Dos meses después: lunes 15 de mayo, Dignity Health - Glendale Memorial Hospital and Health Center.
—¡Hola, amor! Buenos días. Mira, hoy tuve la primera ecografía de nuestro hijo, aún no sé qué es, pero su corazón está fuerte, grabé los latidos para ti.
»Dos semanas después del accidente de Josh, Alondra se enteró de su embarazo, hecho que ocasionó en ella una gran incertidumbre. No solo tendría que acarrear con los gastos del hospital. Ahora, una nueva vida dependía totalmente de ella.
—¿Quieres escucharlo? Yo sé que puedes. Lo sé… —sus lágrimas no tardaron en salir. Ya se encontraba sin fuerzas. Te lo ruego, despierta ya, me estoy enloqueciendo. ¿Cómo se supone que sobreviva? Ambos te necesitamos.
Alondra trató de reconfortarse, así que se dirigió al baño; se lavó la cara y se repetía a sí misma que todo estaría bien. Y que aquel mal sueño pronto terminaría.
—¡Tú puedes! —ella secó su rostro—. Bien, amor, es hora de tu baño de esponja.
Mientras limpiaba a Josh, Alondra concentró su atención en una peculiar noticia: “Última hora; el heredero del imperio, Hoffman, Matthew Quuin, anuncia que está en busca de una asistente; sin embargo, las directrices de contratación han levantado una ola de críticas por ciertos sectores. Ya que, dentro de los requisitos, se hace especial énfasis en que la mujer sea menor de treinta años, sin hijos y mucho menos casada. No obstante, hemos conocido que las solicitudes han superado las expectativas. ¿Quién será la afortunada de llevarse un sueldo por más de noventa mil dólares?”
—¡Dios! No sé cómo, pero debo obtener ese empleo. Con él, podría estar en paz.
En cuanto salió del hospital, Alondra no dudó en enviar su solicitud. Su mayor anhelo era estar tranquila, sentir que podía respirar sin sentirse culpable por aquella noche.
El martes por la tarde, y sin esperar que fuese tan rápido, Alondra fue citada por el mismo Matthew. Quien la noche anterior, después de haber revisado su currículum, decidió que ella era la indicada para su juego.
—Buenas tardes, señor Hoffman —Alondra era consumida por la ansiedad.
—Dejemos los formalismos de lado. Y empecemos, su información dice que tiene treinta años, y que es soltera, dígame, ¿cómo es posible tal suceso? Si usted es una mujer muy atractiva.
—Bueno, dentro de mis aspiraciones el matrimonio no es importante.
—¿Entonces, por qué desea trabajar conmigo?
—La primera razón es porque tengo a mi hermano internado en el hospital, en estado de coma, y la segunda, porque quiero empezar mi carrera universitaria.
—Vaya, hasta que, por fin, alguien me da unas razones aceptables.
—¿Cómo dice?
—Muchas de las que he entrevistado solo vienen con la intención de estar a mi lado. Cosa que me parece estúpida.
—En mi caso, necesito el trabajo.
—Bien, veamos su determinación, ¿qué estaría dispuesta a hacer por quedarse con el puesto?
—Lo que usted desee.
—Siendo así. Hágame una felación.
—¡¿Cómo dice?! —Alondra quedó pasmada.
—Lo que escucho, arrodíllese, y métaselo en su boca, si logra que termine el trabajo será suyo, ¿cuál es tu respuesta?
—¡Señor, esto es…!
—Es mi condición, para que puedas quedarte con el trabajo.
—¿Acaso esto hace parte de ser entrevistada?
—Claro que sí, a ver, tu curriculum es muy simple, solo terminaste la secundaria, no hay referencias de otros estudios, ¿así que tú decides?
Si bien era cierto, que la proposición que Matthew le estaba haciendo a Alondra, no iba con sus ideales, ella sabía que ese trabajo era lo único que podía brindarle una estabilidad.
—Entendido —ella suspiró.
—Adelante. Haz un buen trabajo —él se dirigió hacia ella e hizo que bajara la cremallera de su jean—. Es todo tuyo.
Aunque tal hecho le reviviera los horrores de su pasado. Alondra, no daría marcha atrás.
—¡Mph…! No muerdas.
Alondra, dio su mejor esfuerzo, y poco a poco fue logrando, que Matthew, soltara varios gemidos.
—¡Ngh…! Sigue, ya falta poco, para… —Matthew no tardo en llenar la boca de alondra—. Excelente, estuviste cautivadora, solo tengo una duda, ¿por qué, no abriste los ojos?
—Eso no le importa, solo deme una respuesta.
—Sí, el trabajo es tuyo. Pero no hemos terminado, falta algo más.
Alondra estaba desconcertada, ella no comprendía que era aquello, que deseaba su nuevo jefe
—¡Un momento, espere…!
Matthew, la acorralo, la miro fijamente, pared, y lentamente fue besando su cuello. Haciendo que alondra se paralizará.
—¡Deténgase!
—¡Lo estás disfrutando!
—¡Dije que no! —alondra, le lanzó un fuerte puñetazo—. ¡Es un cerdo! ¿No tuvo suficiente con humillarme?
—¡¿Cómo te atreves?! ¡Tú…! —al ver las lágrimas y su rostro atemorizado. Matthew se detuvo—. ¡Fuera de aquí! Te quiero aquí mañana a las ocho, para que firmes el contrato. Déjame tu número de teléfono.
—¿Para qué lo quiere?
—Serás mi asistente, así que debo tener tu número para poder comunicarme contigo. Además, partir de hoy, serás mi nuevo juguete sexual.
—No, un momento, no se confunda, lo que sucedido lo hice para mantener mi trabajo, pero yo, no estoy en venta.
—Tranquila, obtendrás un aumento del 20% en tu sueldo, además, de otros beneficios. Piénsalo, será una gran oportunidad, te llamaré dentro de tres horas, ese será el tiempo suficiente para que pienses.
Al salir de la oficina, Alondra, se cuestionó sobre todo lo sucedido.
—¡Dios! Ese hombre me da asco. Aunque, si lo pienso, su propuesta, solucionaría mis problemas. Sí, debo hacerlo, así podré mantener a este bebé y también cubrir los gastos de atención.
La decisión estaba tomada, Alondra aceptaría ser el juguete sexual de Mathew, si en el pasado había soportado los abusos de Fabricio, acostarse con su jefe, sería menos tormentoso.
De vuelta en el apartamento, ella tomó una ducha. Después de todo, necesitaba descansar. Cuando se quiso recostar, recibió una llamada, que no esperaba.
—¡Que! Por favor sálvenlo, ya voy para allá —ella tomó lo primero que pudo, y sin más. Salió rumbo al hospital—. Señorita, estoy aquí porque hace poco me llamaron, porque mí prometido, Josh Peterson, entro en paro.
—Así es, en estos momentos los médicos, están haciendo maniobras de reanimación.
—¿Eso quiere decir que él…?
—Sí, estuvo por unos minutos, clínicamente muerto.
—¡No…! —Alondra se derrumbó.
—¡¿Señorita, está bien?!
—Sí, es que no he comido muy bien. Yo no importo, lléveme, con él.
La enfermera la llevó hasta la sala de espera. Mientras ella esperaba, su celular, volvió a sonar
—Solo llamé, para decirte, que estoy esperando tu respuesta.
—¡Él se muere! No puedo resistirlo.
—Cálmese, Alondra, no le entiendo.
—Es mi hermano, estoy en el hospital, lo están reanimando. No sé qué hacer.
—Envíeme su dirección. Iré, con usted.
Notando la zozobra en el tono de voz de alondra, Matthew decidió acompañarla.
—¡Tengo mucho miedo! No quiero perderlo —en cuanto lo vio, sin explicación alguna, ella se aferró a él—. Es lo único que me queda. Lo necesito a mi lado.
—Yo… —Matthew no supo qué decir. Así que lo único que hizo, fue acariciar su espalda—. Saldrá de esto, ya lo verá.
Él se quedó al lado de Alondra en todo momento, estar junto a ella era su forma, de disculparse por lo sucedido, anteriormente.
—¿Por qué, nadie nos dice nada?
—Paciencia. Pronto, llegarán las noticias.
Las horas pasaron, los médicos encargados de Josh, enfrentaron una gran batalla, pero lograron estabilizarlo.
—Doctor, ¿cómo está él? —preguntó de forma agitada.
—Está estable, y fuera de peligro.
—¿Por qué, entro en paro?
—Aún no lo sabemos, por esta noche lo dejaremos en observación
—¿Hay posibilidad, de que él despierte?
—Alondra no lo sabemos, pero todo es posible, aún hay cosas que la ciencia no puede explicar.
—Está bien, esperaré…
De un momento a otro, Alondra se descompensó, así que, de inmediato, fue llevada a una habitación.
—¿Dígame, que le pasó? —cuestionó Matthew.
—¿Usted quién es?
—Lo siento, mucho gusto. Soy su jefe, Matthew Hoffman.
—Ya veo. Debido a su situación, ella está viviendo mucho estrés, es importante que se mantenga calmada, y no haga ningún sobre esfuerzo.
—¿A qué se refiere?
—¿Ella, no le menciono lo de su embarazo?
—No tenía idea —Matthew se mostró algo desconcertado—. Lo hablaré con ella. Lo fundamental es que ambos estén bien.
—Sí, están fuera de peligro. Solo requiere descanso.
El doctor se retiró. Mientras que Matthew fue con alondra, y en el fondo, se sentía el peor de los miserables.
—¿Qué tal se siente?
—¡Tengo que ir con Josh! —a Alondra, solo le interesaba el bienestar de su prometido.
—Usted, no irá a ningún lado. Esperaremos a que su suero se termine, y luego, mi chofer la llavera a comer, en su estado. La alimentación no se puede descuidar.
—¿Cómo lo supo? —ella agachó su mirada.
—Eso es lo de menos.
—¡No me despida! Se lo imploro —ella lo tomó de sus manos—. De verdad, necesito este trabajo, haré lo que desee, seré su esclava, podrá hacer de mí lo que le plazca. ¡Tenga compasión!
—Vamos, sé que me porté como el peor de los patanes. No obstante, no soy tan idiota. Y olvídese, lo que le dije, sobre ser mi objeto. Tendrá su empleo.
—Gracias. De verdad, le agradezco.
—No lo haga. No soy, más que un pedazo de basura. Más bien, discúlpeme, me comporté como un asqueroso. Tendrás un aumento en tu sueldo del 6%, y a partir de hoy yo pagaré, los gastos del hospital, puedes tomarte los días que necesites, y no te preocupes, recibirás tu sueldo completo. Espero que todo mejore con tu hermano.
Mathew se fue del hospital, mientras Alondra quedó desconcertada, ella no comprendía, que le había sucedido a su jefe.
—Vaya, eso fue… ¿Qué le habrá hecho cambiar de posición?, sea lo que sea, espero que lo de ser su esclava sexual, de verdad, quede en el olvido.
Continuará.
De vuelta en su oficina, Matthew sintió de la necesidad de descargar toda la irá que sentía, y como ya era habitual, busco a Mia Brown, la vicepresidenta.
—¡Ey, calma! ¿Cuál es la prisa de que te lo haga?
En cuanto, Mía, entró al cuarto especial de Matthew, este la hincó y le ordeno, que le hiciera, lo que era costumbre entre ellos.
—¡Solo hazlo! —gritó.
—No sé por qué, pero me excita este comportamiento.
Mía degustó tal manjar de manera soberbia, tanto que, en cuestión de segundos, los gimoteos de Matthew adornaron la habitación.
—¿Te gusta, cuando estoy sobre ti?
—¡Silencio! Sabes muy, que lo nuestro, solo es sexual.
Durante los cuatro años, que ambos llevaban como amantes. Matthew jamás ha permitido un beso o una simple caricia, tiene claro, que esas acciones, despertarían en él, un lado que ya se marchitó.
—¿Ahora sí, me dieras, la razón de tu enojo? —ella intentó abrazarlo.
—No te importa —replicó—. Y ya que terminamos, continúa con tu trabajo.
—¡Eres un idiota! —lo abofeteo—. ¿No comprendes que te amo? ¿Por qué me haces esto?
—Desde que iniciamos, fui muy claro. No me vengas, con reclamaciones sin sentido.
—Créeme, un día de estos. Te haré arrodillar, ante mí.
—Como sea. Ya lárgate.
—¡Te detesto! —Mia salió destrozada, por más que ella trató de no enamorase, le fue difícil, no traicionarse a sí misma—. Pronto, llegará mi venganza.
Amar, no siempre resulta en un momento dulce. Aferrarte a las ilusiones que te has creado, al final, solo te consumen.
A la mañana siguiente, Alondra empezó su primer día de trabajo. Y de cierta forma, se sentía un tanto intranquila.
—Buenos días, señorita Taylor. Es un placer que esté aquí —Matthew se mostraba amable, de alguna forma debía resarcir el daño causado—. Él es mi abogado, Frederick Davis. Está aquí, porque es el encargado de explicarle, el contrato que debe firmar, por favor siéntese.
—Mucho gusto, señorita. Espero que su instancia en esta empresa sea de su agrado. El contrato es sencillo; en él están consignados sus derechos y deberes como empleada.
—Comprendo —asintió Alondra.
—Eso sí, al estar en una de las empresas número de la ciudad y sus alrededores, usted debe firmar una cláusula de cooficialidad, todo lo que vea o escuche, no debe filtrarse.
—Cumpliré todos sus mandatos —afirmó Alondra.
—Me alegra oírlo. Cumplido mi deber es momento de retirarme.
En el momento que tuvieron privacidad, Matthew sorprendió a Alondra de la forma menos inimaginable.
—Espero que te gusten, en la tienda me dijeron que son colores unisex.
—¡¿Por qué lo hizo!? Mi hijo no es su responsabilidad.
—Claro que sí. Ya hace parte de mi equipo de trabajo.
—Exacto, solo soy una simple empleada.
—No es así. Te utilicé, de la peor manera, y tengo que reparar los estragos que cause.
—Permita que me ocupe de su bebé. Así estaré en paz conmigo mismo.
—Bien, ya tomo una decisión, y no hay nada que lo haga cambiar de parecer. Entonces, tenga muy presente; no soy ni su esclava, ni su juguete, ni una muñeca que use a su antojo.
—Soy consciente de que es difícil para usted, sin embargo, le pido que confié en mí.
—Trataré de hacerlo. Aunque… —en su interior la desconfianza era latente—. Ya que las reglas están sobre la mesa ¿Cuál será mi primera a labor?
—Quédese unos momentos en la oficina, la voy a instruir sobre los conceptos básicos.
Alondra y Matthew permanecieron dos horas juntos; tiempo en el que él, la guío sobre cómo: manejar su agenda, llevar el control de archivos, entre otras funciones.
—¡Veo que es muy inteligente! —exclamó él.
—Gracias, por su halago. Cuando estaba en secundaria, siempre me atrapo el mundo de la computación, soñaba con ser una gran informática o diseñadora gráfica.
—¡¿Y qué pasó con su ilusión!?
—Eso es cosa del pasado. No me gusta hablar sobre ello, ¿se le ofrece algo más?
—No. Vamos, te mostraré tu lugar de trabajo. ¿Qué opina? ¿Es de su agrado? Me tomé el atrevimiento de adecuarlo. Ten presente, que puedes hacer tu pausa activa, el baño está cerca, por si sientes algún malestar, y cuando se sienta muy agotada, no dude en llamarme.
—Bueno… es más de lo que esperaba.
—¡¿Quién es esta perra!? —gritó desesperada Mia, quien estuvo observando a Matthew con detenimiento.
—¡Es mi nueva asistente! —replicó—. ¡Respétala!
—¡¿Así que esta es tu nueva adquisición?! No sabía que te gustasen, tan simples.
—¡Un momento! Usted no me conoce, no le he dado motivos, para que me trate de esa forma. Está siendo muy altanera, no me provoque, le aseguró, que sé defenderme —aseguró Alondra. Y es que una de las cosas que aprendió estando encerrada, fue el defenderse.
—¡Imbécil! ¿Con qué derecho, me hablas de esa forma?
—Usted fue quien inicio. Y le pido, que me deje en paz, tengo trabajo por hacer.
—¡Tú…! —Mia alzo su mano derecha, con la intención de agredirla.
—¡Detente! ¡No olvides quién eres! —Matthew se la llevó a su oficina—. ¡¿Qué demonios fue eso?!
—¿Quién es la zorra?
—¡No es tu asunto!
—¡Soy tu mujer! —gritó—. Y merezco respeto.
—¿Quién te dio ese derecho? Eres la que calma, mis ganas, solo eso.
—¡Imbécil! —Le escupió la cara—. ¡Te odio maldito! He sido una tonta, por pensar que algún día me amarías. Tú nunca podrás, ¡estás marchito, por dentro!
—Tus palabras no pueden herirme, y sí, tienes razón, estoy muerto en vida. Entonces, no pierdas tu tiempo conmigo.
—¡¿Por qué actúas de esa manera?! Sí lo intentamos, tal vez funcione —lo abrazó.
—Mía —se acercó a ella, y acaricio su rostro—. No pierdas, tu tiempo conmigo, no soy lo que buscas.
—¡Te amo! —replicó.
—Crees que lo haces. Pero no es así, es mejor, qué que todo acabe aquí.
—¡No te vas a deshacer de mí!
El corazón de mia se desgarró en mil pedazos. Todos sus anhelos se desmoronaron. No obstante, ella se encargaría de cobrar, sus lágrimas.
Continuará