Capítulo 2

Capítulo 2: Sombras en la puerta

El sonido metálico del arma resonó en el pequeño pasillo del apartamento.

Valeria estaba paralizada detrás de la puerta del dormitorio, apenas respirando. Su corazón golpeaba su pecho con tanta fuerza que temía que quienes estaban afuera pudieran escucharlo.

La voz del hombre en la entrada soltó una breve risa.

-Vaya, Daniel... -dijo con un tono burlón-. Siempre supe que terminarías así.

Daniel no respondió de inmediato. Sus ojos permanecían fríos, calculadores, mientras sostenía la pistola firmemente.

-Pensé que habías muerto -continuó el hombre.

-Lo mismo pensé de ti, Marco.

El nombre provocó que el silencio se volviera aún más tenso.

Marco dio un paso dentro del apartamento sin pedir permiso. Era alto, de hombros anchos, con una barba corta y oscura. Sus ojos tenían esa mirada peligrosa que solo poseen las personas acostumbradas a vivir entre la violencia.

Detrás de él había otro hombre.

Más joven.

Más silencioso.

Sus manos descansaban cerca de su cinturón, donde seguramente llevaba un arma.

-Así que es verdad -dijo Marco mientras observaba el lugar-. Te retiraste para jugar a la casita.

Daniel apretó la mandíbula.

-No estoy jugando.

-Oh, claro que sí.

Marco señaló el pasillo.

-Porque si no estuvieras jugando... la chica ya estaría muerta.

Valeria cerró los ojos.

Cada palabra era como un cuchillo.

Daniel mantuvo el arma firme.

-Váyanse.

Marco levantó las cejas.

-No creo que entiendas cómo funciona esto.

-Lo entiendo perfectamente.

Daniel dio un paso hacia él.

-Por eso te estoy dando una oportunidad.

Los ojos de Marco brillaron con diversión.

-Siempre fuiste arrogante.

-Y tú siempre fuiste estúpido.

El segundo hombre tensó los hombros ante el insulto.

Pero Marco levantó una mano, deteniéndolo.

-Tranquilo.

Luego volvió a mirar a Daniel.

-La organización quiere a la chica.

-No la van a tener.

-No depende de ti.

-Depende de mí si quiero matarte ahora mismo.

El silencio se volvió pesado.

La lluvia seguía golpeando las ventanas.

Marco observó la pistola de Daniel durante unos segundos.

Luego suspiró.

-Sabes... me caías bien.

Daniel no bajó el arma.

-Entonces haz lo inteligente y vete.

Marco inclinó ligeramente la cabeza.

-No puedo.

-Entonces vas a morir.

El segundo hombre reaccionó primero.

Su mano fue hacia su arma.

Pero Daniel fue más rápido.

Un disparo explotó en el apartamento.

Valeria ahogó un grito en el dormitorio.

El joven cayó al suelo con un gemido, sujetándose el hombro ensangrentado.

Marco retrocedió un paso, sorprendido.

-Maldita sea, Daniel...

-Te dije que te fueras.

Marco miró al hombre herido en el suelo.

Luego levantó las manos lentamente.

-Está bien.

Daniel no bajó el arma.

-Levántalo y salgan.

Marco ayudó a su compañero a ponerse de pie.

-Esto no termina aquí -dijo.

-Lo sé.

Marco caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

-La organización enviará a alguien más.

Daniel lo sabía.

-Que lo intenten.

Marco lo miró por última vez.

-La próxima vez no seré yo.

Luego salió del apartamento.

El silencio regresó.

Daniel cerró la puerta lentamente.

Sus manos temblaban ligeramente.

Dejó el arma sobre la mesa.

-Valeria -dijo.

La puerta del dormitorio se abrió con cuidado.

Valeria salió.

Su rostro estaba pálido.

-¿Se fueron?

-Por ahora.

Ella lo miró fijamente.

-¿Les disparaste?

-Solo lo herí.

Valeria caminó hacia la ventana.

La lluvia seguía cayendo.

-No puedo creer esto.

Daniel se acercó lentamente.

-Lo siento.

Ella se giró hacia él.

-¿Lo sientes?

Su voz temblaba entre rabia y miedo.

-Daniel, hay gente que quiere matarme. Gente que tú conoces.

Daniel no dijo nada.

-¿Quiénes son?

-Una organización privada.

-Eso ya lo dijiste.

Valeria lo miró con desesperación.

-Quiero saber quiénes son realmente.

Daniel dudó.

-Se llaman La División Negra.

El nombre sonó frío en la habitación.

-Es una red internacional -continuó-. Gobiernos, empresas, políticos... todos los que necesitan que ciertos problemas desaparezcan.

-¿Y tú trabajabas para ellos?

-Sí.

Valeria pasó una mano por su cabello.

-Dios...

-Pero lo dejé.

-Claramente no les importó.

Daniel negó.

-No. Pero algo cambió.

Valeria lo miró.

-¿Qué?

Daniel tomó el teléfono.

-Nunca atacan a personas inocentes sin una razón.

Valeria sintió un escalofrío.

-¿Estás diciendo que hice algo?

-Estoy diciendo que alguien poderoso quiere que desaparezcas.

-¿Pero por qué?

Daniel suspiró.

-Eso es lo que tenemos que descubrir.

Valeria lo miró fijamente.

-¿Y cómo se supone que vamos a hacerlo?

Daniel caminó hacia el dormitorio.

-Empacando.

-¿Qué?

-Nos vamos de aquí.

-¿A dónde?

Daniel sacó una bolsa del armario.

-A un lugar donde la División Negra no pueda encontrarnos fácilmente.

Valeria cruzó los brazos.

-¿Existe un lugar así?

Daniel levantó la mirada.

-Conozco uno.

Valeria lo observó en silencio.

Después de todo lo que había descubierto esa noche...

todavía quería creer en él.

-Daniel...

Él se detuvo.

-¿Sí?

Valeria bajó la mirada por un segundo antes de hablar.

-Si descubres que la única forma de salvarte es entregándome...

Daniel no la dejó terminar.

Caminó hacia ella y sostuvo su rostro entre sus manos.

-Nunca.

Sus ojos estaban llenos de una intensidad feroz.

-¿Entendiste?

Valeria sintió que su corazón se apretaba.

-Sí.

Daniel soltó lentamente su rostro.

-Entonces confía en mí una vez más.

Valeria respiró profundamente.

-Está bien.

Daniel comenzó a guardar cosas en la bolsa.

-Tenemos diez minutos.

-¿Diez?

-Tal vez menos.

Valeria frunció el ceño.

-¿Por qué?

Daniel levantó el teléfono.

Había un nuevo mensaje.

Solo dos palabras.

"Segundo equipo en camino."

Daniel levantó la mirada.

-Porque ahora sí vienen a matarnos.

Capítulo 3

Capítulo 3: Huida en la oscuridad

El mensaje seguía brillando en la pantalla del teléfono de Daniel.

"Segundo equipo en camino."

Valeria sintió que el aire se volvía pesado en la habitación.

-¿Cuánto tiempo tenemos? -preguntó con voz baja.

Daniel guardó el teléfono en su bolsillo mientras cerraba la bolsa.

-Cinco minutos... tal vez menos.

Valeria se quedó inmóvil.

-Eso no es tiempo suficiente.

Daniel caminó hacia la puerta del apartamento y miró por la mirilla.

El pasillo estaba vacío.

Por ahora.

-Tiene que ser suficiente -respondió.

Valeria corrió al dormitorio y comenzó a meter ropa en una mochila sin pensar demasiado. Sus manos temblaban.

Hace apenas una hora su vida era normal.

Ahora estaba huyendo de una organización secreta que quería verla muerta.

Cuando volvió a la sala, Daniel ya estaba revisando algo en su arma.

-¿Sabes usarlas? -preguntó él de repente.

Valeria lo miró confundida.

-¿Usar qué?

Daniel levantó otra pistola pequeña.

-Armas.

Valeria abrió los ojos.

-¿Hablas en serio?

-Mucho.

-Nunca he tocado una.

Daniel suspiró.

-Bien... entonces no la toques ahora.

Guardó el arma en su chaqueta.

-Solo quédate detrás de mí.

Valeria intentó sonreír.

-Eso no me tranquiliza mucho.

Daniel le devolvió una mirada breve.

-A mí tampoco.

Un ruido metálico se escuchó desde el pasillo.

Ambos se congelaron.

Daniel apagó las luces del apartamento.

-Ya llegaron -susurró.

Valeria sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza.

Se escucharon pasos.

Varios.

Más de dos personas.

Daniel tomó la mano de Valeria.

-Vamos por la salida de emergencia.

La llevó rápidamente hacia la cocina.

Abrió una pequeña puerta que conducía a las escaleras traseras del edificio.

-Baja sin hacer ruido -dijo.

Valeria asintió.

Comenzaron a descender rápidamente.

Las luces de emergencia apenas iluminaban el lugar.

En el tercer piso escucharon un golpe fuerte arriba.

-Entraron al apartamento -murmuró Daniel.

Valeria tragó saliva.

-¿Nos escucharán?

-Si tenemos suerte... no.

Pero la suerte parecía no estar de su lado esa noche.

Un grito se escuchó desde arriba.

-¡Están bajando por las escaleras!

Valeria sintió que su estómago se hundía.

-Nos encontraron.

Daniel apretó su mano.

-Corre.

Bajaron las escaleras casi corriendo.

Cuando llegaron al primer piso, Daniel abrió la puerta de emergencia.

El aire frío de la noche los golpeó.

La lluvia seguía cayendo con fuerza.

El estacionamiento estaba casi vacío.

Daniel señaló un coche negro.

-Ese es el mío.

Corrieron hacia él.

Detrás de ellos se escucharon pasos en las escaleras.

Los perseguían.

Daniel abrió el coche y ambos subieron rápidamente.

Encendió el motor.

En ese momento la puerta del edificio se abrió de golpe.

Tres hombres salieron corriendo.

Uno de ellos levantó un arma.

-¡Daniel!

El disparo resonó en el estacionamiento.

La bala golpeó el parabrisas.

Valeria gritó.

Daniel pisó el acelerador.

El coche salió disparado hacia la calle.

Otra bala golpeó la parte trasera del vehículo.

-¡Nos están disparando! -gritó Valeria.

-Lo sé.

Daniel giró bruscamente en una esquina.

El coche patinó ligeramente sobre el pavimento mojado.

Valeria se sujetó al asiento con fuerza.

-¡Daniel, cuidado!

-Confía en mí.

Miró por el espejo retrovisor.

Un automóvil negro apareció detrás de ellos.

-Genial -murmuró.

-¿Qué pasa?

-Tenemos compañía.

Valeria miró hacia atrás.

El coche aceleraba rápidamente.

-Nos siguen...

-Sí.

El vehículo detrás de ellos se acercó.

Una ventana se bajó.

Un hombre sacó medio cuerpo fuera del coche con un arma.

-¡Agáchate! -gritó Daniel.

Valeria se inclinó hacia abajo justo cuando un disparo rompió la ventana trasera.

El vidrio estalló en mil pedazos.

Daniel giró bruscamente el volante.

El coche tomó una avenida más amplia.

-Esto es una locura -murmuró Valeria.

-Bienvenida a mi antigua vida.

Otro disparo resonó.

La bala golpeó la puerta del coche.

Daniel apretó la mandíbula.

-No puedo seguir huyendo mucho más.

-¿Por qué?

-Porque este coche no está blindado.

Valeria lo miró con horror.

-Eso no era algo que necesitaba saber.

Daniel frenó de repente.

El coche detrás de ellos también frenó.

Pero Daniel ya estaba girando el volante hacia otra calle estrecha.

El coche perseguidor pasó de largo por la avenida.

-Los perdimos -dijo Valeria esperanzada.

Daniel miró el espejo.

-No.

El coche negro apareció nuevamente.

-Maldita sea.

Valeria respiraba con dificultad.

-¿Qué vamos a hacer?

Daniel pensó rápido.

Luego vio algo adelante.

Una rampa que bajaba hacia un estacionamiento subterráneo abandonado.

-Sujétate.

-¿Qué?

Daniel aceleró.

El coche descendió por la rampa.

La oscuridad del estacionamiento los envolvió.

Daniel apagó las luces del coche.

-¿Por qué hiciste eso?

-Para que no sepan dónde estamos.

Detuvo el coche detrás de una columna de concreto.

Ambos guardaron silencio.

Escucharon el sonido del coche perseguidor pasando por la calle.

Luego...

nada.

Valeria soltó lentamente el aire.

-Creo que se fueron.

Daniel miró el reloj.

-Tal vez por ahora.

Valeria se recostó contra el asiento.

Sus manos aún temblaban.

-No puedo creer que esto esté pasando.

Daniel la miró.

Había algo de culpa en sus ojos.

-Lo siento.

Valeria negó lentamente.

-No es tu culpa.

Daniel bajó la mirada.

-Sí lo es.

-¿Por qué?

Daniel dudó antes de responder.

-Porque si nunca hubieras conocido a alguien como yo...

Valeria lo interrumpió.

-No digas eso.

Daniel levantó la mirada.

-Valeria, esta gente no se detiene.

-Entonces nosotros tampoco.

Daniel la observó en silencio.

-¿Estás segura de que quieres seguir conmigo en esto?

Valeria pensó en todo lo que había pasado esa noche.

Las mentiras.

Los disparos.

El miedo.

Pero también recordó los cuatro años que habían vivido juntos.

Las risas.

Los momentos tranquilos.

-Sí -dijo finalmente.

Daniel respiró hondo.

-Entonces tenemos que ir a otro lugar.

-¿A dónde?

Daniel encendió el coche nuevamente.

-A la única persona que podría ayudarnos.

Valeria frunció el ceño.

-¿Quién?

Daniel condujo hacia la salida del estacionamiento.

-Un viejo amigo.

Valeria tuvo un mal presentimiento.

-¿Amigo... o alguien como tú?

Daniel no respondió.

Eso fue suficiente.

El coche salió nuevamente a la calle oscura.

La lluvia seguía cayendo.

Y en algún lugar de la ciudad...

la División Negra ya estaba preparando el siguiente movimiento.

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