Portada de la novela Impulsos

Impulsos

8.1 / 10.0
Una experta en distorsionar su realidad se ve atrapada en un torbellino de caos cuando cuatro hombres antagónicos irrumpen en su vida. En este tablero letal, ella es la pieza central acechada por depredadores que la obligan a cargar con sus propios mundos. No hay espacio para el amor, solo impulsos salvajes en un entorno hostil donde el control se pierde. Entre adicciones y peligros, ella debe elegir si ceder antes de que su alma sea destruida.

Impulsos Capítulo 1

—Creo que tengo una maldición —comentó Lucas, llamando mi atención. Tenía una mueca un poco aburrida y atormentada en el rostro, como si hubiese descubierto algo realmente malo.

—¿Ahora con que me vas a salir? —pregunté, poniendo el mentón en mi mano para poder escuchar lo que estaba por inventar, mientras nos rodeaba el silencio de la biblioteca.

—Ninguna persona se siente atraída por mi y los chicos con los que ligo, no duran más de una semana. Es una calamidad —bufó herido y rodé los ojos con una sonrisa—. No es un chiste, no se qué voy a hacer si no encuentro al amor de mi vida.

—Seguir viviendo, no te vas a morir por eso.

—Lo dice la que tiene cuatro novios —abrí los ojos y miré a mi alrededor, para asegurarme que nadie hubiese escuchado nada de lo que dijo el bocón de mi amigo.

—¿Que carajos te pasa, Lucas?

—Perdón, pero no es justo. Yo no tengo ni uno y tu te llevaste cuatro —resopló con fuerza y desde el lugar donde estaba la encargada de la biblioteca, escuchamos un sonido, que indicaba que hiciésemos silencio—. La biblioteca es el peor lugar para echar chisme.

—No vengo aquí a echar chisme, tengo que estudiar.

—¿No era para esconderte de tu amado Madow? —cuestionó con una sonrisa llena de malicia y suspiré, controlando mis sentidos.

—¿Que te hace pensar eso?

—Por que allí va entrando —alegó y enseguida miré hacia la entrada, pero no había nadie y acompañado de eso mi mejor amigo comenzó a reír como una cabra loca en medio de la sala.

—Eres el peor, Lucas.

—Una advertencia más y se retiran —objetó la mujer desde su lugar de trabajo y asentí con respeto, ya que no podía controlarlo.

—Vas a hacer que me saquen y no he terminado; deberías ir a ver los nuevos chismes con los demás estudiantes —lo ví de reojo, mientras proseguía con mi estudio.

—No, solo se la pasan hablando de tus hombresotes y me irrita su obsesión —me susurró en el oído, a medida que se marchaba de mi lado.

—No son mis hombresotes, solo trabajo para ellos.

—Como juguete sexual, obviously.

Chisté enojada, lo que provocó enseguida que la mirada de la encargada cayese en mi de nuevo y me miró fijamente. Entonces cuando señaló la puerta, bufé.

Lucas me miró inocente, encogiéndose de hombros y yo quería matarlo a golpes por haber provocado que me explulsaran de la biblioteca.

Era cierto que me ocultaba en ella por Madow, pero también lo hacía por los otros tres, ya que no los dejaban entrar a lugares donde solo podían ingresar estudiantes, pero también me servía el espacio y el silencio para concentrarme en lo que hacía. Amaba el estudio y sobre todo, que no me molestasen mientras lo hacía.

Caminé por los pasillos de la universidad, en busca de mi casillero, ya que tenía que dejar los libros listos para la clase de la noche y en ese hueco que tenía entre clases, me dedicaba a trabajar.

Sabía de cosas que no cualquier podía conservar y las personas que lo hacían, por lo que mi vida giraba en torno a mundos bajos y delitos.

Yo no era nada de eso, simplemente estudiaba diseño gráfico y administración al mismo tiempo en la universidad, por qué quería vivir de ello, pero como falta de recurso, saber cómo manejar mi negocio accedí una carrera de más.

La universidad me dió ambas carreras por mi promedio en los exámenes, pero debía mantenerme a mi misma y a la mujer con la que vivía, por lo que recurrí a personas que conocían otras personas.

—No vas a creerlo, pero mira esto —habló Lucas, antes de mostrarme su celular casi pegado a la nariz. Allí había una imagen que no identifiqué tan cerca, pero cuando le quité el celular para comprobar, ví que estaban los cuatro hombres para los que trabajaba rodeando un auto.

Madow y Astrophel parecían charlar recostados en un costado del auto, mientras que Axel estaba sentado en el capó del auto revisando su celular y el último, Iah, permanecía sentado en su moto detrás del auto.

—¿Que están haciendo aquí? —pregunté con la respiración cortada.

—Lo tendremos que averiguar —me miró un poco intimidado—. Nadie sabe que vienen los cuatro por ti, eso va a armar un revuelo en el campus.

—No puedo hacer esto.

—Claro que puedes, son tus hombres.

—No, no entiendes.

—¿Que no entiendo? —me miró confundido frunciendo el ceño.

—No están aquí solo por verme. Cometí un error y... —tragué saliva y retrocedí de nuevo.

—¿Y que Amy?, ¿Que hiciste? —me cogió de los hombros, para mirarme fijamente.

—Al parecer ya lo descubieron. Tengo que irme de aquí —dije simplemente y retrocedí rápidamente cuando llegamos a la salida, pero entonces como si tuviesen una especie de sentido para detectarme, los ojos profundos y oscuros de los cuatro hombres me miraron enseguida, quemando mi alma desde adentro.

Me di la vuelta y corrí hacia atrás, dejando confundido a mi amigo y con mi corazón hecho una bomba de tiempo, me escabullí por los pasillos de la universidad en busca del campus de fútbol.

Por la parte de atrás podría encontrar una salida; no quería lidiar con los cuatro, después de haber seguido a mi intuición primero antes de que lo que ellos que me habían querido mostrar.

Si con uno ya era como ver el infierno, no me imaginaba que me harían los cuatro y no tenía a quien más importarle, por lo que ni se fijarían en el momento en que desapareciera de la faz de la tierra con ellos.

Me detuve en el campo verde para tomar aire, doblando las rodillas y evitando dejar que mis piernas cedieran, debía seguir mi camino; las residencias de la universidad estaban justo detrás y podría escabullirme entre los edificios.

Llegué a la puerta por donde salían todas las personas que ingresaban al estadio a ver los partidos, pero no tuve ni tiempo de tocarla, cuando por allí entró Madow como el Diablo apareciendo para condenarme en cuerpo y alma.

Sus ojos bicolor; gris y oscuro, me observaron achinados como si dentro de él estuviese una bestia enjaulada a punto de salir a devorarme.

Aveces me preguntaba cómo había aguantado tanto tiempo viendo sus ojos, como para reconocer al menos su color, si eran tan oscuros y profundos; se sentía como si te obligaran a querer morir.

Tragué saliva retrocediendo lentamente, pero mi espalda chocó con algo duro y caliente, y por algo, me refería a alguien.

Me superaban tantísimo en tamaño, que en la curva de mi espina podía sentir el bulto de sus pantalones y sus abdominales rozando mi cuello. Normalmente siempre usaba zapatos con plataforma, por qué me gustaban y justo ese día preferí ir con unas tiernas baletas que me hacían más baja de lo que ya era.

Cada nervio de mi cuerpo se prendió a mil grados, transpiraba el terror por los poros y sabía que ellos se daban de cuenta de que no estaba bien, como si fuese parte de un don que los unía. Usaban la forma en la que lograban intimidarme a su favor, al punto de que me hacían descender diez niveles en mi dignidad y voluntad.

Axel apareció por mi costado izquierdo con una mirada que me traspasaba el corazón como un filo; era de los cuatro el más duro, su humor era demasiado para soportarse así mismo y sabía a quien temerle más en situaciones como esas. Su cabello largo y azabache estaba medio recogido por una coleta.

Mientras por el otro lado, cruzado de brazos apareció Iah. Su mirada no era tan fuerte con la de Madow y Ax, pero sabía que estaba enojado por sus cejas fruncidas.

¿Que habré hecho en mi vida pasada para ser castigada en un infierno gobernado por cuatro hombres?

Detrás mío tenía al último hombre que quedaba, Astrophel.

Mis piernas comenzaron a temblar en paralelo al ver a Madow acercarse con intenciones de acorralarme y no dejarme espacar; ninguno tenía esa intención en sus ojos y solo veía peligro.

—Tenemos cosas de que hablar, querida Amy —sonrió sin gracia el hombre de cabello corto azabache, que me obligó a mirarlo con una mano en mi mentón y su voz bajó de tono, sabiendo que eso me ponía de rodillas en el suelo—. Y no te van a gustar los resultados.

Tragué saliva envuelta en un manto de sudor y rogué por morir de un infarto en ese mismo instante.

Sin embargo, todo tenía una razón para estar allí, él por qué esos impresionantes hombres me tenían acorralada como un animalito indefenso a punto de ser devorado por sus depredadores y eso nos lleva a unas semanas atrás, el inicio de todo, donde no tenía la menor idea de que ellos existían y que me obligarían a darle la vuelta a mi mundo.

Cosas que jamás había experimentado, se reunirían en cuatro hombres.

¿En qué momento entregué mi alma al destino?

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