Portada de la novela Fruta Prohibida.

Fruta Prohibida.

8.5 / 10.0
Descubre una cautivadora antología de relatos románticos y eróticos que profundiza en la pasión y los deseos más intensos del ser humano. A través de diversas historias modernas, esta obra presenta encuentros magnéticos cargados de una sensualidad desbordante. Cada narración invita a los lectores a sumergirse en experiencias provocativas y envolventes que no dejan nada al azar, garantizando una lectura ardiente que atrapa por completo la atención.

Fruta Prohibida. Capítulo 1

¿Alguna vez se sintieron atraída por alguien al grado de no importarte en lo absoluto si se trata de una persona que es prohibida? Bueno, eso me pasa a mí con quien vive en la casa de junto. Ángel Lewis, es mi vecino desde hace diez años y desde entonces he estado obsesionada con él. He intentado de todo, en verdad, he tratado hasta lo que no se imaginan por tenerlo bajo mis sábanas, pero siempre tiene la misma respuesta “Soy un hombre felizmente casado y amo a mi esposa” sin olvidarnos del “eres muy joven para un hombre de mi edad” ¿Creen que a mí eso me importa? Déjenme decirles que no, porque hay dos cosas que me gustan más que cualquier otra cosa y esas son:

1- Lo prohibido, lo que no debemos es lo que me excita.

2- Que sea mayor que yo me hace pensar en todo lo que puedo experimentar entre sus piernas.

Me he dado cuenta con el correr de los años, precisamente cuando fui creciendo e interesándome en otras cosas que no sean las de jugar con muñecas, que mi ventana da justo a su despacho y como él es abogado, últimamente se la pasa en ese cuartucho de tres por tres hasta altas horas de la noche ¿qué cómo lo sé? Porque más de una vez su esposa me ha encargado su perro caniche y nunca ha faltado la oportunidad de escucharla decir “De nuevo está metido en su cucha de tres por tres” entonces deduzco que se refiere a su despacho.

En mi casa solo somos dos y para mi suerte mi madre, con quién vivo desde que se divorció de mi padre, trabaja en el turno noche, por lo que, puedo sentirme libre para hacer lo que hago cada vez que mi vecina decide dejar solo a su marido. A mí presa.

Sabiendo que él se la pasa hasta tarde allí dentro, que la vista que da hacia mi cuarto es magnífica y que hace un calor terrible en Buenos Aires ¿Qué mejor dormir cómoda? ¿Qué mejor que brindarle un bonito espectáculo? Cómo cada noche, me desvisto mirando hacia la ventana la cual tiene una fina tela como cortina y que la verdad es casi transparente, y mientras lo hago siempre pongo un poco de música, para acompañar la acción de desvestirme mientras muevo un poco mi cuerpo. El manto de la noche me ayuda a que pase desapercibida ya que, dentro de todo, vivimos en un barrio donde la mayoría son parejas de adultos mayores y supongo que no estarán colgados en sus ventanas para ver a una chica bailarle desnuda a un hombre casado. Quiero creer que no, aunque francamente no me interesa. Porque me siento libre de hacer lo que quiera en las cuatro paredes de mi alcoba.

Ya casi desnuda, con solo un conjunto de encaje blanco estoy lista para recibirlo desde el otro lado de su ventana. Yo sé que pensaran que soy de esas que se masturban aprovechando que las ven o que traen a sus novios o chicos del momento para tener sexo con ellos y generarles el deseo a quienes realmente les interesa, es decir, ese tipo de personas que no dicen las cosas que desean y con quién, ese tipo de personas que intentan hacerles ver a otros que se mueren por estar entre sus piernas, pero aun así se consienten solas, aun así se acuestan con quienes quizás, no tienen tantas ganas de hacerlo. Pero yo no soy así, eso de “insinuar” no va conmigo, porque voy directo al grano y hasta no conseguirlo no paro.

Miró mi reloj para darme cuenta que son las ocho de la noche y que eso significa que en minutos veré ingresar a mi vecino a su despacho. Sé perfectamente que simular trabajar, ya que lo único que hace en ese sitio a esas horas es verme a mí, desnuda bailándole y contándole cuanto deseo sus manos en mi cuerpo, su boca lamiendo y mordiendo mis pechos, su lengua arrasando con mis partes íntimas y su miembro moviéndose dentro mío de forma salvaje y constante.

En cuanto lo veo ingresar con unos papeles sonrío victoriosa y me digo a mi misma “es hora de empezar con la acción”

- ¡Hola! – eleve la voz para llamar su atención, pero era lo mismo de siempre.

- No molestes. – el echo que me ignore me hacía desearlo más y más.

- ¿Cuándo te vas animar? – mi cuerpo era un fuego cada vez que lo veía y llevaba conteniendo las ganas por mucho tiempo. Deseaba tenerlo conmigo, deseaba que me penetrase y me era imposible seguir esperando.

Nunca perdía la oportunidad de poder decirle cuánto lo deseaba y todo lo que daría por estar con él en mi cama, pero parecía que todo lo que hacía era en vano y lejos de darme por vencida, más me motivaba.

- ¿No te cansas de molestarme todo el tiempo? – indaga vencido.

- ¿Vos no te cansas de rechazarme cada vez que lo intento? – replique con una sonrisa coqueta.

- ¿Puedes vestirte? – su voz sonaba como una súplica, pero sabía que muy en el fondo lo deseaba tanto como yo.

Si bien no estaba desnuda, aún seguía en ropa interior y pese a que no me lo reconocería, sabía que lo ponía nervioso. Sus mejillas enrojecidas me lo demostraban.

- ¿Qué, te pongo nervioso? – le dije acercándome a la ventana y apoyando mi mano en el marco. Esto provocó que mis pechos se juntan y aparenten ser más grandes de lo que en verdad son.

- No, pero alguien puede verte. – dijo mirando hacia un costado avergonzado.

- Pues que vean. – dije orgullosa.

Si bien no era de esas mujeres que tenían un cuerpo de revista, tenía mis fotitos y cicatrices me sentía igual d sexis que ellas y sinceramente el que me vieran en ropa interior no me molestaba, después de todo ¿Qué tiene de malo? Estoy en mi casa y puedo estar como a mí se me cante.

- Moriría por sentir sus manos tocándome. –

Yo sabía que hablarle de ese modo lo ponía nervioso, también sabía que de todos modos me diría que no. Pero las esperanzas son lo último que se pierde ¿No? O eso quería creer yo.

Mientras le relataba lo que deseaba que me hiciera iba apretando mi cuerpo con mis manos y pese a que él aparentaba buscar algo, yo sabía que estaba disfrutando y que moría de ganas por hacerme suya.

- Denisse, por favor. – me dice en tono de súplica, si hasta mi nombre en sus labios se hoye tan excitante.

- ¿A caso no tienes intriga de como soy en la cama? ¿De lo que puedo darte? – el niega seguidamente con al cabeza, pero yo no me doy por vencida. - ¿A caso no te motiva saber que en la cama no tengo límite? – por un momento el me dirigió toda su atención y por un lapso corto se dedicó a mirarme, inspeccionarme de arriba abajo. Por dentro saltaba y gritaba de la emoción. - ¿Te gusta lo que ves? – le preguntaba mientras deslizaba la palma de mi mano por mi vientre hasta llegar al elástico de la parte baja de la prenda interior. - ¿Quieres que siga bajando? – sus ojos estaban tan dilatados que el marrón se había convertido en un negro oscuro como la noche. Podía ver cómo su pecho subía y bajaba y como con su mano se secaba la gota de transpiración que se deslizaba por su frente.

- Dios.- dijo en un suspiro y yo me sentí tan victoriosa, porque estaba consiguiendo mí cometido.

- Pequemos juntos. – le dije mientras mi mano se iba perdiendo por debajo de la prenda -¿Quieres que me toque para ti?- muerdo mi labios inferior para luego lamérmelo. - ¿quieres que hunda mis dedos para ti? – el relamió sus labios y lentamente movió su cabeza de manera vertical, una y otra vez.

Ante sus ojos observándome, desnudándome y penetrándome comencé acariciarme por debajo de la prenda abriendo mis piernas un poco para permitir que mi mano se pueda danzar dulcemente sobre y dentro de mi parte íntima.

Cerré mis ojos para profundizar la maravillosa sensación de estar dándome placer ante sus ojos y sus labios que me dicen casi en un hilo de aliento que no me detenga.

Él apoya su cabeza sobre el marco de madera de su ventana y deja caer de sus manos las carpetas que había ido al despacho a buscar y comenzó acariciarse y apretarse el miembro por encima del pantalón de vestir.

- ¿Quieres ver qué tan mojadita estoy? – el solo podía asentir con la cabeza. Estaba hipnotizado.

Introduje mis dedos dentro y no pude evitar soltar un gemido el cual le provocó más excitación y lo sé porque lo vi morderse los labios y apretar con muchísima fuerza su dureza. Lo estoy volviendo loco, lo sé.

- Mira mis dedos. –

Los saqué de mí, completamente empapados de un líquido pegajoso color blanquecino y se los mostré. Cuando lo vi relamerse me dije a mi misma que era mi oportunidad de volver a pedirle para estar juntos, para poder darnos placer en una cama. Pero primero lo volvería completamente desquiciado por tenerme, en venganza de todas aquellas veces en las que me había dicho que no. terminaría rendido a mis pies, mordiendo el deseo y saboreando mis aguas, lo sé, solo debía animarse.

- ¿Quieres que continúe? –

Él solo podía mover su cabeza de e manera positiva, se lo notaba sin aliento, entregado al placer de lo que sus ojos veían y le provocaba a su propio cuerpo. En tanto yo, me había quitado la parte baja interior para tener más comodidad al momento de estar tocándome. Deseaba que tuviera una visión perfecta de lo que me estaba haciendo a mi misma y de lo que estaba provocando en el.

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Fruta Prohibida. de contenidos

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