Capítulo 2

Aineth

Me levanté de la cama, tome mi ropa sin decir nada, caminé hacia el tocador, me fui a la regadera, minutos despuès el estaba ahí a mi lado tomando la ducha conmigo, llenadome de besos y caricias, al salir tome mi vestido, estaba cerrando el cierre cuando  Ricardo se acerco, beso mi espalda.

-       ¿Te irás?- pregunte mientras la abrazaba por la espalda. 

-       Debo irme, mi hijo me espera- por no decir mi esposo, camine hacia el sofa, saque mi celular, llamadas y mensajes de Felipe, sin ganas de volver pero debia hacerlo, Ricardo se acerco. 

-       ¿Te veo el viernes?- pregunte mirandola, yo en ropa interior, deseando volver a la cama con ella, volver a besarla, tener sexo.

-       Lo voy a pensar- tome mi bolso, camine hacia el elevador, èl camino tras de mi descalzo, esas piernas musculosas y ese pecho que me deja sin aliento, me sonrio, una sonrisa picara y sensual, su cabello chino esas canas que lo hacen ver y parecer tan interesante.

-       ¿ Si me desnudo te quedas?- ella me miro, sonrio.

-       Interesante propuesta pero debo ir por mi hijo- el elevador se cerro, yo no podia creerlo tuve una noche de sexo, inolvidable, cerre los ojos y recorde cada caricia, cada beso, la pasiòn con la cual nos entregamos, todo el camino me sentì feliz y contenta, hace años no pasaba una noche así, tome aire, abrí la puerta de la casa y ahí estaba Felipe, molesto. 

-       ¿Dónde estabas?- mi tono serio y molesto. 

-       Estaba en la fiesta- menti. 

-       ¿No fui claro cuando te dije que debías volver antes de las 2:00 am?- ella pareció ignorarme camino hacia la habitaciòn de Alexander- a tu hijo no lo busques esta con mi madre, ya que tu no puedes cuidarlo, no tienes tiempo- dije molesto- se te olvida que tienes una familia- ella seguía ignorándome, así pasamos el fin de semana. 

Ricardo

Llegue muy temprano a la oficina, quería verla, ver su sonrisa, al llegar fui el primero,  se que ella siempre llega temprano, así que llegue y la busque estaba en su oficina, me acerque a ella, ella estaba sentada en su silla. 

-Hola, buen día- dije mirándola, ella me sonrió. 

-       Hola Ricardo- mi tono serio, supongo que aquí solo será mi jefe, el jefe mas sexy que he tenido, el me miro. 

-       Saluda- abrí los brazos, ella se levanto de la silla, yo la tome entre mis brazos, bese sus labios, su cuello, dije en tono suave a su oido- quiero tener sexo contigo- sonreí, la solté, ella se sonrojo, lo cual me pareció tan sexy. 

-       ¿Aquí?- pregunté levantando la ceja, sus manos quitaban mi cabello de mis hombros, se inclinó, beso mi cielo, su aroma inundó mis sentidos, en ese momento yo no podía pensar, era incapaz de razonar.

-       Me encanta tu aroma- sonreí- la suavidad de tu piel- deslice las yemas de mis dedos por su cuello, hasta llegar al escote de su blusa, me detuve la observé, buscando su aprobación, continué mi camino con besos y caricias, unas voces se escucharon en el pasillo, le dije al oído- te salvas- guiño  de ojo.

-       Buen día ingeniero- el me miró, su mirada cómplice, yo acomodaba mi saco mientras él me miraba, salió de la oficina.

Aineth

Coincidir con el me ponía nerviosa, escuchar su voz, al entrar a una reunión , me senté algo alejada de él, pero él se cambió de lugar quedando junto a mi.

-       Buen día señorita Mendez- sonrisa nerviosa.

-       Buen día – sonreí- ingeniero- agache las mirada, me sentía y estaba nerviosa, durante la reunión, el acaricio mi pierna, este  juego me gusta pensé, la mirada de todos , concentrada en la explicación , sin prestar atención y mucho menos sospechar lo que sucedía, una mueca se dibujaba en el rostro de Ricardo, una mirada cómplice, entre él y yo, se levantaron de la mesa listos todos para salir, el me miró. 

-       Aineth quédate por favor- mi tono y rostros serios, ella se sentó, todos salieron cerrando la puerta , me levante de la silla, camine hacia la puerta asegurándome de cerrarla con seguro, camine hacia ella, me acerque colocándome cerca de sus labios, nuestros ojos, mis labios y sus labios se juntaron, me senté a su lado.

-       Pensé que aquí eras solo el jefe de mi jefe- sonrisa nerviosa, sus ojos verdes me observaban , yo pensaba ¿Por qué me gusta tanto?.

-       Me gustas- sonrisa nerviosa- me gusto lo qué pasó esa noche en mi casa- acaricie su pierna, su piel suave, la recuerdo. 

-       ¿Ah si?-  lo mire, me puse de pie, el camino tras de mi , me abrazo con fuerza por la espalda, besando mi cuello, sus manos se deslizaron por mi cintura, mis piernas, una sonrisa nerviosa, el siguió su camino levantó mi falda, besando mi cuello, bajando mi blusa para besar mi hombro. 

-       Me encanta tu olor- detuve mis manos dentro de su falda, tocaron la puerta, mi rostro rojo, su mirada confundida, se sentó frente a mi y yo abrí la puerta. 

-       Señor Ricardo, buscando a la señorita Aineth. 

Aineth

Cuando escuché mi nombre me levante de la silla, acomodando mi falda y mi blusa, camine hacia la puerta, la mirada de Ricardo enfocada en mi, lo mire y dije. 

-       ¿Me permite recibir a la persona que me busca?- mi tono tímido. 

-       Claro- me quede mirándola, ella se fue yo volví a mi silla, pero quise saber quién la. Sacaba, salí a la terraza ya ahí estaba ella hablando con un tipo, el cual parecía reclamarle algo, el guardia se acercó a ella, yo me quede mirándola, viendo el auto al cual el tipo subió. 

Ricardo

Las personas empezaban a irse, yo estaba por hacer lo mismo, hasta que la luz de su oficina me hizo ir hacia ese lugar, toque a la puerta, ella respondió. 

-       Pase por favor- yo colocaba mis cosas dentro de mi bolso, apagaba mi laptop, colocaba la agenda en mi bolso, Ricardo entro, sus manos fuerte, el aroma de su perfume, me dejaron claro que era el. 

-       Dejamos algo pendiente- dije mientras, buscaba su cuello, acariciaba sus piernas, esas piernas tan lindas, bese su cuello, baje su falda, la abrace por la espalda, acaricie cada espacio de su piel, recorrí con mis besos, al final me senté en la silla, ella en el escritorio, me miró. 

-       Hiciste realidad una fantasía- me levante del escritorio y empecé a vestirme, el se acercó. 

-       Vamos a mi casa- dije cerca de su oído, acariciando sus glúteos..

Capítulo 3

Aineth

Ricardo y yo empezamos a compartir cenas en su casa, escapadas a otras ciudades, durante tres meses, hasta el día de hoy, el guardia entra a mi oficina, en tono serio y amable dice:

-       Señorita, la buscan. 

-       ¿Quién?- pregunte sin prestar atención, con la vista posada en mi computadora, hasta que una voz conocida dijo. 

-       ¿No puedo venir a visitar a mi esposa?- mi tono sarcástico y la mirada clavada en ella, levanto la mirada, sus ojos se clavaron en mi buscando una explicación, con una mezcla de incomodidad y molestia, se puso se pie, me miro, con una sonrisa forzada, respondió.

-       Claro, que puedes- sonrisa fingida, le di las gracias al guardia, Felipe entro, se acercó beso mis labios y me abrazo, tomándome por la cintura, sus brazos eran extraños para mí, al igual que sus labios, su cercanía me era indiferente, en mis labios y mi cuerpo estaba la marca de las caricias de ese hombre que estaba al final del pasillo.

-       Hueles delicioso- bese su cuello- hace tiempo que tú y yo- bese sus labios, coloqué mis manos sobre sus glúteos. 

-       Felipe aquí no- no estaba interesada en tener intimidad con él, en otro tiempo su aparición en mi oficina y sus manos en mis glúteos me hubiesen provocado y habría hecho realidad una de mis fantasías, pero ahora, ahora no quiero sus besos, menos sus caricias. 

-       Ese collar no lo había visto- la mire, buscando respuestas. 

-       Lo compré hace poco- mentí, fue un regalo de Ricardo. 

-        Quiero que vayas a casa, que hagamos el amor- la abrace y bese su mejilla, intentando convencerla. 

-       No, puedo tengo una cena de negocios- mentí, dirijo la mirada hacia la computadora , evitando mirarlo a los ojos.

-       ¿Puedes cambiarla?- bese su cuello , acaricie sus piernas.

-       Es importante esta cena- el insistió, con caricias y besos, sus manos formaban círculo bajo mi blusa, hasta que la puerta se abrió, los ojos de Ricardo se clavaron en Felipe, llenos de furia, mi rostro sonrojado, Ricardo se limitó a decir. 

-       Lo siento debí tocar- salí de la oficina, cerré la puerta y camine hacia mi auto, me molesto ver a ese tipo acariciando a Aineth, al día siguiente ella buscó hablar conmigo, enviando mensaje, intentando quedarse a solas conmigo, yo lo evite a toda costa, hasta que el viernes llego, la gente se había ido o al menos eso pensé, tomé mi teléfono, salí hacia mi auto y ahí estaba ella, me sonrió. 

-       ¿Seguirás evitándome?- lo mire, deseando besarlo.

-       Usted es una mujer casada- seguí mi camino, tratando de evitarla, con unas inmensas ganas de besarla, de tomarla entre mis brazos, de llenarla de caricias, hacerle el amor.

-       ¿A caso estás celoso?- pregunte mirándolo, con la ceja levantada y los brazos cruzados, esperando su respuesta, buscando su mirada, sus ojos verdes y esa sonrisa sexy que tiene, que tanto me gusta.

-       Eso es imposible, lo nuestro fue una noche de copas, de diversión- dije con la mirada hacia el interior de mi auto.

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