me preocupa que una chica de la edad de mi hermana esté pasando penurias— ¿Y su familia?

—Sus padres viven lejos, no tiene a nadie y se ha mantenido siempre ella misma, es becada en la universidad, así que lo que ganaba era para sus gastos.

Helen lleva una tostada a su boca.

—Si es becada es inteligente —sonrío—, quizá su influencia, teniéndola bajo el mismo techo te ayude con tus clases —me pongo de pie recogiendo mis platos sucios—, te enseñé hace poco y pude notar que no eres muy lista… diría que eres media tonta —La fastidio sacándole la lengua.

Tengo veinticinco años, pero cuando estoy con mi hermana me porto como un niño malcriado. ¿Qué puedo decir? Es mi diversión molestarla.

Helen termina su café y lo lleva a la cocina.

—¿Por qué dejó el trabajo? —pregunto intrigado.

—Un cliente en el restaurante donde trabajaba quiso pasarse de listo con ella y por supuesto que lo puso en su sitio, pero eso al gerente no le gustó y la despidió.

Helen se encoge de hombros y se levanta recogiendo sus cosas de la mesa. Asiento afirmativamente con la cabeza.

—Tenemos una habitación libre de visitas y… creo que no habría problemas en que venga por un tiempo —afirmo y Helen brinca de alegría para luego darme un abrazo.

—Gracias hermanito.

—Pero tendrá que ayudar con las cosas de la casa —advierto.

—Ella está dispuesta a pagar por la comida y…

—No, no me refiero a eso —la detengo—, lo que quiero es que ayude a mantener la casa limpia, no puede dejar su ropa tirada ni dejar sus platos sucios.

—Ella está acostumbrada a vivir sola y es muy limpia, no tendremos problemas con eso. Iré a darle la buena noticia —Helen se aleja y sube corriendo las escaleras.

Me quedo pensando en que si habrá sido buena idea aceptar, espero que sí. Después de todo, ¿qué problemas puede haber? Me pregunto cómo será ella, siempre la he escuchado mencionar, pero no la he conocido. Espero no estarme equivocando, saco un cigarrillo de mi bolsillo y salgo al jardín para encenderlo. 

Mi teléfono suena y mi gesto se frunce al ver el nombre de quien está al otro lado de la línea.

—Aló —contesto y expulso el humo.

—Te estamos esperando —su voz gruesa y rasposa me causa fastidio.

—Ya voy.

Respondo seco y cuelgo la llamada. Me dirijo a la cochera y subo a mi Lamborghini rojo. Es hora de trabajar, solo espero hoy también volver vivo.

Capítulo 3

Maddy

Ya ha pasado una semana y hoy será el día en que me mude a casa de Helen, me prometo a mí misma que solo serán dos meses. Tengo todo calculado, lo único que necesito es conseguir un trabajo que me permita costear mis gastos, sé que eso es muy difícil por ahora, pero estoy segura de que pronto encontraré algo.

Ayer Helen estuvo en mi departamento ayudándome a empacar mis cosas, he guardado mis libros y mi ropa. Salgo del departamento llevando conmigo una pequeña maleta y una mochila. El resto lo recogeré más tarde. Me siento un poco nerviosa, pero sé que voy a estar bien. 

Miro las calles buscando la dirección, no me pude dar el lujo de gastar en taxi y el transporte público me ha dejado lejos. Parece mentira que nunca haya venido antes a su casa, siempre nos encontrábamos en mi departamento o en el campus de la universidad, así que será la primera vez que conoceré su casa.

Ya llevo varios minutos caminando por algunas calles y no me ubico, eso sin contar que es muy difícil caminar jalando la maleta. Anoche llovió demasiado y las calles están un poco resbaladizas.

Agacho la mirada y noto que las agujetas de mis zapatillas deportivas están desatadas, si continúo caminando así puedo caerme en cualquier momento. Me detengo para amarrarlas, así que me agacho. De pronto alguien choca conmigo cuando he terminado y estoy por ponerme de pie. Este choque hace que me tambalee y caiga sobre la banqueta mojada. Me he mojado el trasero con un pequeño charco de agua en el piso.

—¡Qué hacías agachada! —Escucho una voz gritarme y levanto la mirada sintiéndome enojada. 

Únicamente me quedo en silencio tratando de controlar mi respiración, me he quedado sin aliento, no pensé que lo volvería a ver. Parpadeo un par de veces incrédula y vuelvo a la realidad cuando me doy cuenta de que aquel hombre no parece reconocerme y sigue molesto a pesar de que fui yo la que se llevó la peor parte.

Dice algunas palabras incomprensibles y avanza dispuesto a continuar con su camino. Muevo la cabeza como queriendo salir de su embrujo armándome de valor.

—¡Oye! —le grito mientras me pongo de pie y sujeto su brazo haciendo que voltee a verme— Tú eres el que chocaste conmigo, estoy bien… gracias por preguntar —no puedo evitar usar el sarcasmo y expresarme con voz dura.

Ambos cruzamos miradas y nos quedamos en silencio por unos segundos, por unos instantes espero que me reconozca, pero no lo hace. Solo me queda admirar nuevamente sus hermosos ojos azules que brillan como dos zafiros y su cabello alborotado color castaño. No hay duda, es él. Nunca olvidé su mirada.

—No te pregunte nada —responde al fin sin quitarme la mirada.

—¡Apúrate! —Alguien lo llama y se suelta de mi agarre para seguir su camino mientras lo veo alejarse. 

No se acordó de mí, la tristeza me embarga. Si no lo hizo fue porque esa noche no significó nada para él, o al menos no como fue para mí. Los recuerdos de esa noche aparecen y una lágrima corre por mi rostro, la limpio inmediatamente para luego respirar profundo. Espero no volver a encontrarlo, agarro nuevamente mi maleta y me obligo a sonreír.

Tengo que olvidar este percance y no volver a pensar en él. Me siento dolida porque no se parece en nada al chico que conocí esa noche. 

Continúo buscando la calle y más allá por fin encuentro la casa de Helen, arreglo mi ropa y me preparo para tocar el timbre, voy a conocer a su hermano y tengo que dar una buena impresión. Toco el timbre y respiro profundamente, hoy empieza un nuevo reto.

La puerta se abre y aparece una Helen emocionada detrás de ella. 

—¡Llegaste! —Me abraza emocionada.

—Fue difícil dar con la dirección —expreso exhausta.

—Estás loca, es fácil —se hace a un lado para dejarme pasar—, seguro el taxi se equivocó y te dejó lejos.

Sonrío y pienso guardarme la información de que vine caminando. Al ingresar me quedo admirada ante la belleza de su casa, nunca había estado en un lugar tan bonito y elegante.

—Vaya, tu casa es hermosa —admito contenta.

—Y no has visto nada, ven te enseñaré —hace que deje mi maleta, mochila y sujeta mi mano para guiarme en un paseo por la casa.

Me lleva a la sala, comedor, cocina, salón de televisión, la verdad es que estoy asombrada con la moderna y elegante decoración. Salimos al enorme jardín de la propiedad para que me enseñe el jacuzzi y la piscina con cascada que cae de una pared.

—Vamos a qué conozcas tu habitación —Sujeto mi maleta mientras ella agarra mi mochila y subimos las escaleras.

Helen no deja de mirarme emocionada y yo también le sonrío contenta. Nos detenemos frente a una puerta blanca.

—Esta es tu habitación —Gira la manija de la puerta.

—Es muy bonita y grande —una vez más esta casa me sorprende—, únicamente la habitación y el baño son del tamaño de mi antiguo departamento —Sonríe curiosa.

Doy unos pasos admirando la decoración, hay un closet grande pegado a la pared, una cómoda como la que usan las modelos con todo y focos pequeños, no he tenido una así antes y sonrió al ver el escritorio, también veo una cama de dos plazas, mesas de noche y una lámpara.

—Espero te sientas cómoda —Helen me sonríe.

—¿Bromeas? Me encanta… gracias —le devuelvo la sonrisa—, aunque solo serán por unos meses.

Helen pone los ojos en blanco cuando hago esa referencia.

—¡Ya lo sé! —me toma de la mano— Vamos, te muestro la mía.

Me conduce por el pasillo, dejándome con la boca abierta al ver el dormitorio de Helen, es precioso y enorme, está decorado con tonos rosa pastel y blanco, no tiene nada que enviarle a una habitación de Disney. Después de que termina de enseñarme todo, salimos hasta que nos detenemos frente a una puerta grande.

—Esa es la habitación de mi hermano, tenemos prohibida la entrada —Me sonríe y seguimos nuestro camino sin prestarle más atención a ese dormitorio prohibido para nosotras.

Las horas han pasado y ya se hizo de noche, por fin he logrado terminar de acomodar mi ropa y las pocas cosas que traía. Decido ingresar a la ducha por un baño refrescante y que a la misma vez me permite relajarme. Ha sido un día agitado, salgo de la ducha y después de secar mi cuerpo me coloco un pijama que consta de un pequeño short y un polo de tiras de seda. Escucho la voz de Helen, llamarme apurada y corro para darle el encuentro, cuando estoy en el primer piso, me doy cuenta de que estoy en pijama y decido regresar para cambiarme o ponerme algo que me cubra más.

—Maddy, ¿a dónde vas? —me llama cuando me ve en las escaleras—, ven para ver una película.

—Excelente, pero no demoro —Empiezo a subir las escaleras.

—¿A dónde vas? 

—Voy a cambiarme, estoy en pijama, va a llegar tu hermano.

—No te preocupes, estás bien… tampoco es que estuvieras desnuda —me sonríe y me alcanza las palomitas de maíz—, además él no vendrá hasta muy tarde, no creo que lo conozcas hoy.

Me fijo en que Helen tiene puesta su pijama que es parecido al mío. Nos dirigimos a la sala de televisión, ella se pone a buscar algo que ver. Estamos contentas y tranquilas, creo que no me equivoqué en aceptar su oferta.

Hemos elegido la película y se sienta cómoda a mi lado mientras que la función empieza. A la media hora la puerta de la cochera se abre y debo admitir que me pongo un poco nerviosa de saber que por fin conoceré a su hermano. Ese ser misterioso del que solo he escuchado hablar. Se escuchan unos pasos y unas llaves que son dejadas a un lado. 

Llevo mi atención hacia la entrada de la sala de televisión, tiene puesta ropa deportiva, parece que llegara del gimnasio. Él nos saluda y por fin me encuentro con su rostro, mi mirada se cruza con la mía y solo atino a ponerme de pie para saludarlo.

“No puede ser… es él”

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