Capítulo 2

Mia atraviesa la puerta rápidamente, escucha el retumbar cuando se cerró tras ella de golpe, pero no volteó, nunca sentía la necesidad de mirar atrás. Frente a ella, luz del sol la cegó, obligándola a cerrar los ojos y a cubrirse el rostro con el brazo; mientras fue abriendo los ojos poco a poco y descubriéndose, se fue maravillando del paisaje que la rodea, se encuentra en una especie de colina con verde césped que brilla con el sol por un aparente rocío. Todo lo que divisa eran más colinas donde hay grandes y frondosos árboles distribuidos perfectamente para que el paisaje no se viera abarrotado, hay algunos arbustos regados y diferentes flores alrededor. Parece una escena sacada de una película, sin embargo, Mia no se siente fuera de lugar, todo lo contrario, tiene la sensación de que aquello es muy acordé a ella y le pertenece.

Ella baja la mirada para observarse, su vestimenta ha cambiado, se ve envuelta en una prenda distinta, un vestido largo, hasta los tobillos, de un rosa pálido, con muchas cintas y encajes, ceñido en la cintura, bastante cubierto, pero cómodo; además nota el cabello recogido en un delicado moño, no puede verlo, pero pasa sus manos por él y nota que está bien elaborado, “solo en sueños” piensa con una sonrisa, pues usualmente Mia no pasa de recogerse el cabello en una coleta alta. Mia camina unos y pasos se nota descalza, levanta su mirada y en el horizonte ve a alguien a lo lejos, un hombre que se acerca, el corazón le retumba, no obstante en esta ocasión no es por miedo, ya aquel temor quedó en el pasado; siente el nerviosismo y las mariposas en el estómago, sin embargo, la causa es totalmente diferente.

El joven hombre camina resuelto y rápidamente hacia ella con una enorme sonrisa que la deslumbra, sus blancos dientes brillan en contraste con su piel morena clara, que parece hecha de caramelo.

Aquel joven posee un rostro perfectamente simétrico, con unos gruesos y bien definidos labios, una nariz fina y recta, sus ojos, sus deslumbrantes ojos ovalados de un color miel que derriten, están enmarcados por unas perfectas cejas rectas, algo curva en las puntas y no muy gruesas.

Todo su semblante encaja perfectamente con una ondulada cabellera negra y brillante a la luz del sol. Ese rostro no parecía de este mundo, sino un ser creado más bien para torturar con solo mirarlo.

El caballero alto y atlético se acerca deslizando sus pies descalzos sobre el césped, lleva una camisa manga larga blanca bombacha, pareciera que le queda algo grande, pero se ajusta perfectamente en los puños, de una tela algo translúcida, que con la luz del sol permite ver algo de unos músculos grandes y bastante definidos, se ve a leguas que el chico es poseedor de una ancha y fuerte espalda, lo que contrasta muy bien con su estrecha cintura, definida por un pantalón de vestir, con un corte bastante alto que se ajusta divinamente a su cintura, la bota del pantalón es toda ancha, más de lo normal, pero con el andar del joven, igualmente se marcan a la vista unas piernas gruesas; en realidad la ropa que usa el chico se nota anticuada, de otra época, cómo la de Mia, sin embargo, para nada lo desluce.

Cuando el joven esta a solo un par de metros de Mia, estira su mano hacia ella, esperando, mientras Mia esta como absorta, completamente embelesada contemplándolo.

— Vine por ti. — El sonido de su voz algo ronca, pero con un tono dulce, la hace reaccionar.

Mia dio un pequeño sobresalto y rápidamente se acerca a él, estirando su mano, la cual él toma y besa delicadamente en el reverso. Mia no se contiene más, no es su estilo después de todo contenerse, salta sobre los brazos del guapo joven y como puede se cuelga de su cuello haciendo que él baje un poco para corresponder su abrazo. Él la aprieta con la firmeza suficiente para que se sienta segura, sin asfixiarla, posa sus labios en su cabello para luego soltar una de sus manos y acariciar suavemente su espalda. El joven parece estar consolándola.

Mia se aprieta cada vez más a su cuerpo, puede sentir cada músculo marcado y fuerte, su respiración acompasada, la calidez de su tacto la hace estremecer y su olor, una mezcla de campo y miel la tiene mareada. Él siente los pequeños temblores y piensa que ella se encuentra asustada, temerosa, así que separa su abrazo para ver su rostro. Mia no se siente inquieta por su separación, todo lo contrario, aprovecha su oportunidad y se pone de puntillas sobre sus pies para estamparle un beso, él responde y sus labios bailan suavemente por un rato como un juego, con sensualidad.

Nuevamente con toda suavidad posible, él se separa de Mia, lo cual le molestó, ella quiere estar cerca de él, abrazándolo, besándolo, provocándole, Mia lo desea profundamente. El chico la toma de la mano, haciéndola caminar hacia una colina cercana para luego sentarse en el césped recostando su espalda a un enorme árbol. Con una mirada significativa y acomodando las piernas, invita a Mia para qué se siente en su regazo, ella no dudo y se lanzó sobre él.

— Te extrañé. — Declara el joven mientras la sostiene contra su pecho.

— Yo también. — Responde Mia.

No era la primera vez que Mia ve a este joven, lo había visto muchas veces en sus sueños luego de cumplir los dieciséis años, no era algo seguido, se trataban de sueños eventuales. En un principio se veían como amigos, los sueños eran cortos y sin gran significado, con el paso del tiempo eran más largos, mantenían conversaciones, sobre el lugar donde estaban o el clima, siempre se encontraban en un escenario y situación diferente.

En algún momento, los sueños se hicieron más profundos y llego el primer beso, él comenzó a hablar de cuanto la quería y su belleza, siempre mostrándose caballeroso y respetuoso, a Mia le encantaba, parecía de otra época, era como si la cortejara, en sueños. Él la hacía sentir, la hacía estremecer. Así con el paso del tiempo, Mia no lo pudo evitar, este joven adonis que no aparentaba más de veinticinco años de edad, se convirtió en el hombre de sus sueños.

Podía parecer una locura, y de cierta forma, si lo era, ¿Cómo podía alguien desear y querer a un personaje que no existía más que en los sueños?. Mia muchas veces se preguntaba porqué soñaba con aquel chico, que significado tenían esos sueños, quien era él. Incluso, trato de investigar al respecto, sin embargo, nunca encontró nada.

Capítulo 3

— ¿Cómo te sientes?. — Pregunta el chico, refiriéndose a los temblores que había sentido en el cuerpo de ella anteriormente, él pensó que ella seguía asustada.

— Contigo… ¡De maravilla!. — Mia sonríe al levantar el rostro de su pecho, para ver mejor su cara. Esta respuesta sorprende al joven.

— Eres la mujer más hermosa del mundo, Fernanda. — Responde él con ternura.

— Gracias. — Mia baja nuevamente la mirada y aprieta su rostro contra su pecho.

Es muy doloroso para ella, él siempre la llamaba por ese nombre ¿Por qué? Ella no lo entiende, aunque sabe que no es real, aun así, le duele mucho, le traspasa como una flecha por el corazón. Esta es la situación más absurda, querer tanto a una persona que no existe, que no la reconoce.

¿Qué hay de malo con su subconsciente?.

Ella ni siquiera conoce a una Fernanda para relacionarla con este sueño.

¿Por qué no puede tener sueños normales?.

O por lo menos, si sueña con el chico perfecto, ¿Por qué no puede llamarla por su nombre?.

¿Qué tiene mal su cerebro? Es su sueño, después de todo y debería ser como ella lo quiera.

Si tan solo, por una vez, él la llamara por su nombre.

Mia se hace estás preguntas, en medio de su dolor.

Luego de un rato dubitativa, no lo pensó más, porque después de todo, un placer como este, estar a lado de este monumental hombre, es algo que lamentablemente o afortunadamente no se le da todos los días. Lamentablemente, porque el soñar con él es todo un deleite, le encanta. Afortunadamente, porque sabe que si sueña todos los días con él, no podría vivir normalmente en la realidad y siempre desearía vivir durmiendo.

Así que, Mia tomo las riendas de la situación, aun con su cara apretada en su pecho comenzó a profundizar su respiración, inhala suavemente para intoxicarse con el aroma del chico, al mismo tiempo que desliza una de sus manos por su pecho; ella lo nota un poco nervioso, su respiración se hizo más rápida; ella sonríe para sí misma.

Mia se levanta un poco, lo suficiente para tener su rostro frente a él y comienza a besarlo, suavemente; él responde, ambos pasan sus manos por sus brazos y espalda, con caricias suaves, solo con las puntas de sus dedos, delicadamente.

Sus labios van desde toques tiernos, acelerando a ritmos cada vez más rápidos, jugueteando con sus lenguas, sus respiraciones se vuelven más rápidas y entrecortadas, sus cuerpos se aprietan cada vez más y las manos que antes solamente acariciaban, ahora se estrechan incitando la unión de sus cuerpos, cómo si quisieran fundirse en uno solo.

En nada más unos minutos, Mia tiene la mente en blanco, comienza a hundirse en el placer, cuando el joven comienza a disminuir el ritmo y separarse de ella suavemente, mientras recupera el aliento y la compostura, aparentemente, eso es lo que deja entrever, siempre de la forma más sutil y dulce que se puede.

Mia sabe que él no quiere herir sus sentimientos, siempre la aparta de la manera más sutil, pero igual la hace sentir tan dolida en su orgullo, ella quiere más, desea más de él. Se quedan en silencio por un rato, únicamente se observan mientras están frente con frente y sus respiraciones ya se sienten más regulares.

— Recuerda mi promesa. — Él rompe el silenció.

— ¿Qué?. — Responde Mia confundida, como un suspiro.

— Siempre estaré contigo, no tienes que temer… Aun… — Un sonido lo interrumpe.

Mia se asusta, suena un golpeteo a lo lejos, cómo… ¿Caballos? Sin entender por qué, Mia siente una punzada, se le acelera el corazón, se tensa, sabe en el fondo que algo no está bien; él siente el cambio en ella, ve como se palidece y su respiración se vuelve irregular, trata de calmarla, la aprieta y la acaricia, sin embargo, el golpeteo suena nuevamente más cerca, ella empieza a notarse desesperada en ese momento.

Mia se siente más asustada que nunca, mucho más de lo que sintió con la sombra que estaba en la habitación, o cualquier otra presencia que la fuera aturdido antes. Era extraño, algo como esto, no le había pasado con anterioridad, se nota el temor en su expresión, parece una niña pequeña temblorosa.

De pronto, siente una mano en el rostro que la guía hasta un beso, sus labios son tomados de una forma tan voraz, tan intensa, como nunca antes en la vida lo hubiera sentido, como si quisieran devorarla entera, en un ritmo rápido que hace mover su rostro de un lado a otro haciéndola olvidarse de todo, absolutamente todo lo demás. Mia se acomoda sobre el joven abriendo las piernas y queda sentada sobre él cómo si ella misma montará un caballo, a horcajadas, él la aprieta contra su cuerpo con fuerza, pero sin lastimarla, ella puede sentir su miembro entre sus piernas, siente como la roza en su vulva con cada movimiento, lo cual la excita y la hace palpitar, el placer se acumula en ella cada vez más, mientras se engullen el uno al otro.

Mia comienza a menearse, mueve sus caderas sobre él con sensualidad, puede sentir como su hombría crece con cada movimiento de ella, por lo que ella se restriega sobre él cada vez con mayor intensidad y velocidad. En cambio, él solo la besa, sus manos no pasan de su espalda, entre apretándola con firmeza y deslizándose suavemente, parece tratar de controlarse, como siempre; no obstante con cada bocanada de aire que él toma al separarse del beso, emite un pequeño gruñido, muy sensual.

El golpeteo suena con más fuerza, casi encima de ellos; por un segundo, ella volvió a sentir un sobresalto en el corazón, el cual nuevamente ignoró y se hundió por completo al placer, que supera por mucho el miedo. Él se separa para besar su cuello suavemente y mientras lo hace, murmura un “Te amo”, lo que provoca en Mia un éxtasis, tan intenso, tan extremo, que siente como esta a punto del llegar al clímax, solamente levanta la cara al sol para esperar el momento. Cuando el golpeteo, suena una vez más, tan fuerte, tan decidido, qué… Mia despierta.

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