Suzie
Ni bien entré a la escuela, me cayó agua sucia encima. Apreté los dientes y las manos mientras me comía las ganas de gritarles porque sabía que nada bueno saldría de ello. Además, era mi cumpleaños, nadie podía arruinarlo.
Respiré profundamente y abrí los ojos. Traté de dar un paso pero el agua hizo que me cayera al piso. Me dolieron de nuevo todas las heridas al mismo tiempo que la sonrisa cínica de Leah se escuchó desde lo alto de las escaleras. Leah era la chica más popular de la escuela y la hija del Beta que mi papá quería que me amistara. Me apresuré para sentarme, ni me molesté en levantarme.
-Que desastre eres -murmuró mientras se inclinaba hacia adelante y dejaba caer su largo cabello frente a mí. Las chicas que la acompañaban se echaron a reír entre ellas. Rechiné los dientes de nuevo pero sabía que no valía la pena responderle. No podía, era la protegida de todos, y la favorita de los príncipes de la manada Estrella Negra.
Esta era la manada más poderosa de la comunidad y por eso mi padre quería ganarse el favor de ellos. Sin embargo, nunca había visto al padre de los príncipes antes, al Alfa.
-Me divierto mucho molestándote, Su -me dijo mientras me levantaba el mentón y me sonreí maliciosamente-. Incluso si te escapas de la manada, me aseguraré de encontrarte para seguir torturándote hasta el final de tus días.
-¿A dónde iría una tonta como ella? La matarían antes de que pudiera hacer algo -se burló otra de las chicas, pero había dejado de prestarles atención porque a lo lejos se acercaban los príncipes: Roy, Blair, Feliz y Asher. Eran los hombres lobos más famosos de la manada y todas las chicas querían estar con ellos. Eran también especiales porque habían podido conseguir sus lobos a los dieciséis cuando la mayoría los obtenía a los dieciocho. Las personas los adoraban, pero yo les tenía pavor.
Leah me golpeó la mejilla para llamar mi atención, pero no pude alejar mis ojos de uno de los hermanos que estaba detrás de ella. Leah suspiró con molestia.
-Aquí viene el príncipe encantador a salvar a su horrible novia -murmuró antes de mirarme con sorna-, parece ser que no puede levantarse.
Los hermanos se rieron antes de voltear a Felix quien parecía enojado. No siempre me había visto así, un tiempo estuvimos saliendo y fueron los mejores momentos de mi vida. Sin embargo, descubrió que mi padre me vendía a otros hombres y me dejó de inmediato. Nunca más volvió a tocarme o mirarme con cariño.
-Leah -le dijo con dureza. Solía ser el hermano más amable pero nuestro rompimiento lo había cambiado. Nunca quiso escucharme tampoco, le hubiera dicho que si no hacía lo que quería, mi padre me había matado. Honestamente, prefería mantenerme con vida, quería seguir aquí para poder verlo, no quería ser enterrada tan joven.
-¿Qué harás, Felix? -preguntó Leah con sorna.
Él me miró con malicia al mismo tiempo que Roy se le acercaba a Leah para saludarla con un beso en los labios.
-No lo molestes, no está de buen humor -le dijo, riéndose suavemente, antes de mirarme con disgusto.
Estaba a punto de irme cuando Blair, el mayor de los hermanos, se me acercó corriendo y me pateó en el estómago. Vomité lo poco que había comido anoche y se me llenaron los ojos con lágrimas de la humillación. Siempre había el más violento, había sentido peligro en sus ojos cuando me había visto hace poco, como si quisiera destrozarme. Nunca había entendido porque me odiaba tanto.
Cuando Felix no estaba cerca, encontraba la forma de aparecer y amenazarme de muerte. Afortunadamente, nunca pasaba a mayores porque mi amigo aparecía para agarrarlo del cuello y advertirle que no se acercara. Comencé a llorar por el dolor, pero estaba vez nadie vendría a salvarme. Felix simplemente me evitó la mirada.
Me hice un ovillo en el piso y traté de pedirles misericordia. Se me hizo difícil respirar y deseé simplemente morir. Leah se acercó con una expresión glacial.
-Das asco, un solo golpe y ya estás llorando -se burló-, le debería pedir al director que te bote porque lo único que haces es avergonzar a toda la escuela.
-No, por favor, Leah, no hagas eso -le pedí mientras juntaba las manos en una oración-. Haré lo que sea, mi padre se enojaría mucho.
-Eso es suficiente, no entres a clase, no quiero verte. Ahora muévete antes de que le pida al director que te expulse -tronó Feliz antes de pasar por mi costado y entrar al salón.
Me levanté rápidamente y me fui corriendo al baño tratando de ahogar mis sollozos. Sus risas me persiguieron hasta que llegué, pero no me rompí hasta que me miré en el espejo. Abrí el caño para lavarme la cara lamentándome la vida que el destino me había dado. ¿Por qué me había tenido que dejar mi madre? ¿Por qué había nacido? ¿Por qué mi padre simplemente no me mataba? ¿Por qué no podía tener un poco de paz? ¿Por qué tenía que ser diferente a los demás?
Seguí llorando pensando en la vida que me había tocado. Odiaba mi vida, había nacido bonita, ¿pero de qué me servía? Mi vida era horrible. Cuando finalmente logré calmarme, pero noté que me había manchado la ropa. El olor de vómito era insoportable, así que me encerré en uno de los cubículos para seguir llorando por mi desgracia. Iba a escapar, ni bien consiguiera a mi lobo me escaparía, y finalmente podría dejar atrás todo. Mi padre, Leah y sus amigos, Feliz y sus hermanos, y a esta manada estúpida.
Me dio un salto al corazón cuando escuché que la puerta se abría y Leah entraba con sus amigas riéndose.
-¿Qué quieres decir con que Roy es patético, Leah? Él solo tiene ojos para ti, te adora, además...
-Por favor -pide Leah-, es un tonto, piensa que soy débil y que me tiene que proteger cuando ni siquiera soy virgen.
Me olvidé todos mis problemas en ese momento porque no podía creer lo que había escuchado. No podía ser que la perfecta Leah no era virgen. Nadie podía enterarse de esto, aunque no entendía cómo es que había engañado a su novio. Roy era el más guapo de todos con su cabello negro y sus músculos cincelados. ¿Quién podría ser mejor que él?
-Leah, Roy no puede enterarse, nunca te lo perdonaría.
-Bueno, nadie va a decírselo, ¿verdad? -preguntó y su voz tenía un claro tono de amenaza. Estaba segura de que las estaba fulminando con la mirada y se lo merecían. De repente, una de ellas intentó abrir la puerta del cubículo en el que estaba y supe que iba a pagarla-. ¿Qué demonios? ¿Alguien ha estado aquí todo este tiempo? ¿Quién está aquí? Será mejor que salgas ahora antes de que se vuelva peor.
Me paré lentamente y abrí la puerta con miedo. Su rostro me asustó porque era idéntico al de mi papá. Me agarró del cabello y me tiró contra la pared. Me estabilicé lo más rápido posible pero sabía que estaba a punto de recibir una paliza.
-Leah, lo puedo explicar...
-Voy a matarte, Su -me amenaza antes de agarrarme de nuevo. Las otras chicas me agarraron de los brazos para inmovilizarme. No podía gritar, no podía moverme, traté de rogarle, pero mis palabras cayeron en oídos sordos. ¿Iba a morir? Mi mente comenzó a correr a mil por hora y me mareé.
-Voy a matarte -repitió-, ¿cómo te atreves a espiarme? Te voy a matar por estúpida.
Escuché que alguien abría la puerta y alguien se quejó cuando nos vio.
-¡Feliz, la voy a matar! -gritó Leah a lo que presté atención. ¿Qué estaba haciendo Felix aquí? Leah me volvió a golpear y lo escuché hablar.
-Golpéala de nuevo y te cortaré la mano.
Suzie
Las chicas nos dejaron solos, pero Felix ni se me acercó. Me levanté con mucho esfuerzo y se me quedó mirando mientras me acercaba al caño para limpiarme la sangre. Me mojé la cara y el cabello asegurándome de sacar todo rastro del daño que me habían hecho. Miré de reojo a Felix pero este solo se había quedado en silencio juzgándome con los ojos. A veces quería odiarlo tanto como me odiaba porque mi vida había ligeramente mejor antes. Había tenido amigos, había tenido una buena reputación y le había agradecido a la diosa por habérmelo dado.
Una vez había sido el amor de mi vida, mi primero en todo. Le había dado todo lo que me había pedido y todos habían dicho que éramos una de las parejas más candentes de la escuela. Felix había sido lo único bueno que tenía, pero después de que se había enterado de lo que mi padre me obligaba a hacer, él había sido quien había comenzado los rumores. También había sido el primero que me había molestado y quien había impulsado a que Leah me odiara.
-¿Vas a quedarte ahí para siempre? ¿No tienes clases hoy? -me preguntó, pero no le respondí nada, en su lugar, me acerqué a la secadora. Segundos después lo sentí en mi cuello y me quedé quieta-. Me debes una.
-¿A qué te refieres? -le pregunté con miedo, tartamudeando. Levantó la mano para jugar con un mechón de mi cabello y me susurró en el oído que no salvaba a las personas por altruista. De ahora en adelante, le debía una, y vendría a pedir el favor en cualquier momento. Luego, me dijo que me fuera a clases antes de que cambiara de opinión y llamara a Leah para que volviera a golpearme.
Se alejó y me señaló la puerta con una sonrisa horrible. Me hubiera gustado gritarle todo lo que pensaba de él, pero sabía que eso sería peligroso. Así que me comí el poco orgullo que me quedaba, apreté los puños y me fui con la cabeza gacha.
-¿De dónde vienes? -preguntó el profesor cuando me vi con desdén.
-Alfa Felix me pidió un momento -le dije antes de tomar asiento.
-Huele horrible.
-¿Acaso no se vio en el espejo antes de venir?
-¿Acaso su padre es tan pobre que no tienen espejos en su casa?
-Debería abrir las piernas para que un viejo de esos le de dinero y le arregle la vida.
Apreté la mandíbula cuando escuché a Leah y a sus amigas burlarse de mí. El resto de la clase les siguió el juego, así que me concentré en ponerme al día y tomar notas de la clase. La profesora también me vía como una paria. Apreté los labios con fuerza y traté de contener el nudo que se me había formado en la garganta.
-Recuerda que esta es la mejor escuela de la manada, nuestra imagen se ve reflejada en cada uno de ustedes. No puedes andar con ese tipo de ropa aquí y también usa perfume la siguiente vez que hueles a podrido -dijo, arrugando la nariz y fulminándome con la mirada.
...
Tuvimos la última clase del día y suspiré con alivio. Pasé por delante de Leah y su séquito, pero no me dijeron nada posiblemente por la amenaza de Felix. Le debía una por eso, pero traté de concentrarme en las cosas buenas del día. Hoy obtendría a mi loba y finalmente podría ser libre. Tendría mi venganza y todo mi sufrimiento terminaría. Sonreí, a pesar de todo, mientras me imaginaba lo bonita que podría ser mi vida. Si la diosa me bendecía, podría derrotar a mi padre y hacer que Leah dejara de molestarme. Quizás, podría hacer que Felix me escuchara también.
-Su, ¿a dónde vas? -me preguntó la voz de un hombre y me congelé en mi lugar cuando lo reconocí. Blair me estaba sonriendo con malicia y no me atreví a hacer nada, sentí que tenía una pistola apuntada a la cabeza. ¿Por qué me tenía que pasar esto? Pensé que ya se habían divertido lo suficiente conmigo, pero siempre era lo mismo. No me mataban porque querían perdurar esta tortura para siempre. Querían seguir probando diferentes métodos de crueldad para ver cuál me hacía sufrir más.
Escuché pasos acercándose por detrás y vi aparecer al mayor de los hermanos. ¿Qué estaba haciendo Asher aquí? Nunca antes había participado de esto, pero tampoco había detenido a sus hermanos. Finalmente, lo habían convencido para que se uniera, supongo. Me mordí el labio y los saludé con miedo. Tenía el corazón latiéndome a mil por hora.
Intercambiaron miradas lo que me puso alerta y retrocedí un paso. Sorprendentemente, Blair me miró con pena y se aclaró la garganta antes de poner las manos en la espalda.
-Escuchamos que es tu cumpleaños y queríamos disculparnos -comenzó y me quedé mirándolo con suspicacia-. Sé que no te hemos tratado bien en el pasado, pero, por favor, danos una oportunidad para mostrarte que hemos cambiado.
-No necesitan hacer nada, merezco todo lo que me han hecho. Por favor, solo déjenme ir -les pedí, pensando que si me ponía de rodillas sería mejor. No les creía que habían cambiado y tenía mucho miedo de lo que harían si bajaba la guardia. Se me llenaron los ojos de lágrimas. No creía que pudiera soportar más hoy día, quería que mi loba apareciera lo más pronto posible. Los chicos se miraron entre sí con resignación.
-¿Quieres irte tan rápido porque alguien te esperando? ¿Quizás te harán una fiesta?
Asher me miró con atención pero me burlé internamente ante la noción que mi padre me hiciera algo cuando casi me había matado en la mañana.
-No, solo quiero hacer mi tarea lo más pronto posible. Una persona como yo no tiene a nadie esperándola, mucho menos una fiesta de cumpleaños. Por favor, Alfa Blair, Alfa Asher, déjenme ir. Les prometo que no tendrán que verme de nuevo.
-Nuestra pobre princesa, Asher, ¿crees que nos hemos pasado hoy? Tenemos que celebrarte su cumpleaños -dijo Blair sonriendo de oreja a oreja. No esperaba que el mayor estuviera de acuerdo, pensé que se negaría, pero aceptó para mi sorpresa.
-Si quieres celebrar tu cumpleaños con nosotros, nos aseguraremos de hacerte feliz.
Me dio pánico, tendría que llevarlo a mi casa ahora, pero al menos tenía un arma escondida debajo de mi almohada, así que estaba preparada si querían hacerme algo.
-¿Dónde es tu cuarto? -preguntó Blair entrando a mi casa, y me volteé con una pequeña sonrisa.
-Arriba.
Corrí hacia mi cuarto, dejé la mochila en el suelo y metí la mano debajo de la almohada. El frío del arma me recibió y me tranquilizó de inmediato. Si intentaban hacer algo, no lo pensaría dos veces antes de matarlo. Me volteé para hablarles pero me detuve cuando noté que Asher estaba cerrando la puerta.
-¿Qué están haciendo? -pregunté con los ojos abiertos de par en par.
-Hemos escuchado que tienes un buen cuerpo y que eres muy buena complaciendo a los hombres. Veamos de lo que estás hecha -dijo Blair después de confirmarlo con su hermano.
No podía creer lo que había escuchado, realmente querían aprovecharse de mí. Miré a Asher y noté que me estaba mirando con lujuria.
-Suzie, sabes que lastimaste a Felix, queremos que arregles las cosas. Así que sé una buena chica y quítate la ropa -pidió Asher antes de echarse a reír.