Prólogo:
Esa víspera de vacaciones que tuvimos había sido despedido
temprano del trabajo, lo cual fue maravilloso para mí ya que me daría tiempo para ir al supermercado a comprar algo de comida para hacer una
cena a la luz de las velas para mi esposo y para mí, ya que a lo largo de los meses se quejó de que no tenía tiempo para
nuestra boda, debido a mi trabajo que consumía mucho de mi tiempo.
Estaba parada en la fila para pagar, pensando en mi vida,
cuán amable había sido Dios conmigo, tenía un esposo maravilloso, tenía un buen trabajo, mi esposo que siempre se divertía
en los momentos más inoportunos y siempre estaba cerca
cuando yo Lo necesitaba, hemos estado juntos desde la escuela secundaria, hemos estado juntos durante siete
años, hace poco me gradué en informática. Gracias
a un amigo, logré ingresar a una empresa de gran reputación, con un salario espectacular.
Salí del mercado y caminé a casa, como vivo al lado, me sentía exhausto por otro día de trabajo,
disfrutando de la brisa de esa tarde. El viento golpeó mi
piel, haciendo que mi cabello se endureciera, pero aun así, se sentía bien, me sentía más ligero y tranquilo.
Al llegar a casa sin aliento después de esta pequeña
caminata, me sorprendió que el auto de Daniel estuviera en el garaje, su tiempo de llegada era en unas pocas horas, pero está bien, debería haber
sido despedido antes, al igual que yo.
Noté un silencio inusual en la casa cuando abrí la puerta, Daniel no suele ser tan silencioso. ¿Había pensado lo
mismo que yo? ¿Estaba a un paso de tener la mejor noche con él?
Sin hacer ruido, dejé los víveres sobre la
mesada de la cocina y me dispuse a darme una ducha, para quitarme el cansancio del trabajo. Caminé hacia el dormitorio para
buscar algo de ropa, sin hacer demasiado ruido. Apuesto a que Daniel
se desmaya en la cama, como de costumbre, cuando tiene un día ajetreado en el trabajo. Mientras me acercaba, en silencio, a la puerta, pude
escuchar un ruido completamente extraño, algo así como un gemido,
seguido por el balanceo de los resortes de la cama y respiraciones jadeantes que sonaban amortiguadas. No podía creer lo que estaba
escuchando, ¡había una mujer jadeando mientras decía
el nombre de mi esposo! Y... cuando giré el pomo y abrí la puerta, mi mundo se vino abajo. El hombre que más amaba y en quien más confiaba estaba debajo de nuestras sábanas con la mujer que siempre me apoyó en
todas mis decisiones: mi prima. Lagrimas rodaban por mi rostro, no podía creer que esto realmente estaba
pasando... yo... yo azoté la puerta del dormitorio y salí corriendo de esa casa, aun después de tanto correr, la imagen de mi
esposo teniendo sexo con mi prima no se fue de mi mente. Me persiguió intensamente... mi corazón se desgarró y el sentimiento de traición me devoró. ¡Nunca más confiaré mi corazón a nadie