¡Puff! No sé qué hago aquí, me siento como una tonta. En instantes como este es cuando me pregunto qué estoy haciendo con mi vida. Sé que no necesito ser mantenida por un hombre, que sea quien cumpla con mis caprichos. No sé… si es por la influencia que ejerce Eva y Clara en mí, que me dicen que no debo ser una tonta, que debo aprovechar ahora que estoy joven para vivir mi vida, que, como dice mi madre, al estar vieja me voy a arrepentir de lo que no hice de joven.
Algo que me gustó de estar cerca de Carl es que puedo ser yo misma con él. Parece que encajamos tan perfectamente, siento que no tengo que buscar nada en otros hombres, porque lo tengo a él. Si tan sólo… pudiera tenerlo conmigo… creo que podría ser una mejor persona, porque él me inspira a serlo.
Veo a mi hermana hablando por celular mientras sostiene una gran sonrisa. Ella no quiere aceptarlo, pero está bastante emocionada con la cita; ese chico Pablo, realmente le gusta. Hasta los corazones de hierro en algún momento se encaprichan, ojalá no se enamore, porque perderá en su propio juego.
Ella se vino cambiada con un short alto, una camisa de mangas cortas de color negro y unos botines negros de gamuza. Y ni qué hablar del maquillaje ahumado que se hizo y las horas que pasó arreglando su cabello.
Mientras que yo, toda sencillita con pantalón jeans, camiseta de Avengers y sandalias bajitas, ah… y como no quise peinarme, me hice un globo y listo, ni maquillaje ni nada. ¿Para qué? Si yo únicamente vine a comer. Ni para decir que no quiero opacar la belleza de mi hermana, porque ella hasta con mis fachas se ve mucho mejor que yo, en serio.
Hoy vengo en plan de espantar a cualquier amigo que Pablo invite y crea que me puede echar encima.
Eva se acerca a mí con rostro emocionado.
—Ya están aquí —informa—, están en el ascensor.
Mis ojos ruedan al fondo de la gran sala, mucho más allá de las sillas del comedor del centro comercial, donde se puede ver el ascensor de cristal. Al fin llegó mi cena, porque me muero de hambre y desde que ella me contó que tendría esta cita se me antojó un perro caliente de los que venden en este cine.
—¿Sabes? Averigüé el descuento de los combos hoy y el “tú y yo” está con treinta por ciento de descuento —le digo sin dejar de mirar al fondo de la sala—. Ese es el que trae el perro caliente gigante, ¿te acuerdas que una vez lo compramos cuando vinimos a ver Los juegos del hambre?
—Ajá —suelta Eva sin prestarme mucha atención.
—Bueno, ese es el que debemos quitarle —prosigo—. ¿A todas estas, qué película vamos a ver?
—¿No averiguaste los estrenos?
Volteo para ver la cartelera que está a mi espalda. Se me desfigura la emoción del rostro al ver que no hay nada bueno.
—Ah… pero salió Bad Boys —tarareo la canción del intro de la película mientras hago unos movimientos con las manos—. Bad boy, bad boys, whatcha gonna do, whatcha gonna do, when they come for you? —Lo repito varias veces porque es lo único que sé de la canción.
Mi hermana voltea a verme y me mira con gesto de desagrado, pero yo la ignoro y sigo repitiendo la canción mientras hago varios sí con la cabeza mientras muevo las manos mientras finjo ser un rapero.
Pero me detengo al ver que se acercan a nosotras dos hombres altos, fortachones, uno bastante blanco y el otro mucho más bronceado. Estoy segura que el blanco no debe ser de la ciudad, porque su semblante se ve mucho como si fuera del interior del país, donde todo el tiempo hace frío. Reconozco al chico bronceado, es Pablo, lo logro distinguir porque Eva me mostró varias fotos de él. Y sí, es bastante alto, es justamente como a ella le gusta. No puedo decir que tiene una belleza que es única, de esas de revistas, porque no es así: cabello negro, ojos marrones oscuro, alto, acuerpado y piel bastante bronceada por el sol. Pero lo que lo hace lindo es que se nota que se cuida, su cabello liso está perfectamente peinado a medio lado, tiene un sombreado de barba que lo hace ver más masculino y le luce muy bien, además, viene cambiado con una camisa gris estilo clásica que está remangada hasta sus codos y lleva puesto un jean oscuro.
El joven a su lado me está mirando fijamente mientras me sonríe y a la vista se muestran unos brackets de color violeta oscuro, detrás de ellos se puede ver lo que ya son unos perfectos dientes blancos. Me parece que ya he visto esa desagradablemente hermosa sonrisa en otro lugar. Sube un poco los hombros y después los relaja haciendo que su pecho se vea mucho más ancho.
Wow, es muy guapo. Está únicamente vestido con una camiseta roja, jeans negros con algunos desgarros, tenis y listo. Pero se ve jodidamente bien.
Es en ese momento en que te arrepientes de ser tan descuidada con tu apariencia, cuando deseas que la tierra se abra y te trague. Quiero salir corriendo y hacerme bolita en mi cama. ¡Ay, Dios!, ¡déjame regresar el tiempo para arreglarme bien diva apoteósica! ¡¿Qué hice para pasar semejante humillación?!
Trago en seco e intento que mis mejillas no se ruboricen. Pero mis labios han comenzado a temblar y siento que mis axilas empezaron a transpirar —me sucede cuando estoy demasiado nerviosa—, algo bastante malo porque la camiseta que llevo puesta refleja mucho el sudor. Pero ¿yo qué iba a saber que me iba a encontrar en esta situación?
—¿Esperaron mucho? —pregunta Pablo con una voz que se escucha bastante amorosa.
—Ah… no, acabamos de llegar —responde Eva con una amplia sonrisa.
Mentira, me dijo que no podía hacerlos esperar, por eso llegamos diez minutos antes, y ellos se retrasaron diez minutos, así que tenemos veinte minutos esperando.
—Qué bueno, es que… —Pablo lleva una mano detrás de su nuca, eso me hace ver que está bastante nervioso— tuvimos un pequeño problema antes de salir.
Algo me dice que no se decidía por la ropa, porque como está vestido, se nota que la escogió meticulosamente, todo lo contrario a su compañero, que se nota que se puso lo primero que encontró.
—No te preocupes —suelta mi hermana y después sube sus hombros con timidez.
Parpadeo varias veces mientras observo la escena. Esos dos… se nota que se gustan muchísimo… Ay no, eso es una mala señal.
—Ah… —Pablo me mira—, ¿tú eres Zaideth?
Vaya, por fin se dieron cuenta que yo existo.
—Sí —respondo mientras acentúo con la cabeza—. Soy su hermana.
—Eso veo, se parecen mucho. —Sus mejillas se ruborizan—. Se parecen mucho, son igual de hermosas.
No logro retener una pequeña carcajada. ¿Me acaba de comparar con mi hermana? Y justo con las fachas que estoy vistiendo esta noche…
—Somos uña y mugre, inseparables —dice Eva mientras rodea mi espalda con un brazo.
—Si deseas conquistarla primero debes conquistarme a mí —digo con seguridad mientras sostengo una sonrisa—. Y a mi estómago.
—Ah… sí, claro. —Pablo ríe mientras me repara—. Ya me dijo tu hermana que te encantan los perros calientes de aquí y que eres capaz de comerte tres de ellos.
Ay, no, ¿cómo se le ocurre decir eso cuando tiene al lado a semejante hombre? Qué vergüenza. Voy a matar a Eva por contarle eso a su futuro novio.
Escucho una pequeña risa y lentamente volteo a ver al joven al lado de Pablo. Qué horror, se está riendo de mí. A todas estas, ¿quién es? Ni lo han presentado.
Parece que Pablo comprende mi confusión y posa una mano encima del hombro de su amigo.
—¿No te acuerdas de él? —inquiere, y yo comienzo a presentir lo peor.
Ya se me hacía conocido, pero… hasta ahora mi mente comienza a escarbar en mis recuerdos.
—¿No me recuerdas? —pregunta el joven.
Ahora que escucho esa voz…
“No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle” recuerdo.
Siento que me vuelvo pequeñita, que mi rostro se ruboriza y mis piernas se vuelven débiles.
Mi imprudente boca y yo. Aish… ¿Por qué tuve que decir todo eso esa noche?
—Claro, sé quién eres —suelto con desgana.
Me siento inofensiva. Esa noche llevaba puesto un vestido negro corto ceñido al cuerpo, estaba maquillada como una gran diva, aparte que tenía puestos unos tacones que me hacían ver diez centímetros más alta de lo que soy. Agréguenle a eso varios tragos en la cabeza y obtendrán a una Zaideth que cree que puede comentar todas las cosas que sus neuronas le envían.
Walter muerde por unos minutos su labio inferior mientras sigue sonriendo. Se nota que está gozando que yo me sienta ahora como un zapato viejo. Qué desagradable.
—Bien, ¿vamos a comprar las entradas? —pregunto, ignorando por completo a Walter—. Quiero ver Bad Boys.
—Lo que usted ordene, cuñada —acepta Pablo.
—Oye, todavía no vas a recibir ese título —bufo mientras camino delante de ellos.
Lo mejor que se puede hacer en momentos tan incómodos como este es tener una buena actitud, así la gente no se sentirá en el derecho de pasar por encima de ti. Lo menos que quería que se me pasara por la mente es que Walter tomaría este momento como venganza por lo mal que lo traté. No iba a permitir que me humillara.
Intenté ser lo más extrovertida posible y dar un ambiente agradable a la cita. Así fue como volví a mi plan inicial: comer y que no me importara nada.
Me tocó sentarme al lado de Walter (algo bastante incómodo, porque estaba demasiado callado) pero no como un tipo tímido, sino de esos que inspiran misterio y demasiada seguridad, tanta, que no deseas sentarte cerca de ellos.
Como me habían prometido, Pablo me compró el combo que traía el perro caliente y las entradas eran para las sillas VIP de la sala de cine. Como la película fue bastante buena, pude reír y gritar de la emoción (suelo concentrarme mucho en las películas). Nada comparado con Eva y Pablo que únicamente sabían conversar y reír como dos buenos tontos.
Me alivió ver que pude sobrellevar bien el estar al lado de un chico que había humillado una semana atrás. También me sentía tranquila que Walter fuera mi compañía en la cita, porque de esa forma no estaba tentada a que me llamara la atención, que fuera a encapricharme con él y después, al llegar a mi casa, llorara en el baño al sentirme ridícula por no haberme arreglado para la cita.
Pero todavía falta ir a la plaza de comidas para tomar algo y esperar a que se hiciera media noche para que Eva se decidiera volver a casa.
Y aquí estamos los cuatro. Bueno, más bien los dos, porque Eva y Pablo están en su mundo, teniendo su propia conversación. ¿Para qué nos invitaron si van a estar así?
Es re incómodo estar al lado de Walter y que haya ese silencio pulsante entre los dos. Bueno, yo me siento así, porque él está muy tranquilo comiendo su pizza de pepperoni mientras en ocasiones revisa su celular.
Yo intento hacer lo mismo, pero no estoy hablando con nadie, porque en momentos como este a ninguna persona que conoces se le ocurre escribirte. Así que reviso una y otra vez el inicio de Instagram y después me voy a los estados de WhatsApp y así estoy desde hace hora y media. Trato de poner cara de que sí, wow, está muy interesante lo que veo, pero claro, únicamente estoy fingiendo. De hecho, es tanta mi incomodidad, que he abierto uno de los grupos de trabajos de la universidad y leo los mensajes que han enviado mis compañeros preguntándole a los profesores por temas de los trabajos que ellos nunca respondieron porque se perdieron en el océano de mensajes que todos ignoran.
Y llega mi punto de quiebre. Bajo el celular y dejo salir un suspiro mientras mis ojos se clavan en la gran pizza a medio comer que está en el centro de esta. Lentamente subo la mirada hasta Walter que está casi en frente de mí. Me sorprendo al ver que está tomando su jugo de piña mientras observa la panorámica de la plaza bastante tranquilo, como si nada lo atormentara.
Es bastante diferente a como lo conocí. Pensaba que era violento y prepotente, pero ahora parece ser de esas personas que es difícil de hacer enojar.
Nuestras miradas se cruzan y él me muestra una sonrisa ladeada.
—¿Aburrida? —pregunta.
—No —respondo con rapidez.
—Ahorita te veías más entusiasmada.
—Sigo estándolo —replico mientras tomo un trago de mi gaseosa.
Veo que Eva se levanta de su silla, a lo que mi corazón salta del temor.
—¿A dónde vas? —pregunto seria.
Ahora es Pablo quien se está levantando.
—Ya… venimos —informa Eva sonriente, inocente de lo que está sucediendo.
—¿Pero a dónde van? —insisto ahora con una voz un tanto molesta.
—Si se demoran me como toda la pizza —dice Walter con voz tranquila y despliega una sonrisa amable.
Me acomodo en el espaldar de mi silla y dejo salir un suspiro al darme cuenta que esta noche será más larga de lo que llegué a imaginar.
Veo a Eva partir con Pablo tomados de la mano mientras conversan alegremente. He perdido a mi compañera de locuras.
Un gran silencio invade la mesa. Antes no se marcaba tanto porque podíamos escuchar la conversación de Pablo y Eva, pero ahora… Dios… esto es demasiado incómodo.
—¿Eres novia de Nicolás? —pregunta Walter de repente.
—¿Qué? —volteo a verlo. Proceso la pregunta—. ¿Por qué preguntas eso?
—Esa noche discutieron como si lo fueran.
Tomo una torreja de pizza que estoy segura que no lograré hacer que pase por mi garganta.
—No debes saber de mi vida privada —evado la pregunta—. No te interesa, así como a mí no me interesa la tuya.
Walter ríe entre dientes y me contempla mientras entorna la mirada. Siento que quedo sin respiración y debo bajar la mirada hasta la pizza para poder calmarme.
—¿Es tu novio? —vuelve a preguntar.
—Aish… claro que no. —Alzo la mirada y frunzo el entrecejo.
Walter acentúa con la cabeza mientras me observa fijamente.
—No te acordabas de mí, ¿verdad?
Dejo salir un suspiro tembloroso.
—Sí estabas ebria esa noche —dice Walter entre una risita burlona—. Menos mal no tomé en serio tus palabras.
—Realmente eres desagradable —suelto con tono aburrido.
—¿Por qué?
—¿No eres capaz de darte cuenta?
—No soy adivino —suelta con tono obvio.
Tomo un trago de mi gaseosa que siento que pasa lento por mi garganta.
No tengo nada que perder con este hombre, ya he dañado todo entre él y yo.
Me gustaría saber en qué momento una chica tan grosera como Zaideth se convirtió en mi dolor de cabeza.
La estoy viendo tomar su gaseosa sin preocupación alguna mientras me ignora, como siempre.
—No me agradas, Walter —me dice después de dejar el vaso de gaseosa sobre la mesa—. Así que deja de preguntar por mi vida privada. No me arruines la noche.
Dejo salir un jadeo al no poder creer lo que estoy escuchando. ¿Por qué cuando nos rechazan, más deseamos estar cerca de esa persona?
Verán, terminé planeando esta tonta cita donde quedé como un cero a la izquierda cuando la conocí una semana antes en una discoteca.
Una semana atrás:
Esa noche mi hermana me invitó para que conociera a su novio con el que llevaba un mes. Aparte de nosotros, también iría Pablo con su prima que me estaba insistiendo para que le diera una oportunidad.
Como no estaba haciendo mucho desde que había llegado a la ciudad, decidí ir sin muchos ánimos. Únicamente para conocer al dichoso novio de Stela (mi hermana) que no me inspiraba muchas buenas vibras.
El punto de encuentro fueron las afueras de Bambam. El primero en llegar fue Pablo con su prima Alessa; todas las veces que he vuelto de vacaciones ella intenta pegarse a mí como un chicle, eso es muy molesto.
—Walter… —saluda ella con una gran sonrisa—, hola…
—Alessa —saludo con una leve sonrisa.
Después de varios minutos que me parecieron algo eternos, el celular de Stela comienza a sonar.
—¡Debe ser Luis! —suelta con rapidez mientras contesta—. Hola, ¿dónde estás?
—Tienes un novio muy puntual —suelto con sarcasmo.
Ella ignora lo que digo, pero se ve nerviosa, sabe que tengo la razón.
—Mira quien está ahí —comenta Pablo con un cierto tono de sorpresa—. ¿Te acuerdas que te hablé de Nicolás? El que estudia conmigo.
Volteo a verlo.
—Sí, ¿qué sucede con él? —respondo.
—Ahí viene —contesta mirando hacia la derecha—. Y está muy bien acompañado. Mira a la rubia, wow, es muy hermosa.
Logro encontrar al grupo que está a unos metros de distancia, donde al lado de la chica rubia de la que habla Pablo, se encuentra una joven de piel trigueña y cabello negro liso acompañada por una joven pelirroja.
Mis ojos se centran en la chica de cabello negro, porque, aunque está muy arreglada con su vestido negro, con el cabello perfectamente ondulado e intenta sonreír, se ve triste. No es la más hermosa del grupo, su belleza es sencilla. Tampoco tiene unas prominentes curvas, al lado de esas dos chicas, se ve bastante sencilla.
Aunque, Nicolás habla con ella, rodea su cintura con un brazo y le da un beso en una mejilla. Es su novia.
Dejo de observar al grupo porque ha llegado un joven a saludar a Stela y estoy seguro que es su novio. Lo logro reconocer por las fotos que anteriormente me mostró, no sé qué le vio mi hermana a este hombre, porque es feo y tiene rostro arrogante.
—Mucho gusto, Luis —me saluda mientras estira una mano.
—Walter —me presento mientras estrechamos manos.
Después de los saludos entramos a Bambam y buscamos una mesa cerca de una esquina del primer piso. A los minutos nos traen unos tragos y un buen ambiente aterriza sobre la mesa.
Alessa se pone de pie y me muestra una mano. Pablo me anima para que acepte bailar con ella y esto me entusiasma a hacerlo.
Llegamos hasta el centro de la pista de baile y Alessa comienza a bailar de manera sensual mientras acaricia su cabello. Pasea sus caderas bastante cerca de mí. Intento seguirle el ritmo, pero me incomoda que esté tan cerca de mí, como si quisiera besarme.
Intento hacer un poco de distancia, pero ella parece percibirlo y se arrima mucho más. Ahora se voltea y me da la espalda, sigue moviendo sus caderas cerca de las mías. Debo aceptarlo, Alessa es muy hermosa, con una belleza latina y tropical que enamora a cualquier hombre, aunque, por alguna razón, a mí no me gusta. La veo como una amiga, una hermana que debo cuidar, ya que la conozco desde que somos niños.
Cuando teníamos catorce años llegamos a tener una relación de un mes, pero lo hice en un intento por enamorarme de ella, aunque no funcionó y desde ese momento ella me ha buscado, ha insistido en que nos volvamos a dar una oportunidad.
Seguimos bailando, pero reflexioné que ella podría tomarlo como un malentendido, creer que yo le estoy dando indirectas que no son ciertas. Por esta misma razón después de acabarse la canción le dije que volviéramos con el resto del grupo.
—Pero ¿por qué? —inquiere con rostro triste. Me toma de una mano.
—Alessa, por favor —pido—. No compliquemos las cosas.
—¿Hay alguien?
—¿Qué? —frunzo el entrecejo—. No…
Ella se abalanza sobre mí, rodea mi cuello con sus brazos y apretuja sus labios con los míos. Intento apartarla, pero se aferra mucho más.
Al poder hacer espacio entre los dos, me alejo de ella con paso largo y me acerco a la mesa donde el resto del grupo sigue compartiendo. Sin embargo, noto algo extraño entre mi hermana Stela y su novio Luis.
Decido quedarme quieto lejos de ellos para poder observar la situación, ya que no quiero que él finja que todo está bien si me ve, ya saben, para aparentar.
Lo veo poner una mano detrás del cuello de Stela, la toma con fuerza y le grita cerca del rostro. Ella se ve que está llorando, pero trata de fingir para no llamar la atención de Pablo que está concentrado en su celular mientras toma una cerveza.
Llevo una mano a mi frente para intentar calmarme, sin embargo, la sangre ya me está hirviendo.
Lo peor sucede cuando veo a Luis darle un bofetón a Stela, la toma del cabello y la obliga a mirarlo y parece decirle algo amenazante a lo que ella responde con tímidos movimientos de cabeza.
No puedo dejar que la siga lastimando. Debo detener esto.
Me acerco a ellos y aparto a Luis con un empujón en el pecho. Él cae recostado en el mueble y yo aprovecho esto para tomarlo del cuello.
—¿Te gusta sentirte grande golpeándola? —gruño— ¡Vamos, golpéame a mí! —Analizo su rostro de impresión—. ¡¿Qué? ¿Te volviste gallina?!, ¡anda, golpéame! —grito con fuerza.
Stela suelta un grito y se levanta del mueble mientras lleva las manos a la cabeza.
—¡Walter, no, por favor! —suplica.
Luis parece salir del impacto y despliega una sonrisa de ironía. Me da un empujón que me hace retroceder y debo maniobrar para no perder el equilibrio.
Se levanta del mueble y respinga las cejas mientras se burla. Toma a Stela de un brazo y la jala hacia él.
—¡¿Y qué pasa si la golpeo?! —pregunta—. ¡Es mi novia y debo corregirla, para que no se vuelva a portar mal!
Aprieto con fuerza mi mandíbula al sentir que la sangre me hierve con mucha fuerza.
Pablo ya está de pie, perplejo, observando la discusión. Guarda su celular en uno de los bolsillos del pantalón y se acerca a Luis.
—Suéltala —ordena.
—¿Y qué pasa si no la suelto? —pregunta con tono burlón.
Pablo no responde. Se acerca a Stela y la toma bruscamente para dejarla detrás de él, después, golpea el pecho a Luis.
—¡¿Qué te pasa maldito imbécil?! —gruñe—, ¡¿quieres morir?! —Lo mira fijamente a los ojos, como si deseara matarlo—. ¡Vete!, ¡lárgate!
—¡¿Qué te pasa?! —grita Luis—. ¿Te crees muy bravito?
Pablo le responde dándole un fuerte puñetazo en el rostro que lo hace caer al piso, pero Luis se levanta rápidamente y se abalanza a él.
En ese instante se acerca Alessa y suelta un fuerte grito al ver a Pablo peleando con Luis e intenta intervenir.
—¡Pablo, Pablo! ¡No! —suplica.
Mi amigo se desconcierta, algo que aprovecha Luis para intentar aventarle la pequeña mesa de madera en la cabeza.
Al ver esto, mi piel se hiela y me abalanzo a Pablo para ayudarlo a esquivar la mesa que, si llega a golpear su cabeza, podría matarlo.
Se comienzan a escuchar fuertes gritos de personas que están a nuestro alrededor. Me doy cuenta que todo se ha vuelto en espantosa situación gracias al gran patán que mi hermana se consiguió como novio. Ahora deseo matarlo, se ha metido con lo que más me importa en la vida: mi familia y mis amigos.
Pablo y yo estamos en el piso, nos levantamos para abalanzarnos sobre Luis. Lo comenzamos a moler a golpes, pero sentimos que unas enormes manos nos toman del cuello de la camisa y nos arrastran hacia la entrada de la discoteca.
Cuando quiero ver, estoy volando en el aire y únicamente puedo protegerme para no lastimarme al chocar contra el duro piso.
—¡Mátense afuera! —escucho una voz gruesa de uno de los guardias de seguridad.
Alessa y Stela corren a socorrernos al ver a Pablo y a mí retorcernos del dolor por la torpe caída en el piso.
—¡Por Dios, ¿estás bien?! —pregunta Stela mientras me ayuda a levantar.
Pero no soy capaz de prestarle atención, mis ojos están buscando a Luis, ¡lo voy a matar!
Lo veo levantándose del suelo con torpeza, me da una mirada rápida y comienza a alejarse. ¡Se está escapando! Ah… no creas que te vas a salvar de esta…
Corro a él y lo tomo del cuello, apretándolo con fuerza.
—¡NO!, ¡WALTER!, ¡BASTA, POR FAVOR! —suplica Stela corriendo para tratar de calmarme.
Veo el rostro de Luis enrojecerse mientras me mira con sus ojos rojos.
Stela me toma de un brazo, intentando que suelte el agarre que tengo en el cuello de Luis. Veo que está llorando y temblando del miedo.
Arrojo a Luis al piso. Ahora se ve como un perro miedoso. Me da asco.
—¿No la ibas a corregir para que no se portara mal? —le pregunto mientras lo veo levantarse del suelo tosiendo—. ¡Anda, vuélvela a tocar!
—Pregúntale lo que estaba haciendo —dice él con la voz maltratada mientras lleva las manos a su cuello—. Tanto que la defiendes y es una perra. ¡Una maldita zorra!
Quiero volver a abalanzarme a él, pero siento que me toman de los brazos. Es Pablo y Alessa.
—Basta, amigo, no vale la pena —dice Pablo cerca de mi oído—. Estamos en la calle, podría venir la policía en cualquier momento, sabes que no es bueno para ti. Él no vale la pena. Mejor vámonos.
Stela está en medio de los dos y puedo observar su mejilla enrojecida donde antes ese imbécil la ha golpeado. Ni siquiera nuestros padres le han puesto una mano encima para que venga ahora este don nadie a lastimarla. Y lo peor, se está burlando de ello.
—Vaya… parece que el soldadito tiene miedo ahora —se burla Luis—. ¿No se supone que me ibas a golpear? Adelante, quiero verlo.
Pablo ve que yo estoy a punto de explotar, así que decide soltarme, sabe que ya no hay vuelta atrás. Toma a Stela de una mano y la jala para quitarla de en medio.
Luis estaba preparado, logra encertar un puñetazo en una de mis mejillas, pero es tanta la cólera que siento en el momento que no puedo sentir el dolor de mis brackets desgarrando la parte interna de mis mejillas.
Después de darle fuertes golpes, logro golpear con una rodilla su estómago, algo que lo hace retroceder y tambalear. Le hago una llave que logra hacer que su espalda choque contra el piso, me subo encima de él y con mucha rapidez golpeo su rostro.
La sangre salpica en el pavimento. Escucho los gritos de las personas a mi alrededor, pero no soy capaz de detenerme, ¡deseo matarlo!
—¡Walter, por favor, basta! —suplica Stela entre el llanto—. ¡No lo mates, por favor! ¡Yo no quiero esto!
Sus últimas palabras golpean mi mente y me hacen volver en sí. Siento que me toman de los brazos. Me detengo. Siento mi respiración agitada. Parpadeo varias veces y trato de reincorporarme.
—¡Te voy a matar como te vuelvas a acercar a ella! —grito mientras lo veo retorcerse en el piso—. ¡LÁRGATE, ANTES QUE ME ARREPIENTA!
Luis, con las pocas fuerzas que le quedan, se tambalea mientras intenta levantarse. Dos jóvenes se acercan y lo ayudan a levantarse para después llevárselo.
Siento mi boca llenarse de sangre. Me acerco a una zanja para escupir. Ash… me reventó toda la boca.
Al regresar con mi grupo veo que unos jóvenes se están acercando a nosotros. Es el grupo de Nicolás.
—Hey, ¿qué pasó? —pregunta Nicolás a Pablo mientras se saludan con un juego de manos.
—Nada, un men ahí que quiso molestar —responde Pablo—. Pero se llevó lo que vino a buscar.
Me acerco a Pablo y sonrío mientras tanteo la comisura derecha de mi labio que está lastimada. Siento que toda mi boca duele y parece que se va a comenzar a hinchar.
Paseo mi mirada por las chicas que me están sonriendo, menos una. Mis ojos se posan en la chica de cabello negro que me está reparando, diría que demasiado, es un poco incómodo, pero me da curiosidad saber qué está pensando, porque me mira con desprecio y enojo, ¿qué tendrá contra mí si ni siquiera nos conocemos?
—Walter —me presento con Nicolás.
Pablo me ha hablado tanto de él que tengo curiosidad por conocerlo, y más por conocer a su novia. Ella está logrando que mi cólera se disipe con su ocurrente rostro.
La chica rubia y la pelirroja se presentan y por fin sé que se llaman Carla y Eva. Pero, lo más curioso es que la novia de Nicolás está ahí, con su cara de piedra y no disimula, mucho menos se presenta. Parece que no soy el único que nota esto, ya que todos lo están mirando.
Ella se acerca al oído de Nicolás y se susurran algunas cosas. De pronto, la chica alza la voz y comienza a reclamarle.
—¿Esperar? —pregunta—. Me quiero ir, ¿no te das cuenta? —Se ve demasiado molesta—. ¿Me voy sola? —reconvina—. ¡Porque si quieres te dejo aquí con estos imbéciles, no tengo problema!
Respingo mis cejas por la impresión que me da el oír sus palabras. A la vez, me da mucha curiosidad saber el por qué me está catalogando de esa forma si no me conoce.
Es demasiado antipática, pero a la vez me da mucha gracia. ¿Cómo puede Nicolás soportarla?
—Zaideth, por favor —suelta serio Nicolás—. No seas tan grosera, ¿podrías?
—¿Grosera yo? —La chica pone las manos en su cintura—. Uno de ellos me golpeó con una silla, ¿y la grosera soy yo?
Mierda, ¿de verdad la silla que aventó Luis la golpeó?
Veo que en uno de sus brazos hay un fuerte moretón que se está formando. Siento que comienza a tener bastante razón su enojo. Está hablando con los mismos chicos que, seguramente dañaron su noche. Pero… esperen, ¿está tratando de insinuar que yo la golpee?
—El que lanzó la silla fue el otro, no yo —me defiendo.
La chica voltea a verme, pero parece querer matarme con la mirada. Mierda, creo que he metido más la pata.
—¿Yo te pregunté? —inquiere tajante—. No te metas en lo que no te incumbe.
—Zaideth, por favor —pide Eva.
—Vámonos, vámonos —sugiere Carla con rostro de vergüenza. Me mira con una mirada de disculpa.
Pongo las manos en mi cintura. Siento que es cansado tener esta discusión después de haber tenido una pelea. Además, esa chica parece estar un poco borracha. Sin embargo, algo dentro de mí quiere explicarle que se está equivocando.
—No, pero yo tampoco pedí que me llamaras imbécil —explico, sonrío al sentir que es absurdo tener que hablar con una borracha, aun así, sigo hablando—. No sabes el por qué peleamos, pero si lo supieras, estoy seguro que no me llamarías imbécil.
—No te preocupes, no necesito saberlo —responde ella tajantemente—. No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle. Agradece que no llamaron a la policía.
No logro contener una risa. Me parece que se ve muy chistosa enojada, además, el saber que está completamente equivocada en lo que dice, el querer catalogarme sin que me conozca, me parece sumamente ridículo.
—¿Qué le pasa a esta perra? —suelta Stela.
Al escuchar a mi hermana siento que algo dentro de mí me advierte que es mejor detener todo esto, ella aún sigue muy sensible por lo que acabó de suceder hace minutos atrás, de hecho, yo también lo estoy.
—Déjala, las personas suelen pecar por ignorantes —la calmo mientras pongo una mano en su hombro.
El grupo de Nicolás comienza a regañar a la chica y poco a poco la arrastran lejos de nosotros mientras me explican que está borracha, que no le preste atención.
Es una pena que nos conozcamos de esta forma, porque es muy linda, da mucha gracia y algo me dice que pudimos habernos llevado mejor en otras circunstancias.
—Qué maldita… —refunfuña mi hermana mientras los vemos marcharse.
Ruedo la mirada a Pablo que se le ve con una enorme sonrisa estúpida.
—¿Qué te pasa? —inquiero.
—La rubia, Eva —responde victorioso—, me dio su número sin yo pedírselo.
—¿Qué? —arrugo mi rostro—, ¿en qué momento?