Portada de la novela La traición del amor: un matrimonio falso

La traición del amor: un matrimonio falso

8.0 / 10.0
Harlow Love decide terminar con cinco años de desprecios solicitando el divorcio a Kaden Barnes. Sin embargo, descubre que su vínculo nunca fue legal. La tragedia estalla cuando la amante de Kaden la incrimina falsamente en un crimen, provocando que él la ataque con una violencia tal que la abandona al borde de la muerte. Tras sobrevivir y refugiarse en Londres para recuperarse, Harlow jura alejarse para siempre del hombre que destrozó su existencia.

La traición del amor: un matrimonio falso Capítulo 1

"Quiero el divorcio". Las palabras, tranquilas pero llenas de firmeza, cortaron la tensión del ambiente. Durante cinco años, yo, Harlow Love, fui la esposa de Kaden Barnes solo en apariencia, un matrimonio que existía únicamente para salvaguardar el honor de su familia después de que mi padre muriera salvándole la vida. En todo ese tiempo soporté su crueldad, sus humillaciones constantes y lo vi amar sin reservas a otra mujer.

Cuando finalmente reuní el coraje para pedir mi libertad, fue su madre, la cabeza de la familia, quien me informó con frialdad que tendría que aceptar el llamado "castigo físico severo" de los Barnes: treinta latigazos, para demostrar que no estaba siendo expulsada. Pero entonces, Kaden reveló una verdad impactante que derrumbó mi mundo: "Fue una falsificación, este matrimonio jamás fue válido". Cinco años de sufrimiento, de golpes y de vergüenza pública, todo por una mentira.

El alivio que sentí apenas duró un instante. Pues Brittaney, la amante de Kaden, me acusó de haber lastimado a su perro, y más tarde, de intentar asesinarla durante un paseo a caballo. Él, enceguecido por su devoción hacia ella, aceptó cada palabra como cierta. Me castigó brutalmente, fracturándome la pierna y dislocándome el brazo, dándome por muerta.

Yo no era más que un accesorio, un simple reemplazo, incluso menos importante que ese perro consentido. Mi sufrimiento y mi dignidad no tenían valor. ¿Por qué confiaba en cada palabra y cada lágrima de ella, ignorando la evidencia de mi cuerpo ensangrentado?

Y, sin embargo, cuando todo parecía perdido, apareció un salvavidas. Su madre, horrorizada por su crueldad, decidió enviarme en secreto a Londres, concediéndome por fin la libertad que tanto había ansiado. Finalmente era libre, y juré no volver a ver a Kaden Barnes nunca más.

Capítulo 1

"Quiero el divorcio".

Las palabras salieron de la boca de Harlow Love, calmadas pero decididas, cortando la tensión presente en el gran salón de la familia Barnes.

Se arrodilló en el frío suelo de mármol, con la espalda gritando de dolor a causa de las heridas ocultas bajo su sencillo vestido. Aunque se mantenía cabizbaja, su espíritu seguía en pie.

La señora Barnes, matriarca de esa poderosa familia, se sentó en una pesada silla de madera tallada, con una expresión de fría indiferencia. Desde lo alto, miró a Harlow y con voz desprovista de calidez dijo: "¿Y por qué desearías algo así?".

Con la voz ligeramente temblorosa, pero manteniendo el rumbo, ella replicó: "Tú sabes por qué; este matrimonio nunca fue real. Solo fue una transacción, una manera de limpiar la imagen de tu familia después de que mi padre muriera salvándole la vida a Kaden".

No era necesario detallar más. Todos conocían la historia; su padre, chofer fiel de la familia durante años, había recibido una bala destinada a Kaden, el único heredero. Para aparentar gratitud y silenciar rumores, la señora Barnes obligó a su hijo a un matrimonio arreglado con la hija del difunto.

Con la voz cargada con el peso de esos años, Harlow continuó: "Durante cinco años, he sido su esposa solo de nombre. He sido el blanco de su desprecio y la válvula de escape de sus frustraciones; he soportado su crueldad y sus humillaciones".

Bajó su voz hasta casi un murmullo inaudible: "Y lo he visto entregar su amor a otra mujer".

No hizo falta decir el nombre; todos sabían que se trataba de Brittaney Cortez, el amor de infancia de Kaden, su compañera constante, quien trataba la casa de Harlow como propia.

Con tono despectivo, la señora Barnes respondió: "Esa no es una razón válida, eres la esposa de Kaden Barnes; eso debería ser suficiente".

Harlow soltó una risa amarga. "¿La esposa? La ciudad entera sabe la verdad, todos murmuran sobre eso".

En la esquina del salón, dos primos lejanos ya estaban cuchicheando; sus voces eran bajas pero audibles.

"Está hablando de Brittaney, ¿verdad?".

"Por supuesto, si Kaden ni siquiera lo disimula; le compró una mansión justo al lado de su club y la lleva a todos lados".

La mandíbula de la señora Barnes se tensó antes de decir: "Solo son chismes sin fundamento".

"No son chismes cuando él abandona mi cama para contestar las llamadas de ella, cuando la exhibe en fiestas mientras yo permanezco en un rincón como una sirvienta", replicó Harlow, levantando el rostro para enfrentarla.

Con frialdad, la matriarca sentenció: "Los hombres poderosos tienen caprichos; es deber de una esposa ser tolerante. Además, posees un título y riquezas que jamás soñaste. No seas malagradecida, Harlow".

Un dolor punzante recorrió la espalda de la joven; era un recuerdo vivo del castigo de la noche anterior, una paliza con un cinturón de cuero porque había derramado vino accidentalmente sobre un traje que Brittaney había escogido para Kaden. Aun así, su voluntad era más fuerte que el dolor.

"No quiero fortuna ni títulos", confesó, mientras las lágrimas finalmente brotaban de sus ojos, borrando la fría expresión del rostro de su suegra. "Solo quiero mi libertad; te lo suplico, permíteme marcharme".

Un largo silencio se extendió entre ellas; la mirada de la señora Barnes se clavó en ella, con un destello difícil de descifrar. Quizás fue por la firmeza del tono de Harlow, o el agotamiento que desprendía con cada palabra, se dejó convencer.

"Está bien", concedió finalmente la matriarca, con un peso pétreo en su voz.

El corazón de la chica se agitó con una chispa de esperanza.

Por su parte, la señora Barnes añadió, con voz cada vez más helada: "Pero conoces las normas de esta familia, no es fácil salir; Kaden es el heredero del imperio Barnes, un divorcio sería una vergüenza. Para ganar tu libertad, deberás someterte a las medidas disciplinarias de la familia, demostrando que te marchas por decisión propia y no porque te han expulsado".

Ella comprendió al instante. La familia Barnes tenía su propia justicia, un código retorcido destinado a quebrar a quienes osaran desafiarlos.

Con frialdad, la matriarca declaró: "Las reglas dictan treinta latigazos para quien desee cortar lazos; después de eso, puedes irte".

Treinta azotes sobre un cuerpo ya marcado podrían significar la muerte.

Aun así, la mirada de Harlow no vaciló. De pronto, recordó el día de su boda, cuando Kaden ni siquiera apareció, ocupado en consolar a Brittaney, porque estaba molesta por el "matrimonio ficticio".

Rememoró cada cena donde él le servía a Brittaney sonriendo y hablando, mientras a ella la ignoraba como si fuera invisible.

Trajo a la memoria aquellas noches solitarias, escuchando su auto llegar, solo para dedicarle horas de ternura telefónica a otra mujer, un tono que nunca usaba con ella.

Recordó también la frialdad tras los escasos y obligados encuentros íntimos, cuando él le ponía una pastilla y un vaso de agua en la mano diciendo: "Tómalo; eres la señora Barnes, ese es tu título, pero nunca llevarás a mi hijo".

Cinco años había esperado, creyendo ingenuamente que su incansable gestión del hogar, su paciencia y su lealtad inquebrantable ante la humillación pública, serían reconocidas algún día con una pizca de su afecto; al menos como pago a la deuda con su padre.

Pero él nunca la amó, y nunca lo haría; todos lo sabían.

¿Por qué se quedaría? Fue un error haber venido aquí, haber creído en una deuda de honor con un hombre que no tenía ninguna.

Todo había sido un engaño, una burla cruel.

"Acepto", declaró Harlow con voz firme.

Luego, arrastró su cuerpo roto de regreso a la ostentosa mansión que se suponía debía considerar su hogar. Cada paso era un tormento; las heridas en su espalda ardían y las piernas le temblaban.

Al llegar a la escalera principal, escuchó voces en la sala; reconoció el timbre dulce y meloso de Brittaney.

"Kaden, amor, ¿cuándo te desharás de ella? No soporto verla".

"Pronto, mi amor", respondió él en un murmullo lleno de ternura, la misma que Harlow había ansiado durante cinco años. "Solo un poco más de paciencia".

Con un puchero, la chica protestó: "Pero tu madre parece tenerle aprecio, ¿y si no te permite divorciarte de ella?".

Kaden soltó una carcajada encantadora y cruel al mismo tiempo. "¿Aprecio? A ella solo le importan las apariencias. Además, ese matrimonio ni siquiera es válido".

Harlow se paralizó, aferrándose a la barandilla.

Brittaney se sorprendió. "¿Cómo dices? Pero... ¿Y el acta de matrimonio? Yo la vi".

Con voz suave, él explicó: "Es una falsificación, solo un pedazo de papel para contentar a mi madre y a la prensa; legalmente, esa mujer no significa nada para mí".

Al oír eso, el suelo pareció ceder bajo sus pies, el aire salió de los pulmones de Harlow y la sangre se heló en sus venas.

Una mentira;

cinco años de sufrimiento, golpes, vergüenza pública, de aferrarse a la única certeza que tenía: tener el título de esposa, y todo resultó ser una cruel y elaborada obra.

Ni siquiera había existido un verdadero certificado de matrimonio.

Y, sin embargo, sobre la desesperación emergió una extraña sensación de alivio. Si el matrimonio no fue real, entonces irse sería incluso más fácil; era verdaderamente libre.

Apretó los puños, dispuesta a girar y marcharse en ese mismo instante.

De repente, una bola de pelaje blanco salió disparada desde la sala. Era Princesa, la Pomerania mimada de Brittaney, que se lanzó a su pierna y le clavó los dientes mientras gruñía.

Un dolor agudo y punzante brotó desde su pierna, seguido de un grito que escapó de sus labios cuando la sangre empapó la media mientras trataba de sacudir al perro, pero este se aferró con fuerza, gruñendo.

Entonces, pasos rápidos irrumpieron en la sala. Brittaney apareció con una bata de seda, como si fuese la señora de la casa.

No acudió para ayudar. En su lugar, empujó fuertemente a Harlow contra la pared.

"¡Princesa, mi tesoro!", exclamó, tomando al perro en sus brazos. Luego se volvió hacia Harlow con una mirada llena de odio. "¿Qué le hiciste? ¿Intentabas dañarla?".

"¡Me mordió!", jadeó la chica señalando su pierna ensangrentada.

"¡Mientes!", chilló Brittaney. "¡Princesa nunca atacaría sin motivo! ¡Malvada, seguro quisiste patearla!".

Harlow estaba demasiado exhausta para discutir; el dolor en su espalda y su pierna la desbordaban. Solo quería irse, así que intentó ponerse de pie.

Al verla moverse, un brillo malicioso apareció en los ojos de Brittaney, y levantó la mano para golpearla en la cara.

Instintivamente, Harlow levantó un brazo para bloquear el golpe y con el otro la empujó.

Justo en ese instante, Kaden salió de la sala y, al ver a su esposa con la mano extendida hacia Brittaney, corrió para envolver a su amante en un abrazo protector.

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