Capítulo 2

Sofi se encuentra en su apartamento, en pijamas y pantuflas de Jack, hurgando en el refrigerador qué poder comer sin tener que cocinar.

-Genial, olvidé hacer las compras.

Lo único que le queda en el refrigerador, es un tupper con fideos ΄tirabuzones΄ para calentar en el microondas. Mientras los fideos se calientan, toma una cerveza y el kétchup; cuando su almuerzo ya está listo, se acomoda en la sala, desplomándose en el sofá frente al televisor para comenzar con una maratón de "Vampire Diaries" «su serie favorita».

Llega a darle el primer bocado a sus tirabuzones cuando suena el timbre, le extraña que eso pase, ya que mayormente el que la visita es Tony y este tiene llave. Se dirige al portero eléctrico y levanta el tubo.

-Diga -Atiende el interlocutor.

-¿Sofi? -Escucha al otro lado de la línea, pero no llega a darse cuenta de quién se trata; solo que es un hombre.

-¿Quién es?

-Ian -Sofi se olvida de respirar-. ¿Sofi, estás ahí? -Vuelve a hablar, ya que la joven se quedó muda.

-Sí...sí, aquí estoy -titubea.

-¿Puedo subir?

Ella toma una profunda respiración antes de apretar el botón para abrir la puerta exterior.

-Sube -Por un momento se limita a mirar el interlocutor; se olvida del tiempo, de dónde está; se pierde en sus pensamientos hasta que el timbre de la puerta suena. Vuelve en sí y sale corriendo hacia la puerta. En su carrera se lleva por delante un mueble, causando con esto que se golpee el dedo chiquito del pie-. Genial, los tipos en las películas reciben diez balazos y siguen caminando, yo me golpeo el dedo chiquito del pie y no camino más -masculla y maldice conforme se acerca a la puerta.

Al llegar, apoya la mano en el pomo y vacila antes de abrirla.

-Hola -saluda Ian con una gran sonrisa.

-Hola -murmura Sofi.

-¿Puedo pasar? -indaga, al ver que la joven no hace ninguna clase de movimiento.

-Pasa -Reacciona haciéndose a un lado.

Cierra la puerta y antes de girar vuelve a tomar aire, sacude su cabeza para despejarse y camina hacia él pasándolo en dirección a la sala donde estaba antes, sabiendo que Ian la seguirá.

-¿Qué hacías? -curiosea, observando el televisor y la comida en la mesita de café.

Yo... -balbucea-...almorzar -alcanza a decir.

«Genial, ahora parezco Tarzán como hablo, (yo, almorzar) concéntrate, Sofi» piensa sonrojada.

-¿Macarrones? -pregunta sonriendo y señalando el tupper donde está la comida.

Ella lo mira y se insulta mentalmente por no haberlo puesto en un plato como una persona decente.

-Tirabuzones -dice-. Bueno, sí, o macarrones, como quieras llamarlo, es lo mismo.

«Bien, ahora hablo de más y atropellando las palabras» sigue cavilando.

-¿Y qué se supone que es eso rojo? -indaga el rubio entrecerrando los ojos.

-Kétchup -Ian eleva una ceja-. Como tirabuzones con kétchup.

-Eso es raro.

-¿Alguna vez lo probaste? -cuestiona ya que no le gusta que se metan con sus gustos culinarios.

-No -niega haciendo una mueca extraña.

-Prueba -insta ella tendiéndole los fideos.

-No me gusta -se niega él.

-¿Y cómo sabes que no te gusta si nunca lo has probado? -Es en esas situaciones, las cuales se estaba enfadando «o ya lo está», cuando no le da miedo hablar, en donde habla sin pensar y a veces de más.

-No, pero sé que no me va a gustar -expresa con terquedad.

-Tonterías; prueba -insiste ella.

-Bien -El joven suspira y abre la boca para aceptar el bocado que le tiende Sofi.

El rubio mastica y degusta conforme ella lo observa impaciente.

-¿Y?

-Está bueno -dice, haciéndose del tenedor y tupper para luego meterse otro generoso bocado.

Sofi lo mira satisfecha y camina hacia la cocina para tomar otra cerveza.

-¿Cómo sabías dónde vivo? -pregunta al volver con la bebida.

-Soy poli -contesta sonriendo.

Ella le tiende la cerveza y él le devuelve sus "macarrones con kétchup.

-No sé si me gusta eso -expresa con un poco de inseguridad y quizás miedo por lo que pueda llegar a saber de ella.

-Entiendo -murmura el rubio y la observa un segundo-. Solo busqué tu dirección, lo juro.

-Está bien, te creo -Sube las piernas al sofá imitando a un indio-. ¿Y...qué te trajo hasta aquí?

-Ah, sí... Te olvidaste la bolsita -Ella no entiende de lo que habla. «Acaso piensa que me drogo» piensa incrédula. Ian se da cuenta de su confusión y saca del bolsillo delantero del pantalón una bolsita que después le tiende-. La bolsita de los globos; te la olvidaste -Sofi la acepta, todavía confundida. No podía ser que solo estuviera en su casa por una bolsita de globos.

-¿Gracias? -Es consciente que eso sonó a más como una pregunta que como un agradecimiento, pero seguía sin comprender. Ian le sonríe y asiente -¿Viniste hasta aquí solo por la bolsita? -Al terminar su pregunta, se da cuenta de que habló sin pensar «otra vez» y desea golpearse de nuevo el dedo chiquito del pie con el mueble entrometido.

Ian abre la boca para contestar, pero es interrumpido por su celular. Mete la mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero y lo saca curioseando la pantalla para ver quién era el inoportuno que interrumpía, suelta un bufido casi inaudible cuando descubre que es su jefe quien molestaba en ese momento.

-Sé que cuando no estoy me extrañan, pero lo podrían disimular un poco, no me enfadaría que lo hicieran -fue su manera de atender el llamado.

-Nada de eso, Russel; te necesito aquí, lo más rápido que vaya ese monstruo que manejas -le informa su jefe.

-Hoy es mi día libre -suelta, molesto por tener que salir antes de lo planeado de la casa de Sofi.

-Los asesinos no se toman días libres, Russel.

-Bien -deja salir un suspiro cansino-; en veinte estoy ahí, Esposito.

-Ok; y si ves a Medina, hazle saber que lo quiero aquí también y que por una puta vez se digne a atender el jodido teléfono -vocifera.

-¿Y por qué piensas que yo lo voy a ver antes o me va a atender el maldito teléfono?

-Porque los dos andan de cacería juntos, por eso. Solo avísale que lo quiero aquí -sentencia.

-Como diga, jefe -sisea antes de cortar la llamada. Mira por unos segundos a Sofi, escudriñándola con sus ojos azules como el zafiro y maldiciendo por dentro a todos los que se dignan joderle el día-. Tengo que irme -dice al fin.

-Oh, está bien. Te acompaño a la puerta -suelta algo desilusionada.

Casi, al mismo tiempo, ambos se levantan del sofá para luego caminar hacia la puerta; cuando él la cruza, se queda un instante viéndola, logrando así ponerla un poco nerviosa.

-Nos vemos, Sofi -esboza el rubio con una sonrisa traviesa.

En la que le pedía disculpas por tener que dejarla y que también hacía que ese "nos vemos" sonara como si fuese una especie de propuesta pervertida.

-Nos vemos -atina a decir ella.

Ian se gira y enfila hacia el ascensor conforme ella cierra la puerta en donde apoya su espalda y una pequeña sonrisa comienza a florecer en sus labios. De pronto, escucha un golpe en la puerta y se sobresalta; la abre sin mirar quién toca llevándose una sorpresa.

El rubio estaba del otro lado observándola con una mirada extraña; con una mano la toma de la nuca y, sin previo aviso, le estampa un beso en la boca. Por un segundo, Sofi no lo acepta, pero luego se hace de ese beso. Con su otra mano, Ian la agarra de la cintura atrayéndola más a sí, pegando sus cuerpos, intensificando aquel beso. Cuando el aire comienza a faltar, se separa unos centímetros, la mira a los ojos y le regala una divertida media sonrisa.

-La propina por traer los globos -esboza casi sobre su boca.

Le regala un casto toque en los labios y la suelta, dejándola mareada e inestable por el beso y la sorpresa. Ian desaparece en el ascensor y ella todavía no entendía que había pasado. Cuando recobra la cordura, entra a su apartamento y cierra la puerta tras ella, recargando su espalda de nuevo en esta.

-¿Qué mierda acaba de pasar? -murmura desconcertada.

Su corazón iba a mil por horas y no tenía intenciones de bajar un par de revoluciones, ni por asomo.

El joven sale del edificio, yendo directo a su camioneta en donde sube con el corazón acelerado y sin entender por qué deseaba tanto volver y continuar con ese beso.

-Mi primo va a matarme y Lina me va a cortar las pelotas y usarlas como llavero -masculla, una vez dentro del vehículo. Luego de hacerlo arrancar, pone música a toda pastilla, "Psycho" de Muse se abre paso para así no tener que escuchar sus pensamientos, ni buenos ni malos; no quería darle vueltas a un simple beso, ni al verdadero motivo del por qué fue hasta allí-. Fui por los putos globos, simplemente eso -se repite a sí mismo una y otra vez, era más que obvio que la música no estaba ayudando.

-Aquí llegó el más codiciado de los policías -exclama haciendo una alabanza en cuanto llega a la jefatura.

-No entiendo por qué te siguen mintiendo de esa manera tan cruel -se burla uno de sus compañeros.

-Es igual cuando tu madre te dice que eres guapo, López.

-Guarden las uñas, gatitas, hay trabajo -interviene Esposito, su jefe conforme se acerca a ellos-. Russel, a residuos -ordena.

-Sí, jefe -masculla.

-¿Y Medina? -indaga Esposito.

-Acá está por quien lloraban, chiquitas -habla Gaby haciendo una de sus entradas.

-La princesita se dignó a llegar -farfulla el jefe-. Medina, mueve el culo, ve con Russel a residuos -Ambos asienten y acatan la orden.

-¿Dónde estabas? -interroga Ian.

-Yo podría preguntar lo mismo -esquiva el morocho con intensión.

No tenía intenciones de decirle que venía de un hotel y que acababa de estar con una chica que conoció la noche anterior en un bar. Él no las llevaba a su casa y no las llevaba a su cama, siempre las llevaba a un hotel; ninguna mujer de paso iba a su casa, nadie dormía en su cama, salvo Lina y Sole, pero ellas son como sus hermanas, son familia para Gaby.

-Yo estaba en mi casa, Medina.

-Que raro.

-¿Qué cosa? -pregunta Ian confundido.

-Es que tu camioneta estaba en la Avenida Del Libertador y tú en tu casa -Lo mira con una media sonrisa-. Debes vigilar esa cosa porque tiene mala actitud, Russel -dice haciendo referencia a la camioneta, antes de volver a tomar el camino.

Él, todos los días antes de ir al trabajo pasa por esa calle para comprar el café en su tienda favorita, por ende, pasa por el apartamento de Sofi.

-No sé de qué hablas -miente el rubio.

-Mira, te preguntaría qué hacías en el apartamento de Sofi, pero eso ya lo sé -manifiesta el morocho como quien no quiere la cosa.

-Solo fui a llevarle unos globos -masculla el aludido.

Esa declaración provoca que Gaby se detenga con brusquedad y lo mire curioso.

-¿Globos? -repite extrañado y sin creer nada en absoluto.

-Sí -Suspira-. Se olvidó una bolsita de globos en la boda y se la alcancé, solo fue eso; se la di y salí de allí -En parte era verdad y en parte era mentira, ya que omitió el beso y que había estado un poco más de la cuenta en su casa y se hubiera quedado, si no lo hubiese llamado su jefe.

-Ian, puedes mentirle a los demás, pero no lo hagas conmigo; que me haga el idiota no significa que lo sea -Levanta un dedo señalándolo-. Yo no voy a juzgarte, sabes en dónde te metes y sabes que si haces algo mal, te van a saltar a la yugular y sabemos de quién me refiero, lo único que te digo es que al menos seas sincero contigo. Los dos somos conscientes que desde hace un tiempo la miras con ganas y no te culpo, es una linda mujer, sin embargo, no es de esas mujeres para una noche como las que ambos estamos acostumbrados; debes tener cuidado -Le pone una mano en el hombre y le sonríe-. Y hazme un favor, ponle una maldita correa a tu camioneta así no se te vuelve a escapar -Se da la vuelta retomando el rumbo a residuos, dejando a Ian desconcertado, sin nada que decir.

Era la primera vez que le hablaba con tanta seriedad y no tenía idea de esa faceta de Gaby, pero entendía a la perfección que el morocho aparentaba que todo se le pasaba por alto y que era una persona despreocupa, sin duda Ian no lo conocía bien todavía. El morocho se mostraba más jovial y despreocupado, mientras observaba todo desde un costado y con detenimiento, nada se le pasaba por alto y solo abría la boca cuando lo creía conveniente. Ese es Gaby, el que siempre te saca una sonrisa con sus ocurrencias y el que te deja sin habla cuando se dispone a decir lo que piensa.

-¿Qué nos tienes, primor? -le pregunta Medina al investigador científico en cuanto llegó a su destino.

-Veinte dólares a que dirá algo que no entenderemos -manifiesta Ian entrando detrás del morocho.

-Si ustedes tienen un coeficiente intelectual por lo bajo de lo normal, no es mi culpa -se defiende el joven.

-¿Eso fue un insulto? -le pregunta Ian a Gaby en modo de burla.

-Eso parece.

-¿Les digo o van a seguir jugando a Starsky y Hutch?

-Tú eres Ben Stiller -Le señala Ian a Gaby.

-Creo que habla de los primeros Starsky y Hutch.

-¿Acaso tienen TDAH?

-¿Que mierda es TDAH? -cuestiona el rubio, todavía bromeando.

-Ni idea, pero cuando habla con acrónimos me dan ganas de meterlo en cuarentena -responde Gaby.

-Bien, cuando terminen con la escena de los policías comediantes, les muestro lo que investigué -masculla el joven, cansado de escuchar el intercambio de incoherencias de esos dos.

-Ok. Habla, "Dexter" -Se burla Gaby.

-En la ropa del occiso, la cual busqué muestras de sangre, encontré Bluestar Forensic Destroyec -comienza el chico.

-¿Qué es eso? -pregunta Gaby.

-Verán, nosotros para encontrar sangre en las prendas, usamos Bluestar Forensic Free o Bluestar Forensic Magnum, este último es más efectivo que el primero, es un reactivo. El problema fue que me pareció raro que no haya podido dar con el ADN, entonces, busqué más a fondo y me encontré con Bluestar Forensic Destroyec, este reactivo se utiliza de la misma forma que los dos anteriores. Son utilizados para el entrenamiento forense de técnico en la escena del crimen, pero ese es el único propósito, no se usan en escenas reales por la alta cantidad de alcalinidad; el empaque es el mismo, la cantidad de pastillas son las mismas, sin embargo, es mucho más económico que el Bluestar Forensic normal. Reacciona de la misma forma que este, exceptuando que esta versión destruye el ADN debido a tener un pH superior a 11,5 -explica.

-Entonces, Correa. ¿Lo que dices es que no hay ADN en la ropa, sabemos que hay sangre, pero no sabemos si es del occiso o del ignoto? -explaya su pregunta Gaby.

-Sí. Y además puede que hayan echado el Bluestar Forensic Destroyec adrede...

-O que sean estudiantes imitando una escena del crimen que terminó siendo real -concluye Ian.

-Creo que vamos a tener que hacerle una visita a Ponce -declara Gaby haciendo alusión al médico forense.

Capítulo 3

Lina decide hacerle una visita inesperada a Alex; ella se encontraba aburrida, ya que el restó estaba cerrado por motivo post-boda y no tenía nada que hacer. Su hija, Ayelen, se hallaba con sus abuelos y ni siquiera estaba Sole para pasar el día. Por lo que decide darle una sorpresa a su hombre y de paso, conocer la nueva y ya terminada oficina.

Después de anunciarse con la secretaria, en realidad de preguntar si se encontraba solo y usar a la pobre mujer de cómplice para entrar en la oficina sin que Alex supiese nada, hasta que ya fuese tarde, abre la puerta con cuidado y pasa, encontrando a un Alex sumido en la computadora. En cuanto entra, cierra la puerta tras ella y él levanta la mirada, sorprendido. Lina se encuentra con un largo tapado negro y unas botas rojas, las botas preferidas de Alex.

-¿Pasa algo? -indaga, por la inesperada visita.

-No -niega ella, dando pasos lentos hacia él.

-¿Segura? ¿No hay algún problema? -cuestiona, todavía sin comprender qué hacía Lina allí.

-No -niega, ya frente al escritorio.

-Bien -arrastra la palabra Alex-. Entonces, ¿qué haces aquí?

-Tenía ganas de verte -responde con voz seductora, observando como su hombre le sonríe.

-¿Qué se trae entre manos, señorita Rinaldi? -curiosea, acomodándose en su silla y entrelazando los dedos de las manos delante de él.

-La pregunta correcta seria, ¿qué traigo debajo del abrigo? -sonriendo y ladeando la cabeza.

Alex traga en seco y una manada de ideas «muchas que no se pueden nombrar» se le pasan la cabeza.

-Ok. ¿Qué trae debajo del abrigo, señorita Rinaldi? -pregunta siguiendo su juego.

-Buena pregunta, señor Betanckurt.

Sin decir más, empieza a desabrocharse el abrigo en silencio, bajo la atenta y curiosa mirada de Alex. Luego de desabrochar el último botón, deja caer el abrigo por su espalda, provocando que se desplome en el suelo.

Alex abre y cierra la boca en cuanto ve lo que hay debajo de ese maldito abrigo. No puede emitir palabra alguna y ya estaba empalmado; las manos empezaron a sudarle y se remueve en la silla, ya que su erección empezó a sofocarse debajo de sus pantalones.

Ella está sin una prenda; lo único que tapa su piel, es una enorme ave fénix resurgiendo desde las cenizas. Sus alas abiertas tapan sus pechos, el cuerpo del ave tapa su estómago extendiéndose hacia el sur, donde se visualizan las cenizas y un pequeño fuego «Lina sabe que a él le gusta su tatuaje del ave fénix en su espalda baja, entonces se hizo un body-painting sobre su dibujo para su hombre».

-¿Quieres matarme? -alcanza a exclamar Alex.

-Sería un crimen perfecto.

-Dios, Lina -suspira conforme se levanta de la silla-. Eres única -Camina hacia ella sin dejar de admirar su cuerpo pintado.

-¿Vas a darle otra vida a esta ave? -murmura ella sonriendo.

-Todas las vidas.

Al llegar, le toma la mano y hace que dé una vuelta para verla de atrás y su asombro fue doblemente inesperado al verle la espalda. Toda su espalda era la parte trasera del ave fénix; Alex no podía salir de su asombro, era demasiado para él, nunca, jamás, una mujer había hecho algo parecido para él, ni de lejos. Lina rompía el molde, tiraba todas sus expectativas por el vigésimo piso, nunca había conocido a una mujer con sus ideas inusuales y fuera de lo común, a veces se sentía que no era suficiente para ella y otras veces, ella lo hacía sentir el mejor hombre del mundo y definitivamente el más afortunado.

-¿Te gusta? -quiere saber la joven.

-¿Y a ti qué te parece? -dice señalando su erección. Lina se carcajea, se acerca más a él y comienza a desabrocharle la camisa-. Quiero creer que te pintó una mujer -Ella lo mira con diversión y termina tirándole la camisa al suelo-. Por favor, dime que fue una mujer -pide en casi una súplica.

-En realidad, no. Fue un hombre - Él cierra los ojos como un autómata-, pero le gustaste más tu -le susurra. Alex la observa sin comprender-. Le mostré una fotografía de ti y le pareciste muy guapo -le susurra la última palabra al oído.

Alex sonríe, aunque no muy convencido, pero ya no podía hacer nada, ella ya lo había hecho. La toma de un mechón de cabello y la obliga a presionar su boca con la suya, devorándola en un fuerte y apasionado beso; ella envuelve su cuello con sus brazos y él la pega contra su cuerpo. La eleva del suelo y la lleva a su escritorio tirando todo lo que se encuentra sobre este. Empieza a besar su cuerpo, comenzando por una de las alas del ave que se encontraba en su pecho izquierdo, tomando su pezón con su boca, que por el momento es el dibujo de un ala, luego comienza a bajar, pasando su lengua por cada borde del ave, recorriendo todo su cuerpo.

-Esta ave comienza a ser mi favorita -le susurra provocando que su piel se erice a rozarle con su aliento.

La besa de nuevo y una mano comienza a bajar hasta la humedad de la joven, luego se adentra con dos de sus dedos logrando que gima con vacilación. Lina se arquea conforme él le hace caricias en su interior con movimientos circulares. Cuando él quita sus dedos, Lina jadea en protesta, sin embargo, en segundos los reemplaza con su lengua; primero lengüetea para después succionar, muerde su duro botón para luego suavizarlo con su lengua, sopla y ella jadea su nombre. Alex hace fricción con su lengua hasta que la nota convulsionar por el orgasmo, la deja que se calme un poco, para después alzarla y llevarla contra la pared más cercana, apretándola contra esta y penetrándola sin previo aviso, arrancando gemidos de ambos.

Cada embestida era más profunda, provocando que Lina enloqueciera, mientras ella succiona su pene con sus músculos interno llevándolo a la perdición. Alex muerde su pezón causándole una mezcla de dolor-placer, besa su cuello logrando que la piel femenina se erice, muerde su labio inferior arrancándole jadeos, luego se lo succiona haciendo que sus labios fueran una extensión de los de él. Cuando siente que ella se tensa, arremete con más fuerza haciendo que Lina le clave las uñas en su espalda.

-Todavía no -exclama Alex-. Espérame.

Ella succiona con más fuerza su pene con sus músculos internos, con esa acción, Alex tira la cabeza hacia atrás cerrando los ojos, no quiere que acabe todavía, quiere tener más de ella.

-Alex...

-Ahora -enuncia, cuando no aguanta más.

Ella obedece y llegan juntos al sub espacio.

Perdiéndose el uno con el otro, temblando y jadeando se dejaron caer en un sofá que había a un lado de la habitación, con el ave fénix todo distorsionado por el sudor de ambos.

N/A 

Buenas brujas traicioneras!!

Esta semana comenzamos a subir sin detenernos, al fin!!! En esta semana tendremos la historia termina y así comenzaremos con la siguiente. Espero que les guste y haya valido la pena esperar.

Ahora sí, Nessa desaparece!! ;)

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