Capítulo 2

"Lucille". Zoey rogó lastimeramente mientras se mordía los labios: "¿Sigues culpándome por lo que pasó ayer? Ya se lo expliqué a papá y a nuestros hermanos, pero no me creen..."

Lucille se burló, con un destello desafiante en su mirada. "Si de verdad quieres ayudarme a limpiar mi nombre, ¿por qué no les muestras las imágenes de vigilancia?"

Su delicado rostro estaba ligeramente pálido. Se recostó en la cama. Era evidente que su estado era frágil en ese momento. 

Pero la sensación de frialdad en sus ojos resultaba escalofriante.

En el pasado, había sido una persona callada e introvertida, pero su actitud había cambiado por completo. ¿Seguía siendo la misma Lucille ingenua de antes?

Zoey sintió una súbita sensación de pánico, y sus dedos sobre el apoyabrazos de la silla de ruedas se volvieron ligeramente blancos. 

Pero logró recomponerse, volvió la cabeza hacia los dos hombres que tenía detrás, y dijo con un tono quejumbroso: "Samuel, Charles, yo sabía que Lucille seguiría molesta conmigo. ¿Podrían ayudarme a persuadirla, por favor?"

El tono seductor de Zoey provocó náuseas en Lucille, pero, por desgracia, aquellos dos hombres evidentemente lo estaban disfrutando.

Charles Jules avanzó confiado. "Lucille, si no fuera porque Zoey me lo ha suplicado, nunca te pediría perdón. Debes saber que Zoey es la verdadera víctima en todo esto..."

"Charles". Lo interrumpió Lucille.

Su voz era como un cristal refinado, y sonaba nítida y pura.

Charles se sintió desorientado.

Hacía mucho tiempo que Lucille no lo llamaba por su nombre, y resultaba algo extraño para él.

Lucille elevó la mirada, contemplando serenamente a Charles, y dijo con la voz entrecortada: "Anoche, ustedes fueron a llevar a Zoey al hospital, y los asistentes al banquete me arrojaron al agua. Casi muero ahogada..."

"¿Y qué?" Charles contestó sin compasión, y agregó: "No estás muerta, ¿verdad? Además, crees que te hubieran echado al agua si no hubieras empujado a Zoey por las escaleras?"

Lucille sintió una opresión en el pecho ante aquella respuesta despiadada. El dolor que había padecido hace unos instantes, un dolor sordo y familiar, volvió con fuerza, e hizo que le resultara difícil respirar.

Las injusticias y el dolor que la dueña original de este cuerpo había sufrido ahora estaban afectando a Lucille.

Con palabras cargadas de tristeza, dijo: "Sólo porque no he muerto, ¿te parece bien acusarme con tanta crueldad? ¿Y si hubiera muerto?"

Charles ignoraba que su propia hermana nunca volvería a la vida.

Estaba dispuesto a arrojar a la hoguera a su propia sangre por proteger a una chica que no tenía nada que ver con él. La crueldad de toda aquella situación había dejado a Lucille estupefacta.

Si la dueña original de este cuerpo todavía estuviera viva, ¿qué tan afligida y triste estaría en este momento?

Charles, aturdido, miró a Lucille. Las últimas palabras que ella había dicho le provocaron una especie de palpitación en el corazón. ¿Y si ella hubiera muerto?

Por supuesto, todo el mundo estaba al tanto de que Lucille no sabía nadar...

De no haber sido por su suerte, podría haber muerto de verdad. 

Zoey se dio cuenta de que Charles se veía algo ausente, e intervino de inmediato: "Lo siento, Lucille. Todo fue culpa mía. Si no hubiera perdido tanta sangre y no me hubiera desmayado, nuestros hermanos no me habrían llevado de urgencia al hospital, y no te habrían descuidado. Puedes echarme la culpa si quieres..."

Las palabras de Zoey eran un claro recordatorio para Charles de que, la noche anterior, Lucille había empujado a Zoey por las escaleras, provocándole una considerable pérdida de sangre y haciéndola caer en un coma.

Como Zoey había calculado, el ligero sentimiento de culpa de Charles desapareció de inmediato al escuchar esas palabras.

"Es una situación hipotética" replicó Charles. "No estás muerta, ni perdiste ninguna extremidad. Pero mira cómo está Zoey ahora, tú hiciste que acabara en una silla de ruedas".

¿No estás muerta?

Los labios de Lucille se crisparon de rabia.

No podía evitar recordar el momento en que la dueña original de este cuerpo se había ahogado, y se sintió asfixiada y molesta. 

Había tenido sólo diecinueve años, y toda la vida por delante, pero un grupo de personas la habían arrojado al agua sin compasión. Antes de morir, había intentado abrir los ojos y echar un último vistazo al mundo.

Pero todo lo que pudo ver fue a una pandilla de agresores crueles y diabólicos.

Y en ese instante, perdió toda esperanza en este mundo. 

Su familia jamás llegaría a saber lo que ella había visto en sus últimos segundos de vida. Recordó los días de su infancia, cuando su padre y sus tres hermanos la adoraban.

A pesar de todas las injusticias, y el sufrimiento que había padecido, no había querido odiar a quienes le habían hecho tanto daño. 

¿Y qué habían hecho ellos a cambio?

La ignoraron, la ridiculizaron, y se burlaron de ella...

¿Acaso la familia Jules había olvidado quién era ella?

¡¿Cómo habían podido actuar con semejante crueldad?!

Sofocando su incipiente ira, Lucille dijo en tono grave: "¡Aunque no haya muerto, lo cierto es que intentaron matarme!"

Se encargaría de que esas personas diabólicas pagaran por lo que habían hecho.

Habían sido los responsables de la muerte de la dueña original de este cuerpo, ¡y ahora deberían sufrir las consecuencias de sus actos!

Zoey pudo darse cuenta de que, a juzgar por su expresión, Lucille no estaba bromeando. "Lucille, mis amigos sólo se enfadaron porque se enteraron de que me habías echado por las escaleras. Se descontrolaron por unos instantes, y te pido disculpas por su comportamiento. Por favor, no los consideres responsables".

A continuación, agarró con fuerza la mano de Lucille y añadió: "Si sigues enfadada, puedes pegarme, o insultarme. No fue su intención lastimarte".

Lucille miró a Zoey con frialdad, sintiendo el dolor de sus uñas clavándose en su mano. 

Sabía que este era un truco habitual de Zoey. 

Aunque daba la impresión de estar intercediendo por sus amigos, en realidad estaba lastimando a Lucille. 

Había utilizado el mismo truco la noche anterior. Cuando la dueña original de este cuerpo sintió dolor, e intentó apartarla, Zoey simuló caerse por las escaleras...

¡Pff!

Si todavía fuera la misma persona de anoche, sin duda habría caído en la trampa. Por desgracia para Zoey, quien estaba sentada frente a ella ahora era Lucille Jules, la Diosa de la Guerra de la familia Jules. 

Artimañas tan insignificantes no lograrían engañarla. 

Con un hábil movimiento, tomó la mano de Zoey y aplicó presión en un punto sensible de su muñeca. 

"¡¡Ah!!"

Un grito reverberó en la habitación del hospital.

Zoey apartó con un golpe la mano de Lucille y dijo, con un tono airado pero dulce a la vez: "Lucille, sé que sigues enfadada conmigo. Este dolor no es nada. Puedo soportarlo".

Samuel Gilbert, que había permanecido en silencio hasta aquel momento, ya no pudo soportarlo más, y le recriminó airadamente: "¡Lucille Jules! ¡Has ido demasiado lejos! Zoey sólo estaba intentando ser amable. ¿Por qué tienes que hacerle daño una y otra vez?"

Charles también la miró enojado: "¡Lucille Jules, no tienes vergüenza!"

Charles había sido el hermano de la dueña original de este cuerpo, mientras que Samuel había sido su prometido, pero ambos mostraban tanta predilección por Zoey que era como si estuvieran ciegos a la realidad.

Lucille bajó la mirada y observó su mano enrojecida con una expresión gélida. 

De pronto, levantó la mano y abofeteó furiosamente a Zoey en plena cara. 

Había empleado todas sus fuerzas.

¡Plaf!

La cara de Zoey se hinchó y se puso roja de inmediato. 

"¿Me has golpeado?" exclamó Zoey, absolutamente incrédula, sujetando su mejilla palpitante. 

Lucille hizo una mueca burlona: "¿Acaso no fuiste tú quien dijo que podía pegarte o maldecirte? ¿Qué te pasa? ¿Has cambiado de opinión?" 

Charles fue el primero en reaccionar, lleno de ira. "Lucille, ¿cómo p...?

"¡Cierra la boca!" replicó Lucille.

"Soy tu hermano. ¡¿Cómo te atreves a hablarme así?!" gritó él.

"Demuestras favoritismo hacia una extraña como ella, me maltratas, ignoras la verdad, y haces acusaciones sin fundamentos. ¡No eres digno de ser mi hermano!"

Capítulo 3

......

El silencio en la habitación era tan denso que prácticamente se podía tocar.

Charles miró asombrado a Lucille, y la desilusión e indiferencia que encontró en sus ojos le congelaron la sangre. 

Fue entonces cuando recordó que la noche anterior ella había estado en un estado de crisis constante, interrogando sin parar a Samuel y Zoey, con el rostro bañado en lágrimas.

Nunca había intentado agredir a nadie. De hecho, fue Zoey quien le había tendido la mano. Y cuando esta cayó por las escaleras, Lucille reaccionó sorprendida, como si hubiera sido algo inesperado. 

¿Podría haber estado equivocado acerca de ella todo este tiempo?

"Charles, me duele muchísimo" gimoteó Zoey, tapándose el rostro e intentando llamar su atención. "¿Crees que tengo moretones en la cara?"

Esta vez, definitivamente no estaba fingiendo.

Su muñeca se sentía como si miles de hormigas la hubieran picado, y su rostro estaba ardiendo. 

"Mald*ta Lucille" pensó Zoey. No sabía muy bien como lidiar con esta nueva Lucille, pero definitivamente se vengaría cuando tuviera la oportunidad.

Charles miró disgustado la cara hinchada de Zoey y se enfureció: "¡Lucille, eres un monstruo! ¡Por poco le desfiguras la cara a Zoey!"

Lucille sonrió burlonamente y respondió con sarcasmo: "Ah, pero su cara no está desfigurada, ¿verdad?"

"¡Mald*ta...!" Charles estaba tan furioso que ni siquiera fue capaz de terminar la frase.

Samuel dirigió una mirada de disgusto a Lucille. "Lucille, amo a Zoey, y ya no soporto tener que verte. Encontraré la manera de romper nuestro compromiso. A partir de ahora, estás sola". 

Tras decir eso, alzó en sus brazos a la sollozante Zoey y salió de la habitación. "No llores, Zoey. Te llevaré a ver a un médico".

Charles se mantuvo donde estaba, mirando furioso a Jules. "Samuel y Zoey son la pareja perfecta, ya no tienes ninguna oportunidad con él. Mi consejo es que dejes de acosarlo, o te convertirás en un hazmerreír".

Dijo eso y se marchó, hecho una furia.

Lucille respondió con una mueca de desprecio. 

El compromiso entre Samuel y la antigua poseedora de este cuerpo había sido presidido por los ancianos de ambas familias, y había quedado asentado en un contrato de compromiso, redactado por el abuelo de Samuel. La propia ceremonia de compromiso se celebró según las tradiciones y costumbres ancestrales. Todo eso constituía un claro indicio del compromiso que ambas familias tenían con dicha unión.

Dado que había sido Samuel quien había engañado a la dueña original de este cuerpo, resultaba irónico que ahora quisieran culparla a ella.

¡La familia Jules ignoraba por completo lo que estaba sucediendo!

Lucille sintió que un dolor le oprimía el pecho. "¿Te das cuenta ahora? No vale la pena angustiarse por gente tan desalmada como esta".

Muchos años atrás, ella también había sido testigo de la caída en desgracia de su familia, y se había visto obligada a asumir la responsabilidad de vengarla, y continuar con su legado. 

Siendo muy joven, la situación política de Dilsburg le había resultado muy complicada de manejar, con alianzas secretas y engaños a cada paso. Los enemigos de su padre estaban por todas partes. 

De modo que no le había quedado más remedio que esperar el momento oportuno, preparando el terreno con cautela y acumulando poder en secreto hasta que llegara la ocasión propicia para asestar el golpe.

Sin embargo, todavía no había limpiado el nombre de su padre, ni había conseguido una cierta medida de justicia para la gente de su familia que había muerto injustamente, y en cambio había sido traicionada por aquellos que tenía más cerca.

Pero eso ya no tenía importancia. ¡Lucille nunca había creído en el destino!

Estaba decidida a aprovechar  plenamente esta nueva posibilidad de vivir, y se había propuesto sacarle el máximo partido a todas las oportunidades que se le presentaran.

Reescribiría su propia historia, y crearía el futuro que sabía que merecía. Y nada se interpondría entre ella y su objetivo.

Con eso en mente, respiró hondo, se levantó de la cama y abandonó la habitación.

Cuando llegó a la entrada, vio a Howard salir precipitadamente de su auto y entrar corriendo en el hospital, luciendo asustado y preocupado. Debía estar aquí por Zoey.

Si Lucille no supiera lo contrario, habría pensado que él estaba yendo a reclamar el cadáver de Zoey.

¡Pff!

¡Qué hombre tan ciego! 

Su propia hija estaba ahí, justo frente él, pero sólo podía pensar en Zoey.

Lucille hizo un gesto de desprecio y apartó la mirada, dirigiéndose directamente hacia la acera para llamar a un taxi.

Del otro lado de la calle, un Maybach negro estaba estacionado.

El hombre que estaba dentro bajó la ventanilla trasera y miró con interés a Lucille. Observó a una mujer alta y esbelta, con su bata de hospital tan holgada que parecía colgar de ella. Se veía como si una ráfaga de viento pudiera llevársela.

Su rostro limpio y delicado estaba ligeramente pálido, lo que provocaba una sensación de fragilidad.

Bajo su bata, se podía observar un cuello alargado, que recordaba al de un cisne, y una pequeña zona de su exquisita clavícula brillaba a la luz del sol.

El hombre la miró a los ojos, y quedó atónito por unos instantes. 

Eran de una claridad y un brillo extraordinarios, incluso más que el cristal, y tenían un aura glacial. 

La mujer tenía una actitud distante, coloreada con una buena dosis de orgullo.

Y se veía tan familiar...

Joseph Collins entrecerró los ojos, y su voz grave y seductora llenó el auto. "Culver, conduce hasta allí".

Culver Johnson, sorprendido, dio la vuelta y se encontró con su jefe mirando por la ventanilla con una expresión de inusual intensidad en sus ojos.

Siguiendo su línea de visión, pudo observar a Lucille, que en ese momento se sacudía el pelo con impaciencia.

"¡¿Ella?!" exclamó Culver. "Señor, quizás usted no lo sepa, pero esa mujer es Lucille, la hija menor de la familia Jules. Es famosa por ser terrible: no solo es melancólica y antipática, sino que también le hace la vida imposible a Zoey, la hija adoptiva de la familia!"

"¿Lucille Jules?" Joseph repitió el nombre en un murmullo, con un brillo en sus ojos.

"Una persona melancólica y antipática no es el tipo de persona que le hace la vida imposible a los demás".

"Señor..."

"Solo conduce hasta allí". La voz de Joseph era tranquila, pero transmitía una impresión de profunda autoridad, que hacía que fuera imposible negarse.

A Culver no le quedó otra opción que hacer lo que le indicaban.

Lucille llevaba mucho tiempo esperando un taxi, pero ninguno se había detenido por ella. 

El sol abrasador la estaba irritando cada vez más. En ese momento, el Maybach negro se detuvo lentamente frente a ella. 

La ventanilla trasera descendió, revelando el impresionante perfil del hombre que había dentro. 

Lucille lo miró, y quedó impactada por su atractivo.

Se trataba de un hombre con un mentón cincelado, ojos penetrantes y nariz altiva. Sus exquisitos rasgos eran incomparables, y el traje negro que vestía ceñía su musculosa figura y le confería un aire de sofisticación. Su presencia era impactante y su notable porte imponía respeto.

Sintiendo la mirada de ella, Joseph giró ligeramente, revelando un rostro increíblemente apuesto. Sus ojos almendrados insinuaban una cierta coquetería, y tenían las comisuras ligeramente levantadas.

A primera vista, Joseph era absolutamente encantador.

Pero su mirada fría y distante le restaba atractivo, y le confería un aire de frío desinterés.

Lucille levantó una ceja, sin hacer ningún intento por ocultar su asombro.

No podía negarlo: era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Pero no le gustaba la manera en que la miraba.

Tenía una actitud tan serena y analítica que parecía estar evaluando una futura presa. 

Los ojos de Lucille se entrecerraron, y su expresión se volvió glacial. "¿Qué es lo que quieres?" preguntó. 

Joseph se sintió aún más intrigado. Era la primera mujer que se atrevía a hablarle en ese tono. 

Le dedicó una leve sonrisa, y con una voz sedosa dijo: "¿Adónde quieres ir? Déjame llevarte".

Lucille, que había comenzado a impacientarse esperando algún medio de transporte, no se lo pensó dos veces antes de abrir la puerta del auto y subir. "Gracias" dijo simplemente. 

Los ojos de Joseph brillaron divertidos mientras admiraba su exquisito perfil. "¿No tienes miedo de que sea un tipo malo?" preguntó en un tono bajo y seductor.

Lucille miró al frente con indiferencia, y levantó una ceja. "¿Qué piensas hacer, comerme? ¿A plena luz del día?"

A fin de cuentas, ella era la Diosa de la Guerra, y estaba acostumbrada a vivir al límite. Incluso dos tipos grandes como estos no tendrían ninguna posibilidad frente a ella.

Joseph se rio de su actitud despreocupada y preguntó: "¿A dónde vamos?"

Lucille nombró el hotel donde la propietaria original de este cuerpo había celebrado su fiesta de cumpleaños la noche anterior. Joseph asintió, y se volvió hacia el atónito Culver. "¿No sabes el camino?" preguntó con una ceja levantada.

Culver recuperó la compostura y puso en marcha el vehículo.

"Santo cielo, el Sr. Joseph no solo invitó a la tristemente célebre Lucille a viajar con él, sino que también está conversando con ella, e incluso le sonrie. Debo estar soñando".

Lucille miró por la ventanilla mientras el Maybach negro se abría paso entre la congestión del tráfico. 

El auto apenas se movía, y no pudo evitar sumirse en sus pensamientos.

Habían pasado casi 20 horas desde el incidente de la noche anterior.

Era probable que las imágenes de las cámaras de seguridad ya se hubieran borrado, pero ella estaba decidida a buscarlas de todos modos. Mandaría personalmente a la cárcel, uno por uno, a los que habían matado a la dueña original de este cuerpo.

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