Portada de la novela A ver quién miente más

A ver quién miente más

8.3 / 10.0
Tras vivir dolorosas traiciones sentimentales, Ana Isabel y Miguel intentan rehacer sus vidas. Ella lidió con la infidelidad previo a su enlace, mientras él fue abandonado por carecer de recursos. En su búsqueda de afecto, ambos construyen una compleja red de falsedades que acaba uniendo sus destinos. Aunque deciden alejarse para cumplir sus ambiciones personales al descubrirse la verdad, la fuerza de su vínculo pondrá a prueba su capacidad de estar separados.
Resumen de A ver quién miente más
Tras vivir dolorosas traiciones sentimentales, Ana Isabel y Miguel intentan rehacer sus vidas. Ella lidió con la infidelidad previo a su enlace, mientras él fue abandonado por carecer de recursos. En su búsqueda de afecto, ambos construyen una compleja red de falsedades que acaba uniendo sus destinos. Aunque deciden alejarse para cumplir sus ambiciones personales al descubrirse la verdad, la fuerza de su vínculo pondrá a prueba su capacidad de estar separados.
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A ver quién miente más Capítulo 1

Olvidar, lo inolvidable

Cuando Ana Isabel recibió esa mañana, la noticia de que se convertiría en la asistente personal de la gran empresaria Abril Rowling, sintió que la vida le estaba devolviendo las cosas que desde hace tiempo esperaba.

—A partir de mañana, estará trabajando directamente con la Sra Rowling. Ella despidió a su antigua asistente, así que te encargarás de suplir a Janeth. Espero que tengas suerte —le comentó la jefa de departamento de Recursos Humanos.

—No se va a arrepentir, haré que la Sra Rowling esté conforme con todo mi trabajo.

—Eso espero Ana Isabel. Aprovecha esa oportunidad. Por ahora, recoge las cosas y ponlas en la que será desde hoy, tu nueva oficina.

—Ahora mismo. —dijo visiblemente emocionada, salió de la oficina de Raquel y fue por sus cosas.

Colocó la caja sobre la mesa, metió sus libros preferidos de empoderamiento femenino y mindfullnes, la libreta de anotaciones, su laptop y el portaretrato donde aparecía junto a su amado Fernando. Lo sujetó entre sus manos y le habló como si estuviese frente a él.

—Ahora, podremos tener más dinero para alquilar nuestra nueva casa. —exhaló un suspiro, aquello la llenaba de ilusión.

Pronto podría casarse con Fernando e irse a vivir a un lugar más cómodo para ambos. El pequeño Loft donde vivían, cada vez se hacía más incómodo. Todos los instrumentos de Fernando, el órgano y la guitarra eléctrica, las cornetas y la caja se cables ocupaban el 50% del reducido espacio de 6x6 mts² donde vivían desde hace dos años.

Ana Isabel tomó la caja y fue hasta su nueva oficina. Abrió la puerta con una mano y luego con su cadera la empujó para lograr entrar. Aquel lugar era espectacular, comparado con su cubículo como recepcionista del departamento de reclamos y atención al cliente en la empresa. Ahora sería la asistente personal de la afamada empresaria Abril Rowling, Presidenta y CEO de Redline, la prestigiosa marca de productos de belleza en Manhattan.

Luego de colocar las pocas cosas que llevaba en su caja, se sentó para disfrutar del confort de la silla de cuero negro, ergonómica y giratoria. Tantas veces se imaginó en aquel lugar, que sonríe satisfecha, sus planas en el libro de los sueños realizados, estaba funcionando.

Las horas pasaron rápidamente mientras organizaba todo, por lo que al mirar el reloj, ya estaba por terminar su horario de trabajo. Tomó su bolso, sacó las llaves y salió apresuradamente para tomar un taxi hasta el supermercado que quedaba a pocos metros de su casa. Pensó “compraré una botella de vino para festejar con Fer, se que se pondrá muy feliz con esta noticia”. Quería sorprenderle.

Entró al supermercado, compró lo que necesitaba y salió del lugar, caminó hasta su casa, introdujo la llave y la puerta se abrió con el leve roce de sus manos. Se sorprendió de que no estuviese asegurada, escuchó voces y reconoció la voz de Minie, la corista de la banda donde Fernando cantaba. Al acercarse, vio a la corista sosteniendo entre sus manos, no precisamente el micrófono, sino el falo de su pareja desde hace dos años.

Ana Isabel, no podía creer que eso estuviese pasando. No ese día, no cuando todo parecía ir de maravillas. La bolsa que llevaba en sus manos, cayo estrepitosamente al piso.

—¡Fer! —gritó, él abrió los ojos y la rubia volteó a verla.

Fernando, empujó la cabeza de la chica hacia atrás, por poco le desprende la cervical y por poco ella no le arranca un pedazo con los dientes.

—Ana, no es lo que crees —se levantó abruptamente del sofá cama. Intentó calmarla pero ella estaba que echaba espuma por la boca de la rabia.

Su rostro se tornó enrojecido, las mandíbulas sumamente contraídas y la mirada fija en su novio de toda la vida.

—¡Suéltame y sal de aquí ahora mismo, con tu mujercita! —exclamó llena de indignación y dolor.

—Mi amor, déjame explicar… —la mano de ella estampó sus dedos en el rostro de Fernando, impediendo que este culminara la famosa frase. Fernando la miró sorprendido, nunca la había visto actuar de esa manera. Nunca vio tanto odio en ella como en aquel momento.

La rubia tomó su bolso y sin decir nada, salió de allí apresurada.

—Vete Fer, vete porque no sé de lo que soy capaz. —dijo enardecida, señalando la puerta.

—Ana, yo te amo. Nos vamos a casar en dos meses, lo olvidas.

—Lo olvidaste tú, ¿dime desde cuando te revuelcas con Minie? Ahora entiendo por qué el apodo, es una maldita rata, al igual que tú. Vete ahora mismo, antes de que te queme todo lo que tienes aquí dentro, recoge tus cosas y lárgate ahora mismo. —se abalanzó contra él y lo golpeó en el pecho con frustración, pero sobre todo con profundo dolor.

Conociendo como la conocía, Fernando no dudó en terminar de arreglarse el pantalón y tomar con una mano el estuche con la guitarra y en la otra, el teclado.

—Tengo que volver por lo otro.

—No, aquí no vuelves, si necesitas ayuda, yo me encargo.

Ana Isabel, tomó la caja de cables, el monitor y lo colocó en la acera. Luego regresó y en la mochila, colocó las tres o cuatro camisas, los dos pantalones y su ropa interior. Aunque Fernando intentaba calmarla, ella estaba realmente alterada. Por suerte para él, esa noche tenían ensayos y justo en ese preciso momento llegó Esteban en su malibu clásico, modelo año 80, color crema.

—¿Qué es esto wey? —preguntó al verlo con todas las cosas tiradas en el piso.

—Ana acaba de correrme. ¿Me ayudas a meter las cosas en el baúl?

—Claro mano. —el chico rubio bajó del auto, abrió el portamaletas y colocó las cosas de su amigo.

Entre tanto, Ana lloraba desconsolada sobre la cama, seguía aturdida por aquella imagen que centelleaba en su cabeza con luces de neón intermitente.

—Te odio Fer, te odio —se cubre el rostro con ambas manos, mientras su corazón y sus sueños están totalmente destrozados.

Aquello debía ser una pesadilla, tal vez si se dormía, al abrir los ojos todo habría pasado y nada de aquello sería real. Era su única esperanza, la única.

¿Cómo su novio de toda la vida, podía haberla traicionado? ¿Cómo podría superar aquel dolor y peor aún, cómo pagaría la reservación previa del salón de fiesta, las invitaciones y el pastel?

Nada de aquello era justo para ella, nada. Cuando finalmente la felicidad parecía tocar a su puerta, un ciclón se la llevaba de un soplo.

Después de varios minutos de dolor y lamentación, Ana Isabel, se puso de pie, cerró la puerta de un sólo golpe, y se dispuso a recoger el desastre que había causado cuando dejó caer la bolsa con la botella de vino. Se agachó para recoger los vidrios, y sin darse cuenta, se pinchó el dedo pulgar con una astilla de vidrio.

—¡Mierda! —exclamó, apretó su dedo, la sangre comenzó a salir, se llevó el dedo a la boca y chupó hasta ver que ya no salía.

El sabor de la sangre, era menos amargo que el sabor de la mentira y la traición. Después de terminar de recoger, aquel caos, abrió el frezeer y tomó una lata de cerveza, necesitaba ahogar su dolor, trató de comunicarse con su amiga Lauren, pero no pudo ubicarla. “Deje su mensaje, después del tono”.

Se recostó en la cama individual donde dormía abrazada con Fer, si pudiera quemar aquel sofá, de seguro lo habría hecho. Por primera vez, el pequeño Loft se veía espacioso, tan vacío como ahora estaba su corazón.

Toda la noche estuvo sin dormir, dando vueltas de un lado a otro en la cama, pensando desde cuando Fernando la habría estado engañando, imaginando las veces que los encontró juntos en su casa, sin imaginar que ambos se entendían a sus espaldas.

Finalmente, se quedó dormida, cuando el despertador sonó, se levantó de un salto. Era su primer día como Asistente Personal de Abril Rowling. Se metió a la ducha, diez minutos después salió, se vistió acorde a su nuevo cargo como asistente, se maquilló con un estilo nut que ayudara a disimular sus ojeras. Estaba lista para salir y continuar con su vida. Caminó hasta la estación del subterráneo, minutos después se detuvo el metro y subió al vagón, estaba repleto, tuvo que quedarse de pie, sostiéndose del corredor de manos superior, mientras cavilaba en su nuevo en todo lo que había vivido el dia anterior, recordó la mágica frase de su autor favorito. “El Caos, sólo es el primer paso para las nuevas oportunidades”

Esa era la actitud que debía tomar, empezar de nuevo y olvidar lo que para ese instante, resultaba inolvidable.

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