Portada de la novela La diosa de la guerra reencarnada

La diosa de la guerra reencarnada

8.0 / 10.0
Traicionada por un colega durante una misión confidencial, Lucille fallece para luego despertar en el cuerpo de una pequeña niña que comparte su nombre. Decidida a honrar su pasado, inicia una cruzada personal para exponer la verdad y vengar a sus seres queridos. Sin embargo, su destino se entrelaza con el de Joseph, un hábil artista marcial oculto tras una fachada de fragilidad. El amor sincero que él le profesa se vuelve un dilema para su venganza.
Resumen de La diosa de la guerra reencarnada
Traicionada por un colega durante una misión confidencial, Lucille fallece para luego despertar en el cuerpo de una pequeña niña que comparte su nombre. Decidida a honrar su pasado, inicia una cruzada personal para exponer la verdad y vengar a sus seres queridos. Sin embargo, su destino se entrelaza con el de Joseph, un hábil artista marcial oculto tras una fachada de fragilidad. El amor sincero que él le profesa se vuelve un dilema para su venganza.
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La diosa de la guerra reencarnada Capítulo 1

"¡P*rra! ¿Cómo te atreves a tirar a Zoey por las escaleras? ¡¿Tienes ganas de morir?!"

En la piscina del exterior, un grupo de gente rodeaba a una chica de aspecto delicado y tez pálida. "No fui yo... ¡Les juro que no fui yo!" protestó ella, el pánico estampado en su rostro.

"¡Lucille Jules! Que seas la princesita de tu familia no te da derecho a tratar a Zoey como basura. Sus amigos estamos aquí para protegerla. ¡No dejaremos que esto quede impune!"

Una chica de actitud maliciosa entrecerró los ojos y se burló: "Ella ni siquiera sabe nadar. ¡Veamos cómo se las arregla en la piscina!"

De pronto, un grupo de hombres y mujeres, jóvenes y atractivos pero con los rostros llenos de malicia, se abalanzaron sobre Lucille, y con un fuerte empujón la arrojaron al agua. 

¡Splash!

Lucille, como un pájaro herido, empezó a agitarse desesperadamente en el agua, tratando por todos los medios de respirar.

Los jóvenes la observaban desde el costado de la piscina, como una manada de lobos. "¿Estás tratando de salir?" Uno de ellos se burló. "¡Nada de eso!"

Sin piedad, arrojaron a Lucille de vuelta a la piscina. Ella intentó resistirse con todas sus fuerzas, pero resultaba inútil.

Sus movimientos desesperados se fueron haciendo cada vez más débiles, hasta que finalmente se hundió...

"Ya no se mueve. ¿Está muerta?" exclamó alguien, en estado de shock.

"¡Rápido! ¡Sáquenla de ahí!" gritó otra persona.

Alguien se arrojó a la piscina para rescatar a la agonizante Lucille, y luego la acarreó hasta la orilla. Pero, de pronto, ella abrió los ojos y tomó por el cuello a la persona que la había rescatado.

Se veía tan débil e indefensa como antes, pero en su mirada se reflejaba una escalofriante sed de sangre.

"¡Suéltame!" gritó aterrado el chico a quien Lucille había tomado del cuello.

La joven que los había impulsado a arrojar a Lucille a la piscina se puso pálida, y corrió hacia ella gritando: "¡Lucille! ¡Estás buscando problem...!"

Pero antes de que lograra terminar lo que estaba diciendo, Lucille giró ágilmente y le asestó una perfecta patada lateral, haciendo que se estrellara contra el suelo.

Todo el mundo quedó atónito.

"¿Qué dem*nios acaba de suceder?"

"¿Lucille está loca?"

La líder del grupo, que se llamaba Jenny Zanes, rugió furiosa: "¿Qué están esperando? ¡Dénle una paliza!"

El grupo se abalanzó sobre Lucille, pero ella derrotó sin esfuerzo a cada uno de ellos, para luego arrojarlos a la piscina.

Cuando terminó de lidiar con todos, miró aturdida a su alrededor, avanzó tambaleándose un par de pasos, y se desplomó con los ojos en blanco.

......

Ataviada con un elegante traje negro, una joven solitaria y aguerrida corría con toda la fuerza de que su cuerpo era capaz.

De la nada, una voz inquietante, casi un alarido, retumbó desde el cielo: "Lucille, corre por tu vida. ¡Sobrevive!"

Lucille se detuvo de golpe, giró sobre sí misma, y se encontró con un voraz incendio, rodeándola en todas direcciones. Las llamas oscilaron y se extendieron hacia ella, engulléndola por completo.

Pero Lucille permaneció imperturbable. Con la mirada perdida, pronunció una sola palabra: "Madre..."

La apesadumbrada voz de una mujer llegó de nuevo hasta sus oídos, como el llanto de una paloma, cada palabra destilando tristeza.

"Lucille, tus antepasados de la familia Jules siempre fueron personas de gran valía y lealtad, dotadas de un espíritu inquebrantable. Y tu padre siempre fue un hombre íntegro. Sin embargo, murió siendo un hombre inocente, ¡así que debes seguir viviendo, y limpiar su nombre!"

"Eres la única sobreviviente de la familia Jules en Dilsburg. ¡Sobrevive! ¡Asegúrate de que se haga justicia para las almas de la familia Jules que fueron ejecutadas injustamente!"

"¡Tienes que escapar! ¡Date prisa!"

La voz de la mujer se volvió cada vez más ronca y desesperada, y al final se convirtió un chillido agudo y penetrante.

Lucille, con los ojos llenos de lágrimas, observó cómo la mujer era devorada por las llamas, y gritó: "¡Mamá!"

En una habitación de hospital...

Lucille, tendida en la cama, abrió los ojos de repente.

Todo lo que podía distinguir era una claridad deslumbrante.

¿Qué estaba pasando?

¿No estaba muerta?

La noche anterior, había participado en una operación altamente secreta. De alguna manera, el plan se había filtrado, y se había visto acorralada por sus enemigos. Tras una cruenta batalla, apenas había conseguido escapar con vida. 

Pero más tarde, cuando se dirigía a reunirse con sus compañeros en el callejón, había recibido por la espalda un disparo que contenía un veneno neurotóxico. Había muerto al instante.

Ni siquiera alcanzó a ver quién la había traicionado.

Y ahora... ¿estaba acostada en una cama de hospital?

¿Podría ser que en realidad no hubiera muerto?

De repente, en su mente apareció una escena, en la que golpeaba brutalmente a un grupo de jóvenes junto a una piscina... ¡La verdad era que había renacido!

Con un fuerte impacto, la puerta de la sala se abrió de repente.

Dos enfermeras entraron a la habitación, sin siquiera mirar a Lucille.

"¿Escuchaste lo que pasó anoche? ¡Lucille, de la familia Jules en Dilsburg, fue ejecutada por traidora!"

"¡¿Qué?! Pero si era una guerrera talentosa y experimentada, que siguió los pasos de su padre y se convirtió en una leyenda gracias a sus innumerables victorias. ¿Por qué traicionaría a su país?"

"No lo sé, pero la noticia está en todas partes. Después de su muerte, la familia Jules en Dilsburg está definitivamente extinguida".

Los ojos de Lucille se abrieron desmesuradamente, y su mano, oculta bajo las sábanas, se cerró con fuerza.

La familia Jules era conocida por su lealtad y valentía, ¿quién hubiera pensado que terminarían así? Se mordió el labio con fuerza, y un par de lágrimas casi escaparon de sus ojos. Se obligó a contenerlas.

¡No se permiten lágrimas!

No le daría tregua a nadie que alguna vez la hubiera maltratado, o conspirado contra ella y su familia.

Ahora que tenía una segunda oportunidad en la vida, buscaría la verdad, y vengaría a su familia con la sangre de sus enemigos.

Las enfermeras se encontraban charlando animadamente sobre los últimos chismes cuando una de ellas dirigió su atención hacia Lucille, que yacía en la cama con una mirada de un color extrañamente carmesí clavada en el techo. 

¿Por qué los ojos de esta muda estaban inyectados en sangre?

La intensidad de esa mirada era tan inquietante que le provocó escalofríos, y miró a Lucille con una mezcla de sorpresa y confusión.

"Cómo... cómo es..." La enfermera se sintió horrorizada, y su voz se entrecortaba mientras observaba a Lucille.

La otra enfermera, una mujer de pelo corto, volteó para ver lo que ocurría, y vio a Lucille mirando tranquilamente al techo, con una expresión indiferente.

Ella se burló: "Al parecer ella es muda, de todos modos".

La enfermera de pelo largo se dio cuenta de que solo había sido su imaginación, y dejó escapar un suspiro de alivio al notar la expresión tranquila de Lucille.

"Por cierto, esta joven también se llama Lucille Jules" dijo.

La enfermera de pelo corto resopló: "¡Pff! ¿Cómo se podría comparar con la Diosa de la Guerra? Es una cualquiera despreciable que sólo sabe molestar a la Srta. Johnson. ¡Ni siquiera le llega a los talones a la Diosa de la Guerra!"

Los ojos de Lucille relampaguearon con un destello de frialdad. 

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo.

Una chica de aspecto frágil entró en una silla de ruedas.

Cuando vio a Lucille, arrugó el ceño con evidente preocupación. "¡Lucille, por fin estás recuperada! ¿Todavía sientes alguna molestia?"

Lucille volvió la cabeza lentamente para mirar a la recién llegada y, de repente, un odio incontenible surgió en su interior. 

Era un odio de tal intensidad que hizo que su corazón palpitara con fuerza, y que su respiración se atascara en su garganta. 

Una avalancha de recuerdos, que no eran los suyos, irrumpió con violencia en su mente.

Al parecer, había renacido en esta niña, que llevaba su mismo nombre: Lucille Jules, la hija menor de la familia Jules, de la ciudad de Shein.

Había sido una niña muy querida desde su nacimiento, pero su vida había sufrido un vuelco inesperado cuando, a la edad de diez años, había aparecido Zoey Johnson.

Zoey era la hija de un amigo cercano de Howard Jules, el padre de Lucille. Cuando Lucille contaba con diez años, Zoey fue entregada al cuidado de la familia Jules.

Se decía que el padre de Zoey había muerto intentando salvar a Howard, lo que hizo que éste se sintiera extremadamente culpable con respecto a Zoey, y la tratara con el máximo cuidado y consideración.

Sin embargo, desde la llegada de Zoey, la vida de Lucille se había despeñado hacia un doloroso abismo. 

Zoey era una experta en el engaño, y siempre ocultaba sus verdaderas intenciones tras una sonrisa. Era astuta y manipuladora, y había recurrido siempre a cualquier medio a su alcance para arrebatarle a Lucille todo aquello que pudiera importarle.

Tanto si se trataba de la muñeca favorita de Lucille como de su grupo de amigos más íntimos, Zoey siempre se las arreglaba para quitárselo. 

Con el tiempo, Zoey incluso había conseguido robarle el cariño de Howard, y se había ganado la confianza y el amor incondicionales de los tres hermanos mayores de Lucille.

Para la familia Jules, Lucille, la verdadera hija del propio Howard, la legítima hermana de sus hermanos, se había ido convirtiendo poco a poco en un estorbo, en una piedra en el zapato. 

Cada vez que Lucille intentaba desenmascarar las artimañas de Zoey delante de todos, era regañada y acusada de ser una malagradecida, y de molestar a Zoey a propósito.

En cuanto a Zoey, ella simplemente disfrutaba de todo lo que alguna vez le había pertenecido a Lucille. 

Incluso había acusado a Lucille de robar en la escuela, lo que provocó que Howard castigara severamente a su hija, y la golpeara casi hasta matarla.

Después de aquel incidente, el corazón de Lucille quedó completamente destrozado, y a partir de entonces dejó de rebelarse, volviéndose callada y sumisa. 

Sus calificaciones también empeoraron sensiblemente, y acabó recibiendo el apodo de "muda e idiota".

Resignada, Lucille pensó que acabaría viviendo así el resto de su vida. 

Sin embargo, en la fiesta de su cumpleaños número 19, descubrió por casualidad a su prometido y a Zoey besándose en la escalera.

Abrumada por la angustia y la ira, Lucille los confrontó, y terminó empujando "accidentalmente" a Zoey por las escaleras.

Mientras todo el mundo se ocupaba de las heridas de Zoey, nadie se dio cuenta de que la pobre Lucille estaba siendo agredida por los amigos de Zoey, y finalmente había terminado ahogándose en la piscina.

Tras recordar todo lo ocurrido, Lucille sintió que un intenso resentimiento se apoderaba de ella, hasta el punto de casi asfixiarla. 

Respiró hondo y susurró para sí misma: "Déjalo ir. Yo te vengaré".

Tras eso, el resentimiento en su cuerpo fue disipándose poco a poco. 

Zoey observaba fijamente el pálido rostro de Lucille, y su mirada se oscureció. No podía evitar sentir que Lucille estaba cambiada.

Su mirada se había vuelto más fría y penetrante.

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