Portada de la novela Embarazada del CEO Viudo

Embarazada del CEO Viudo

9.6 / 10.0
Alicia, una joven niñera, ve su destino transformado tras un encuentro apasionado con el poderoso viudo Ricardo Fernández. Al descubrir su embarazo, opta por el silencio, pero el paso del tiempo y el parecido de su hijo la fuerzan a revelar el secreto. Para salvaguardar su reputación ante un posible escándalo, el CEO le plantea un matrimonio pactado. Lo que inicia como un acuerdo gélido evoluciona hacia un amor genuino que les permite sanar viejas heridas.

Embarazada del CEO Viudo Capítulo 1

Alicia había estado evitando los eventos sociales desde que había terminado con su último novio. La ruptura había sido dolorosa, y la idea de asistir a una fiesta llena de desconocidos no le parecía atractiva. Sin embargo, su amiga Beatriz insistió, casi a la fuerza. Beatriz había estado en lo suyo durante meses, mantiendo a Alicia ocupada con su trabajo como niñera, pero ahora quería que se "divirtiera" un poco.

"¡Vamos, Alicia! Necesitas salir, despejar la cabeza. Nada de pensar en lo que pasó, solo disfrutar," dijo Beatriz, mientras sujetaba firmemente a Alicia, que trataba de encontrar excusas.

Alicia suspiró, mirando la invitación que Beatriz le había entregado. "No sé, Bea. ¿No es una gala empresarial? ¿Y tú sabes que yo no soy de esos ambientes? A mí lo que me gusta es la tranquilidad de casa."

Beatriz le hizo un puchero. "Te lo prometo, será una oportunidad para que te distraigas. Además, es una fiesta benéfica, y tus encantos van a robarle el aliento a más de uno."

Alicia se sintió incómoda con la idea, pero al final cedió. "Está bien, está bien. Iré, pero solo porque me lo pides con esos ojos."

La noche de la fiesta, Alicia se encontró parada frente a su espejo, vistiéndose de manera sencilla pero elegante. Una blusa de seda blanca, pantalones oscuros de talle alto y unos tacones cómodos. No quería llamar la atención, no quería ser el centro de nada. Simplemente quería pasar desapercibida, como siempre.

Beatriz, como era de esperar, brillaba en la multitud. Alicia la seguía por el salón, con la sensación de estar demasiado fuera de lugar. El espacio era lujoso, con luces suaves que iluminaban las caras de personas adineradas y sofisticadas. La música suave de un cuarteto de cuerdas llenaba el ambiente, y la gente reía y conversaba mientras se entrelazaban copas de vino.

Alicia se sentía como una intrusa, pero Beatriz la animaba a relajarse. "Vamos, solo un trago, solo uno, y ya verás cómo empiezas a disfrutar."

Fue entonces cuando lo vio.

Ricardo Fernández estaba parado cerca de una mesa, sosteniendo un vaso de cristal mientras conversaba con un grupo de hombres. Su presencia era imponente, pero no por su estatura, sino por la forma en que dominaba la sala sin hacer nada. Con su traje oscuro y perfectamente ajustado, y esa mirada profunda que parecía no perderse de nada, era claro que no era el tipo de persona que pasaba desapercibida.

Alicia intentó evitar su mirada, pero fue imposible. Al igual que los demás en la sala, se sintió atraída por la intensidad de su presencia. A pesar de estar rodeado de un grupo de personas, Ricardo se veía distante, como si todo lo que ocurría a su alrededor no le interesara. Era el tipo de hombre que imponía respeto, sin necesidad de levantar la voz ni hacer ningún esfuerzo por demostrarlo.

Beatriz, notando que Alicia no podía apartar la vista de Ricardo, sonrió con malicia. "¿Te gusta?" preguntó con una sonrisa pícaro.

"¿Qué? No... no, para nada," respondió Alicia, desvió la mirada rápidamente, sintiéndose algo avergonzada. "Solo... solo lo miraba."

Beatriz, sin embargo, ya había comenzado a caminar hacia donde estaba Ricardo. "No me hagas caso. Vamos a acercarnos. Quiero conocer a alguien importante hoy."

Alicia trató de detenerla, pero Beatriz ya había llegado al grupo de hombres, incluyendo a Ricardo. "Perdón, ¿me permiten unirme?" dijo Beatriz con una sonrisa encantadora, haciendo que todos en el grupo giraran hacia ella. Alicia se acercó con cautela, aunque sin mucha emoción.

"¿Esta es tu amiga?" preguntó uno de los hombres del grupo mientras le echaba un vistazo a Alicia. No pudo evitar sentirse pequeña, como si no perteneciera a ese mundo.

Alicia, con algo de incomodidad, sonrió y asintió. "Sí, soy Alicia," dijo, extendiendo una mano.

Ricardo la miró por un segundo, sus ojos oscuros analizándola de arriba abajo. En sus ojos había una calma inquietante, como si estuviera acostumbrado a ver a muchas personas, pero pocas eran dignas de su atención.

"Ricardo," dijo, sin mucho interés, pero su voz sonó profunda y resonante. "Un placer."

La conversación giró rápidamente hacia otros temas, pero Alicia no pudo dejar de notar cómo, de vez en cuando, Ricardo deslizaba su mirada hacia ella. No era un vistazo obvio, sino algo sutil, que hacía que Alicia se sintiera incómoda y, a la vez, fascinada.

Poco después, Alicia encontró la excusa perfecta para retirarse de la conversación. No estaba acostumbrada a estar rodeada de tanta gente desconocida, y la presión social la estaba agobiando. Beatriz estaba demasiado ocupada conversando con otros empresarios para notar su partida, así que Alicia se desvió hacia una esquina tranquila del salón.

Se sirvió una copa de vino y se sentó en una de las sillas vacías, dejando que el ambiente de la fiesta pasara de largo a su alrededor. Cerró los ojos, buscando algo de paz, cuando la voz de Ricardo la interrumpió.

"¿Te parece tan aburrido como a mí?" dijo, haciendo que Alicia levantara la vista rápidamente. Ricardo había aparecido de la nada, su figura alta y elegante destacándose entre la multitud.

"No, no es aburrido," respondió Alicia, aunque su tono fue más inseguro de lo que hubiera querido. "Es solo que no estoy acostumbrada a este tipo de eventos."

Ricardo se acercó un poco más, tomando una silla vacía frente a ella. La miró de manera evaluativa, como si estudiara algo que no podía descifrar. "Supongo que no. Aunque, lo cierto es que no hay mucho de interesante aquí. Son demasiadas sonrisas falsas, ¿no?"

Alicia se rió con suavidad, sintiendo una chispa de conexión que no esperaba. "No soy muy buena leyendo gente, pero supongo que tienes razón."

"Es curioso," dijo él, inclinándose un poco hacia ella. "Porque en este tipo de eventos todo se trata de impresionar. Pero a veces lo que realmente importa está fuera de estas paredes. A veces, las cosas más simples son las más reales."

Alicia lo miró, sorprendida por la profundidad de sus palabras. "¿Y tú qué haces en estos eventos si todo te parece tan... superficial?"

Ricardo se encogió de hombros, con una sonrisa que no llegó a sus ojos. "A veces, hay que hacer lo que se espera de uno."

Hubo un silencio entre los dos, un silencio que se sentía cargado de algo inexplicable. Alicia miró su copa, evitando su mirada. A pesar de todo, la presencia de Ricardo le provocaba una sensación de incomodidad y fascinación al mismo tiempo.

"Bueno, creo que voy a volver a buscar a Beatriz," dijo Alicia, levantándose de su asiento. "Gracias por la conversación."

Ricardo asintió, pero antes de que pudiera alejarse, le dijo: "No es un problema. Si alguna vez quieres hablar de algo fuera de todo esto... ya sabes dónde encontrarme."

Alicia le lanzó una mirada fugaz, sin saber exactamente qué pensar de él. Algo en su tono había sido diferente a lo que había esperado. No estaba seguro si estaba siendo amable, distante, o simplemente educado.

Se despidió rápidamente y se alejó, sin darse cuenta de que, mientras lo hacía, Ricardo la observaba con atención, como si algo en ella hubiera capturado su interés.

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