Capítulo 2

La reunión transcurría tranquilamente y sin imprevistos.

Gladio, el escudo del príncipe, hacia lo posible para no dormirse y para evitar que su amigo tampoco se durmiera, ya que, para un par de adolescentes, eso era tremendamente aburrido.

Cuando la reunión acabó por fin, el rey indicó que pasaran a la sala posterior para una pequeña cena que los habían preparado por su largo camino hasta Lucis.

Todos se levantaron y caminando un pequeño trayecto, cruzaron de sala y se situaron en la enorme mesa del comedor real.

Noctis y Gladio se sentaron un poco alejados del rey, dejando así que los adultos hablaran aun de sus cosas mientras que ellos comían. Gladio notó que el joven que estaba con la comitiva de Niflheim no se había sentado aun, a pesar de haber puestos disponibles. Esto tampoco lo pasó por alto el gran escudo, quien, al ver al chico de pie, detrás de su encargado, se acercó y le extendió una silla;

-muchacho aquí hay espacio, toma asiento- dijo mirando al castaño, quien bajó la cabeza y negó suavemente

-no se moleste en ofrecerle nada a ese chico, señor Amicitia. - dijo el general tomando un poco de vino -Es solo un sirviente que me tuve que traer

-sirviente o no, él también es nuestro invitado, general Caligo- soltó el rey mirándolo con seriedad. El hombre trago en seco y luego volvió a sonreír,

-de verdad que su Majestad no tiene que preocuparse, ya que el chico no tiene hambre, ¿cierto? - terminó fulminando con la mirada al muchacho, este asintió con la cabeza y se hizo un poco hacia atrás, acercándose a uno de los guardias. El hombre sonrió con burla y se acercándose a Caligo, le hablo al oído ante la mirada despistada de los del Consejo y los demás.

El hombre asintió y al momento, el muchacho y el soldado salieron del gran comedor.

Gladio los vio, y levantándose se dirigió hacia la salida, pero antes fue detenido por Noctis;

- ¿A dónde vas? - preguntó en voz baja -No me dejes solo con estos vejetes

-solo quiero ir al baño- soltó el otro en un susurro y se marchó presuroso.

El chico caminó por un poco, hasta que vio al soldado apostado afuera de una de las puertas de los baños. Gladio asintió con la cabeza y entró, escuchando al momento un sonido como de vomito que estaba saliendo de uno de los cubículos. El chico se acercó y tocó a la puerta algo asustado;

- ¿estás bien? - dijo cuando los sonidos cesaron

-s-si- dijo una débil voz. La puerta del cubículo se abrió y el mismo chico que había llegado de Niflheim salió y se acercó a los lavamanos, apoyándose de inmediato en uno

- ¿de verdad estas bien? Te ves muy pálido. - dijo el mayor tocando uno de los hombros del chico, este se asustó y se hizo hacia un lado -Lo siento, no quise…

-discúlpeme usted a mí, joven...

-Amicitia, Gladiolus Amicitia

-el escudo del príncipe heredero al trono- exclamó el otro en voz baja y por primera vez levantando el rostro. Gladio se conmocionó al ver un destello de emoción en los enormes ojos de color verde del chico

-ese soy yo- contestó el mayor saliendo de su aturdimiento y con una leve sonrisa - ¿Tu eres?

- ¿yo?... yo soy- cuando el chico iba a contestar, la puerta se abrió de golpe y el soldado que estaba afuera entró por ella

- ¡chico! - gritó con enojo - ¿Qué tanto estás haciendo?

-lo siento- dijo el chico en voz baja cuando el soldado lo tomó del brazo y lo jaloneó

-espero que no estés molestando al joven ni haciendo nada imprudente, sino quieres que le diga al señor general

-n-no…

-no se preocupe soldado, el chico solo fue amable conmigo porque me sentía mal- dijo Gladio al instante. El soldado solo asintió con la cabeza y sin más, comenzó a alejarse.

Gladio los vio acercarse hacia la puerta, pero antes de que salieran por completo, el chico jaló al castaño del brazo ligeramente, haciendo que este se detuviera de golpe;

-por cierto, no te di las gracias eh...

-Vollex- contestó el otro cuando fue jalado por el soldado hacia afuera con fuerza.

El escudo se quedó solo en el baño, pensativo y mirando hacia la puerta;

“Vollex ¿eh?... aquí hay algo raro. Debo hablar con Noct”.

Capítulo 3

Por la noche, Gladio se encontraba en la biblioteca junto con su príncipe contándole ya con más calma lo que había sucedido esa tarde en el baño;

-Noct, creo que debemos salvarlo. - decía ante la mirada del otro -Su forma de actuar retraída, ponerse a la defensiva cuando le toque el hombro... Además de que lo sentí más delgado de lo que se ve, ese traje viejo oculta algo

- ¿Crees que estén abusando de alguna forma de él? ¿Que lo golpeen? - preguntó el príncipe algo inquieto y bajando su teléfono

-no estoy seguro de si lo golpearan, pero de lo que sí estoy seguro al cien por ciento es de que está desnutrido. Mínimo lo matan de hambre. Además... Sus ojos

- ¿que tienen?

-cuando le dije mi nombre, sus ojos brillaron como si supiera que yo podría ayudarlo. Además de que sabía que era tu escudo

-entonces, debemos trazar un plan rápido. Ellos se van mañana

- ¿dónde se están quedando?

-en las habitaciones del cuarto piso. El general tiene una para él y los soldados están en la que está junto

- ¿dónde está el chico?

-no estoy seguro. Pero, podríamos ir a seguridad a buscar las cámaras

- ¡vamos de una vez! - soltó el escudo levantando al otro de un tirón y corriendo por el pasillo.

Por otro lado, el castaño estaba en la habitación de Caligo mientras que uno de los soldados hablaba con el hombre sobre lo sucedido también en el sanitario.

Cuando acabó, Caligo miró furioso al joven quien se mantenía firme, pero a quien le temblaban las rodillas;

- ¿le dijiste tu nombre? - soltó el hombre con furia - ¿TU verdadero nombre?

-n-no... - contestó el chico cuando el hombre se acercó -Utilice el que usted me dijo que usará señor Ulldor

-no me mientes... ¿Verdad?

-no señor- contestó el joven cuando recibió una fuerte bofetada departe del otro

-no te creo... Últimamente haces demasiadas tonterías. Cuando volvamos creo que tendré que dar mis quejas y esperar a que te castiguen chico- el castaño se paralizó y lo miró aterrado

-por-por favor, no le diga nada a él

- ¿ahora temes? - Caligo se acercó y lo lanzó al suelo -Eso quiere decir que si hiciste algo- y sin más comenzó a patear al otro mientras que estaba en el piso. El chico se comenzó a tapar la cara con los brazos evitando los golpes, recibiendo las patadas del hombre en su abdomen y piernas.

Cuando el general terminó, lo levantó del cabello de un tirón limpiándole con burla un hilillo de sangre que salía de la boca del menor;

-enciérrenlo en el baño, ahí no podrá escapar

-sí señor- soltó el soldado que había visto todo y levantándolo, lo tiró dentro del baño de golpe, haciendo que el chico se golpeará al caer y cayera inconsciente, o al menos eso creían.

Cuando la puerta fue cerrada, el castaño se levantó a como pudo y se recostó a la pared del lugar;

-mi nombre es Ignis Scientia- se dijo en voz baja y tanteando sus bolsillos sacó un pequeño peluche muy desgastado de Tomberry y lo miró con una sonrisa -y tu pequeño amigo, eres al único que puedo decirle. - luego tanteó de nuevo y sacó unas gafas que estaban rotas -Demonios, se rompieron de nuevo. - Ignis se recostó en el piso y abrazó el pequeño animalito de felpa con una mano -Seré libre antes de que volvamos a Niflheim o moriré en el intento.

. . .

Entrada la madrugada, Ignis comenzó a escuchar un ruido extraño que provenía de la habitación en donde estaba. El chico se asustó y de inmediato, moviéndose a como pudo, guardo el peluche en su chaqueta junto a sus gafas y se ocultó detrás de las puertas de la ducha.

Unos minutos después, la puerta se abrió con un chirrido y el pequeño lugar fue iluminado por una linterna cuando un hombre de gran altura entró en el lugar buscando algo. El chico se quedó completamente quieto y se tapó la boca con las manos para que no escucharan su respiración, hasta que sintió como una mano lo levantaba de golpe;

-por favor, no… - dijo en voz baja cuando achicando los ojos vio que el hombre se ponía un dedo en la boca y comenzó a jalarlo lentamente hasta afuera.

Ignis guardó silencio mientras era casi arrastrado por la habitación en la que Caligo dormía profundamente. El chico vio que, en la puerta, mirando hacia todos lados se encontraba otro chico que le hacía señas al que lo llevaba del brazo.

Cuando ya estaban acercándose a la puerta, el hombre sobre la cama hizo un fuerte ruido, haciendo que Ignis trastabillara y casi cayera, si no fuera porque el chico que iba delante de él lo detuvo con su fuerte brazo;

-Vollex, - escuchó que decía el otro en voz baja - ¿estas herido?

“¿Vollex?” pensó el castaño “Él es… este hombre es”

- ¿Vollex? - repitió Gladio cuando el chico asintió con la cabeza. El gigante chasqueó la lengua y se agachó junto al otro -Siento si esto te incomoda, pero deberé hacerlo- terminó y tomando al otro en brazos, lo pegó a su cuerpo y salió velozmente por la puerta, seguido del otro de cabello gris.

Los tres chicos recorrieron varios pasillos y escaleras, hasta que llegaron al jardín.

Ya afuera, Gladio bajó al otro cerca de un árbol mientras que Noctis buscaba una llave en sus ropas;

-siento haber sido tan grosero, - dijo Gladio mirando al otro -pero debíamos salir de ahí deprisa ¿Te lastimé?

-no- contestó Ignis abrazándose con fuerza - ¿me trajeron para hacerme daño?

-Astrales ¡no! - soltó Noctis cuando por fin encontró una tarjeta y la pasó por una ranura que había en la puerta frente a él. Cuando la cerradura sonó y la puerta se abrió, Noctis señaló dentro -Entren rápido

-déjame ayudarte- dijo Gladio tendiéndole la mano al otro, este lo miró dudoso y tomando la mano del más grande se levantó haciendo una cara de dolor.

Los chicos entraron y al instante la puerta se cerró. Noctis los guio por un par de pasillos, hasta que llegaron a un enorme salón que tenía un par de sillones, una enorme chimenea, un librero y una pequeña mesa a un lado

-estamos en… ¿Qué es esto? - preguntó Gladio algo aturdido

-pues, - soltó el príncipe sentándose en uno de los sillones -es como un cuarto secreto de emergencia por si algo pasa. Solo papá y yo tenemos la llave y sabemos de este lugar, así que ¿Vollex? Estará a salvo aquí. - y miró al otro quien se había quedado cerca de la puerta -Ven siéntate

- ¿quieres calentarte? – preguntó el escudo encendiendo la chimenea. El chico dio dos pasos y de inmediato se desplomó con fuerza ante los ojos de los otros dos.

Ambos se levantaron y corrieron hacia el otro. Gladio lo levantó del suelo sin esfuerzo alguno y de inmediato lo colocó en el sillón;

- ¿Qué demonios? - preguntó Noctis cuando junto a su amigo le quitó el saco al otro y lo colocó en una silla cercana

-cuando lo estaba sacando de donde lo tenían encerrado, le pregunte si estaba herido y me dijo que si- contestó el escudo comenzando a abrir la camisa del otro lentamente

-mira el golpe en su cara- dijo el príncipe señalando un morete que se estaba comenzando a hacer en su mejilla izquierda -y mira los golpes que tiene en el cuerpo

-además de lo desnutrido que esta. Cuando lo levanté, no pesaba nada y mira sus brazos. Tenía razón, a este chico lo están matando de hambre como mínimo

-este chico de verdad que la ha pasado duro

-cuando despierte le daremos algo de comer y hablaremos con él. La cosa es… ¿Qué haremos mañana cuando Caligo se dé cuenta de que Vollex no está?

-eso tendrá que esperar a mañana. Además, cuando papá se dé cuenta… estaremos en problemas

-tu estarás en problemas con el rey, en cambio yo… posiblemente este muerto

-no creo que nuestros viejos nos digan nada, estamos haciendo algo bueno por alguien que necesitaba ayuda

-en eso tienes razón, Noct- concluyó Gladio y se dirigió hacia una alacena que había en una esquina sacando un par de galletas mientras el príncipe escudriñaba a su invitado;

“su rostro me parece tan familiar,” pensó para si el príncipe mirando con detenimiento al inconsciente castaño “pero ¿de dónde? ¿Dónde te he visto?”.

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