Capítulo 2

Los días pasaban demasiado rápido, pues ya habían pasado 4 meses, llegué al instituto y me enteré de que sería el último día de Alan, el chico de último año.

— Papasito — dijo Rita, cuando iba pasando Alan.

Él le sonrió y levanto una ceja.

— Ups. — ¿Qué fue eso? — preguntó Mayra.

— ¿No sabias, que estábamos saliendo? — dijo.

— ¿Enserió?

— Así es me ha comenzado, que le escribiste diciéndole que te gusta, y fue algo tan ridículo, porque él jamás se fijaría en ti, solo mírate, eres rogona y ofrecida.

— Cállate Rita — dijo Mayra enojada.

No quería ni siquiera ver al muy estúpido, el juraba que le dije que me gustaba, solo por un estúpido mensaje que decía: <<Hola, ¿Cómo estás? Espero que bien, solo quería decirte que desde hace mucho te estaba buscando>> hash maldición, es un puto cobarde.

— Supongo que pasará ¿no? — dijo Mayra preocupada.

— Pues, si me gustaba, pero no le dije que me gustaba.

— Lo se linda, ¿Has visto la cara de Rita?

Las horas pasaban y yo solo quería irme a casa, porque solo con verlo sentía paz y tranquilidad, esa tranquilidad que perdí desde el día que murió mi padre ya nada fue igual, y su rostro, todo de él me hacían sentir bien.

— ¿Qué haces aquí a esta hora? — pregunté a Mario.

— Hoy regresa William de Londres.

— ¿Quién es?

— Como no recuerdas a mi mejor amigo.

— La verdad estaba pequeña cuando tenías amigos, ¿Cuántos años crees que tengo?

— Cierto recuerdo, que tenías como 12 años.

— Y bueno, ¿será fiesta?

— De hecho, no, nos uniremos en la cafetería del padre de William, Alan pasara por mí.

Trago grueso, porque él dijo el nombre de Alan y al único Alan que conozco es ese…

— ¿Alan?

— Si, Alan, de hecho, me comentó que estaba en tu instituto.

— ¡¡Ay!!, mierda ¿enserió?

— ¿Pasa algo?

— Nada.

Corrí rápidamente a mi habitación, ¿Qué mierda acaba de pasar?

— Bueno, pequeña debo irme Alan esta abajo.

— ¿Aquí en la sala?

— ¿Qué pasa con Alan te gusta?

— Ay no que asco — dije haciendo una mueca de asco.

— Más te vale, porque solo usa a las chicas.

Me quedé muda y me fui a ver, y si era ese Alan, el cobarde ese que dijo que era ofrecido, aunque bueno solo lo vi de espalda.

— Jaz, ¿no iras al instituto? – pregunto mi hermano.

— Hoy no habrá clases.

— Entonces salgamos, hace mucho que no salimos.

— Vale, me alistó y salgo.

Mi hermano era lo mejor que podría tener en la vida, por él aún estaba viva, desde que perdimos a papá él trabaja día y noche para lograr pagar todo y que no, nos embarguen.

— ¿Lista, cielo?

— Si, vamos.

Me puse una falda corta de lona, camiseta, unos botines y una gorra de colores.

— Quiero presentarte a alguien.

— ¿A quién? — pregunté.

— Es mi mejor amigo.

— ¿Así?

De una camioneta se bajó un tipo de 1, 85 de altura, su cabello largo y negro, te-nía puesto un pantalón de ejercicio y una camiseta que marcaba sus cuadros, sus ojos negros y su piel morena, le complementaban su rostro.

— Hermano, cuanto tiempo sin verte, ayer no pude llegar, Mariana y Alan no deja-ban de molestar y mi padre me ha pedido que grabara un video para su cafetería.

— No te perdiste de nada igual, Alan llegó por mí, pero tuve que ir a ver a May.

— ¿May? No me digas que es mi mejor amiga, tienes 27 y ella tiene apenas 17.

— ¿Y que tiene? — preguntó el amigo de Mario.

— Se que tengo que contarte, pero después, por ahora quiero presentarte a…

— Enserió, es tu novia Mario, no me jodas esta súper chica para ti.

— ¿Qué? Ella es Jazmín, mi hermana menor.

El tipo, se quita la gorra rápidamente.

— ¿Jazmín, la niña que le decía a Alan que sería su novia?

Rápidamente borre mi sonrisa, ¿cómo es posible que yo dijera eso?

— Oye, has crecido mucho, te juro que si te encuentro a solas no te reconozco.

— Hace mucho que no te veía – dije con vergüenza.

— Claro tenías como 10 años, si no recuerdo mal, desde entonces te gusta Alan.

— No me gusta ese tal Alan.

— ¿Cómo no me recuerdas enana? — dijo desde lejos

Cuando me volteé vi que no era el mismo Alan, él es ojos marrones, piel blanca y mide 1, 69, es guapo, pero me alegro saber que no es el mismo.

— Así que ella es mi novia — dijo con risas.

— Eran locuras de niña, no me gustas ridículo.

— Que grosera — dijo William.

— Bueno, ya demasiado de tanta platica, vámonos ya.

— ¿A dónde iremos? — pregunté.

— A una cafetería queda cerca de tu instituto de hecho.

— ¿Nos iremos caminando?

— Como se te ocurre princesa — dijo William.

Sus ojos chocaban con los míos de vez en cuando, su mirada era muy hermosa y a la vez daba tranquilidad.

— Sube — dijo William detrás de mí.

Camine para subir en los asientos de atrás, me sentaría con Alan.

— ¿Puedes poner música?

— ¿Qué género te gusta? — preguntó William.

— ¿Puedes poner Auto Rojo?

— Oye, Mario tu hermana me encanta.

Lo mire con nervios, mis manos sudaban, no me gustaba, pero sentía su voz muy seductora, era muy agradable estar entre tres caballeros porque los conozco de años.

— Ya llegamos.

— Tu padre debe de estar bien enamorado, porque mira como diseño esta cafetería parece como para una cita.

— Sonrió — Claro. — respondió.

Alan y Mario se bajaron de la camioneta, yo seguía dormida con los audífonos puestos, mi cabeza estaba cerca del asiento de William, pero una voz me despertó, era como cuando te cae agua helada.

— Princesa ya hemos llegado — dijo quitando los audífonos.

Estábamos tan cerca que sentía su olor muy seco.

— ¿Dónde están los chicos? — pregunté, alejándome.

— Ya se fueron, solo faltamos nosotros dos.

— ¿Entonces que esperamos?

— Bueno primero estaba esperando que despertarás y segunda, porque me cambiaré de comisa — dijo, dejándose sin camisa.

— Saldré te espero afuera — dije.

— Claro — respondió.

Él se bajó de la camioneta y juntos salimos para la cafetería, era la misma a la que nos trajo Arthur el otro día.

— ¿Conoces a Arthur? — pregunté.

— Claro, él es mi hermanastro.

Era como el juego “los enredados” todo parecía salirse del plan.

Dicen que hay secretos que con el tiempo se revelan, porque ningún secreto se va a la tumba.

Capítulo 3

3

Un noviazgo actuado

Llegamos a la cafetería, y ahí estaba mi hermano junto a Alan, pero ahí no estaba solo ellos también estaba una chica junto a ellos, era muy guapa, era una gringa, su cuerpo era espectacular y todo parecía un enredó de mentes.

— Así que es por esta enana que me dejaste.

— ¿Qué haces aquí Mariana, pensé que ya estaba claro todo?

— ¿No encontraste a alguien mejor y más alta? — dijo la tipa enojada.

— Ella es…

— Y de qué sirve que tengas altura si tienes seco el cerebro — le dije en voz alta.

Quería matarme con la mirada, sus ojos eran de odio, Mario y William me lleva-ron a un lugar más discreto y me explicaron que hace mucho termino con ella y que si podía actuar.

— ¿Actuar? — pregunté.

— Actuar que eres mi novia – respondió William.

— ¿Y si me quiere matar?

— No es una asesina, tranquila.

— Gas, por favor esa loca nunca nos deja en paz y siempre quiere arruinar nuestras salidas — murmuró Mario.

— No me dejan otra opción, acepto.

— Gracias – dijo William agarrando mi cintura, le tocaba bajar un poco su altura, porque media a penas 1, 68.

— Bien salgamos entonces.

William, me tomo de la mano y salimos juntos, Mario nos seguía y no parecía molestarle en lo absoluto.

— ¿Dónde se conocieron? – dijo la tipa llamada Mariana.

Yo estaba muy nerviosa, aunque para ser sincera William no me gustaba como Alan y el hecho que he guardado un sentimiento que nadie sabe en algo horrible, porque todavía vienen a mi mente recuerdos de ese día, cuando la licenciada dijo mi nombre enfrente de todos, me dijo que era ofrecido, miles de inseguridades despertaron en mí, ya tenía dañada mi autoestima, y con eso fue peor.

— ¿Enserió necesitas saber? — preguntó William.

— ¿Por qué no vamos a acampar? — preguntó Alan.

— Vamos — dijo Mario a coro con William.

Pasamos por Mayra, mi mejor amiga era la novia de mi hermano, eso nos convertía en patas.

— ¿Por qué no me dijiste? — pregunté.

— Pensé que podría molestarte.

— Como crees, pensé que Mario era novio de William, pues solo hablando de él pasaba.

William miró a Mario y ambos se rieron, todos eran pareja, Alan le echaba el ojo a Mariana y a ella parecía que le gustaba.

— Son tres carpas — dijo Mario.

— Pero, todos somos parejas — dijo Alan.

William quedo muy admirado por lo que había dicho, parecía que aún no olvida-ba a Mariana, pero solo ellos sabían sus problemas.

— Mario — dije en voz baja.

— ¿Qué?

— ¿Dónde voy a dormir?

— Dormirás con William.

— ¿Qué? ¿Estás loco?

— Tranquila no eres su tipo.

Me quede callada y a la vez con mucha pena, porque dormiría con un hombre prácticamente, él era muy mayor que yo y eso era incomodo porque no es mi familia.

— ¿Vienes? — preguntó William.

— Si.

— Quizá más noche haga frío espérame aquí.

— Claro.

Pasaron unos minutos y William llevaba una cobija y un abrigo.

— Ya he regresado.

— Ya vi.

— Y bueno es bastante aburrido este tipo de eventos ¿verdad?

— No soy mucho de salir, así que supongo que está bien.

Él se acostó en la hierba y yo estaba sentada a la par suya.

— ¿Alguna vez te has enamorado? — preguntó.

— Supongo — dije con decepción.

— Sabes, yo amaba a Mariana, pero describí que ella me estaba engañando con un compañero y aun la amo, pero ella no cambia, es imposible olvidar a una persona luego de estar compartiendo tus problemas y tus metas.

— ¿No tienes celos que duerma con Alan?

— ¿Alan?

— Dormirán juntos.

— Ellos son primos.

— Mierda.

— Dicen que entre primos se arriman, así que puede ser.

— ¿No te molesta?

— Si me molesta, pero soy una persona madura.

— Entiendo.

Era un momento muy bonito, porque el cielo estaba muy bonito apunto de que empezarán a alumbrar las estrellas.

— ¿Qué hay de ti? ¿Has tenido novio?

— No.

— Nada, no te creo.

— Pues, una vez conocí a un chico Alan era su nombre, él estaba haciendo sus prácticas en mi instituto y después de tanto buscarlo en redes lo encontré, hablamos mucho, le comenté que quería escribir artículos y él dijo que con gusto les echaría una vista.

— ¿Qué paso después?

— Él le dijo a la directora y todos se burlaron de mí, porque ella lo dijo en público.

— Que cobarde, pero quizá no te conviene tener novio ahorita, me refiero a un no-vio de verdad, porque nosotros no somos, eres muy linda y sé que serías una excelente novia — dijo viéndome.

— Gracias — dije.

— Supongo que tenemos que dormir.

— Ve tú, el cielo está muy lindo y quiero verlo.

— Espérame aquí.

— Claro.

— Listo, ya estoy aquí — dijo.

— Que rápido.

— ¿Quieres posar?

— ¿Cómo?

— Me refiero a que, si puedes posar para una foto, traje mi cámara.

— Voy — dije muy feliz.

Él no paraba de darme instrucciones para posar bien, era como un momento muy romántico.

— ¿Ese tal Alan, era guapo? — preguntó.

— Mucho — dije, suspirando.

— ¿Y crees que besaba como yo?

— ¿Qué?

— Nada, olvídalo, es que aun no comprendo a ese pendejo.

Los dos nos quedamos en total silencio, era incomodo lo que él había dicho.

— Y bueno supongo que tendremos que dormir juntos, no creo que se moleste Ma-rio total él está muy ocupado en estos momentos.

— Reí a carcajadas.

— ¿No te molesta que duerma contigo?

— Para nada, escucho música antes de dormir, espero que no te moleste.

— Podemos escucharla juntos.

— Pero son pata una persona.

— Le das el volumen — dijo seguro de lo que estaba diciendo.

— Bueno, entonces vamos.

— Vamos — dijo tomando mi mano.

Llegamos y ambos nos tiramos al suelo donde dormiríamos

— Hace calor y si no te molesta me quitaré la camisa.

— No hay problema — dije nerviosa.

Se quito la camisa y se dejó solo en pantalón, yo aún estaba con la falda, la camiseta y los calcetines, estaba muy nerviosa, ¿en qué me metió mi hermano? Él supuestamente dormiría sin camisa, pero luego

él busco una camiseta en su bolsón, así que estaba más confiada y menos nerviosa.

¿Podría yo enamorarme del mejor amigo de mi hermano?

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