(***)
Aarón Hart
Actualidad.
El sol de una ventana abriéndose me despertó, odiaba esa forma de despertarme, no podían solo esperar a que la alarma sonará?
—Hora de levantarse, bello durmiente—dice tif quitando las sábanas con las cuales me cubría la cara.— Es el primer día en tu nueva escuela, ¿No estás feliz?
—¡Sii!, muy feliz que estoy ¡Yuju!—Dije fingiendo emoción
—Está vez si puedes hacer amigos, ya sabes que tu padre dijo que no se mudarian más.
—Desde cuando a Jerónimo hay que creerle?—. Dije levantándome de la cama—Así dijo el año pasado cuando vivíamos en Argentina y mira a dónde llegamos a dar.
—México no está tan mal
— Pero prefiero no encariñarme con nadie, no vaya a ser que de pronto nos tengamos que ir a Egipto—respondi sonriendo para ir al baño a lavar mis dientes—Sabes si ¿mamá te respondió sobre lo de mi fiesta de cumpleaños, Tiffany?—Le pregunté con crema dental ya en mi boca, que medio se me entendía.
—Si, le avisé, está de acuerdo con que hagas tu fiesta aquí en la mansión, pero que no sabe si podrá venir—me dice Tiffany extendiendo una toalla hacia mi.
—No es extraño, extraño sería que viniera.
—Sabes que tú madre te quiere
—¡Siiii! me quiere pero lejos de ella—exclamo saliendo del baño, para ir a mi closet.
—No seas tan tarado—bufa Tif recogiendo la ropa sucia para salir de la habitación
—Oye, Tif—grite antes que pudiera salir de la habitación.
Ella volteo y me miró— ¿Ahora que querés?
—Se te olvidó está—le dije sonriendo, mientras quitaba mi camisa y se la tiraba, me dió tanta risa ver cómo su cara estaba tan roja que parecía un tomate—Que quede bien lavada.
Tiffany salió de la habitación tirando fuerte la puerta.
A ella le enfadaba que yo hiciera este tipo de cosas, pero a mí me divertía hacerlas.
Tif, es la hija de mi Nana, tenemos la misma edad, pero mi Nana enfermo tanto que su hija tuvo que trabajar por ella.
Nos criamos juntos, hacíamos todo juntos, a dónde iba yo ella iba, éramos inseparables.
Hasta que ella un día cambio, no cambio en esa forma que piensan, digo que comenzó a crecer y a cambiar, en pocas palabras y como dijo mi Nana, ya se estaba convirtiendo en una señorita.
No me di cuenta hasta un día que entre a su habitación para que fuéramos al patio a jugar fútbol cuando ví que ya tenía senos, pues entre y ella se estaba vistiendo.
Ese día ella me golpeó tan fuerte en la cabeza, me dijo que tenía que tocar la puerta antes de entrar.
Pero tampoco había mucho que ver.
A veces eres muy tonto, Hart.
Lo sé, lo sé.
Nos separaron un poco al ver que ya éramos adolecentes, y decían que tener a dos adolescentes en pleno desarrollo juntos era algo peligroso, idea tonta de mi madre.
Casi nunca nos veíamos, no hasta que un día, Tif me dijo que sentía cosas por mi, no como un hermano o un amigos, si no que, sentía atracción por mi.
La verdad me sorprendió mucho cuando me lo dijo, apenas tenía quince años y no sabía nada, yo solo quise corresponderla para que no se sintiera mal, aunque no sabía cómo sobrellevar eso.
Quise hacer las cosas bien, recuerdo que quise besarla y me dió una abofetada, eso pasa por querer hacer lo que dicen en las películas.
Al otro día de ese suceso, ella me dijo que olvidará todo, y que siguieramos siendo los mismos de antes.
Así fue... Y nos ha ido bien
Aunque en la actualidad ella siga sintiendo cosas por mi.
Y se sonroje cada vez que le digo algo bonito, o que me ve sin camisa.
Me duche y baje las escaleras para ir al comedor.
—Que tenemos hoy de desayuno—pregunté frotando mis manos.
—Una Nana esperando el beso de su niño—dice Martha, mi Nana.
Yo corrí hacia donde estaba ella y la abracé dandole un beso en la mejilla.
—¿Cómo te sientes, Nana?
—Muchísimo mejor, eso sí.
—Me alegra saberlo—digo volviendo a abrazarla—Nana, se que es mucho pedir, pero sabes que viene mi cumpleaños, te quería pedir si podías hornearme un pastel, es que amo tus postres y dios quiero sentir la gloria de nuevo.
—¡Ohh! claro que sí—responde mi Nana apretando mis mejillas—Para ti lo que sea, y así Tif hornea uno también para ti—voltea hacia la cocina para buscar a Tiffany—A un hombre se le enamora con buena comida.
—¡Mamá!—. Grita Tiffany avergonzada, si, mi Nana sabía todo lo que había pasado entre nosotros y lo que ella aún siente.
—Como si no supiéramos ya que estás perdidamente enamorada de mi pequeño.
—Nana, ya déjala—digo.
—Gracias—contesta Tiffany desde la cocina— Aquí está tu desayuno, tarado
—Muchas gracias, tarada.
—Si van a tener hijos, que sea antes de que yo muera, quiero ver a mis nietos—dice mi Nana, mientras se iba en su silla de ruedas.
Yo no aguante la risa y me reí, voltee para ver la reacción de tif pero ella estaba muy seria, así que debía ponerla de buen humor.
—Tu madre me ama—digo
—Ya lo se, aveces siento que te quiere más que a mi.
—Es que es así—bromeo un poco, para que no se sintiera incómoda.
—Y bueno, ¿aún sigues pensando en dejarte ese cabello así?
—Sí—es lo único que respondo.
—Pareces un anciano, uno muy prematuro.
—Pero me queda super hermoso, la verdad todo me queda súper bie. Oye.. Tif—hora de hacerla perder la cordura—Si tú mamá quiere nietos, hay que comenzar a procrearlos ¿No crees? Al menos podemos hacer el intento—rei a carcajadas al verla casi que roja como un tomate.
Tiffany me mira por un momento sin sabes que decir, pero mi sorpresa fue que me lanzó un vaso con agua a la cara.
—Deja de molestarme—gritó
Eso me pasa por payaso.
—Era una broma—le dije.
—No me interesa, déjame en paz—grito tif corriendo hacia afuera, no podía dejarla así, así fue detrás de ella, todo mojado.
Se encontraba en el patio llorando...
—Ven aquí—le dije abrazándola— Perdóname, se que te molesta este tipo de bromas
—Ya debería haberme acostumbrado, si que eres un payaso
—Igual sabes que te quiero ¿No?
—Pero no de la misma forma en la que yo lo hago—me aparta de ella y se limpia las lágrimas.
No me gusta verla así.
Me da una sonrisa nostálgica y se va
Yo volví a entrar a la casa, para ir a mi habitación en busca de mi mochila y a cambiarme la camisa que estaba mojada.
Era la primera escuela a la que iba que no se usaba uniforme, gracias al de arriba.
Este año iba a entrar al equipo de baloncesto, de la escuela de eso estaba seguro, tome mi mochila y me fui directo a la escuela en mi nuevo coche.
Llegué a la tan aclamada escuela Willberg High school, tome mi mochila y salí del auto.
Habían muchas personas, y sabía lo que iba a pasar.
Venían muchas chicas hacia mi, seguramente a pedirme fotos.
Hora de mi sonrisa falsa.
—... ¿Puedes tomarte una foto con nosotras?
—... oh no puede ser, es el hijo de Jerónimo Hart.
—... El no es el que protagonizará la nueva película de Jerónimo?
Eran los comentarios de las personas a mi alrededor.
Me acerque a un grupo de chicas para tomarme una foto cuando una de las chicas tiró su malteada al piso de la escuela.
Hora de salir corriendo, esta es mi oportunidad no la pierdas.
—Voy a buscar al conserje para que limpie esto.
Corri de allí, para buscar al conserje, la escuela era enorme, iba a ser imposible encontrarla.
La encontré...
Me acerque al cuarto de limpieza, y antes de poder abrir la puerta escuché sollozos...
Había alguien allí dentro.
Mire mi hoja de inscripción dónde estaban los nombres de todos los que trabajaban en el plantel
—Señor, Rogers ¿Está allí?—pregunté, pero los sollozos habían parado, no creo que el señor se pusiera a llorar allí adentro.
Aunque bueno, era una posibilidad, seguro algún alumno lo molesto, pero eso no parecía ser un hombre.
Así que tome la manija y abrí la puerta.
Ese no era el conserje, era una chica recostada en el piso y se encontraba llorando.
Ella limpio sus lágrimas rápido y se me quedó mirando.
La chica era linda, era de piel blanca y ojos azules, un azul hermoso y debajo de ellos reposaban sus ojeras y rastros de maquillaje regado.
—Tu no eres Rogers—dije enarcando una ceja.
—Al parecer no—me respondió la chica levantandose del piso.
—Y tu, ¿que haces aquí? ¿Estás bien?—Quería saber porque lloraba, si es que un familiar había fallecido o tal vez su pareja la dejo. O tal vez tuvo problemas intrafamiliares, es posible.
—Vengo aquí a reflexionar sobre la vida—me contestó de mala gana.
Vaya lugar para reflexionar, ella estaba llorando yo no era ningún tonto, entendía que no me dijera nada porque no me conocía.
Pero quería hacer amigos.
Entre cerré los ojos ella no tenía intenciones de decirme nada, así que le iba a echar una mano.
—Tienes la nariz enrojecida, al igual que tus ojos, eso es que estabas llorando—le dije mirándola, ella alzo una ceja y soltó rápidamente
—Es alergia
—Bueno, espero que tú alergia se recupere—le guiñe un ojo, ¿porque había hecho eso?—Y tu maquillaje se chorreo, yo que tú iría al baño a retocarlo antes de que el timbre suene, no querrás verte espantosa en clases.
Allí salió el lado estúpido, quería ser encantador y gracioso no un patán
Ella puso los ojos en blanco—Gracias por el dato.
Hora de arreglar las cosas, socialicemos
—Mucho gusto soy...—No me dejó terminar de decirle mi nombre.
—A nadie le importa como te llamas—contesto para marcharse.
Bien ella no iba a hablar conmigo, eso no salió tan bien, pero no tenía que ser tan grosera.
Seguí caminando por la escuela, tocaba literatura, pero aún no sonaba el timbre, así que caminaré por todos lados.
Llegué hacia la cafetería estudiantil, habían muchas personas allí, todos me miraban y señalaban para que me sentará en sus mesas.
Pero me senté en una que aún estaba vacía, no quería esas amistades que solo hablaban con uno porque tengo padres famosos.
Aún tengo a Matthew, mi mejor amigo, lo conocí en Argentina, en mi antigua escuela y aún hablamos por video llamada y nos contamos todas las cosas.
En menos de lo que me pude imaginar, tenía como a mil personas a mi alrededor.
Tantas que me ahogaban, algunas me tomaban fotos, otras me hablaban, no las entendía eran muchas a la vez.
Me iba a volver loco.
No sé cuánto tiempo paso pero el timbre sonó, gracias a Dios.
Las personas salieron de mi rango para ir a su respectiva clase.
Una profesora se me acerca— ¿Te encuentras bien? Ven conmigo.
La seguí hacia la oficina y me senté
—Mucho gusto, soy Mariam López, la directora de este instituto, tú debes ser Aarón Hart ¿No?
—Si señora así es.
—Se que es difícil para ti soportar todo esto, ya que tienes padres tan famoso, pero quiero que sepas que si alguno te molesta yo te puedo ayudar y el alumno tendrá consecuencias.
Porque no me extraña eso, papá arreglando todo con dinero, seguro le pago para que me diera un trato especial.
—¿Cuánto le ofreció mi papá por esto?— Pregunté jugando con una pelota de golf que reposaba en el escritorio de la directora.
—¿Disculpe? Esto es una institución donde nos importa el bienestar de los alumnos, no es necesario pagar por nada.
—Lindo discurso, fue un placer directora, pero si alguien me molesta se muy bien como defenderme.
Me levanté de allí para salir a mi clase de literatura, solo esperaba que este año fuera diferente pero veo que si te apellidos Hart y tú padre es millonario y famoso no se puede.
Odiaba que me dieran algo solo por ser su hijo, yo quería ganarme las cosas, que me tratarán normal.
Aula 52, toque la puerta y salió un señor de cuarenta y tantos, seguro era el profesor, mire mi ficha
—Buenos días profesor Ruppert—dije con una gran sonrisa.
—Serán buenas noches porque llega tarde, lo dejaré pasar esta vez pero la próxima irá a detención por llegar tarde
Ya amaba a este señor
Entre al aula para que las vistas fueran directo a mi, me senté en una mesa en frente dónde aún nadie se había sentando, los puestos eran de dos personas.
—... Saben que siempre al comienzo de cada año, pido que escriban una historia de mas de dos mil palabras, ¿alguno quiere levantarse a leernos la suya?—Dice el profesor mirando hacia todos lados, como buscando a alguien— ¿Alguien sabe si Amyliabeth vino el día de hoy?
—Si profe, yo la vi en la cafetería—responde una chica morena con un cabello muy espectacular.
—Gracias Adri—miro nuevamente hacia donde estaba yo—Tu.... Chico nuevo, ¿puedes ir a buscarla?
—Si, claro, pero, ¿como sabré si es ella?
—A estás horas nadie puede estar afuera de las aulas así que me imagino que es la única afuera, ve ahora.
Me levanté y camine rápido hacia la cafetería, al llegar fue la sorpresa.
Esto no puede estar pasando...
Amyliabeth Holland
Actualidad
Me había esforzado tanto en vacaciones por este ensayo para esto.
Para que mi laptop quedará arruinada por un ser idiota que no se fijó a dónde iba.
— ¿Pero tú no te fijas a dónde vas?— Alcé mi vista para ver quién era quién había hecho esto.
—Tú te metiste en mi camino—dijo Madie.
¿Quién era Madie? La chica popular de la escuela, ella siempre buscaba meterse conmigo, pero no la dejaba, o bueno a veces si se salía con la suya pero, siempre he tratado de defenderme de esa arpía.
—Tú al parecer no tienes vida propia, que buscas molestar la de los demás, sabes así como te la pasas comprando ropa, puedes ir y comprarte una vida— grite furiosa.
—Oye, tu a mí no me tratas así, mocosa—respondió en un tono ofendido acercándose a mí para darme una abofeteada.
Yo le pare la mano antes que pudiera golpearme otra vez—Tu a mí no me dices que hacer, y que está sea la última vez, que tú quieras meterte conmigo, ya no soy la niña asustada que era antes.
—Vaya, vaya te llenaste de valor mostraste tus verdaderos dientes, gata.
—Déjame la vida en paz, porque te juro que está vez no me dejaré y si quieres pelea, la tendrás Madie.
Ella me mira de pies a cabeza para echarse a reír.
—Espero que te vaya bien en literatura, Amyliabeth—responde en un tono burlón, para voltear e irse.
Está sí que no te la pasó, tome la gaseosa que me había dado Aronis.
—Oye, Madie, tienes algo en tu camisa—le dije poniéndole frente a ella.
—No tengo nada en ella—se mira su camisa.
Yo aproveché y lance la gaseosa en su camisa, que seguro era de marca—No tenías pero ahora sí ¡UPS!— Dije imitando su voz irritable.
Sabía que iba a arder Troya está vez, Madie me miró para tomarme del cabello pero no me iba a dejar.
Cuando me tomaron de la cintura y me alzaron.
— ¡Bájame ahora mismo!— Protesté.
La persona obedeció y me volteo para poder verlo.
Era el chico tonto del cuarto de limpieza.
Esto no podría ser verdad.
—Tienes que calmarte, te van a expulsar—me dice el chico cuyo nombre no conocía.
—No me interesa, si me expulsan, pensándolo bien sería mucho mejor, pero ella comenzó, me averió mi computadora y ahora no sirve, y allí tenía mi ensayo de literatura—grite, pero ya la Madie se había ido corriendo, que cobarde es cuando la enfrentan.
Solo estábamos él y yo en la cafetería, ya que a esta hora todos estaban en clases y estaba prohibido que algún alumno estuviera afuera.
—Puedes hablar con el profesor, y mostrarle la laptop—me dice el tomando mi laptop mientras el líquido caía al suelo y sonreía apenado.
Estaba empapada.
—Listo, tendré mi primera nota baja
— ¡Vamos! Yo le diré al profesor que yo vi cuando te la mojaron y que allí estaba el ensayo—me toma del brazo.
— ¿Porque me quieres ayudar?— Le pregunté.
—Porque no te mereces el que saques una mala nota por una chica que te estaba molestando.
—Soy Amyliabeth—le extendí la mano—Pero todos me dicen Amy.
Él sonríe dejando ver sus dientes perfectos y perfectamente cuidados, se muerde el labio inferior y dice—Al parecer la chica grosera tiene nombre, mucho gusto Amy, soy Aarón—me extiende la mano también.
—Y al parecer el chico tonto, se llama Aarón
—Sí, fui algo tonto temprano, lo siento—me mira y levanta las cejas—Si te retocaste el maquillaje—vuelve a decir en un tono burlón. Que malos chistes tiene este chico.
Voltee los ojos y seguí caminando, ya era demasiado tarde para entrar a clases, pero iba a entrar si o si, tal vez el profesor me daba chance de entregarla otro día.
Toque la puerta del aula y salió el profesor—Hasta que por fin llegan—dice el profesor Rupert parado en la puerta del aula.
—Perdón por llegar tan tarde es que tuve un problema—trate de decir pero nos jalo hacia adentro del aula, me senté en mi puesto de siempre, la primera mesa y el chico se sentó a mi lado.
—No tienes que sentarte aquí—le susurre
—Primero, yo estaba aquí desde que entramos al aula, y segundo yo quiero estar aquí—me responde vacilante.
—Pues este es mi puesto desde hace tres años—le digo en una voz adecuada para que solo el escuchase.
—Ahora es el de ambos—afirma.
Todos en el aula nos miraban, no tenía idea del porqué, pero daba igual.
—Como nadie hizo el ensayo, les tengo está actividad, todos tienes que hacerla, porque va a valer un 70% de la calificación del último semestre, la nota final—dice el profesor—Harán parejas de dos, yo los elegiré, nadie más lo hará.
El profesor tomo la lista y comenzó a decir los nombres de las parejas, Adri y Joane, Luisa y Connors, Edwin y Olivia... Entre otros nombre más. Que eran mis compañeros y con ninguno había cruzado una palabra en todos estos años. Es triste que, me vaya a graduar y nunca hice amistad con alguno de ellos.
—Y para finalizar, Amy y el chico nuevo—dice el profesor cerrando la lista
—Soy Aarón—responde el chico al lado de mí alzando su mano.
—Bueno... Aarón—corrige el profesor—Amy será tu compañera—se levantó de su asiento—La actividad consiste en que cada uno hará un proyecto escrito, la idea es que se conozcan que sepan de la vida del otro y todo eso plasmarlo en el trabajo, tienen hasta último mes de clases para acabarlo, el día de la entrega cada pareja hablara de lo que pasaron estos meses con su acompañante, y todo lo que aprendieron, ¿Está claro? Buenos días que pasen una feliz tarde, esto es todo por la clase de hoy.
El timbre sonó y todos los alumnos se levantaron para salir a desayunar, ya era hora de comer.
Me levanté del asiento y camine hacia la puerta pero el profesor me llamo—Amy—me acerque a él.
— ¿Si, profesor?
—Prométeme que harás esto bien, que pondrás de tu parte, eres buena escribiendo de eso no tengo dudas, pero intenta familiarizarte con tu compañero.
—Sí profesor, haré lo posible porque todo salga bien.
Salí del aula y comencé a caminar hacia la cafetería, está vez los fracasados no estaban, seguro estaban en algún club, así que toca sentarse sola.
Fui hacia la máquina expendedora y saque una barra de cereal y una gaseosa
—Y dime, ¿cuándo comenzaremos el trabajo?— Pregunto Aarón, sentándose a un lado de mí.
—No tengo idea, déjame pensar.
—Podemos ir a mi casa, si quieres, pero si queréis que vayamos a la tuya no tengo ningún problema.
—Podemos comenzar mañana si quieres—le dije comiendo mi barra de cereal.
— ¿Porque mañana?
—Porque hoy tengo planes, soy una persona ocupada—le conteste con comida en la boca.
— ¿No te enseñaron modales? no se habla con la boca llena de comida—dice riendo.
Tome un poco de la gaseosa para que pasara la barra.
— ¿Viniste aquí a preguntar por la tarea o a ver cómo consumo mi comida?
—Vine a hacer ambas.
Ush, este chico me pone de mal humor.
Pasaron las horas, y llegó la hora de irnos a casa, tome mis cosas y salí de esta escuela, no me fue tan mal, comencé a caminar, no iba a tomar el bus, prefiero irme caminando.
Cuando escuché el claxon de un auto, voltee y un Ferrari F8 spider color rojo, se estacionó frente a mí.
Era Aarón quien lo conducía, ¿Por qué no me sorprende que un adolescente tenga un auto deportivo tan caro? Y conduciéndolo como si fuera lo más normal del mundo, digo, no es que sea raro que alguien compre ese tipo de autos, lo que es raro es que, un chico de como mi edad lo tenga. Los adolescentes somos muy descuidados y eso es una gran responsabilidad.
Seguro es un chico responsable.
— ¿Qué es lo que quieres ahora? —dije finalmente.
—Vengo a llevarte a tu casa.
—Me sé el camino a mi casa, no soy tonta.
—Es peligroso que una chica camine sola a su casa.
—Tengo gas pimienta—dije caminando, mientras conducía el auto lentamente, para ir a mi paso.
—Un gas pimienta no va a detener a un psicópata.
—No me importa
— ¡Vamos! Déjame llevarte a casa, además quiero ver dónde vives, de eso trata de trabajo, de conocer cosas de tu compañero.
— ¿Que me hace asegurarme que me llevarás a casa y no a otro lado, y si el psicópata eres tú?
— ¿Acaso tengo cara de ser un psicópata?— Pregunta el.
Era verdad no tenía cara, pero las apariencias engañan.
No dije nada pero el volvió a hablar.
—El carro no tiene techo, así que si cruzó a otro lado, puedes lanzarte del auto sin presiones.
Suspire, no quería caminar así que no me quedo de otra.
—Está bien.
Entre al auto en el asiento del copiloto mientras él se puso unos lentes de sol.
— ¿A dónde vamos?
—A mi casa—afirmo.
— ¿Dónde queda tu casa?
—Tu solo conduce y yo te digo a adónde ir.
El asintió con la cabeza y prendió la musical de su auto, último modelo.
Puso a todo volumen Toxic de Britney Spears, era raro ver a un chico escuchar ese tipo de canciones.
Aarón conducía su auto, con ese cabello color ceniza, brillando por la luz del día, me daba aires de Jack frost. Tarareaba la canción de Britney mientras tomaba el volante del auto estaba muy inspirado.
—I'm addicted to you
don't you know that you're toxic (Soy adicto a ti, ¿no sabes que eres toxico?)— Grita Aarón con voz de chica mientras golpeaba el volante.
Yo quería reír ante esa escena, pero trate de verme sería.
Pero no aguante cuando Aarón comenzó a gritar como en la canción.
— ¿Qué es lo que te da risa, chica grosera?— Pregunta Aarón divertido.
—Que creo que eres el hijo perdido de Britney.
— Yo más bien pienso que soy el hijo perdido de Chayanne, ¿no has visto cómo bailo? Casi podría decir que somos las mismas personas—bromeo.
—Es aquí, dónde vivo—era un pequeño vecindario, cómodo y sin molestias, no era una mansión, era una casa normal de dos plantas, color crema, lo importante es que, es mi hogar.
—Es muy linda—dice Aarón.
Yo salí del auto y voltee—Gracias por traerme.
— ¿No me invitarás a pasar?
— ¿Porque quieres entrar?, además no sé si mis padres están en casa.
—Oh, vamos solo será un rato.
— ¡Amyliabeth! ¿Con quién vienes? —Grita mi abuela saliendo de la casa.
Ay no ella no, cualquiera menos ella.
—Me trajo de la escuela es un compañero de clases
Mi abuela voltea hacia el auto para ver a Aarón, él sonríe y la saluda con la mano.
—Si te trajo a casa tan amablemente, ¿porque no lo invitas a pasar?
Sabía que diría eso.
—Ven cariño, entra a tomar algo, prepare unas galletas de chocolate con malteada de fresa.
—Gracias, señora, pero, si Amy no me invitó a entrar no puedo hacerlo— dijo el, estaba tratando de hacerse la víctima.
Mi abuela me miró con desaprobación, suspire.
—Aarón, ¿quieres entrar a mi casa a tomar algo?— Le pregunté.
Él sonrió y salió del auto—Gracias por invitarme a tu casa, Amy—dijo el acercándose a mí, tanto que sentía su respiración en mi rostro, por la diferencia de estaturas, alcé la vista para toparme con sus ojos grises.
—De nada, eres bienvenido cuando quieras—Trate de verme lo más convincente posible
Entramos a casa y el miro a todos lados, mi casa por suerte estaba bien acomodada, gracias a mi abuela, le gusta tener todo en orden.
Entramos a la sala, para encontrarnos con unas señoras mayores, seguro hoy era el club de lectura de mi abuela.
— ¿Quieres ir a mi habitación?— Le pregunté—Ahí no hay abuelas.
Aarón me mira, yo trague saliva, pensándolo bien eso que dije se escuchó raro, y como si lo estuviera invitando a algo indecente.
—Digo... No pienses que... Ay, que dije—trate de decir pero las palabras se quedaban en mi garganta.
Aarón soltó una carcajada—Tranquila, sé que quisiste decir, no te pongas así.
Estaba muy nerviosa.
Él era muy atractivo, era hermoso, casi perfecto, si, no lo había notado con tanta presión que tenía, y el las maneras que nos habíamos topado, pero ahora sí me doy cuenta.
—Bueno, entonces vamos, le diré a mi abuela que nos suba las cosas a la habitación.
Subimos las escaleras, mi habitación no estaba desordenada, siempre la arreglaba, ya que era mi vida, no podía estar vuelta un caos.
Abrí la puerta de mi habitación y lo invite a pasar.
Él se quedó mirando a todos lados.
—Son muchos posters
La verdad es que sí, mi cuarto estaba repleto de ellos, habían posters de todas mis películas favoritas, desde las primeras de Marvel hasta las últimas, algunos de mis bandas favoritas, cantantes, y muchísimas cosas que amaba, todas estaban allí en mi pared.
Él se acerca a uno que estaba en una esquina.
— ¿Porque este chico está asesinando un pobre conejo?— Pregunto señalando un posters que había imprimido de uno de mis libros favoritos.
—Él se llama Damián, es un noveno y caza conejos, es el amor de mi vida.
—El amor de tu vida, ¿es un asesino?
—Si lo dices así, sí.
— ¿Te gustan los chicos malos?— Pregunto mirando otros posters.
—No los de la vida real, solo los literarios.
— ¿Podrías decirme cuales de todos estos son tus favoritos?
—Está bien—comencé a señalar los que más amaba y tenían un gran valor para mí—Este es el de mi banda favorita—Señale uno que tenía a 5 integrantes, eran una banda de chicos de los ángeles y que, hasta la fecha había amado tanto, y los sigo amando—Son Why Don't We.
Aarón saco su celular para tomarle una foto.
— ¿Qué haces?— Pregunté.
—Esto sirve para el trabajo, son cosas que te gustan.
Tenía razón, el chico no era solo lindo, sino que, es inteligente también.
—Sigue, mostrándome, hasta ahora se, que amas las películas de Marvel, un psicópata mata conejos y una banda de chicos.
—Esta es otra banda de mis favoritas—señalo uno que había comprado hace unas semanas cuando salio su primer álbum de estudio Somos constelaciones Deluxe—Su nombre es STB.05
—También los conozco, se han presentado en donde vivía como dos veces.
— ¿Has ido a uno de sus conciertos? Siempre he querido ir a uno.
—No, no pude asistir por trabajo.
—Que mal. —Lo miro y suelto—También me gusta escribir
— ¿Puedo ver algo de lo que escribes?
—Todo está enterrado.
—Entiendo, ¿metafóricamente o literal?— mira hacia mi estante dónde reposaban mis muñecas de la infancia—Tienes muchas de esas ¿Te gusta coleccionarlas?
—Sí, me recuerda a la mejor etapa de mi vida, y además amo a las princesas de Disney. Sobre lo otro es literal, los enterré en mi patio.
—No preguntare porque las enterraste porque sé que no me incumbe, pero amas muchas cosas.
—Sí, he pasado mucho tiempo en estas cuatro paredes, se han vuelto mi vida, así que aquí está todo lo que he amado. Para algunas personas puede parecer un cochinero, pero para mí, es más que eso.
Estaba tan inspirada hablando que no me di cuenta que Aarón me grababa.
—Eso es algo hermoso, hablas como toda una escritora.
—Ya eso no es algo de lo que quiero hacer.
— ¿Ya no quieres escribir?
—No.
— ¿Porque?
Mi abuela llegó con una bandeja de galletas de chocolate, y dos malteadas.
Salvada por la campana...