Comenzamos a caminar por el pasillo nupcial, todos me miraban, y mientras caminaba, traté de mirar fijamente hacia adelante. El pasillo se me hacía la caminata más larga de mi vida. Ya estaba llegando, podía ver la espalda de un hombre al frente, mientras los invitados sentados al frente se estaban riendo.
Al llegar al altar, el sacerdote esperaba, el hombre volteó, era un señor mayor, parecía ser de la edad de mi padre, lo que me confundió muchísimo. Estaba muy confundida, ¿cómo es este hombre tan viejo?, ¿no tenía solo 36 años?, ¿qué está pasando aquí?, aún agarrada del brazo de mi padre, di un paso hacia atrás, no me iba a casar con un anciano.
Antes de que yo hiciera un escándalo, mi padre, que parecía en shock, comenzó a hablar. "¿Qué pasa aquí?, ¿dónde está William Saymeur?" "Mi señor no puede asistir a la boda, así que esta será una boda por poder". "¿Qué cosa?, ¿eso todavía existe?" Yo estaba perdida totalmente, ¿qué era esto?, ni siquiera puede venir a su propia boda, es así ese hombre, y quién es este señor.
— Permítame presentarme, yo soy Taylor, el mayordomo del señor Seymour. Él no puede asistir por negocios, así que me envía con la documentación para representarlo.
No le daba crédito a lo que escuchaban mis oídos. El hombre sacó un documento y una pluma, y luego me dijo: "Señorita, firme aquí. Es el certificado de matrimonio. Está listo, solo falta su firma. El oficial judicial se lo llevará para ser notario, y listo. El señor ya lo ha firmado".
Estaba deseando escapar de verdad de esta locura. Me sentía humillada a un nivel que jamás pensé serlo. Mi padre me apretó un brazo, casi me lo partió, así que me solté de su agarre. Di un paso adelante, tomé el bolígrafo. El hombre me apuntó dónde debía firmar. Apreté el bolígrafo, me acerqué y puse mi firma. Luego, otro hombre vino, puso un sello en el papel, y después se fue, se llevó el papel.
— Comencemos la ceremonia, ya vamos tarde, señora. Coloque aquí, yo estaré detrás de usted en la ceremonia.
Me arrodillé en el respaldo, frente al sacerdote. El mayordomo se coló detrás de mí. Entonces comenzó la ceremonia. La gente murmuraba. En este momento envidio a los sordos. La ceremonia parecía que nunca iba a terminar. Esto es increíble. Me estoy casando sin novio en una gran catedral, llena de gente que ni conozco, que murmuran y se burlan de mí.
La ceremonia al fin terminó. El mayordomo que estaba detrás de mí me ayudó a levantarme. Me paré y caminé hacia afuera, ante los ojos de todos los invitados, que no paraban de reír. Salí al paso, no quería además caerme y pasar más vergüenza. Cuando salí por la puerta, pude respirar. El mayordomo me abrió la puerta de la limusina y me ayudó a entrar. Después, se subió conmigo, y la limusina arrancó camino a la fiesta en el jardín de mi casa.
— ¿Se encuentra bien?
— No es nada, supongo que todo debía ser así. Le puedo pedir un favor.
— Dígame usted.
— Por favor, salgamos pronto de la recepción de la boda. No creo mantener la serenidad cuando todo el mundo murmura a mis espaldas.
— No hay problema.
— Gracias.
La limusina se detuvo después de un largo rato. Hasta el camino de regreso me lo encontré largo. El mayordomo salió, me abrió la puerta y me ayudó a bajar. Caminamos hacia la parte trasera del patio. Me senté en la mesa de los novios y comenzaron a llegar los invitados de la boda. Todos me ignoraban. Mis padres llegaron y eran el alma de la fiesta. No habían pasado ni 30 minutos y ya me quería ir.
Entonces, una mujer muy bella de unos treinta años, con un vestido rojo, se sentó a mi lado en la mesa de los novios.
— ¿Entonces eres?
— ¿Eh? No estaba entendiendo nada, pero la mujer me miraba con resentimiento. No la conozco y me mira como si yo le hubiera quitado algo.
— William nunca te va a querer.
— Es verdad que eres joven y bonita, pero a él le gustan las mujeres como yo.
— Así que no te hagas ilusiones.
— Mira cómo te ha tratado, incluso revivió una tradición de hace miles de años para no asistir a la boda.
¡Ah!, la amante dolida de mi recién adquirido marido. ¡Dios mío! No ha pasado ni una hora de ese circo de ceremonia de boda y ya viene una mujer dolida a molestarme. Bueno, ella se lo buscó.
— Lamento que no se haya querido casar contigo, ni siquiera del modo que se casó contigo. Yo te entiendo, tienes más de 30 años, estás soltera a pesar de ser tan hermosa, y además enamorada de un mal hombre que se acaba de casar con otra. Lo siento mucho por ti.
Le puse la mano sobre la de ella como un acto de compasión. La quitó y se paró, parecía que quería hacer un espectáculo, pero todos los presentes la estaban mirando, parece que la conocían. El mayordomo vino, no me recuerdo verlo en un largo tiempo, entonces dijo:
— Señora, ya todas sus cosas están en la limusina, es hora de irnos.
— Taylor, ahora no me conoces. Tu jefe se ha casado humillando a la novia tanto que ni sé pronto a la supuesta boda. Me pregunto, ¿es esta boda legal?
— Señorita Smith, claro que la boda es legal — respondió el mayordomo —, y no la saludé, discúlpeme, es que tengo que llevar a la Señora Seymour a casa. Si me disculpa.
La mujer parecía querer dar lucha, pero yo solo quería poder salir volando de este lugar, así que me paré y comencé a caminar. Ella me detuvo poniéndome una mano en el hombro, se acercó a mí y me dijo:
— Tú eres más digna de pena que yo. Ese hombre te pondrá como un mueble en su casa, y nada más.
Quitó su mano, me despedí de los invitados, no le dije ni adiós a mis padres, y salí de ese lugar. Abrí la puerta de la limusina que me estaba esperando, me lancé dentro, mi vestido se rasgó. El mayordomo cerró la puerta, entró por la otra puerta, y después nos pusimos en movimiento. Sentía que, de la ira que tenía, la sangre me había subido a la cabeza.
Apoyé la cabeza sobre el respaldo del asiento y suspiré profundamente. Es raro que me enojé tanto, normalmente no soy una persona pasional, pero los acontecimientos de hoy me han revivido. No creo ser capaz de aguantar más por hoy sin explotar.
Cerré los ojos y traté de poner mis emociones bajo control. El camino era largo, así que podía respirar con tranquilidad por lo menos en el camino. Afortunadamente, Taylor tampoco me habló, al parecer el hombre es bastante empático, se dio cuenta de mi estado de ánimo y no me molestó.
Había pasado una hora y 30 minutos cuando la limusina se detuvo. Abrí los ojos de una vez, habíamos llegado a mi nuevo hogar, donde probablemente pasaría mucho tiempo. El mayordomo salió de la limusina, luego me abrió la puerta y me ayudó a salir. Me encontraba frente a una gran mansión, en estilo griego, con grandes columnas y estatuas muy bonitas.
Comencé a subir los escalones hacia la entrada principal, que estaba un poco alta, unos seis escalones. Comencé a escuchar ruidos de música y risas, me agarré la falda del vestido mientras subía, y empecé a sentir la ira nuevamente.
El mayordomo estaba detrás de mí, con dos maletas, entró por la puerta, y tenían una fiesta: música, alcohol y demás, hombres y mujeres bebiendo y riendo. Me pare en el umbral de la puerta a observar todo eso. No fue hasta que el mayordomo hizo ruido con las maletas que se percataron de mi presencia. Entonces, uno de los presentes gritó:
— ¡William!, ha llegado la novia.
Un hombre se paró de un mueble y se dirigió a mí. Era alto, de piel blanca, pelo negro. Mientras se me acercaba, note que tenía grandes ojos verdes. Se paró frente a mí, se encorvó para poner su cara frente a la mía, y después de observarme un rato dijo:
— No eres la gran cosa.
Eso fue todo. Levanté la mano y le di una bofetada que resonó en el salón completo. Todos los presentes no lo podían creer, tenían los ojos por salirse de sus órbitas de la sorpresa. El hombre frente a mí, que resulta ser mi esposo, se puso derecho y me miró como si me quiera matar. Entonces dije:
— Ni tampoco eres la gran cosa.
No sé qué lo molestó más, si la bofetada o que lo rebajara con las mismas palabras que me dijo. Se quedó como tieso frente a mí, no sabía si era en shock o qué. Yo tampoco lo iba a esperar.
— ¡Taylor! — llamé.
— Sí, Señora — respondió.
— Guíame al camino a mi habitación, estoy muy cansada, necesito descansar del circo que viví hoy y de mirar tantos payasos juntos.
El mayordomo tomó la delantera, y yo lo seguí, miré (falta de acento) a todos los presentes con mala cara mientras caminaba, mi querido esposo se quedó como congelado en el lugar donde le di la bofetada, eso en realidad era poco para lo que él me hizo a mí, pero yo quería hacer algo más, está bien por el momento desahogué (falta de acento) mi frustración, más adelante me cobraré lo demás, si él piensa hacer un infierno de mi vida, entonces viviremos en el infierno los dos.
Subimos las escaleras y la música no volvió a sonar, ni escuchar las voces, parece que le arruiné (error de sujeto) la fiesta, me alegró (conjugación verbal correcta) mucho, caminamos por el pasillo y al final de este, el mayordomo se detuvo, abrió la puerta de una habitación, se puso a un lado para que yo entrara, entré (error de conjugación verbal), la habitación era muy bonita, todo amplio y la cama enorme, todo es mucho mejor que lo que tenía en casa, el mayordomo entró detrás de mí.
— Señora, ¿necesitas algo más?
— No, por el momento, me acostaré a dormir, por favor tráeme (error de conjugación verbal) algo de cenar como a las nueve, ¿es posible?
— Claro, señora.
El mayordomo puso las maletas a un lado de la cama, se dio la vuelta, salió de la habitación y cerró (falta de acento) la puerta, yo inmediatamente me tiré (falta de acento) en la cama, me quité (falta de acento) las zapatillas, me dolían (conjugación verbal correcta) los pies, por eso no me gustan (conjugación verbal correcta) los zapatos tan altos, me levanté (falta de acento) de la cama y puse la maleta pequeña sobre la cama, recordé (error de conjugación verbal) que había puesto ahí mi teléfono, la abrí, busqué (error de conjugación verbal) en el bolsillo y ahí estaba, miré (falta de acento) la hora y eran solo las 3 de la tarde.
Busqué unas galletas, que había llevado en un bolsillo de la maleta, me senté en la cama y me las comí, el vestido me incomodaba, me levanté de la cama, me lo quité y lo tiré al suelo, lo quemaría en cuanto pudiera, busqué un set de ropa interior y una pijama, me dirigí a una puerta que supuse era el baño, abrí la puerta y era el baño, entré y cerré la puerta, era enorme, primero tenía un vestidor, donde puse mi ropa, luego me quité la ropa interior que tenía puesta y la tiré en el suelo, caminé a través del vestidor y el baño era hermoso, me metí en la ducha y abrí la llave del agua caliente, me eché champú en la cabeza y comencé a quitarme el peinado, por suerte mi largo pelo negro es muy dócil y rápido me quité el peinado y me desenredé el pelo con los dedos.
Tomé la esponja de baño, le hice champú y me lavé la cara para quitarme ese horrible maquillaje que me habían puesto, duró un largo rato bañándome, al salir, tomé una toalla, me sequé todo el cuerpo, con otra toalla el pelo, ya en el vestidor, me puse mi ropa interior y luego la pijama, salí del baño, agarré el vestido y lo puse encima de una maleta, cerré la que tenía sobre la cama, la puse en el piso junto a la otra, quité la sábana de encima de la cama, me acosté y me arropé, tomé el celular, puse una alarma y me dispuse a dormir, tengo que ahorrar energía, sé que en mi vida vienen días difíciles, puse el celular al lado de mi almohada, cerré los ojos, en poco tiempo el sueño llegó y me dormí...