Caminé a paso rápido hacia dónde se encontraba mamá, sólo le hacía falta meter una maleta.
—¿Escuchaste eso? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.
Mamá frunció el ceño.
—¿Qué cosa? —preguntó, caminando a la puerta principal.
Estar dentro de la casa no es mala idea. La seguí y cerré la puerta tras de mí, asegurándome de que no quedara nada afuera.
—Un aullido... —murmuré a lo bajo.
Mi mamá se volteó a verme con su ceño fruncido. Al parecer no lo escuchó.
—¿Aullido? Yo no escuché nada. —respondió.
¿Será que lo imaginé?
No puede ser, se escuchó muy real.
—Yo lo escuché..., Mamá, —la llamé, ella volteó a verme—Hay lobos aquí.
Me quedó mirando por unos segundos para después ponerse a reír.
—Por favor, Carolina, no lo dije tan literal cuando veníamos en el auto. Aquí no hay lobos, quizá lo que escuchaste fue un... Perro. —subió las escaleras. —Preparate para mañana, tienes escuela.
Maldita sea. Algo me dice que mañana será un día muy largo. Mamá y yo habíamos dejado las cosas en los cuartos, mañana por la tarde las tendría que organizar, ésta semana sería de mucho trabajo para nosotras. La casa por dentro no estaba nada mal. Tenía un sofá grande color café y dos pequeños, en el centro había una mesita sin nada arriba. Tenía un televisor un poco grande que, al verlo a él, también mirabas el lago por la ventana que estaba justo a la par.
***
A la mañana siguiente no quería levantarme pero de malas lo hice. Mamá llamó muy temprano a un mecánico para que revisara el auto que habíamos dejado en medio de la nada, afortunadamente lo hizo y ahora estaba como nuevo.
Estaba terminando de desayunar, dejé el plato en el fregadero y subí a mi habitación para cepillarme los dientes, cogí mi mochila y bajé las escaleras. Mamá me estaba esperando en el auto, hoy era su primer día de trabajo.
Salí y el olor a bosque se sentía. Lo único que se escuchaba por aquí cerca era el sonido de los pajaritos y uno que otro animal. Es allí cuando me acuerdo del aullido que escuché, y sí fue real.
—¡Carolina, llegarás tarde! —me apuró mamá.
Salí de mis pensamientos y subí al asiento co-piloto. Mi nueva escuela me esperaba. Mamá puso en marcha el auto, teníamos que recorrer unos cuantos kilómetros.
Íbamos por la mitad del camino, en eso los mismos coches de ayer salieron del desvío que miré. Mamá frenó un poco para dejarlos ir adelante.
—De seguro alguno de ellos será tu compañero. —susurró ella, acelerando.
Solo espero que no.
Después de un rato ya habíamos llegado al centro del pueblo, las personas empezaban a abrir sus tienas. Mamá se detuvo frente al enorme edificio llamado escuela. Admito que estoy un poco nerviosa.
Los coches que venían frente a nosotras se estacionaron en el parqueadero de ésta. Pero aún no salieron.
—Nos vemos luego... —me despedí de ella, bajando del auto y cerrando la puerta.
—¡Haz muchos amigos! —exclamó a mi espalda.
Por Dios, no estoy en la primaria. Le di una mirada de advertencia, ella sólo sonrió y se fue.
Los alumnos empezaban a llegar, los coches de lujo no se hacían esperar. Antes de entrar por la puerta principal observé al chico que iba bajando del coche que ayer venía atrás de nosotras. Vestía unos vaqueros negros, camiseta blanca y traía su cabello despeinado. Dios, me vine a meter a una agencia de modelaje. Ese chico era perfecto.
Su mirada se encontró con la mía. Era profunda, cautivadora. Él tenía una chaqueta negra en la mano y sin quitar la vista de mí se la empezó a poner. Desvié la vista para que no crea que me quedé admirada por su belleza. Apuesto a que debe de ser el típico chico popular aquí. Me adentré al colegio. Sentía mi corazón latir a mil por hora. Lo que si no me pasó por alto fue la rara sensación que sentí dentro de mí cuando nos miramos.
Me olvidé de lo que pasó y fui en busca de la dirección. Necesitaba buscar mi horario. Doblé a un pasillo y allí estaba. Toqué la puerta.
—Adelante —se escuchó decir al otro lado.
Abrí la puerta encontrándome con una señora de unos cuarenta años, usaba lentes y su cabello en un moño apretado.
—Buenos días, soy nueva, vengo por mi horario.
Elevó su vista.
—Sí, dijeron que vendrías hoy. —buscó en una carpeta los papeles y me los entregó.
Rápidamente los tomé.
—Suerte en tu primer día. —sonrió y luego volvió a lo suyo.
—Pues... Gracias. —titubié. Salí de la dirección mientras leía mi horario, tenía español a primera hora y después historia. Clases aburridas.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes, todos platicando animadamente con sus amigos o amigas. Yo no sé si haré algún amigo por aquí. Busqué con la mirada al chico del auto pero no lo encontré.
Subí las escaleras al segundo piso y busqué mi salón.
5B. 5B. 5B. Lo encontré. No había ningún estudiante, en parte lo agradezco, me senté en la silla última en una esquina en donde estaba una enorme ventana que daba al parqueadero. Entonces lo miré. Allí estaba con sus amigos apoyado en su carro. Había chicas alrededor de ellos. Él tenía una a la par.
Qué creía, si deben de ser los más populares de este colegio, y los más mujeriegos me imagino. Pero él estaba como ido. Pensando en otra cosa.
—Hola... —dijeron a mis espaldas.
Me di la vuelta inmediatamente, llevándome la mano a mi pecho. Me había asustado.
—Me asustaste. —le dije a la chica que se sentó a la par mía.
—Lo siento... —susurró ella. —Eres nueva, ¿verdad? —preguntó.
—No, he estudiado toda mi vida aquí pero al parecer soy invisible porque nadie, hasta hoy, me habían visto. —respondí sarcástica.
Ella rió.
—Me gusta tu sarcasmo. Por cierto, soy Anne. —se presentó.
Anne era delgada, cabello café y muy bonita. Creo que ella y yo nos vamos a llevar muy bien. Lo sé porque tengo el don de saber quiénes son buenas personas y quiénes no. Y Anne era tímida y sincera. Aunque también pude percibir algo de temor en ella. Insegura.
—Carolina. —sonreí.
La campana sonó anunciando la entrada a clases. Los alumnos empezaban a llegar, algunos me miraban ceñudos, otros me sonreían, otras ni me volteaban a ver.
***
Era hora de ir a la cafetería, Anne y yo íbamos en el camino cuando una chica empujó a Anne haciendo que se tambaleara.
—Hey, fíjate por donde caminas. —espeté.
La chica se volvió a mí, lo suponía, es una de esas malditas plásticas que se creían superior a las demás. Como las odio. Ella vestía un short de tela fina color rosa pastel y una camisa que lleva por dentro color blanca, su saco también era del mismo color del short y su cabellera rubia estaba suelta. Su cabello era largo y liso, sus aires obviamente eran de grandeza y tenía esa típica sonrisa que hacía inferior a las demás. No me pasó desapercibido su collar de perlas.
—¿Disculpa? —se cruzó de brazos.
Sonreí.
—Te disculpamos, sólo no lo vuelvas a hacer. Adiós.
Al girarnos nos encontramos con tres chicas más impidiéndonos el paso. Una era morena alta, la otra era cabello negro y un poco mas baja que la otra. Y la última chica era algo mas mayor y hasta parecía que era la centrada del grupo. Era peliroja y de mi estatura.
—Carolina, no le hubieras dicho nada. Éstas chicas son peligrosas. —susurró Anne a lo bajo. La pobre estaba con miedo.
Pero yo no. No les tengo miedo. Los pasillos estaban solitarios debido a que todos estaban en la cafetería.
Me giré hacia la plástica mayor.
—¿No puedes sola conmigo que tienes que llamar a tus guardaespaldas? —inquirí.
Ella abrió la boca del asombro. Al parecer no esperaba esa reacción.
—No te había visto por aquí, supongo que eres nueva. —se acercó un poco.
Enarqué una ceja y aplaudí.
—Que inteligente eres... —me burlé.
La chica se enfureció más.
—Veo que no te han contado. Aquí la que manda soy yo... Y mi novio, claro, somos los más respetados y tú... Vas a aprender a respetarnos.
Elevó su mano y la estampó en mi mejilla haciendo que mi rostro se girara.
La miré con la sangre hirviendo. Ésta me las paga.
Elevé mi mano y también se la estampé en su mejilla. Mierda, dolió. Ella no aguantó y se abalanzó sobre mí, cayendo las dos al suelo.
Dedicado a GabycgStyles ♥
Tenía encima a Paige, así se llama ésta, me di cuenta por como gritaban su nombre apoyándola. Se podría decir que el alboroto hizo que todos los que estaban en la cafetería vinieran a ver la pelea. Tiré de su cabello fuertemente haciendo que pegara un grito ahogado. Hice un movimiento rápido y ahora yo era la que estaba encima de ella. La tenía del cuello, no sé pero cuándo me enojo mucho no me puedo controlar.
—¡Suéltame...! —chilló ella, mientras con sus manos tiraba de mis cabellos. Estábamos igual, si ella no me soltaba yo tampoco.
—Te enseñaré a respetar. —espeté entre dientes.
Unos brazos me rodearon por la cintura haciendo que soltara a Paige.
—¡Suéltame! —pataleé.
Pero no me soltaba, me tenía agarrada.
Miré cómo el chico del auto auxiliaba a Paige, mientras ella lloraba sobándoce el cuello.
De pronto escuchamos sonar un silbato muy alto que casi nos dejaban sordos. Se hizo un absoluto silencio. La directora venía echando humo. Oh, no. Creo que estoy en problemas.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó con voz autoritaria. Luego nos miró a ambas. —Esto no es un ring de boxeo para que se estén dando golpes a mitad del pasillo.
Miré a Paige, ella me estaba mirando. Había furia en sus ojos, demasiada, juraría que los veía negros, mucho más de lo normal. Ella miró mi desconcierto y dibujó una sonrisa maligna que me causó escalofríos.
—Ustedes dos, —señaló al chico que me sujetaba y al otro que tenía a Paige, que por cierto parecía furioso, pero no me miraba a mí, miraba en dónde el chico me tenía agarrada. —Tráiganlas a mi oficina. —ordenó y dio media vuelta.
Los demás alumnos volvieron a la cafetería hasta que sólo quedamos los cuatro en el pasillo. Forcejeé para que el chico me soltara hasta que lo hizo. Me giré para verlo y me acomodé el cabello.
Era guapo, alto, tenía un muy buen cuerpo y por lo que pude sentir es fuerte. Usaba una camiseta color verde y unos vaqueros negros. Su cabello estaba entre despeinado y revuelto, algo así como si se lo hubiera estado desarreglando él mismo. Lo miré a los ojos, también tenía una mirada muy profunda. ¿Qué pasa en este pueblo?
—Ven, tenemos que ir a la oficina de la directora. —tomó mi brazo, delicadamente. Lo aparté de inmediato.
Escuchaba lloriquear a Paige. El chico no le ponía demasiada atención. Caminé, adelantándome, hacia la dirección. Poco después escuché pasos detrás de mí, y el chico que me separó se posicionó a la par mía.
—No te había visto por aquí, ¿eres nueva? —preguntó, sonriendo.
—Otro... —murmuré más para mí. Joder, es obvio que soy nueva.
—Disculpa, no escuché. —objetó, acercándose un poco, poniendo su mano en la oreja.
Respiré profundo.
—Sí, soy nueva. —respondí. —Me llamo Carolina, por cierto.
Él sonrió.
—Soy Connor. —estrechó su mano. La tomé.
Llegamos a la dirección y me senté en una silla, Paige se sentó en otra a la par mía. Connor y el otro chico, que todavía no sé como se llama, estaban de pié.
—Muy bien, Señoritas, ¿porqué ha sido el pleito? —preguntó, tratando de no sonar alterada.
—Ella comenzó... —dijimos las dos al unísono.
Me enojé más.
—Ella me pasó empujando cuando ibamos por el pasillo y después me bofeteó sin tener motivos. —le dijo Paige.
Abrí mi boca del asombro. Qué mentirosa.
—Eso no es cierto, —le dije a la directora—Que mentirosa eres. —miré a Paige.
La directora resopló.
—¿Saben qué? Como ninguna me va a decir la verdad, yo misma lo averiguaré. —se dio la vuelta y tecleó algo en su computadora, de ella salieron unos cuadros como cámaras de seguridad. —Con estas nuevas cámaras ahora sí pondré orden en la escuela.
Salió la imagen del pasillo en que estábamos nosotras, la atrasó a la hora que tocaron la campanilla y la dejó. Se miró que los chicos estaban saliendo, luego me miré a mí con Anne, se miró donde Paige la empujó, yo la defendí, ella me cacheteó, le respondí y bueno... La pelea.
La directora apagó la computadora y nos miró.
—Su primer día, Señorita Lane. —me miró—. Serán suspendidas por hoy.
¡¿Qué?!
Mi mamá va a matarme.
—¡Pero, Señora Directora...! —chilló Paige.
Ella la cayó.
Yo no dije nada... ¿Y qué esperaba? ¿Que me dieran un premio?
Bufé.
—Kayler, —se dirigió al chico detrás de Paige. Con que se llama Kayler. —Lleva a Carolina a su casa, tengo entendido que son vecinos. Cuidala, ¿quieres?
¿Qué?
Hay, no. No puede ser.
—Connor, llevate a Paige. —finalizó ella y nos señaló la salida.
Me levanté a paso rápido y salí casi corriendo de allí, si tenía suerte podía escapar de Kayler y irme caminando yo sola. No quiero estar sola con él en un auto, me intimida, su mirada intensa hace que me olvide de todo y provoca muchas cosas en mi que, sinceramente, no quiero lidiar con eso ahora.
Conozco a los chicos como Kayler, arrogantes, manipuladores, celosos, mujeriegos. Me imagino que Paige es su novia. Todavía se atrevió a decir esa estúpida que ella y él son los que mandan en ésta escuela. Son ridículos.
Iba saliendo de la escuela cuando unos brazos me detuvieron, su agarre era fuerte, pero no para hacerme daño.
—¡¿Qué te pasa, idiota?! —espeté, sin mirar quién era.
Me giré. Era él. Kayler. Tenía una sonrisa burlona en su cara.
—¿Huyendo? —inquirió divertido, levantando una ceja.
Rodé los ojos.
—Por supuesto que no... Ah, y no te molestes, puedo caminar a casa, no necesito que nadie me lleve. Adiós. —me giré para seguir mi camino pero él fue mas rápido y me volvió a tomar del brazo.
Su toque era cálido.
—No creo que te quieras ir sola... El bosque no es muy seguro. —comentó arrugando la nariz, lo dijo como si sabía muy bien lo que había en él.
Me crucé de brazos.
—No me importa —espeté.
Su semblante se tornó serio. Apretó un poco la mandíbula, al mismo tiempo que también miré que apretaba los puños. Su mirada se estaba oscureciendo, tal y como había visto a Paige hace un momento. Me dio miedo, sí.
—Veo que eres indomable, no te gusta ceder, ¿verdad? —inquirió— Pero tú, mi querida Carolina, vendrás conmigo por las buenas o por las malas.
En un abrir y cerrar de ojos me encontraba flotando en el aire. Kayler me estaba cargando en su hombro.
Maldita sea.
—¡Bájame! —pataleé. Escuché la puerta de un coche abrirse, entonces Kayler me sentó en el asiento co-piloto y puso mi cinturón. Cerró mi puerta y él subió al asiento conductor. Éste era el jeep que había visto ayer. Sus asientos eran finos y estaban casi nuevos.
—Conozco a los que son como tú... —murmuré, mientras él ponía el coche en marcha.
—¿Ah, si? —cuestionó burlón, como si le divertía lo que yo decía. Encendió el auto y arrancó dejando la preparatoria atrás.
Asentí sin mirarlo.
—Les gusta que las personas hagan lo que les plazca. Pero yo no soy así, no me gusta obedecer a nadie. —espeté. —Tu noviecita es prueba de ello.
Él rió.
—Está bien, pequeña Carolina, como tú digas. —no sonó muy convincente.
Lo miré con el ceño fruncido, es como si no tomara en serio lo que yo digo. Me quedé en silencio observando el bosque, ya estábamos entrando en él. No sé porqué mamá tuvo que escoger una casa en medio del bosque. Me da cierto temor. Viene a mi mente el aullido que escuché ayer. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Siendo sincera me da miedo estar sola en casa.
—¿En qué piensas que te pusiste tan pálida? —preguntó el idiota a mi lado.
Cerré los ojos por un segundo. No sé si debería de contarle lo del lobo, pero tal vez él sepa si hay o no, al fin y al cabo él ha vivido más tiempo aquí que yo.
—Tú... ¿Tú sabes si en este bosque hay animales salvajes? —pregunté. —¿Como lobos y eso?
Miré cómo se tensaba y apretaba el volante un poco fuerte.
—No lo sé... Nunca he visto uno. —respondió cortante. —¿Te asustarías si los hay? —me miró.
La respuesta era obvia.
—Sí, claro que sí. Vivo sola enmedio del bosque, y saber que estoy rodeada de lobos salvajes me aterra. —confesé.
Se quedó en silencio un momento, quizás meditando lo que le había dicho.
—Es lógico. —susurró. —Pero no te asustes, conmigo nada te puede pasar.