Capítulo 2

Alister 

Sus ojos grises, como si tuviera a la luna misma en sus ojos. Su piel pálida, como la nieve. Su cabello negro caia sobre sus hombros. Sus labios carnosos y rosados. Las pecas que adornaban su rostro. El lunar de su ceja izquierda. El sonido de su risa, la forma en la que me mira, es algo inexplicable. 

— Alister. 

Mi nombre saliendo de sus labios, la dulzura y malicia con la que lo dice. Como si acariciara mi nombre con sus labios. Extiende una de sus manos y puedo sentir su frío tacto sobre mi mejilla, me acaricia con ternura. Siento una gran sensación creciendo en mi pecho, algo cálido en mi interior y no, no es el fuego abrazador que suelo sentir todo el tiempo, es pacifico, es perfecto… 

— Alister — vuelve a llamarme con dulzura. — ¿Me amas? — preguntó, con un intenso brillo en sus ojos. 

Pude sentir como sonreía, mi corazón latía a la par del suyo, extendí mi mano y acaricie su rostro. Es hermosa, no hay belleza que se le compare. 

— Sabes que yo… 

El graznido de un cuervo en mi oreja me despertó de golpe, vi mi ventana abierta y la figura de Amelia de pie, había tres plumas negras cayendo al piso. 

Maldita loca. 

— ¿Buen sueño? — dijo con una sonrisa. 

— Los dragones no sueñan — respondí molesto. Frote mis ojos y mire el techo. — ¿Qué mierda haces aquí? Creí dejar las cosas en claro ayer.

Escuché sus pasos y enseguida sentí como se acostaba a mi lado, no la mire, pero sí podía sentir su mirada en mí, era de esperarse, sabe que duermo desnudo, no soporto la ropa cuando todo el tiempo estoy caliente. 

A decir verdad, no me importa que Amelia esté aquí. Los dragones no soñamos, nos hundimos en un sueño profundo sin saber nada más, pero cuando un dragón sueña generalmente esos no son sueños, sino visiones. 

Solo una vez he tenido una visión y esa fue cuando vi a mi hermana morir envuelta en llamas. Fue el peor primer sueño o visión.  

Sin embargo, soñar con esa chica, fue raro. No la reconozco, nunca la había visto, su belleza no puedo compararla con nadie porque nadie la supera. Es hermosa, es perfecta. Quisiera saber quien es ella. 

— Mundo llamando a Alister — tronó los dedos frente a mí. — ¿Dónde andas? 

— Pensando en cómo arrebatarle todos los puntos a Miller — me levanté de la cama. 

Estaba desnudo por lo que le di una gran vista a Amelia de mi cuerpo, estaba por ponerme un pantalón deportivo cuando sentí las manos de Amelia por mi cuerpo. Sonreí, me gusta que siempre esté a mi disposición. 

— Ganarás el puesto de Smile — dijo a mi oído, comenzando a besar mi cuello. — Me encargaré de que lo ganes, mataré a todos. 

— No necesito que mates a nadie — me di vuelta, la tomé del cuello y  sonreí. — Al menos no ahora. 

— ¿Qué quieres que haga? — sonrió con malicia. 

— Ponte de rodillas. 

Amelia se puso de rodillas, mi miembro ya estaba duro, en cuanto sus manos lo tomaron sentí como mi sangre se volvía lava. Al ser un dragón es natural que todo nuestro cuerpo esté siempre caliente, sentir como nuestra sangre es tan caliente y espesa como si fuera lava, solo se apacigua con tres cosas, el sexo, el alimento puro de un dragón que son las vírgenes y estar enlazado con alguien. Volví al presente cuando Amelia hizo un movimiento con su lengua que me hizo gruñir. La tomé del cabello, ella puso sus manos sobre sus piernas sometiéndose ante mí, me miró y yo comencé a embestir su boca. Sus arcadas se hicieron presentes, pero no me detuve, continué arremetiendo en su garganta hasta que me vine. Eyacule en su boca y ella se trago todo. 

Me encantaba su mirada cuando terminaba en su boca, era tan satisfactoria. Pero no como la de esa mujer. ¡Maldición! Ahora ya no saldría de mi mente.

Me separe de ella, tome mi pantalón y me lo puse. Amelia estaba recuperando el aliento cuando volví a verla, salí de la habitación dejándola sola. Vivía en la casa en la que me crié, mi padre me la dejó cuando decidió irse a vivir a la cabaña del bosque, baje las escaleras hasta llegar a la sala, me dirigí a la cocina, puse la cafetera y encendí la televisión. Necesito despejar mi mente, sacarme a esa mujer de la cabeza. 

“El cazador ataca de nuevo, se suma la víctima número 27 del año y hasta el momento sigue sin haber indicios, la policía hace todo por descubrir quién es este asesino serial.”

Sonreí, jamás lo sabrán. Mire la televisión y la fotografía de la chica de ayer apareció, era linda, aunque muy mala bebiendo, con dos cervezas ya la tenía sobre mí. 

— Otra rubia, tienes una inclinación por las rubias — dijo Amelia. Entró a la cocina y se sirvió café. 

— Las rubias son hermosas — pero nadie se le compara a ella. Sea quien sea. — ¿Qué haces aquí? 

— Bebo café.

— No hablo de eso, ¿qué quieres? Por algo has venido temprano, a menos que estés aquí para que follemos — tome una taza y se me serví café. 

— Eres un hijo de puta, quería saber como estabas y te comportas como un cretino. 

— Por favor, siempre he sido así no seas delicada — puse los ojos en blanco. — Así que si has venido aquí para sobornarme con una mamada y que acepte esa ridiculez de que nos casemos, mejor vete.

Amelia se acercó, ya no le dolían mis palabras, no era la primera vez que le hablaba así. 

— Para tu desgracia los dos sabemos que este matrimonio es bueno para todos — sonrió. — Vamos a follar y te la voy a chupar aceptes o no el matrimonio, pero los dos sabemos que casarnos es lo mejor, tu conversión sólo está retrasada, vamos a hallar una forma para que te vuelvas el dragón que todo el mundo quiere y así tener el poder total. 

Y la desgraciada sabía usar las palabras, conozco su manipulación, conozco su mente y cada trastorno en ella. 

— Dile eso al resto de tus amantes, sabes bien que yo no soy tan imbécil para caer en tus redes — le dio un besó en la frente y me sonrió maliciosa. — ¿Desayunas? 

— No, tengo que irme con mamá, por cierto quiere que vayas a cenar tú y tu padre. 

— Si es otra táctica para que acepte el matrimonio, no lo aceptaré nena.

— Quiere que nos reunamos solamente, una cena familiar, ¿que dices? 

Su madre era la única que me había tratado bien, después de que la mía se largara, ella era como mi madre y la apreciaba, pero sabía bien para que me querían ahí. 

— Yo llegaré — dije sin más, aunque no iría. 

— Bien — se acercó y me besó. — Te quiero guapo. 

Sonreí y se fue. 

Amelia es una buena mujer, nos conocemos desde niños, su familia estuvo conmigo cuando mi madre me dejó con la basura de mi padre. No dudaría en tomarla como mujer, mi padre ha estado buscando una pareja para mí desde que cumplí los 30, pero nadie llena sus expectativas, ni las mías. Por raro que suene, quiero conocer a la indicada para mí, no importa si es una simple humana, he tenido tanto caos en mi vida, que quiero un momento dulce. 

Sin embargo, eso nunca será posible. Mientras mi conversión no llegue, no tomaré a nadie. 

Abrí la nevera y saque las cosas para preparar mi desayuno, mientras seguía escuchando el reporte de la policía sobre “el cazador” no suelo atacar más de dos veces en una semana, como lo dije antes, los dragones nos alimentabamos de vírgenes puras, yo encuentro mi alimento de otra forma, además en este siglo ya nadie es virgen después de los 16. 

Estaba cortando por trozos el corazón, cuando alguien abre la puerta de mi casa, fruncí el ceño y mire a mi padre entrar. ¡Maldición! Un poco de paz es lo único que pido. 

— Cambiare la cerradura — declare mientras seguía cocinando. — Ya recibí la visita de Amelia, si una chupada no me hizo cambiar de opinión ante tu absurda idea del matrimonio, ¿qué te hará creer que con tu presencia algo cambiará?  

Levanté la vista y vi a mi padre mirando las noticias. Él es más sutil con su comida, a mí me gusta ser el cazador nato que soy. 

— Sé que no te agrado Alister — soltó un gran suspiro. — He buscado por muchos lugares el porqué del retraso de tu conversión, incluso visite a Lilith — ahora sí que tuvo mi atención. Boris visitando a Lilith, ese par hace años que ni se miraba a la cara. — Y en algo concordamos. 

— ¿Qué? — apague el fuego, cerrando los ojos con el aroma del desayuno. 

— Retomar los rituales que teníamos antes, vírgenes, sangre, fuego y una bruja poderosa y por suerte tu madre es la última que existe — se cruzó de brazos y me miró. — Es tu decisión, piensalo y si quieres hacerlo, lo haremos juntos, porque necesitas sangre de un dragón. 

— Lo pensaré — lo mire y sonreí de lado. 

— Está bien — me sonrió. — Supongo que no irás a la cena. 

— Te veré luego Boris. 

Boris me sonrió y se fue sin decir nada más. Sé que ha tratado de arreglar nuestra relación, pero no quiero tener relación alguna con mi sangre, estoy mejor solo. 

Aunque me sorprende que mis padres se hayan visto las caras con el fin de convertir a su único hijo con vida en un dragón poderoso. Sé que ellos se amaron mucho en su momento, mi madre nunca lo perdonó por lo que le hizo a Azuba, su vínculo nunca se rompió que mi madre logró quebrarlo para estar desligada de él. 

Los ojos grises de esa chica vinieron a mi mente de nuevo, sentí qué mi corazón se aceleró. ¿Qué mierda me pasa? El sueño no salía de mi mente, podía escuchar mi su voz decir mi nombre, su hermosa risa, la forma en la que me mira. Maldición, jamás he visto eso en mi vida. Nadie me ha mirado de esa forma. 

Tenía una sonrisa estúpida en el rostro. Parezco un anormal. Pero no puedo dejar de pensar en ella, es tan hermosa. Si esto es en verdad una jodida visión, quiero que se cumpla, deseo verla. 

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La terapia de grupo siempre funciona, cuando las personas no han asesinado, ni han comido a sus víctimas. Pero es interesante ver como mentes perversas y criminales se juntan con psicópatas sanguinarios. 

Escuchar como se peleaban entre ellos por saber quién ha sido el más sanguinario es muy divertido, es como ver simios pelear por una banana.

— ¡Basta! — grite, al ver que la hora ya había pasado. — Nadie gana ¿y saben por qué? Porque si todos juntan sus asesinatos, crean una masacre y más de uno se termina bañando en sangre. Aquí nadie gana, porque si siguen pensando que son superiores no llegarán a ningún lugar, pero si unen sus mentes, ¿que van a crear?

— Una masacre. 

Sonreí orgulloso. 

— Nos veremos la siguiente semana, no quiero más peleas. 

Estos chicos son nuevos, me gusta tratar con los nuevos porque son mente manipulables, en cambio los que ya son mis pacientes fijos y más viejos en el lugar, ellos son más perversos y los trato como personas, no como asesinos. 

Estaba por ir a tomar un café, quería despejar mi mente o al menos tratar de no pensar en la chica de ojos grises, cuando escuche a Miller hablar con otros en la cafetería. 

— Los Murdock están de mi lado, teniendo a ellos tengo a casi medio Castlebrook de mi lado. Alister no va a ganar el Smile.

— Lo dudo — dijo Amanda. — Alister tiene muchas cosas a su favor.

— Mejor no alardeamos — dijo Ana. — Que gane el mejor. 

Los Murdock, ellos estaban de lado de Miller solo por ser amigo de la familia, pero yo he sido de más ayuda en esa familia que él. Dante no me dirá que no cuando le pida mi apoyo. 

— Miller, vas a perder tu carta más factible, los Murdock ya son míos. 

La imagen de la chica de ojos grises apareció en mi mente, sonriendo como si estuviera orgullosa de mí. Suspire como un idiota. Esa chica me va a enloquecer.

Capítulo 3

Elahe 

Me siento en un parque de atracciones peligroso, hay armas de alto calibre, armas largas, francotiradores, arcos, ballestas, realmente siento que estoy en un videojuego porque a solo un par de kilómetros está un helipuerto. Pasó los dedos por las armas, siento su textura, los cartuchos, las flechas bien diseñadas. 

— ¿Quieres probarlas? 

— Claro que quiero ¿me dejaras probarlas? — hago un puchero, mientras veo a mi padre. 

— Tendrás que darte una larga ducha después, no quiero que tus hermanas huelan la pólvora — me da un beso en la frente. — Anda, tengo negocios que hacer.

Veo tres camionetas negras llegar, tomó una AK 45 en mis manos y le pongo el cartucho.

— ¿Necesitas respaldo? — preguntó al ver a los hombres que bajaban.

— No preciosa, al menos no ahora — me dio un guiño y se fue. 

Les doy un último vistazo a los hombres, seguramente son de alguna otra mafia que quieren hacer tratos con mi padre. Los Kasebi fueron una familia de la realeza en la antigüedad, con poder y respeto, claro eran de la realeza en un mundo donde los humanos seguían siendo lacayos de los seres sobrenaturales. Al estar en un siglo donde todos se convirtieron en mitos, leyendas y contenido para la pantalla grande, tuvieron que tomar otras riendas. Si querían seguir teniendo el poder y la autoridad, debían tomarlo como una mafia poderosa y eso somos ahora. 

Apunto mi arma al centro, no sé quienes son pero quiero impresionarlo o tal vez intimidarlos lo cual es imposible, soy solo una chica. Vació el cartucho completo sobre el centro, no fallando en ningún momento. Sonrió y dejó el arma sobre la mesa. Vuelvo a ver en dirección a mi padre y los hombres, todos están mirándome, como si fuera una atracción exótica, tal vez lo sea, soy humana a diferencia de mi familia y de las familias con las que tienen tratos. Mis hermanas controlan muchas cosas con su mente, mi madre tiene sangre élfica por lo que la hace poderosa y mi padre es un semidios y yo, bueno soy una pobre humana a la que tuvieron lástima. Fue mi padre quien me encontró en un contenedor de basura, dijo que mi llanto era tan fuerte que solo alejaba a la gente, pero él se acercó y en el momento que me tomó en sus brazos deje de llorar. Creo que por eso me siento unida a él. 

Me acercó al arco, es de mis armas favoritas, si con un arma larga no falló, con el arco soy una ama. Me cuelgo el estuche de las flechas, tomó el arco entre mis manos, me encanta sentir su textura, todo está en la forma que tome el arco, el cómo saldrá la flecha disparada. 

Mi padre ha pintado varias zonas rojas en los árboles justo para mi práctica con el arco. Sostengo el arco y tomó una flecha. Cierro los ojos un momento, concentrándome en los sonidos a mi alrededor, en los latidos de mi corazón, contengo la respiración, abro los ojos y disparó una flecha tras otra. Cuando mis flechas se acaban, me detengo un segundo y suspiro, las flechas han dado cada uno en el blaco o en el rojo, en este caso. 

Sonrió orgullosa. 

— Me dijeron que eres buena montando a caballo — doy un respingo al ver a alguien cerca de mí. — Lo lamento, no quería asustarte.

— No te escuche — sostengo el arco con fuerza. ¿Qué clase de criatura es? — Sí, soy buena montando caballo ¿por qué?

— En el camino vi un par de caballos salvajes, la pareja, de hecho, era un semental y una yegua, hermosos y le pedí a mis hombres que los trajeran para acá — bien, omitir su insinuación de la pareja. — Quiero ver que tan buena eres montando. 

— No será el primer semental salvaje que monte — sonrió pasando de largo. 

¿Con qué criaturas está haciendo negocio mi padre? He leído de muchas, por no decir de todas ellas, extintas y que aún prevalecen. Todos son cautivadoras y con poder, pero sin duda las que me han hecho casi estremecer de lo poderosas y temidas criaturas, han sido los Dragones. Bestias enormes que tenían el poder incluso sobre los dioses. Dicen que están extintas y es una lástima. 

Veo a los caballos llegar. La yegua es dócil, la veo en su forma de caminar sin ser arisca con la gente o en este caso con las criaturas, es hermosa. Pero el semental, es arisco, sabe que son seres sobrenaturales y está tenso. 

— Supongo que elegirás el semental — dijo el hombre cuando llegó a mi lado. 

— Y tú a la yegua, porque claramente es tuya, es dócil, no se asusta con lo que sean tú y los tuyos — trate de no decirlo tan despectiva, pero no pude. — El semental sabe lo que son, el salvaje con ustedes más que con los humanos. 

Miró al hombre, está molesto por mi comentario y no lo siento, aunque sea una simple humana, soy hija de un poderoso semidiós e hija de la mafia Kasebi. Cuando mi padre se acerca el hombre se aleja para acercarse a los caballos. 

— Eres experta molestando a la gente — me sonrió. — Pero admito que es molesto el tipo. 

— ¿Quién es y qué son? Nunca los vi y no recuerdo haberlos visto en algún libro. 

— Los has visto en libros, solo que los libros son antiguos y los pintan de diferentes maneras — le doy una liga para que amarre mi cabello y lo hace. — Los de tu época los conocen más por Crepúsculo y ese tipo de películas. 

— No jodas — me giró a verlo cuando terminó de amarrar mi cabello. — ¿Hablas enserio? 

— El tipo arrogante con el que hablaste es un Conde, quiere hacer tratos pero antes quiere hablar con tu madre.

— Significa que los veré de nuevo — suspire al ver cómo se preparaba para montar. — Montaré al semental y después lo voy a matar. 

— ¿Por qué? 

— Es divertido que no lo notes, ese tipo verá que si monto al semental creare un lazo con él al ser su primera jinete y solo para demostrar su poder y lo sanguinario que es, matara a mi semental. 

— Vaya — mi mira. — Por eso eres mi chica favorita y la que está conmigo en la mafia — le sonrió. — Toma tu glock, un disparo en la cabeza, será rápido. 

Guardo la glock y me encamino a donde está el supuesto Conde, que al verlo no parece vampiro ¿qué no se queman con el sol? O tal vez ya encontraron magia que los proteja del sol y actúen como un humano cualquiera. Todos tuvieron que adaptarse a las nuevas circunstancias. 

— ¿Estás lista?

— Lo estoy — suspiró y miró al semental. — Suéltalo. 

— Se irá. 

— Suéltalo — vuelvo a decir cuando me acerco a él. 

Sus hombres lo liberan de los lazos, el caballo sigue alterado, pero parece que siente mi presencia cuando me acercó más a él. Sus ojos negros me observan, por alguna razón siempre me he sentido conectada a los animales salvajes que se pudan montar, tal vez mi instinto de jinete o no lo sé, pero me gusta. 

El semental no apartaba la vista de mí, ni yo de él, me acerqué un poco más con el fin de poder tocarlo. Estaba más calmado. El vínculo entre jinete y caballo es importante, porque serás el único en el que confiara.

— Hola precioso — susurré cuando estuve cerca de él. — Eres una hermosa criatura, salvaje en todo su esplendor — sonreí cuando inclinó su cabeza. Me había aceptado. — Dejame ser tu jinete por un momento. 

Sé qué todos me miran y no me importa, el vínculo que se crea con un jinete debe ser especial y único. El semental está tranquilo, lo acaricio y admiro un poco más, cuando por fin lo monto. Es bruzo para ambos, sin silla suelo resbalar, pero me sostengo de él y nos adaptamos. 

— Bien precioso, quiero que corras lo más rápido que puedas. ¡Ya!

El semental comienza a cabalgar, miró sobre mi hombro, el Conde trata de seguirme el pasó pero seré más rápida que él, voy a desaparecer. Lo perderé de vista, porque aunque deba matarlo, no quiero, es como romper su confianza y no quiero eso. Escucho hélices de helicópteros, así detengo el pasó, perdí al Conde. 

— Bien hecho muchacho — bajó de él y lo miró. — Sé libre, corre. 

Diablos, creo que nunca había creado un vínculo tan rápido. Suspiró al ver que antes de irse corriendo, me mira como si fuera un adiós. Sonrió y me encamino al helipuerto. Papá sabe que aquí estaré, por lo que no me preocupa eso.

Recuerdo que una vez leí que los dragones que eran montados era por su alma gemela o algo por el estilo, se volvía jinete de dragón, y creaba un vínculo con la bestia y el hombre. Debe ser algo lindo, estar conectada a alguien, sentirlo en cada latir de tu corazón, en cada respiro… algo que nunca me pasara a mí. 

Veo el auto de mi padre llegar, está solo. Me acercó a él y lo miró. 

— ¿Qué pasó con Dracula? 

— Se largo, pero parece que tu incompetencia y rebeldía lo impresiono, te quiere ver de nuevo cuando vaya a casa — me miró. — Te diría que te comportes, pero solo te esforzaras por joder todo — le sonrió. — ¿Mataste al semental?

— No pude, pude sentirme conectada a él, no quería traicionar su confianza — suspiré y subí al auto. — ¿Nos vamos?

— Vámonos. 

La adrenalina de disparar y el vínculo con el semental, creo que fue lo único bueno de este día. Porque algo me hace creer que esos chupasangre arruinaran lo poco bueno que tengo en mi vida.

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