Capítulo 2

"Ella es la médica que estuvo de turno anoche; la doctora Debora Griffith", informó el director del hospital.

El asistente de Isaac, Willie Calderon, entró en la sala y echó un vistazo al nombre que estaba escrito en la bata de la mujer. "Venga conmigo".

"¿A dónde vamos?", preguntó ella, comprensiblemente confundida.

Sin embargo, el director no tenía el más mínimo interés en responder a su pregunta, simplemente tiró de ella con bastante fuerza e instó: "Anda. No haga esperar al señor Johnston".

Poco después, Debora se encontraba en la oficina del director del hospital, donde Isaac estaba sentado en el sofá, con su cuerpo esbelto y musculoso recargado en una posición casual y sus largas piernas cruzadas frente a sí. Se necesitaba un ojo muy agudo y una mirada más cercana para darse cuenta de que sus labios estaban más pálidos de lo normal.

Por suerte, el olor del desinfectante que impregnaba las paredes del hospital enmascaraba el olor a sangre que su piel emanaba.

En aquel momento, ya había cambiado de un traje negro sólido, que también ayudaba a enmascarar las manchas rojas, las cuales de otro modo habrían alarmado a todos a su alrededor. Había un dejo de dureza en su expresión, el cual le decía a la gente que se había ido al infierno y había regresado, y que no era alguien con quien podían meterse.

Willie se acercó al sofá y se inclinó para susurrar al oído de su jefe: "Las grabaciones de las cámaras de vigilancia de anoche fueron manipuladas deliberadamente, probablemente por sus agresores, para asegurarse de no dejar ninguna huella y eliminar cualquier posible evidencia. Ella es la doctora Debora Griffith, la residente que estuvo de turno anoche. El mismo director del hospital me lo confirmó. También revisé dos veces los registros, así que estoy seguro de que es ella".

Solo entonces Isaac levantó la vista.

Debora jadeó con asombro cuando se dio cuenta de que el hombre que tenía delante era el jefe de la Corporación Paramount.

"¿Tú eres la persona que me ayudó anoche?", preguntó Isaac, mirándola de pies a cabeza.

Inmediatamente, ella agachó la cara, incapaz de encontrarse con la mirada intimidante del hombre.

"Sí... Fui... yo". No estaba segura de qué se trataba todo eso, sin embargo, sabía que lo mejor para ella sería que Isaac Johnston estuviera en deuda con ella, ya que eso significaría obtener algunos beneficios.

Dio la casualidad de que el Hospital Central Militar estaba a punto de seleccionar candidatos para que realizaran su pasantía.

Y aunque no estaba estipulado como tal, todos en la industria sabían que los pasantes eventualmente se mudarían a su lugar de trabajo y prácticamente permanecerían ahí.

Para colmo, el Hospital Central Militar tenía acceso a recursos que eran mucho mejores que los de ese hospital.

En ese par de minutos, Debora planeó acercarse a Isaac con la esperanza de usar sus conexiones para ingresar al mejor hospital de la ciudad.

"Puedo compensarte de la forma que quieras, incluso con el matrimonio".

De repente, la voz fría de Isaac interrumpió sus pensamientos. Todo ese tiempo, el rostro del hombre había lucido distante, pero el recuerdo de lo que sucedió la noche anterior suavizó la línea dura de su boca.

"Bueno... Yo...", tartamudeó ella, pues eso fue mucho más de lo que se había imaginado, tanto que trataba de adivinar lo que había sucedido.

"Búscame una vez que hayas tomado una decisión". Después de hacerle un gesto a Willie para que le diera su número de contacto a la chica, Isaac se puso de pie.

Al ver eso, el director del hospital se apresuró y se ofreció a acompañarlo fuera del edificio.

"No será necesario", replicó Isaac, cuyo comportamiento se volvió frío de nuevo. Luego se detuvo, como si se le hubiera ocurrido algo, se volvió hacia el director y le dijo: "Por favor cuídela".

"Por supuesto", contestó el hombre con una sonrisa ensayada.

Después de asegurarse de que estaban fuera del alcance del oído, Willie se acercó sigilosamente a su jefe y, en voz baja pero urgente, le dijo: "Señor, usted ya está casado. No creo que el matrimonio sea una opción viable para la señorita Griffith. Debería rescindir ese ofrecimiento...".

A Isaac se le torcieron los labios ante la mención de su matrimonio, y su rostro se ensombreció aún más cuando pensó en la mujer con la que se había visto obligado a casarse. "¿Quieres morirte?", le preguntó en tono amenazante.

Reparando en que había dicho algo inapropiado, Willie se estremeció y no pudo evitar preguntarse quién había hecho enfurecer más a su jefe, si su supuesta esposa o la persona que estaba detrás del ataque de la noche anterior.

Mientras tanto, Camila regresó a la villa que debía compartir con su marido.

El ama de llaves de mediana edad, Glenda Rivera, la recibió en el vestíbulo con el rostro marcado por la preocupación. "Señora, ¿por qué pasó la noche fuera?".

"Tuve que cubrir el turno de una colega", respondió ella, cuyos ojos estaban enrojecidos y le picaban por el agotamiento.

Al percatarse de eso, Glenda decidió no presionarla más.

Camila, por su parte, subió las escaleras y de inmediato se metió en la bañera. Sin darse cuenta, sus pensamientos regresaron a la noche anterior, a la vez que sus mejillas se sonrojaban sin poder evitarlo. Tomó aire y se hundió en el agua, como para escapar del inquietante recuerdo.

Sus sentimientos al respecto eran complicados y no sabía por dónde empezar.

Ni siquiera tenía idea de qué tipo de persona era ese hombre.

Más importante aún, estaba casada, lo que le provocó una punzada de culpabilidad. A pesar de las circunstancias que los habían llevado a su situación actual, el hecho era que ella e Isaac eran marido y mujer.

Cuando terminó de bañarse, se vistió y se preparó para volver a salir.

Como era de esperar, Glenda se preocupó por ella cuando la vio bajar las escaleras. "¿Volverá a salir tan pronto? ¿Por qué no desayuna primero?".

Camila miró la hora, después de lo cual respondió: "No, gracias. Llegaré tarde al trabajo".

Glenda sabía que la joven era médica, así que no le pareció raro que pasara una cantidad excesiva de tiempo en el trabajo. "Al menos beba esto. Cuidado, está caliente", dijo mientras le entregaba un vaso de leche.

"Gracias", respondió Camila en voz baja, conmovida por la preocupación de Glenda.

"De nada", respondió esta última, sonriendo amablemente.

Si bien el matrimonio entre Isaac y Camila había sido forzado, ella no menospreció a su patrona por eso. Por el contrario, aun sin el título de esposa de Isaac Johnston, la aludida era una médica profesional, y eso la hacía más que digna de respeto.

Después de terminarse la leche, Camila le devolvió el vaso a Glenda y salió.

Cuando llegó al hospital, no fue directamente a la sala de descanso del personal. A decir verdad, salió de casa temprano porque antes de comenzar su turno necesitaba ir al Departamento de Pacientes Internos.

Su mamá se encontraba ingresada en la unidad de cuidados intensivos.

Ella entró silenciosamente en la habitación y comprobó la condición de su mamá. Al notar que su estado aún era grave, le dio un vuelco el corazón.

Desafortunadamente, su madre sufría de insuficiencia cardíaca y su condición era crítica. La única forma de que ella se mantuviera viva era un trasplante de corazón, el cual naturalmente costaría una fortuna.

La principal razón por la que Camila había accedido a casarse con Isaac fue que su papá la había amenazado con retener el dinero necesario para la cirugía de su mamá.

Ahora que ella se había casado, y como su papá se lo había exigido, todo lo que necesitaban era un donante compatible de corazón.

Camila le dirigió una mirada amarga a la mujer en coma y susurró con voz algo temblorosa: "Haré que te recuperes. Te lo prometo".

Su mamá era la persona más cercana a ella, su principal apoyo y confidente.

En ese momento, sonó su celular.

De inmediato, lo sacó de su bolsillo y respondió la llamada.

"¡Mila, necesito que me hagas un favor!", exclamó una voz masculina.

Capítulo 3

El hombre al otro lado de la línea era Forrest Walters. A pesar de que era dos años mayor que Camila, habían estudiado juntos en la facultad de medicina. Cuando se graduaron, se fue al extranjero para continuar sus estudios, y ahora era un reconocido experto en su área.

Forrest siempre la había cuidado, razón por la cual eran bastante unidos.

"¿Qué clase de favor quieres?", preguntó ella directamente.

"Tengo un paciente que necesita atención, pero me surgió un imprevisto, y no creo que pueda salir de eso pronto. ¿Puedes atenderlo por mí?".

Al oír eso, ella miró su reloj. Ese día no estaba de servicio en la oficina, y aparte de dos cirugías que tenía programadas para esa tarde, estaba prácticamente libre. "De acuerdo. ¿A dónde tengo que ir?".

"Te enviaré un mensaje de texto con la dirección. Cuando llegues, solo diles a los guardias de seguridad de la entrada que vas a ver al señor Calderon, y ellos se encargarán del resto".

"Entendido".

"Una cosa más...", agregó Forrest, pero en un tono serio. "No le digas nada a nadie sobre esto, y no hagas preguntas innecesarias. Todo lo que necesitas hacer es atender al paciente".

"Tranquila, lo entiendo".

Después de colgar y en cuanto Camila recibió el mensaje con la dirección, llamó un taxi para que la llevara ahí.

El domicilio resultó estar en un barrio exclusivo de villas, las cuales estaban equipadas con sistemas de seguridad de primer nivel.

Como era de esperar, un corpulento guardia de seguridad la interceptó en la entrada. Siguiendo las instrucciones de Forrest, ella le informó de que iba a ver al señor Calderon. Después de hacer una llamada para confirmar las palabras de la chica, el hombre la dejó pasar.

No le costó mucho encontrar la villa a la que se dirigía. Luego, subió los escalones de la entrada y tocó el timbre.

No tuvo que esperar mucho, ya que la puerta se abrió solo unos segundos después. Al parecer, la situación era realmente urgente.

Willie frunció el ceño cuando vio a Camila. Estaban esperando a Forrest, pero en cambio, una mujer estaba parada frente a él. "Disculpe, ¿usted es...?".

Según lo que Forrest le había dicho, Camila supuso que ese paciente valoraba mucho su privacidad, y como no quería meterse en problemas, pensó que para estar segura lo más prudente sería ser discreta.

"El doctor Walters me pidió que viniera aquí".

Willie miró brevemente el botiquín que ella llevaba antes de preguntar: "¿Sabes qué hacer?".

"Sí, el doctor Walters me dio instrucciones. Descuide, no se lo diré a nadie".

Willie sabía que Forrest no le delegaría sus deberes a alguien que no fuera confiable o competente, así que asintió y la dejó entrar.

La guio a través de la sala de estar, luego escaleras arriba, hasta un dormitorio oscuro.

"¿Cómo podré atender al paciente sin luz?".

Cuando Isaac escuchó que era una mujer, rápidamente agarró la chaqueta de su traje y se la puso sobre la cara. "Willie, enciende las luces", ordenó a través de la tela.

Entonces, el aludido pulsó el interruptor y de inmediato una luz brillante inundó la habitación.

El primer pensamiento de Camila fue que la voz del paciente le sonaba bastante familiar, pero optó por no darle mayor importancia. Cuando observó a la persona que se encontraba acostada en la cama, notó que su camisa de vestir blanca estaba manchada con sangre, la cual se había secado hacía mucho tiempo.

De todos modos, no quería distraerse con otros detalles, pues estaba allí solo para tratar las heridas.

A fin de cuentas, quedaba claro que el paciente no quería que Camila supiera su identidad, de modo que esta tenía que atenderlo y comportarse.

Después de dejar su maletín sobre la mesita de noche, sacó sus instrumentos quirúrgicos.

Usando unas tijeras, le cortó la camisa al paciente, revelando sus heridas, las cuales estaban cubiertas por una gasa fina. Cuando retiró las gasas, vio dos heridas abiertas en el lado derecho del torso del hombre.

Sin más preámbulo, Camila limpió las heridas con sus hábiles manos.

Permaneció serena todo el tiempo, mientras realizaba movimientos rápidos y eficientes.

"¿Tiene alguna alergia relacionada con la anestesia?", preguntó ella después de un rato.

Afortunadamente, las heridas del hombre no eran profundas y solo cortaron la piel.

No obstante, necesitaban ser suturadas, para lo cual se requeriría anestesia local.

Camila habló con calma, casi en voz baja, lo cual fue un marcado contraste con su voz frenética de la noche anterior.

Así pues, a pesar de que ella e Isaac habían intercambiado algunas palabras, este no la reconoció en absoluto.

"No", contestó él con su habitual voz fría, mientras para sus adentros elogiaba las habilidades de la médica.

Al escucharlo, Camila procedió a preparar los anestésicos, tras lo cual los inyectó en un lugar cercano a las heridas.

Tuvieron que esperar un par de minutos para que la sustancia hiciera efecto, tras lo cual comenzó a suturar.

Aproximadamente una hora después, por fin terminó.

En definitiva, fue un tratamiento rápido y exitoso.

Mirando sus manos ensangrentadas, ella dijo: "Necesito usar el baño".

"Puede usar el de abajo", respondió Willie.

Sin perder tiempo, ella salió del dormitorio.

Una vez que el asistente se aseguró de que Camila estaba de vuelta en el primer piso, cerró la puerta y corrió junto a Isaac.

"Señor, me enteré de que los matones que lo atacaron ayer fueron enviados por su tía Audrey. Probablemente cada vez está más desesperada por deshacerse de usted, especialmente después de que usted echó a sus espías de la empresa".

Isaac se incorporó al mismo tiempo que emitía un gruñido, se acercó al borde de la cama y dejó caer los pies en el suelo. Parecía que estaba sufriendo un infierno, no obstante, sus ojos emanaban un brillo amenazador.

Volviendo su mirada penetrante hacia Willie, preguntó: "¿Esa mujer con la que me obligaron a casarme tiene alguna conexión con Audrey?".

Bajando la voz, el ayudante contestó: "De hecho, Audrey estuvo en contacto con su suegro, Marvin Haynes. Él insistió mucho en casar a su hija con un miembro de la familia Johnston, pero nunca pareció haber considerado a su primo Travis como un candidato viable. Audrey debió de haber llegado a un acuerdo con él".

"Esa mujer ha estado lanzándome una sorpresa tras otra. Sería de mal gusto si no hiciera nada para devolverle el favor". Isaac había estado en el extranjero durante muy poco tiempo, y su tía ya había causado muchos líos durante su ausencia.

"Escuché que Travis tiene un pequeño bar de mala muerte en la calle Cavern, llamado 'Charm'", continuó él arrastrando las palabras.

Willie entendió de inmediato lo que su jefe quiso decir. "Así es. Como actualmente no tienen lugar en la empresa, ese club es su única fuente de ingresos. Si lo cerraran... Definitivamente, enfrentarían una situación bastante complicada".

"Haz que suceda", ordenó Isaac, bajando la voz.

Mientras Willie bajaba las escaleras, se encontró con Camila.

Aunque supuso que Forrest debió de haberla advertido de antemano, consideró que no estaría de más hacerle otro recordatorio. "Si le dices algo a alguien acerca de esto, tendrás una muerte horrible".

Si Audrey o su hijo, Travis, se enteraban de las heridas que Isaac tenía, sin duda aprovecharían la oportunidad para causarle más problemas.

Camila asintió a la vez que contestaba: "Descuide. No se lo diré a nadie. Subiré por mi botiquín y me marcharé de inmediato".

Cuando regresó al dormitorio, encontró a Isaac de pie junto a la ventana. Dado que este estaba de espaldas, ella pudo tener una vista perfecta de sus anchos hombros y su espalda musculosa que se reducía a una cintura estrecha, y lo que seguramente serían un par de glúteos bien tonificados. Su cuerpo estaba bien proporcionado, casi como el de un Adonis.

"¿No vas a irte?", preguntó el hombre con una voz burlona. Si bien no se había dado la vuelta, de alguna manera sabía que la chica estaba observándolo. Tal vez había sentido su mirada ardiente.

Ante eso, Camila agachó la cabeza, sintiéndose avergonzada. Por mucho que odiara admitirlo, ver a un hombre tan atractivo la había dejado aturdida...

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