Capítulo 2

Capítulo 2. El juicio.

Tras meses de arduo trabajo, llegó el día del juicio. Ciro había llevado al juzgado a un par de compañeros, que le habían estado ayudando y a su secretaria. 

Él sabía perfectamente que podía solo con esto, pero también sabía que llevarlos era algo positivo en juicios de este tipo y por otra parte, quería devolverles la ayuda recibida. Si estaban con él y ganaban, algo de lo que estaba seguro, eso les ayudaría a sus compañeros a hacerse un hueco como abogados y sus carreras despuntarían. Esto beneficiaba a su bufete, a él y a sus compañeros. Todos ganarían. Incluso, Jessica como su secretaria. 

Sabía que esté sería el primero de los juicios, pero no lo amilanaba. Miró a  sus contrincantes. Aunque intentaban demostrar que estaban seguros de sí mismos y que tenían todo bajo control, Ciro, que estaba acostumbrado a observar a la gente y a saber cómo se sentían. Se fijó detenidamente en ellos y comprobó que el nerviosismo imperaba entre ellos. Sabía que no estaban seguros de nada. Sonrió. Le gustaba verlos así de nerviosos. Eso le daba aún más ventaja. 

Tras saludar a varios de los vecinos que habían ido al juicio, se sentó a la espera de que el juicio comenzase. Poco tiempo después, el juicio comenzó. Ciro sacó todas sus armas, llevándose desde un principio al juez en el bolsillo.

Este caso fue muy documentado a nivel de todos los medios, tanto en TV, radio, redes, etc…. Todo el país estaba pendiente de lo que pasaba en aquella sala del juzgado de Danovro, mientras que cada día que pasaba y tenían que ir a dicha sala, Ciro mostraba más información, machacaba a sus contrincantes, que cada vez estaban más contra la espalda y la pared.

Sira había estado muy atenta a este juicio. No solo por el nivel mediático que había cogido, sino también porque le encantaba ver a Ciro, como se expresaba ante los periodistas al salir de los juzgados y por toda la información que iba mostrando durante el juicio.

Hazel observó como miraba las noticias. Estaba obnubilada.

- ¿Qué tan interesante está? - preguntó Hazel en un intento de que volviera a la realidad y hablará algo con alguien de la familia.

- ¿Lo preguntas en serio? Es el juicio del año. La empresa Thetrecx está en serios aprietos. Si Ciro gana, que es lo más probable que suceda, según esta la situación hasta el día de hoy, no solo deberán pagar una cuantiosa cantidad de dinero a cada una de las víctimas, sino que es probable que se comience a investigar a varios altos mandos de la empresa y la fiscalía vaya contra ellos de forma penal. - contestó Sira con los ojos llenos de emoción. Se notaba que disfrutaba con todo ese tema. 

- ¿Tan grave es la cosa? - volvió a preguntar Hazel, mientras se acercaba a su hermana. Sabía que Ciro era un gran abogado, había escuchado a su padre hablar de él y de todo lo que hacía desde comenzó a trabajar como abogado. Anteriormente, siempre había elogiado su inteligencia y su esfuerzo.

- Es muy grave. Al menos para la empresa. Para Ciro, sería más bien una forma de terminar de consagrarse como abogado. Si ya como abogado junior, está en la cumbre, esto ya haría que no hubiera abogado mejor. Todos querrían trabajar con él. Podría hacer lo que quisiera. - contestó Sira con entusiasmo.

- Parece que debió esforzarse demasiado hasta llegar aquí. Y más con la edad que tiene. - comentó Hazel.

- Si, no se le conocen novias y las salidas que tiene son mayoritariamente de trabajo. Se dice, que hace años, tuvo una novia. La típica novia de instituto, pero se supone que hace años que no se le conoce a nadie. Y se dice que su círculo de amistades es muy estrecho. No tiene demasiados amigos. Parece que ha dejado de lado su vida privada por su vida laboral. - comentó Sira. Hazel se echó a reír

- Parece que conoces bien al señor Edevane. - comentó Hazel con una sonrisa. Le hacía gracia que su hermana estuviera tan obsesionada con él.

- Es algo que está por internet. No hace falta buscar mucho para encontrar dicha información…. - dijo Sira, como si ahora intentará esconder que le interesaba Ciro. Hazel movió la cabeza. Realmente, su hermana era interesante. No podía gustarle como cualquier otra, algún actor o cantante, tenía que gustarle un abogado. Aunque debía reconocer, que era muy atractivo.

En ese momento, sonó su teléfono. Era Fergie, su mejor amiga.

- ¡Hazel! ¿Estás ocupada? Desde que terminamos los exámenes no nos hemos visto. Tengo que contarte algo importante. - le dijo a través del teléfono.

- Ya había terminado de hacer todo. Hoy es mi día libre. - dijo Hazel.

- Perfecto. Nos vemos en una hora. Ya sabes, en mi cafetería favorita. - dijo Fergie mientras colgaba el teléfono.

Hazel suspiró. Se fue a arreglar y se despidió de su hermana, a la cual le aconsejó seguir estudiando, pues aún le quedaban algunos exámenes que realizar. Sira puso los ojos en blanco, pero aún así apagó la televisión y se puso a estudiar.

Cuando llegó a la cafetería, Fergie ya estaba allí. Esperándole. Nada más verla, levantó el brazo y la saludó para que fuese hasta ella. Hazel, se acercó y se sentó.

- Me tienes abandonada. - dijo Fergie haciendo un puchero.

- Lo siento, estuve algo ocupada. Pero prometo quedar más contigo. - dijo Hazel sabiendo lo demandante que era su amiga, pero también tenía razón. Pero entre el trabajo, los exámenes y su pareja, no le había hecho mucho caso.

- Eso espero. Tengo algo importante que contarte. En unos días empezaré a trabajar. - comentó con orgullo.

- ¿Dónde? - preguntó Hazel 

- En el Hospital St James. - contestó Fergie con felicidad. Era uno de los mejores hospitales del país.

- Me alegro mucho. - dijo Hazel alegrándose por su amiga.

- Muchísimas gracias. Tenía ganas de contártelo. Después de Calvin, quería contártelo a tí. - dijo Fergie.

Hazel sonrió. Sabía que su amiga estaba contenta. Acababa de terminar enfermería y consiguió trabajar en el mejor hospital del país. Era difícil encontrar trabajo allí y más para una recién salida de la universidad. Así que era todo un logro.

- ¿Has oído lo del juicio a Thetrecx? ¿No lo lleva uno de los jefes de tu padre? - preguntó Fergie cambiando de tema.

- Si, lo lleva Ciro. Es al que suele proteger mi padre. - contestó Hazel.

- Parece que toda la opinión pública está con esa gente. Ciro ha sabido llevarlo a tu terreno. - comentó Fergie.

- Eso parece. Mi hermana está obsesionada con ese juicio. Siempre está viendo las noticias en la televisión sobre el tema o está con el móvil, mirando si hay algo nuevo. - comentó Hazel.

- La verdad es que el hecho de que lo lleve Ciro hace que la gente se interese más. - dijo  Fergie enrojeciendo. - Tendré pareja pero ese hombre es demasiado atractivo.

Hazel recordó su encuentro en su casa mientras esperaba a su padre. Debía reconocer que aunque él era bastante frío, era muy atractivo.

- Lo conocí hace poco. Estaba esperando a mi padre…. - comenzó a decir Hazel.

- ¿¡Conociste a Ciro!? - exclamó Fergie sin dejarle terminar. 

- Si, un día que fui junto con mi padre. Había salido tarde y no podía coger el bus. Mi padre me dijo que me dirigiera para allí y nos íbamos directos a casa. Allí lo conocí. Era muy distante, pero muy guapo. - explicó Hazel

- El puede ser todo lo distante que quiera…..es demasiado guapo. - dijo Fergie, mientras Hazel sonreía. Realmente, su amiga no tenía ningún filtro. - Por cierto, ¿Tú novio sabe esto? Podría ponerse celoso.

- No le dije. - dijo Hazel con preocupación. - ¿Debo preguntarle?

- Mejor que no. Boris es demasiado celoso y si lo llega a saber tal vez tengáis algún problema. - respondió Fergie. Hazel se lo pensó. Tal vez, tantearía la situación antes de tomar una decisión.

- ¡Hum! Tal vez le moleste, es demasiado desconfiado. - comentó Hazel.

Tras hablar de cuál sería la respuesta de Boris y pensar que podría haber problemas si se lo contaba, cambiaron de tema. Fergie era una mujer muy habladora, así que se les pasó el tiempo muy rápido.

Cuando se quiso dar cuenta, debía regresar a casa, para preparar la cena y la entrevista que tenía al día siguiente. Fue lo más rápido posible y preparó todo lo más rápido posible. 

Tras cenar con su familia, recogió todo y se acostó.

Había tenido alguna que otra entrevista pero no le había ido muy bien. Esperaba que en esta entrevista, le fuera algo mejor.

Finalmente, se quedó dormida. 

Al día siguiente, tras desayunar y dejar a su hermana estudiando, se dirigió a la empresa llamada Lynox donde haría la entrevista.

Era una empresa que había abierto hacía dos o tres años y que ahora estaba en expansión y buscaban nuevos empleados. Entre estos nuevos empleados, necesitaban alguien que hubiera estudiado económicas. Además estaban buscando gente joven, que necesitase una oportunidad.

En cuanto llegó, encontró una oficina diáfana, amplia y luminosa. Se acercó a recepción y comunicó que había venido para una entrevista.

No tuvo que esperar mucho para entrar, ya que la llamaron rápidamente. La entrevista fue bastante mejor que las anteriores y cuando terminó, salió bastante contenta, pero aún así no estaba segura. Quedaron en llamarle en máximo dos días, para darle una respuesta. Aún así, ella temía que no fueran a llamarla. Suspiró.

Fue a realizar una serie de compras que hacía falta para la casa. La comida ya escaseaba y siendo tres en casa, era necesario llenar nuevamente la despensa. Su padre trabajaba demasiadas horas, así que ella prefería encargarse de eso. 

Se dirigió al supermercado y compró todo lo necesario para tener comida para al menos una semana. 

Tras finalizar la compra y llevarla a casa, se dispuso a limpiar el piso mientras su hermana estudiaba. Ya le quedaban pocos exámenes y prefería encargarse ella de todo. Este curso y el que viene eran muy importantes para entrar en la universidad, así que le.evitaba otro tipo de trabajos

También aprovechó para cocinar. Así su hermana podría comer cuando ella quisiera, aunque la hora ya se acercaba.

Cuando finalizó todo, decidió llamar a Boris. Hacía tiempo que no lo veía y quería verle. También sabía que seguramente estaría molesto, porque no había tenido tiempo para estar con él. 

En cuanto le contestó al teléfono, notó su voz dura y molesta. Aún así, aceptó quedar con ella.

Poco tiempo después, él fue a recogerla en un Ghibli color gris. Ella entró con cierta cautela, pues sabía de su carácter.

- Hace tiempo que no nos vemos. - musitó Boris mirando hacia delante.

- Sabes que he tenido unos días demasiado ocupados. - comentó Hazel.

- ¿Tanto cómo para no tener ni cinco minutos para mí? - preguntó Boris mientras arrancaba el coche.

- Sabes que siempre que puedo, quedó contigo. - contestó Hazel.

- Pero pudiste quedar antes con Fergie, que conmigo. - musitó Boris. Hazel suspiró. No le gustaba por donde iba esa conversación.

- Ella necesitaba contarme algo. Le urgía quedar conmigo. - comentó Hazel cerrando los ojos.

- A mí también me urgía verte pero aún así no tuviste interés en verme. - dijo con rabia Hazel mientras frenaba ante un semáforo en rojo.

- Boris. Sabes perfectamente que te quiero y que siempre que puedo, te apoyo y estoy contigo, pero jamás voy a dejar de ver a mis amigos o familia porque tu quieras que esté pendiente sólo de tí. - refirió con seriedad Hazel.

- ¿Tan poco te importó que todos los demás estén por delante de mí? - volvió a preguntar Boris arrancando nuevamente el coche, al cambiar el semáforo.

- No tergiverses mis palabras ni la situación. Sabes perfectamente que eres importante, pero los demás no son menos importantes que tú. -  contestó Hazel bastante molesta. Se le habían quitado las ganas de estar con Boris. Sabía que era bastante celoso, pero ya quejarse de si veía a alguna amiga, era excederse. Aún así, no sé esperaba la respuesta que le iba a dar.

- No te confundas. He sido muy paciente contigo, estos años contigo. Soy tu pareja y debo ser lo más importante y tú tiempo libre, debe ser para mí. - gruñó Boris.

Eso dejó anonadada a Hazel. ¿Cómo podía decirle algo así? ¿Acaso ella no tenía una vida? ¿Una familia y unos amigos? Respiró hondo e intentó calmarse, antes de responder.

- ¿Y tú harás lo mismo que exiges? - preguntó Hazel en un intento de darle la vuelta a las cosas.

- Lo mío es distinto, tengo otras necesidades, además mi trabajo necesita que haga buenas conexiones. - comentó Boris con bastante aplomo.

- ¿Y si mi trabajo así lo necesitase? - volvió a preguntar Hazel.

- ¿Qué va a necesitar tu trabajo? Jamás tendrás un trabajo así. Tampoco lo necesitarás. - rió Boris. Esto molestó tremendamente a Hazel.

- Llévame a casa. - dijo Hazel mientras su mirada se dirigía hacia abajo. Estaba apunto de llorar.

- ¿Por qué debería hacerlo? ¿Acaso ya no quieres estar conmigo? - preguntó Boris con cierta chulería.

- Si, se me han quitado las ganas de estar contigo. - dijo Hazel. Boris sonrió mientras aparcaba. Acababan de llegar a una pequeña plaza bastante concurrida.

- Te aparezca o no, tú obligación es quedarte conmigo - dijo mientras salía del coche y la obligaba a salir. Hazel se resistió pero finalmente acabó saliendo del coche, ya que él era más fuerte que ella.

Boris tiraba de ella por la plaza, aunque ella se resistía. Le estaba haciendo daño. La gente de alrededor se comenzó a dar cuenta de que algo pasaba. Hazel tenía su rostro lleno de molestia y los ojos comenzaban a enrojecerse y a llenarse de lágrimas. Boris la zarandeó, mientras murmuraba que ella debía obedecerle.

A lo lejos, una mirada oscura se posó en la pareja. 

Ciro había salido con su hermana, Fátima. El poco tiempo que disponía debido al juicio, aprovechaba para salir con su hermana. Sabía que volvería al extranjero para hacer un máster y quería pasar el poco tiempo que tenía con ella. Era la persona más importante para él.

Aún así, no pudo evitar fijarse en aquella pareja y de cómo ese hombre, sacaba a aquella mujer del coche y la arrastraba a través de la plaza. Se dió cuenta, de que ella era Hazel. La reconocía aún a la distancia. Esa hermosa y despampanante figura era reconocible aún en la distancia.

Sabía que a Einar no le gustaría ver cómo ese hombre tratase así a su hija. Sabía que seguramente, Einar no sabía lo que sucedía. La sangre de Ciro ardía. Apretó su mandíbula y su mirada se oscureció. Daba miedo.

Fátima se dió cuenta de que a su hermano le pasaba algo.

- ¿Qué sucede? - preguntó Fátima mirando hacia donde se dirigía la mirada de su hermano. - ¿Quiénes son ellos?

- Ella es la hija de Einar. Él otro no lo sé. - gruñó Ciro mientras comenzaba a caminar hacia ellos. - Quédate detrás mío.

En cuanto llegó a donde estaban, agarró el brazo de Hazel, separándola de aquel tipo, al cual le acabó propinando un puñetazo en el rostro, haciendo que cayera al suelo. Boris se levantó tambaleándose. Miró al hombre con extrañeza. Al igual que Fátima, que no entendía qué estaba sucediendo.

- ¿Quién eres tú? - preguntó Boris con molestias, mientras Ciro empuja hacia atrás a Hazel para que se quedase junto con su hermana.

- Alguien al que no te gustaría ver enfadado. - dijo Ciro mientras miraba con odio a ese hombre. 

- Tal vez, al que no deberías enfadar, es a mí. - refirió con chulería Boris. Ciro se acercó a él con bastante enfado. Boris se acobardó.

- Yo que tú, aprendería a comportarte. Quién intenta meterse conmigo no sale bien parado. - gruñó Ciro mientras lo miraba de forma bastante oscura. Boris lo acabó reconociendo. Era imposible no hacerlo. Las últimas semanas, había salido en todos los medios. Era Ciro Inter Edevane, uno de los mejores abogados junior e hijo de uno de los empresarios más importantes a nivel nacional e internacional, un hombre bastante importante. Sabía que no debía meterse con él. Miró a su pareja y asintió.

- Parece que ahora te gusta codearte con la alta sociedad de la ciudad. - le comentó Boris con sorna.

- Sabes que mi padre trabaja para su familia. - musitó Hazel, preguntándose porque ese hombre la estaba defendiendo. Fátima la observó. Ella no la reconocía. Sabía que no conocía a todos los familiares que trabajaban para su familia en la casa, pero generalmente solía tener una idea más o menos de las situaciones familiares, pues solía ser la más cercana de toda la familia Edevane.

En ese momento, Boris decidió marcharse antes de seguir molestando a aquel abogado. Sabía que podría acabar con él en poco tiempo.

En cuanto estuvo lo suficientemente lejos, Ciro se dirigió a Hazel.

- Señorita Berrycloth, la llevaremos a casa. Es lo más seguro. Pero he de decirle que a su padre, Einar, no le gustaría saber el trato que recibe de este hombre.

Fátima sonrió para sí misma. Conocía los gustos de su hermano y si él había hecho eso, era por algo. Esa chica le gustaba.

Por otra parte, Hazel miró avergonzada al suelo.

- Gracias, señor Edevane. - musitó Hazel.

No tienes que darlas, pero replanteate que hacer con alguien así. Generalmente no va a mejor. - refirió Ciro, tras lo cuál se dirigió hacia el coche. Ambas mujeres lo siguieron en silencio.

Ciro abrió la puerta a Hazel que entró en la parte trasera de su coche continental GT. Fátima se quedó anonadada. Su hermano no solía hacer eso. Salvo con ella o su madre. No solía hacerlo con ninguna otra mujer, salvo….. Fátima negó con la cabeza. No quería recordar aquello. Se subió al coche intentando no mostrar su extrañeza, mientras veía como su hermano cerraba la puerta y posteriormente se subía a la parte del piloto.

Tras preguntarle a Hazel su dirección, arrancó el coche. 

Cuando llevaban unos metros conducidos, Fátima no pudo aguantarse más y acabó preguntándole a Hazel.

- Tú Eres la hija del jefe de seguridad de nuestra familia, ¿Verdad? O eso me dijo mi hermano.

- Si, soy hija de Einar Berrycloth. - respondió Hazel.

- Me alegra conocerte, aunque hubiera preferido hacerlo en otra situación. - comentó Fátima con una sonrisa. Hazel se relajó algo. Fátima parecía alguien más cercano que su hermano, que era más distante que se mantenía serio.

Gracias. E igualmente. - dijo Hazel.

Finalmente, llegaron a la casa de Hazel. Aunque era una zona bastante buena de la ciudad, no podía compararse con la zona de la familia Edevane, una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Ciro acompañó a Hazel hasta el portal del edificio y se aseguró que subiese al ascensor. Cuando las puertas de este se cerraron, Ciro volvió a su coche.

Sin darse cuenta, había otro coche Ghibli aparcado a cierta distancia. Boris les había visto entrar en el coche Continental GT y los había seguido. Estaba furioso. Su rostro estaba enrojecido, su mandíbula apretada y su respiración agitada. Sabía que ahora no podía llamarla pues su padre estaría en casa, pero mañana lo oiría.

Sumido en sus pensamientos, no se dió cuenta que Ciro y su hermana se iban de allí. Ajenos a Boris y su coche, se dirigieron a su casa.

- Esa chica es muy hermosa. Es despampanante. - dijo Fátima. Ciro sonrió. Sabía que lo que decía su hermana era verdad.

- si, es algo atractiva. - dijo Ciro con desdén. No quería demostrar que le pudiera gustar. Aún así, Fátima lo conocía bastante bien y aunque él no lo reconociera, ella le gustaba, y mucho más de lo que él se había dado cuenta.

- ¿Solo algo? Es despampanante. Aún con esa ropa que intenta tapar sus curvas, estas se pueden ver debajo de esta y su rostro es angelical. La mezcla que más os gusta a los hombres. - comentó Fátima con desparpajo, intentando ver la reacción de su hermano. Este se rió. Debía reconocer que su hermana era ocurrente y que tenía razón. Esa mujer podría atraer a cualquier hombre que ella quisiera. Además, sabía por su padre que era bastante responsable e inteligente. 

- Vale, tú ganas, ella es despampanante. - dijo Ciro, mientras miraba con una sonrisa a su hermana.

- Que pena que tenga ese novio, que no la valora. Espero que lo deje por alguien que lo valore. - comentó Fátima, ya algo más seria. Aquí, también debía darle la razón a su hermana.

Capítulo 3

Capítulo 3. Las lágrimas de Hazel.

Hazel entró en casa. Su hermana estaba ya acostada y su padre terminando de recoger todo.

Se acercó a él y lo besó en la mejilla.

- Ya llegaste. ¿Cómo te fue con Boris? - preguntó Einar ajeno a todo lo sucedido.

- Bien. Fuimos a la Plaza Central. Estuvimos paseando por allí. - dijo Hazel, intentando no dar más explicaciones. Esperaba que Ciro no le contase lo sucedido el día de hoy. También esperaba que Boris no la llamase en esos momentos e hiciese saltar las alarmas a Einar, pues sabía que si llamaba y debido al carácter de Boris, Einar se daría cuenta de todo lo sucedido.

- Me alegro. En estas fechas, esa plaza tiene mucho ambiente. ¿Qué mejor que estar en un lugar con ambiente para dos jóvenes como vosotros? - preguntó Einar. Hazel sonrió.

- Muy cierto. - susurró Hazel.

- ¿Y tú entrevista? - preguntó su padre cambiando de tema.

- Algo mejor que otras. Aún así, prefiero no hacerme ilusiones. - respondió Hazel.

- Tú eres una chica que vales. Pronto encontrarás trabajo. Lo único que debes pensar es qué hacer con la media jornada en la pastelería.- comentó su padre.

- Gracias, papá. - dijo Hazel con una sonrisa y prosiguió. - Me encuentro algo cansada, hoy ha sido un día muy agotador. Voy a acostarme.

- Descansa, cariño. - Dijo su padre, viendo cómo salía de la cocina.

Hazel se duchó mientras pensaba en lo sucedido está tarde. Realmente, su relación con Boris llevaba un tiempo mal. Sus comportamientos y su intento de controlarla no le gustaban, pero aún sentía algo por él. Había esperado que su actitud cambiase a mejor, pero eso no pasaba. No sabía realmente qué hacer en esos momentos.

Por otra parte estaba Ciro. Él hoy la había ayudado, y eso lo agradecía enormemente. Si él no hubiera actuado, sabía que la situación hubiera ido a más y podría haber tenido una situación más complicada.

Aún así, se había mostrado frío y distante. Al contrario que su hermana. Ambos se comportaban de manera bastante diferente. Aún así se notaba que eran bastante cercanos. Ella sabía, por cosas que le había contado su padre, que se llevaban pocos años, como mucho dos o tres, al contrario que ella y su hermana que se llevaban siete años. Suponía que por eso eran más cercanos. También sería, por el instinto protector que Ciro tenía por su hermana, según le había comentado su padre.

Mientras seguía con esos pensamientos y sin darse cuenta, ya había acabado de ducharse y se estaba acostando. Apenas pudo dormir esa noche.

Por otra parte, Ciro y Fátima llegaron a casa de sus padres. Fátima tenía enormes ganas de hablar detenidamente con su hermano. Sabía que en el coche no podría, debido a que llegarían pronto a casa, pero ahora era su momento.

Viendo cómo su hermano se quitaba el abrigo, dejando ver un traje hecho a medida que se le ajustaba a su definido cuerpo. Ella se lo quitó también, comentando antes de que se fuera:

- Esa chica me causa curiosidad.

Su hermano se giró hacia ella con cara de extrañeza.

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Ciro. Fátima le cogió del brazo y lo llevó al sofá. Sabía que sus padres estaban acostados y no escucharían la conversación.

- Me extraña que la hayas defendido. ¿Tanto la conoces? - inquirió Fátima.

-Extraño? Te recuerdo que soy abogado. - refirió Ciro con una media sonrisa.

Nunca defiendes a alguien sin buscar nada a cambio. - afirmó Fátima.

- ¿Crees que busco algo a cambio por haberla defendido? ¿No crees que pueda defender a alguien porque lo considere oportuno? - preguntó Ciro.

- No digo que no puedas defender a alguien porque así lo consideres, pero me parece extraño. No es tu forma de actuar. Máxime que me parece que está chica es tu tipo y te niegas a decirme cuanto la conoces. - dijo Fátima con una sonrisa. Ciro suspiró. Sabía por dónde quería ir su hermana. Quería saber hasta dónde le gustaba esa chica y hasta que punto la conocía. Aunque reconocía su belleza y le resultaba atractiva, no podía decir que iba más allá de eso.

- A veces hago lo correcto. - comentó Ciro como el que no quería la cosa. Fátima se sintió algo decepcionada. Aún así Ciro prosiguió. - La conocí hace relativamente poco tiempo. Fue a buscar a su padre. Fue el día que llegaste de nuevo a casa.

Fátima abrió enormemente sus ojos. No daba crédito. Jamás hubiera imaginado que ayudaría a una persona que apenas conocía por mucho que fuera la hija del jefe de seguridad de la familia.

- ¿Tanto te llamó la atención como para hacer eso? - preguntó Fátima con vehemencia.

- Tienes mucha imaginación, hermanita. - dijo Ciro con una sonrisa, mientras besaba en la mejilla a su hermana y se dirigía a su habitación, dejándola sola.

Su hermana se quedó mirando como su hermano se iba. Sabía que a su hermano le había gustado esa chica, aunque conociéndolo, mientras ella tuviera pareja y por respeto a su padre, no actuaría. Por otra parte, se preguntaba si esa atracción le haría cambiar. Su hermano era un hombre muy atractivo; tanto que la mayoría de las mujeres suspiraban por él. Aún así, desde hacía muchos años, no se le conocía ninguna novia. Para Fátima, le gustaría que hubiera un cambio en su hermano. Ojalá la situación se volviera favorable.

Al día siguiente, poco tiempo después de que se fuera su padre a trabajar, el móvil de Hazel comenzó a sonar. Vió que el que le llamaba era Boris. Suspiró. No quería cogerle el teléfono, pero sabía que era mejor no dejarlo demorar. Eso podría hacer que la situación fuera peor. Se aseguró de que su hermana no la escucharía y descolgó el teléfono.

- ¿Quién te piensas que eres para hacer que Ciro Edevane te defienda? - vociferó al otro lado del teléfono.

- Yo no le pedí que me defendiera, Boris… - explicó Hazel.

- ¿Y crees que me lo voy a creer? Es uno de los jóvenes más importantes de la ciudad, si familia es de las más fuertes del país. ¿Crees que no se que buscarías algo de él?, ¿Qué es lo que recibes de él?, ¿Protección?, ¿Dinero? ¿Ambas cosas?, ¿Y qué es lo que le has dado tú a cambio?, ¿Tú cuerpo?, ¿Es por eso que nunca has tenido intimidad conmigo? - gritó Boris desde el otro lado del teléfono.

- Estás sacando las cosas de contexto. Apenas lo conozco… - dijo Hazel intentándolo calmar mientras las lágrimas comenzaban a bajar por su rostro.

- ¡No me tomes por estúpido! ¡Todos saben cómo es Ciro Edevane! ¡No ayuda a cualquiera! ¡Y si lo hace es por algo! ¡Y tú no muestras interés por tener intimidad conmigo! ¡Eso significa que lo tienes por él! ¿¡Desde cuándo, maldita!?- gritó Boris, mientras el nerviosismo de Hazel iba a más. Temblaba, sus lágrimas salían a borbotones. No entendía, como después de dos años, se comportaba de esta manera, como si no se fiase de ella. Sabía que jamás le sería tan desleal, pero él, con el tiempo la fue tratando pero, hasta llegar a lo de ayer y hoy.

- Boris… - intento comentar Hazel.

- Ni se te ocurra decir mi nombre, zorra. - bufó Boris. Fue la gota que colmó el vaso.

- ¡Ya basta! ¡Ni se te ocurra decir nada más! - gritó Hazel.

- ¿Como dijiste? - preguntó Boris bastante incrédulo. Hazel debió coger aire nuevamente. No sabía de dónde había cogido la valentía de estos momentos. Intento mantenerse fuerte, aunque era difícil.

- Creo que he sido una novia bastante decente. Nunca te he fallado y te he tratado con respeto, pero tú has ido cambiando con el tiempo hasta llegar a esto. Aunque nunca me has puesto una mano encima, si que me has tratado mal y me has maltratado psicológicamente. Lo de ayer y lo que acabas de hacer, demuestra que queda poco para el siguiente escalón. Y ahí será más difícil para mí, poder salir de esta situación. - dijo Hazel.

- ¿¡Qué quieres decir!? - bufó Boris, aún sabiendo a lo que se refería.

- No quiero volver a verte. - dijo Hazel, tras lo cuál colgó el teléfono y comenzó a llorar. Le estaba costando mucho hacer lo que estaba haciendo, pero sabía que si no lo hacía ahora, estaría en una situación tan complicada, que sería muy difícil salir de ahí.

El móvil comenzó a sonar nuevamente. Era Boris. No lo cogió. Se fue a arreglar, mientras dejaba el móvil sonando. No dejó de sonar en toda la mañana. Hazel sabía que no dejaría de llamarla hasta que lo cogiera e hiciera lo que él quería. Pero no podía hacer eso, ni tampoco a su familia. Si su padre se enteraba, sabía que se sentiría avergonzado.

Lo que no sabía Hazel era que Boris estaba en su coche, esperándole debajo de su casa. No había ido a trabajar hoy. Había cancelado todo. Todo para esperarla y obligarla a volver con él. Nadie le dejaba. Eso sí, de ahora en adelante la obligaría a satisfacerla, quisiera o no.

Al mediodía, Hazel salió de su casa para dirigirse a su trabajo. En ese momento, Boris salió de su Ghibli y se dirigió hacia ella.

- ¡Tú! ¿¡Quién te crees que eres? - vociferó Boris, mientras la cogía de un brazo y la zarandeaba.

- ¡Suéltame! - gritó Hazel. Boris intentó arrastrarla hasta su coche. - ¿¡Qué pretendes hacer!?

- ¡Te vas a venir conmigo! - gritó Boris, mientras le seguía tirando hacia el coche. Hazel se movió y logró zafarse. Su padre le había enseñado un par de llaves para este tipo de ocasiones. Cogió a Boris de sorpresa.

- ¡Se defenderme mejor de lo que piensas! ¡Mi padre estuvo en el ejército y ahora trabaja como jefe de seguridad! ¡Él mismo me enseñó! - gritó Hazel.

- ¡Sigo siendo más fuerte que tú! - gritó Boris e intentó cogerla de nuevo. Hazel volvió a hacer una llave, que no solo la protegió del agarre del hombre, sino que también la tiró al suelo.

- ¡Te has equivocado de mujer! Tal vez sea una mujer que suela dejarse manejar por su pareja, pero eso no significa que no pueda defenderme. ¡Déjame en paz! - gritó Hazel, tras lo cual se marchó de allí, ante las miradas curiosas y preocupadas de varias personas.

Boris se levantó y miró como ella se marchaba de allí a toda prisa. La miró con odio y se juró hacer algo en contra de ella, antes de irse de allí.

Hazel llegó al trabajo temblorosa. Su jefa se dió cuenta.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó preocupada.

- Si, estoy bien. - sonrió Hazel.

- ¿Segura? - preguntó nuevamente su jefa.

- Si. Todo bien. - comentó Hazel intentando mostrar tranquilidad.

Tras lo cual, se puso a trabajar e intentó no pensar más en el incidente. No quería tener más problemas con Boris, pues si seguía así, la situación se pondría demasiado difícil.

Para relajar algo el ambiente, la jefa de Hazel comenzó a hablar del tema todos hablaban el juicio de Thetrecx.

- ¿Has oído lo del juicio de Thetrecx? - preguntó Anna.

- Si, mi hermana no deja de ver las noticias o buscar información en internet sobre el tema. Llevan casi dos semanas y no se habla de otra cosa en casa. - respondió Hazel, alegrándose que su jefa se abstuviera a preguntar nuevamente por su estado.

- Recuerdo que tú hermana quiere ser abogada y admira a Ciro Edevane. Además tú padre trabajaba para la familia, ¿No? - preguntó Anna.

- Sí, es jefe de seguridad de la familia Edevane, el mismo Ciro lo nombró. - comentó Hazel, mientras los recuerdos de Ciro le venían a la mente.

- Debe confiar mucho en él para haberle hecho jefe de seguridad. - comentó Anna.

- Él se toma muy en serio su trabajo. - dijo Hazel.

- Es algo que a ellos les gusta. Algunas veces han venido aquí a comprar pasteles y tartas, sobre todo para las fiestas que hacen allí. Es mucho trabajo, pero vale la pena. Si haces el trabajo bien, suelen darte una buena propina y vuelven a contratarte de nuevo. - dijo Anna con una sonrisa.

- Si, ellos suelen cumplir muy bien si uno cumple también. Mi padre está bastante contento con ellos. - comentó Hazel.

De esta forma siguieron hablando y atendiendo a clientes mientras pasaba la tarde. Eso le dió algo de paz mental a Hazel e hizo que no pensase demasiado en lo sucedido está mañana.

Casi al final del turno, entró un hombre a la pastelería. Llevaba un traje azul hecho a mano, que se le amoldaba al cuerpo y que lo hacía aún más atractivo. Era Ciro. Venía solo.

Se acercó a la barra y se quedó mirando a Hazel.

- Nos vemos de nuevo. - musitó Ciro, mientras la observaba. Se dió cuenta que llevaba un vestido verde algo ajustado, que hacía que sus curvas llamasen aún más la atención, encima tenía un delantal gris, mientras que su pelo estaba recogido en una coleta y su rostro levemente maquillado. Un calambre recorrió todo su cuerpo. Ella se dió cuenta de que la miraba y su rostro enrojeció.

- Buenas tardes, señor Edevane. ¿Qué es lo que necesita? - pregunto intentando ser lo más profesional posible.

- Hoy iré a ver a mis padres y hermana. Quisiera algunos pasteles. - comentó Ciro.

- Digame cuántos y cuáles y yo se los daré. - dijo Hazel. Ciro asintió y comenzó a decirle que pasteles quería. Anna los observaba, sabía que algo había entre ellos. Tras pagar, Ciro sonrió a Hazel y se marchó del local.

- A ese muchacho le gustas. - comentó Anna, en cuanto Ciro había marchado. Hazel se puso roja.

- No digas tonterías. Simplemente fue amable. Nada más. - dijo Hazel.

- ¿Amable? Ciro Edevane nunca es amable, salvo que seas su hermana. Y hoy no solo te ha tratado excepcionalmente bien, y no me malinterpretes, es uno de los hombres más educados del mundo, pero nunca lo vi tratar a alguien así y aún menos mirarla con tanto deseo. - dijo Anna. Hazel enrojeció totalmente. Al ver su reacción, Anna comenzó a reír.

Por otra parte, Ciro, en cuanto llegó a casa de sus padres, dejó los pasteles y se dirigió directamente al baño. Necesitaba un baño urgente. No sabía lo que le pasaba con esa chica. Aunque reconocía su belleza, solo la había visto en dos o tres ocasiones, sin embargo, su cuerpo había reaccionado. Ayer se había podido controlar con su hermana, pero hoy…..

¿Qué le estaba pasando? ¿Qué le sucedía? No era la primera vez que se topaba con una mujer tan atractiva. ¿Qué era lo que tenía ella que las demás no?

Debía quitársela de la cabeza, no solo era hija de un subordinado, sino también tenía pareja. Y aunque su novio era un maltratador en potencia, no estaba bien que se pusiera en medio de una relación. Si ella lo dejaba debía ser porque quería salir de ahí.

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Amores amargos

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