Capítulo 2

La luz del sol comenzaba a teñir el horizonte cuando Lucía finalmente llegó al límite del bosque. Exhausta y cubierta de raspones, se dejó caer sobre la hierba abierta, sintiendo un alivio momentáneo al ver la carretera cercana.

Pero mientras esperaba que el grupo de búsqueda llegara, no podía dejar de pensar en Caleb. Había algo en él -sus movimientos, sus ojos, su aura misteriosa- que no encajaba con ninguna explicación lógica. Su mente científica luchaba por racionalizarlo, pero el recuerdo del lobo que la había atacado y la forma en que Caleb lo había detenido sin esfuerzo seguía atormentándola.

-¿Quién eres realmente? -susurró para sí misma.

***

Esa noche, después de haber sido rescatada y haberse asegurado de que sus compañeros estuvieran a salvo, Lucía no pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía esos ojos dorados observándola, primero desde las sombras del lobo y luego desde la mirada intensa de Caleb. Finalmente, se levantó de la cama y encendió su computadora portátil.

Comenzó a investigar el bosque de San Roque, sus leyendas y los misterios que lo rodeaban. Una serie de artículos hablaban de desapariciones extrañas y avistamientos de "criaturas" que algunos describían como lobos enormes. Otros mencionaban un antiguo pacto entre los habitantes del pueblo cercano y "los guardianes del bosque".

-Guardianes... -repitió en voz baja, recordando las palabras de Caleb.

La curiosidad de Lucía creció, y antes de darse cuenta, había decidido regresar al bosque. No era solo por sus investigaciones botánicas, sino también por esa necesidad inexplicable de entender lo que había ocurrido y, quizás, volver a verlo.

***

Dos días después, Lucía estaba nuevamente en el bosque, esta vez mejor preparada. Llevaba una brújula nueva, un GPS, y había marcado cuidadosamente su ruta en un mapa. Pero a pesar de todos sus preparativos, no podía negar la sensación de nerviosismo que se apoderaba de ella con cada paso que daba.

El bosque parecía más denso esta vez, más oscuro, como si estuviera consciente de su presencia. Los sonidos de las aves y el crujir de las hojas la mantenían alerta, pero ninguna señal de Caleb o del lobo aparecía.

-Quizás fue una locura venir aquí de nuevo... -murmuró para sí misma.

-Definitivamente lo es -respondió una voz detrás de ella.

Lucía giró bruscamente, su corazón latiendo con fuerza. Caleb estaba allí, apoyado contra un árbol, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre la irritación y la diversión.

-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó él, con un tono más serio esta vez.

-Estoy investigando -respondió ella, enderezándose.

-¿Investigando? -repitió Caleb, dando un paso hacia ella. -Te dije que este bosque no es seguro para ti.

-¿Y qué hay de ti? ¿Tú puedes estar aquí, pero yo no?

Caleb suspiró, pasándose una mano por el cabello oscuro.

-No entiendes. Este lugar tiene reglas. Y tú... no perteneces a ellas.

-Entonces explícamelo -insistió Lucía, cruzándose de brazos. -Porque no pienso irme hasta que lo haga.

Caleb la miró fijamente durante un largo momento. Había algo en su determinación que lo desarmaba, una mezcla de valentía y terquedad que lo hacía querer protegerla y, al mismo tiempo, alejarla lo más posible.

-Eres imposible -dijo finalmente, con un suspiro.

-Gracias por el cumplido. Ahora habla.

Caleb negó con la cabeza, pero su expresión se suavizó.

-Ven conmigo -dijo, extendiendo una mano hacia ella.

Lucía dudó, pero algo en sus ojos la convenció de que podía confiar en él.

-Está bien.

***

Caminaron en silencio por el bosque, pero esta vez, Caleb no parecía evitar las sombras. De hecho, parecía moverse con una confianza casi sobrenatural, como si el bosque respondiera a su presencia.

-Este lugar... -comenzó Lucía, rompiendo el silencio. -¿Qué es realmente?

Caleb se detuvo junto a un claro donde la luz de la luna iluminaba un círculo de flores blancas.

-Es más que un bosque -dijo en voz baja. -Es un refugio, un territorio. Pero también es una prisión.

-¿Prisión?

Caleb asintió, pero no elaboró. En lugar de eso, señaló las flores.

-¿Reconoces estas plantas?

Lucía se agachó para examinarlas.

-Son raras... Nunca había visto algo como esto. Parecen una especie de...

-Son únicas de este bosque -interrumpió Caleb. -Como muchas otras cosas aquí.

Lucía levantó la vista hacia él, buscando respuestas en su expresión.

-¿Qué estás tratando de decirme?

Caleb vaciló. Sabía que revelar demasiado pondría a ambos en peligro, pero había algo en Lucía que lo hacía querer confiar en ella.

-Hay cosas en este mundo que no puedes entender con lógica -dijo finalmente. -Cosas que existen entre las sombras de lo que crees saber.

-¿Como tú?

Él la miró, sorprendido por su intuición.

-¿Qué crees que soy, Lucía?

La pregunta la tomó desprevenida.

-No lo sé. Pero sé que no eres... normal.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Caleb, aunque había tristeza en sus ojos.

-Tienes razón.

El aire a su alrededor pareció cambiar, volviéndose más denso. Caleb dio un paso atrás, sus ojos dorados brillando con intensidad mientras la luz de la luna lo envolvía. Por un momento, Lucía pensó que estaba viendo cosas, pero luego lo vio cambiar.

Sus músculos se tensaron, su postura se inclinó hacia adelante, y de repente, un enorme lobo negro ocupaba el lugar donde Caleb había estado.

Lucía retrocedió instintivamente, pero no pudo apartar la mirada. Los ojos del lobo eran los mismos que los de Caleb, llenos de una mezcla de fuerza y vulnerabilidad.

-No puede ser... -murmuró.

El lobo dio un paso hacia ella, pero no con agresión, sino con cautela. Entonces, ante sus ojos, comenzó a transformarse de nuevo. En cuestión de segundos, Caleb estaba de pie frente a ella, su respiración agitada y sus ojos aún brillando con un resplandor dorado.

-Esto es lo que soy -dijo en voz baja.

Lucía lo miró fijamente, su mente tratando de procesar lo imposible.

-Tú... eres...

-Un hombre lobo -terminó Caleb por ella.

El silencio se extendió entre ellos mientras Lucía intentaba encontrar las palabras.

-Eso explica muchas cosas... -dijo finalmente, con una leve sonrisa nerviosa.

Caleb arqueó una ceja, sorprendido por su reacción.

-¿No tienes miedo?

-Un poco, pero... también tengo curiosidad.

-Eres más valiente de lo que crees -dijo Caleb, con un leve tono de admiración en su voz.

Lucía respiró hondo, tratando de calmar el torbellino de emociones que sentía.

-¿Y qué significa esto para ti? Para nosotros...

Caleb la miró con una mezcla de tristeza y anhelo.

-Significa que nuestro mundo nunca debería cruzarse.

-Pero ya lo hizo.

La respuesta de Lucía lo tomó por sorpresa, pero antes de que pudiera responder, un aullido distante resonó en el bosque. Caleb se tensó de inmediato.

-Debes irte, ahora.

-¿Por qué?

-Porque no estoy solo.

Lucía quiso protestar, pero algo en su expresión la convenció de que debía obedecer.

-Prométeme que estarás bien -dijo ella, dando un paso hacia él.

Caleb asintió, aunque sus ojos reflejaban preocupación.

-Ve, Lucía.

Ella retrocedió lentamente, pero antes de desaparecer entre los árboles, giró una última vez para mirarlo.

-No será la última vez que nos veamos.

Caleb la observó hasta que desapareció, sus palabras resonando en su mente como una promesa y un peligro.

Mientras el bosque volvía a llenarse de sombras, Caleb sabía que su mundo acababa de cambiar para siempre.

Capítulo 3

La luna se alzaba alta en el cielo cuando Lucía finalmente llegó a la carretera que marcaba el límite del bosque. Aunque estaba a salvo, su mente seguía atrapada en lo que acababa de presenciar. Caleb... un hombre lobo.

El impacto de esa revelación hacía que su mundo racional y ordenado se tambaleara. Se había preparado para identificar especies raras y recolectar datos científicos, no para enfrentarse a lo imposible. Sin embargo, lo que más le desconcertaba era la extraña conexión que sentía con Caleb, una atracción que no podía explicar ni ignorar.

-Esto es una locura -murmuró mientras encendía el motor de su camioneta y se dirigía de regreso al campamento base.

***

La siguiente mañana, Lucía intentó sumergirse en su trabajo, catalogando las muestras que había recogido antes de su encuentro con Caleb. Pero su mente seguía divagando, recordando la intensidad de su mirada y la forma en que la había protegido.

-¿Qué me está pasando? -susurró, frustrada consigo misma.

-¿Todo bien? -preguntó Carla, una de sus colegas, acercándose con una taza de café en la mano.

-Sí, solo estoy... cansada -respondió Lucía rápidamente, esbozando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

Carla no pareció convencida, pero no insistió.

-Bueno, por si acaso, recuerda que mañana tenemos que partir temprano. Nos queda mucho por recorrer antes de que termine la semana.

Lucía asintió, pero en su interior, sabía que tenía que regresar al bosque. Había demasiadas preguntas sin respuesta, y Caleb era la clave para resolverlas.

***

Esa misma tarde, mientras sus compañeros descansaban, Lucía se aventuró de nuevo al bosque. Esta vez no llevaba brújula ni GPS. No los necesitaba; sabía exactamente a dónde ir.

El arroyo brillaba bajo la luz del sol cuando llegó al claro donde Caleb la había dejado la noche anterior. Miró a su alrededor, buscando cualquier señal de él, pero todo estaba en calma.

-Caleb -llamó en voz alta, sintiéndose un poco tonta.

El bosque permaneció en silencio, pero luego, un susurro de hojas a su derecha llamó su atención. Caleb emergió de entre los árboles, su expresión una mezcla de sorpresa y resignación.

-Eres la persona más terca que he conocido -dijo, cruzando los brazos.

-Y tú eres el hombre más misterioso que he conocido -replicó Lucía, avanzando hacia él.

Caleb suspiró, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.

-Te dije que no volvieras.

-Y yo te dije que no pienso irme hasta que me des respuestas.

-No entiendes en lo que te estás metiendo -respondió él, con un tono más serio esta vez.

-Entonces haz que lo entienda -insistió Lucía.

Caleb la observó durante un largo momento. Había algo en su determinación que lo hacía querer confiar en ella, aunque sabía que hacerlo podría ponerla en peligro.

-Está bien -dijo finalmente. -Pero no aquí. Sígueme.

***

Caleb la guió a través del bosque hasta una cabaña escondida entre los árboles. Era pequeña pero acogedora, con una chimenea encendida que llenaba el espacio de un calor agradable.

-¿Vives aquí? -preguntó Lucía, mirando alrededor.

-Es mi refugio -respondió Caleb.

-¿Tu refugio de qué?

Caleb no respondió de inmediato. En lugar de eso, se sentó en una de las sillas junto a la chimenea y la miró con seriedad.

-Lucía, lo que viste anoche es solo una parte de lo que soy.

-Eres un hombre lobo -dijo ella, con un tono que era mitad afirmación y mitad pregunta.

-Sí. Y lo que eso significa es complicado.

-Explícamelo -pidió ella, sentándose frente a él.

Caleb suspiró, pasando una mano por su cabello.

-No siempre fui así. Era un niño normal hasta que un accidente cambió mi vida. Mi familia... -su voz se quebró por un momento- murió en ese accidente, y yo fui marcado. Desde entonces, pertenezco a este bosque.

-¿Marcado?

Caleb asintió, levantándose y caminando hacia la ventana.

-Por un lobo alfa. El líder de nuestra manada. Fue quien me transformó y me condenó a este destino.

-¿Destino?

-Proteger este bosque y sus secretos. Pero eso tiene un precio. No puedo dejar este lugar. Y aquellos que se acercan demasiado... -Caleb se giró hacia ella, su expresión sombría. -Corren peligro.

Lucía sintió un escalofrío, pero no se apartó de su mirada.

-¿Por qué?

-Porque no todos en la manada comparten mis principios. Algunos ven a los humanos como una amenaza. Otros simplemente no quieren que entren en nuestro territorio.

-¿Y tú? ¿Qué piensas?

Caleb se quedó en silencio por un momento, como si estuviera luchando con sus propias emociones.

-Pienso que tú eres diferente.

Las palabras de Caleb resonaron en el aire, y por un momento, el tiempo pareció detenerse. Lucía no supo qué decir. Había algo en su tono, en la forma en que la miraba, que hacía que su corazón latiera con fuerza.

-¿Por qué yo? -susurró.

Caleb se acercó a ella, sus ojos dorados brillando con una intensidad que la dejaba sin aliento.

-Porque eres valiente. Porque no huyes de lo desconocido, y porque... -hizo una pausa, como si dudara en continuar. -Porque no he podido dejar de pensar en ti desde que te conocí.

El aire entre ellos se volvió más denso, cargado de algo que ninguno de los dos podía negar.

-Caleb... -comenzó Lucía, pero antes de que pudiera decir algo más, un fuerte aullido rompió el momento.

Caleb se tensó de inmediato, girándose hacia la ventana.

-No puede ser... -murmuró.

-¿Qué pasa?

-Vienen por ti.

Lucía sintió que el miedo volvía a apoderarse de ella.

-¿Quiénes?

-Mi manada.

Caleb se giró hacia ella, sus ojos llenos de urgencia.

-Debes irte. Ahora.

-No voy a dejarte aquí solo.

-Lucía, por favor. Esto no es un juego.

-Y tampoco lo es para mí -respondió ella, con una firmeza que lo sorprendió.

El sonido de ramas rompiéndose se acercaba cada vez más. Caleb sabía que no había tiempo para discutir.

-Escucha -dijo, tomando sus manos entre las suyas. -Te llevaré a un lugar seguro, pero tienes que confiar en mí.

Lucía asintió, aunque su corazón latía con fuerza.

-Confío en ti.

Caleb apretó sus manos por un breve momento antes de soltarla.

-Entonces ven conmigo.

Juntos, salieron de la cabaña y se adentraron de nuevo en el bosque, con las sombras de la manada acechándolos desde la distancia.

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