Capítulo 2

-¡Ups...! -Cloe deja caer el cabello al suelo y luego, muy satisfecha, se aparta de su hermana.

-¿Cómo... cómo pudiste? -pregunta con los ojos llorosos, mirando al suelo donde está su larga melena esparcida.

-Sabes, me he equivocado, con el cabello corto te ves horrorosa -sonríe a carcajadas-. Sigo siendo hermosa...

-¿Qué está pasando aquí? -la señora Watson ingresa a la habitación de Kiara, la cual le parece desagradable.

-Madre... -Cloe la mira esbozando una sonrisa de complicidad.

-¡¡Kiara, te has cortado el cabello!! -la reprende-. ¡Es notable que envidias a tu hermana!

-No, madre... yo no me lo corté, ella...

-¡Silencio! ¡Cada vez me decepcionas más! -la mira con desdén-. ¡Cloe, ve a organizarte, tienes un compromiso por cumplir! Y tú, Kiara -la señala-, espero que por primera vez en tu vida seas una Watson -se retira sin permitirle a Kiara darle una explicación, contar la verdad de los hechos.

-Aprovecha la oportunidad, hermanita -lo dijo burlona y se dirige a la habitación.

-¡Cloe! -la menciona y su voz es dolorosa.

-¿Qué quieres, Kiara? Los invitados esperan a la reina, ¡o sea yo! -Cloe pareciera no tener sentimientos.

-Somos hermanas, somos la misma sangre, ¿cómo... es que me odias tanto?

-¿Todavía lo preguntas? -arquea una ceja-. ¡Tú eres una mosquita muerta! -al decirlo se marcha victoriosa por su logro, aunque ese sentimiento de resentimiento hacia su hermana la domina.

Kiara cae de rodillas sobre su cabello, se siente vacía, se siente fuera de sí, y lo peor de todo es que sus sentimientos no son importantes para su familia. Aunque no quiere asistir a la fiesta, debe hacerlo porque si no, no le seguirán pagando su carrera en una universidad para ser una gran Diseñadora de Animación Digital. Le encanta porque a diario cuida de su hermana menor, Lia. Todas las noches ven animaciones de princesas y, como ella es tan soñadora, siente que podría explotar ese talento.

-Te lo prometí, abuelito Gabriel, prometí lograr mis sueños y salir de este lugar con la frente en alto, y así lo haré -seca sus lágrimas respirando profundamente para controlar la tristeza. Su abuelo la amaba y era su nieta preferida, pero falleció de un infarto y desde entonces la vida de Kiara es una pesadilla.

Con su cabello suelto y vestimenta habitual, o sea jeans, camisa ancha y tenis, sale de su habitación hacia la dichosa fiesta donde están los invitados de alta sociedad y, como ella lo esperaba, la miran como si fuera un bicho raro.

-En cuanto mi madre me vea, seguramente me va a castigar -susurra mientras mira la elegancia y belleza de las mujeres presentes.

-¡Madre! -Cloe vio desde una distancia a su hermana Kiara y verla vestida así la enfadó porque está echando a perder su plan.

-Cloe, hija, estás hermosa. Saluda a los invitados, esta noche debes conseguir un esposo con urgencia.

-No he venido para que me diga lo que sé que tengo que hacer, Samantha, sino para que mires a tu desagradable hija. Nos está haciendo pasar vergüenza y más que con el cabello corto se parece a mí. ¡Haz algo!

-Baja la voz y compórtate -le reprende al observar su berrinche-. Voy a arreglar este asunto -la señora Watson dirige sus pasos hacia Kiara, cuando alguien la interrumpe para saludarla. Lo cual la enfada, pero lo oculta con una falsa sonrisa. Al terminar su corta plática, mira hacia donde debe estar su hija, pero no está.

-¿A dónde te has ido? -pregunta mirando a su alrededor.

-¡Señor, suélteme! -Kiara hace lo posible por soltarse del hombre fortachón, vestido muy elegante.

-Señorita Watson, por más que quiera huir, no podrá escapar de su destino.

-¿Destino? -pregunta intentando soltarse mientras es arrastrada a las afueras de la mansión-. ¡No entiendo de lo que hablas! -vociferó-. ¡Señor, suélteme o... mis escoltas lo van a golpear!

-¡Estoy autorizado para llevarla, señorita Watson!

-¡Eso no puede ser posible! Me estás llevando en contra de mi voluntad. ¡Esto es un secuestro! ¡Auxilio! -empieza a gritar, pero el escolta le cubre la boca con un pañuelo.

-Su padre tenía razón, usted es muy rebelde y no iba a querer ir por las buenas -la sube al auto y Kiara, del desespero, cierra y abre los ojos, incluso intenta hablar, pero no puede y lo peor de todo es que se está sintiendo débil.

El hombre de vestimenta elegante empieza a manejar, sabiendo que ella no puede escapar porque todas las puertas tienen seguro y porque el pañuelo estaba impregnado de un perfume tranquilizante. Por esa razón, Kiara se siente a su vez mareada.

-Señor, no me haga daño... -la chica se va de lado, quedando acostada ya que está en el sillón trasero.

-Solo cumplo órdenes, señorita -continúa manejando.

-¿Órdenes...? -pregunta con dificultad viendo doble, y eso la marea aún más. Por esa razón cierra los ojos.

-Mi jefe espera por usted -sonríe-. Usted cometió un grave error y lo deberá pagar.

-Yo... soy inocente, por favor déjeme ir -balbucea intentando levantarse.

-Es en vano, señorita Watson, usted ya le pertenece al señor Villarreal.

Al escuchar "señor Villarreal", recuerda la conversación de su padre con Cloe.

-Señor, yo no soy Cloe, no, no me lleve con ese señor Villarreal...

-Usted tiene buen sentido del humor... -dice mirando por el retrovisor, y efectivamente ella quedó profundamente dormida, aunque no será por mucho tiempo.

El escolta, Jason, ingresa a la lujosa mansión que queda a las afueras de la ciudad. Su estilo es campestre y eso la hace atractiva. Al estacionar, baja a Kiara del auto entre sus brazos y dirige sus pasos hacia la entrada principal.

-¡Has llegado! -la ama de llaves, Mercedes, está preocupada.

-Me fue un poco difícil, la señorita Watson es rebelde, además, había muchas personas. Afortunadamente, ella no hizo tanto escándalo al principio. Ya cumplí mi misión -suelta un largo suspiro.

-El señor Villarreal está enojado, siento que hoy será una larga noche. Me ha ordenado que en cuanto llegues, la lleves a su habitación. Él está esperando por ella.

Capítulo 3

Archie Villarreal, joven apuesto de cabello rubio oscuro, ojos cafés oscuros, cuerpo tonificado, está en el rincón de la habitación, sentado de manera varonil en el sillón que queda cerca de la ventana. La oscura habitación es iluminada por la luz de la luna que se filtra suavemente a través de las finas cortinas blancas. El hombre está fumando un cigarrillo para apaciguar su furia hacia la familia Watson, hacia la chica que será su prisionera. Ansioso por hacerle pagar su burla, tiene su mirada clavada hacia la puerta, su mirada es como un fuego ardiente que aumenta al verla abrirse y ver la figura de su escolta Jason, que entre sus brazos trae a Kiara inconsciente.

-Señor -su respiración es agitada y el humo del cigarrillo se impregna en sus fosas nasales, sabiendo que su jefe está estresado-. He cumplido.

-Adelante -ordena, y Jason dirige sus pasos hacia la cama, donde cuidadosamente acuesta a la chica y luego, al retomar su posición, Archie le dice:

-¡Largo! -Jason, al escuchar la orden, hace una mini reverencia y se marcha.

Villarreal deja caer la colilla del cigarrillo al suelo y luego se coloca de pie sin dejar de mirarla, pero al verla moverse y quejarse por lo bajo, detiene sus pasos y se cruza de brazos.

-Ayuda... -la oye suplicar-. No, por favor, no me hagas daño -el hombre frunce el ceño, porque esa voz es distinta a la de la chica que se burló de él.

Enfurecido por aquella voz, vuelve a tomar asiento sin dejar de mirarla, cuando de repente la ve sentarse en la cama de golpe y mirar a los lados angustiada.

-¿Dónde estoy? -pregunta, pero siente un leve mareo que la hace llevar sus manos a su cabeza-. ¡Rayos... no me siento bien! -intenta calmarse para reducir el mareo, pero su temor por estar en un lugar desconocido la atormenta, así que en su ignorancia, se coloca de pie y, sosteniéndose de las paredes, llega a la puerta principal para abrirla. Lo cual fue absurdo porque Jason le puso seguro a la puerta. -¡No! ¡No! -se esfuerza para abrirla-. ¡Dios..! ¿Dónde estoy? ¿A dónde me ha traído ese hombre? -vuelve a intentar abrir la puerta, sin percatarse de que es observada silenciosamente-. ¡Ay, y si me van a vender! ¡A sacarme mis organos! ¡A a abusar de mí! -espetó llenándose de desesperación-. Seguramente ese tal anciano Villarreal se va a querer aprovechar de mí. ¡Tengo que escapar! -se gira y precisamente ve la silueta de un hombre que la llenó de pánico-. ¿Quién eres...? -sus piernas empiezan a temblar-. ¡Usted... ¿es el anciano Villarreal? ¡De una vez le digo que sé artes marciales, señor! Estoy aquí en contra de mi voluntad, y escaparé de este lugar donde de manera forzada me han traído -Kiara siente que se le va a salir el corazón de lo acelerado que está porque solo ve esa silueta, mas no con exactitud quién es y cuáles son sus intenciones. La desespera que esa persona esté en total silencio, pero lo que más pánico le dio es verlo colocarse de pie.

Tragó grueso al ver aquella silueta imponente, un hombre alto del cual puede sentir su fría mirada sobre ella.

-¡Un paso más... y no respondo, señor Villarreal! -la chica estampa su espalda sobre la puerta de madera, deseando poder escapar de esa fría y a su vez calurosa habitación. Archie está tan molesto que está que brota chispas, tiene sus manos empuñadas y continúa acercándose a ella. -¡Deténgase! -grita Kiara a todo pulmón, porque el miedo la dominó. Ella jamás ha estado sola con un hombre y más en una oscura habitación donde se siente prisionera.

-Si tanto sabes artes marciales, defiéndete -Archie usa otro tono de voz, al estar a un ocaso de ella.

-Créame, señor... que no quiere ver que lo haga -Kiara pasa saliva ya al verlo a escasos centímetros de ella. Aquel olor de un perfume tan varonil mezclado con el aroma del cigarrillo se impregna en sus fosas nasales-. Esto es un error.

-Shhh -susurra al colocar su dedo índice sobre aquellos carnosos labios.

Por aquel toque, Watson sintió un cosquilleo en su entrepierna, pues nunca había sentido una caricia de esa manera. Villarreal puede escuchar su agitada respiración, una que está mezclada de temor, pero a su vez de un gemido bajo que lo atrae sin razón.

-Ahora eres mi esposa y no escaparás de mí.

-¿¡Qué!? -Kiara exclama sin importar que él tenga el dedo sobre sus labios.

-Ahora estás bajo mi dominio, pagarás el haberte burlado de mí.

-Pero yo... -intenta dar la explicación.

-¡Silencio! Mis órdenes se deben cumplir así sea en contra de tu voluntad, así sea que sepas artes marciales. El que manda soy yo y debes acatar todo lo que yo te diga. Te dije que me lo ibas a pagar y aun así te burlaste de mí.

-Usted me está... -no la dejó terminar porque la agarra del cuello sin ejercer fuerza y la acorrala aún más en la puerta. La chica tiembla como un conejito asustado.

-Cada día de tu vida vas a lamentar haberte burlado de mí, así que no te hagas la inocente y quítate la ropa.

-¿Qué...? -por poco a la chica se le sale el corazón del pecho. Tiembla aún más temerosa por la orden estricta del hombre desconocido para ella.

-¡Deja de temblar como si te fuera a matar! Virgen no eres, así que procede ya -acerca su rostro al oído de Kiara-. Bienvenida a mi mundo siniestro, donde tú eres mi juguetito y veremos si así aprendes a no burlarte del hombre equivocado.

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