Capítulo 2

Capítulo 2

CAROL

—No pasa nada, señor Reyes. Yo... —soy interrumpida.

—¿Por qué te empeñas en llamarme, señor? ¿Hace cuánto eres amiga de mi hija?.

—Seis o siete años, señor... Digo, William. Ya casi ni lo recuerdo.

—Will. Llámame Will.

—Está bien. Bueno ya debo irme, Susan debe estar esperándome. —no se me pasó desapercibido el doble sentido de sus palabras, ¿O solo soy yo escuchando lo que me gustaría oír?

—¿Irás a casa? —Hubo algo extraño en su tono al hacer esa pregunta, incluso diré que se escuchó nervioso.

—No. Ella ira a la mía.

—Oh, en ese caso, vamos por tu nuevo

café y luego Carlos puede llevarte.

—Yo... No hace falta de verdad.

—Vamos, Carol. No me gusta tener que repetir lo mismo. —Estaba tan cerca de mí, que podía sentir su aliento mentolado y fresco en mi cara. Y su olor... Oh Dios, está acabando conmigo.

Sus ojos me miraban expectantes, como si quisiera que lo retara. Respiro hondo y asiento.

—Acepto que me lleven. Pero no lo del café, eso no fue tu culpa. Además ya es tarde.

—Está bien.

Gira sobre sus talones quitándome la caja rosa que llevaba.

—¿Son para Susan?.

—Oh, no. Esas eran para mí sola antes de que ella me llamara.

—¿No son muchas para ti?.

—Cuando has tenido un mal día y ves que tu vida es una mierda, nada es demasiado.

—Esa boca. —Paro en seco detrás de él y lo veo caminar. ¿Acaso acaba de regañarme? —. En todo caso, eso no solucionará el problema.

Camino rápido y lo alcanzo poniéndome a su lado.

—No, supongo que no. Pero tengo antojo de algo dulce y delicioso.

Esto último lo digo con doble sentido. Will se da cuenta, porque me mira de reojo. Siento cómo la sangre sube por mi cuello y se estanca en mis mejillas; bajo la cabeza para ocultar el rojo de mi cara, con la esperanza de que no la haya visto.

Caminamos una cuadra más, antes de detenernos frente al gran edificio que estaba ante nosotros. Donde se podía leer en letras negras con bordeados plateados.

W&S INVERSIONES INMOBILIARIAS REYES'S.

Más arriba de la entrada principal.

Lo veo sacar su celular y llevarlo a su oreja, mientras se aleja para hablar.

Poco después voltea y me ve. Las mariposas en mi estómago, por la mirada tan caliente que Will me da mientras le da un repaso a mi cuerpo, me dice que salga corriendo, que mi deseo por él no es correcto.

Me muevo algo inquieta.

—Ya Carlos viene con el auto. Dile a Susan que me llame en lo que pueda.

Asiento con la cabeza.

—¿Sucede algo? —lo miro atontada.

«Rayos debe estar pensando que soy una rara.»

—No, bueno, sí.

—¿Si o No? Tienes que decidirte.

Giro los ojos para volver a enfocarlos en Will.

—La verdad es que acaban de despedirme. Es por eso que ando a las dos de la tarde caminando ociosamente por la calle.

Me observa detenidamente, acaricia su mentón con aire pensativo.

—Entiendo. —abre la boca para decir algo más pero un claxon nos interrumpe, haciendo que los dos volteemos a tiempo; para ver a Carlos bajar del auto y caminar por la parte delantera. Abre la puerta de atrás y aguarda a que yo vaya.

—Bueno, creo que ya es hora de irme —lo miro de arriba a abajo todo su metro noventa. La mirada intensa que me da, hace que se me erice los vellos de la nuca. Caminamos hasta el auto, cuando estoy a punto de subir, Will toma mi mano haciendo que toda mi espalda se tense.

«Si tan solo supiera lo que su tacto causa en mí.»

—Todo se solucionará.

—Eso creo. —Al subir al auto me pasa la caja y tranca la puerta. Con un asentimiento de su parte, veo como Carlos se dirige al frente y sube. Por la ventanilla del auto observo ha Will; que se queda parado en la acera con las manos metidas en sus bolsillos y la mirada fija en mí, mientras nos alejamos. Por un nanosegundo nuestras miradas chocan y, juro, que lo que vi en esos grises y cansados ojos, fue deseo.

Con una fuerte bocanada de aire, me recuesto en el asiento todo el camino a casa. Dejando que mis pensamientos se vayan a lo extraño que había sido nuestro encuentro.

¿Qué hacia él, caminando a esa hora en la dirección contraria de su oficina?.

Pero entonces, que iba yo a saber de él y su rutina diaria...

Capítulo 3

Capítulo 3

CAROL

Después de llegar a mi pequeño departamento, que era más bien como un estudio de arte, me cambié de ropa colocándome algo más cómodo. No pasó mucho tiempo antes de que Susan llegara.

—¡Humm!, Están deliciosas.

—Sí, tienes razón. Necesitaba algo dulce para endulzar mi día. Por cierto, hoy me crucé con tu padre. —Susan dejo de masticar, sus ceja perfectamente depiladas, se alzan con sorpresa.

—Larga historia. Fue pura casualidad... —hice un aspaviento con la mano para quitarle importancia—. Me pidió que te dijera que lo llamaras. —Ella me observa un momento más antes de seguir comiéndose su dona de chocolate.

—Juro que voy a terminar engordando, como siga así. —Me río. La chica tenía un cuerpo increíble y nunca engordaba.

—¡Seguro! —Susan era hermosa; Rubia natural, con un cuerpo de infarto, bellos ojos azules, iguales a los de su madre. O eso había visto yo en las fotografías que ella me había mostrado, aunque se parecía más a su padre.

—¿Entonces qué fue lo que sucedió? —Susan me miraba desde el otro extremo del sofá, mientras se metía otra dona en la boca.

Le conté todo lo sucedido con el idiota de mi exjefe.

—Wow, nena, eso apesta.

—Si. Ni me lo digas. —Me levanto del sofá y voy a la cocina por más vino—.¿Vas a querer un poco más?.

—No, tengo una cena esta noche con papá y Henry. —Grita por encima de su hombro.

—Vaya, ¿Y eso a que se debe? —dije regresando de nuevo a mi lugar. Susan se mueve algo nerviosa.

—Pues... Henry me ha pedido que viva con él, así que he aceptado.

Mi vino queda suspendido en el aire camino a mi boca.

—No creo que a tu padre le guste la idea.

—Papá tiene que superarlo. No soy ninguna niña, Carol. Tengo veintidós años. Y me valgo por mí misma. No puede pretender que viva toda mi vida con él. Sé que también necesita su espacio aunque no lo quiera admitir.

—¿Estás segura de esto? Quiero decir, solo llevan un año y medio saliendo.

—Sí, muy segura.

—Okey. En ese caso te deseo lo mejor, que lo disfruten. —Algo en mi voz debió delatarme porque Susan frunció el ceño.

—¿Qué pasa, nena? —Se acerca más a mí y toma mi mano con las suyas.

—Nada. No me hagas caso.

—Ah, no. No me vas a salir con esa. Te conozco muy bien y se que algo te pasa.

Pongo los ojos en blanco. A ella no se le escapaba nada.

—No tengo empleo. Están por desalojarme del departamento, no tengo donde vivir... —Ese hecho me golpea tan fuerte que la respiración se me corta—. Pero tranquila, no dejes que mis problemas te abarquen y arruinen tu felicidad. Ya encontraré una solución.

—A ver, como no voy a preocuparme. Eres mi mejor amiga, Obvio que me voy a preocupar por ti.

—Te quiero.

—Y yo a ti, nena. —Nos abrazamos.

—Odio tener que llamar a mis padres y

pedirles ayuda. —La espalda de Susan se tensa. Poco a poco me fue soltando, con expresión seria en su rostro.

—No estás pensando lo que creo que estás pensando.

Muevo la cabeza encogiéndome de hombro. No hace falta que mencione nada. Ella lo sabía.

—No, no puedes hacerme esto. —Ella se levanta y camina de un lado a otro, exaltada—. Tus padres se fueron hace ya tres años a España. Como puedes tan siquiera pensar en algo como eso, cuando tu luchaste por quedarte aquí.

—¿Crees que no lo sé?, Yo más que nadie se todo lo que tuve que hacer para poder quedarme. Tener que demostrarle a mi padre que, si podía estar sola, fue duro. Tampoco creo que alguna vez logre olvidar la mirada de tristeza de Corinn.

Las emociones me superan, las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas.

—No veo que otra cosa pueda hacer. No tengo dinero, trabajo, y cómo si fuera poco, tengo que desalojar este lugar en una semana.

—¿Cuándo pensabas decirme todo esto?.

—No quiero estar molestándote con mis asuntos. Además, no te he visto casi últimamente. Tienes tu propia vida, Susan. Incluso planeas vivir con Henry, y eso está bien, ¿sabes? Es genial. Pero yo tengo que buscar de acomodar mi vida y darle estabilidad.

Ella deja de caminar y parece pensar en todo lo que he dicho.

—Tu eres importante en mi vida, siempre me has apoyado incondicionalmente. Así que, si necesitas de mí, sin dudas algunas estaré ahí para ti. Así que vamos a solucionar esto.

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Dulce Tentación

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