Chapter 1

Observo el plano y los detalles saltan a simple vista, muerdo mi labio tratando de buscar las palabras adecuadas para explicarle a Mariano sus errores y que esto no termine mal.

— Cariño. — lo llamo con un leve temblor en mi voz, y trago grueso cuando este gira y clava sus ojos en mí.

— Odio cuando me llamas cariño. — refuta al tiempo que con pasos lentos llega a mi lado. — Porque solo me llamas así cuando crees que eres más lista que yo. — un impulso casi dormido en mí me incita a gritarle que no pienso que soy más inteligente que él, lo soy, si ese no fuera el caso, mi querido esposo no me pediría que revise sus planos antes de entregarlos.

— Eso no es así… — comienzo a decir al recordar que mi valentía solo me provoca dolor.

— Claro que no, tú eres una estúpida, un ser inservible, que para lo único que sirve es para cuidar a los niños, a no, espera, tampoco sirves para eso ¿verdad? — mis ojos pican ante sus dichos, el dolor tan conocido llega a mi pecho, y hago mis ejercicios de respiración.

— Mariano, lo acabas de decir, no sirvo para nada, no sé porque confías en mi para revisar los planos… — antes de poder decir nada más, su mano aferrando mi cabello y jalando de él me silencia, aunque quisiera gritar por el dolor, sé que los niños están en la sala, a escasos metros de la oficina de su padre, no quiero que vean esto, nunca.

— No confió en ti, estúpida inservible, solo trato de ser amable, hacerte participe de mi éxito, pero… ¿Qué puedo esperar de ti? — el golpe seco de mis rodillas al chocar con el piso cuando me lanza se mezcla con los débiles toques de la puerta.

— ¿Mamá? ¿mamá estas ocupada? — Mariano me ve como si fuera excremento embarrado en sus zapatos y yo solo trato de que mi voz suene lo más calma posible.

— Sí, Delfina, estoy ocupada, tu padre me pidió mi opinión con unos planos, ¿sucede algo hija?

— Nada, solo que estos demonios están peleando nuevamente. — veo a mi hija palidecer, cuando su padre abre la puerta y me apresuro a llegar a su lado.

— Pues ocúpate, ya oíste a tu madre está ocupada. — Delfi, me ve con preocupación y trato de acomodar mi cabello, estoy segura de que es un desastre.

— Hija, iré en un momento…

— No hay problema mamá, yo me ocupo.

Esta es mi vida, ¿era lo que deseaba? No, claro que no, pero es lo que mis malas elecciones me dieron de premio, aunque no puedo renegar de mis hijos.

Cuando Mariano se marcha al trabajo, mis hijos al colegio, y obtengo esos diez minutos de paz, luego de limpiar y ordenar todo, es cuando al fin puedo verlo, seguir sus pasos como una maldita acosadora, Mateo Zabet, es el nombre que coloco en el buscador, y toda su información aparece frente a mí, sus grandes logros, no me sorprenden, Mateo siempre fue muy inteligente, y decidido, hubo un tiempo donde soñábamos juntos, donde yo estaba a su altura…

— ¿Quién es ese hombre? — el corazón casi se sale de mi pecho, al escuchar a mi hija mayor.

— ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? Dios se me hizo tarde para comenzar con la cena…

— Mamá, ¿quién es él? — mi adorable adolescente me quita el móvil y mis manos sudan.

— ÉL… él es Mateo Zabet. — no pienso mentirle a mi hija, después de todo no hice nada malo, nunca. — Era mi mejor amigo, lo conocí en la Universidad, él revisaba mis planos y yo los suyos, se podría decir que competíamos entre nosotros, siempre supe que llegaría lejos. — informo viendo por un segundo más su foto, para luego quitarle el móvil a Delfina y borrar el historial de búsqueda, lo que menos deseo es no pasar la revisión diaria de Mariano.

— Es un Zabet mamá, claro que llegaría lejos, ellos son multimillonarios, su padre es el señor Amir Zabet, ex dueño de Diamnons.

— El hecho de que Mateo naciera en una buena familia no le quita merito a sus triunfos Delfina, no te permito que hables de esa forma de él, tu no lo conoces, yo sí, lo vi quemar sus pestañas para ser el mejor, para demostrar que él podía por sí mismo sin recurrir a la fortuna de su familia. — el maldito instinto de defender a mi amigo sale a flote, haciéndome recordar cuando lo defendía de esos pusilánimes de la universidad.

—... Es la primera vez que defiendes a alguien que no seamos nosotros con tanta energía. — mis mejillas enrojecen y una pequeña sonrisa aparece en mi rostro.

— Lo conozco, o, mejor dicho, lo conocía, veía su soledad, y él… siempre fue un buen amigo.

— ¿Te enamoraste de él? — los ojos de mi hija brillan curiosos y decido ser honesta, pues lo dije y lo repito, nunca hice nada malo.

— Era imposible no enamorarse de Mateo Zabet, imagina si es guapo ahora, lo que era de adolescente, pero siempre conocí mi lugar. — creo que en esta vida no hay nada peor que cargar con el quizás o tal vez, pero no lo hice en ese entonces, ya no puedo hacer nada, deje ir la oportunidad de decirle a ese hombre cuanto lo amaba, por cobarde y estúpida.

— ¿Cómo que tu lugar?

— Tu padre fue mi primer novio, lo sabes, cuando conocí a Mateo, yo ya estaba con tu papá y él… era el más cotizado por todas, su amistad fue lo más que pude desear y con eso me conformo, una inútil como yo jamás estará al nivel de alguien como él. Ahora dime ¿Cómo sabes quién es su padre? — me da un poco de vergüenza reconocer que solo ahora, yo también se esa información, aunque siempre supe que Mateo era millonario, nunca indagué en su familia, más de lo que él me decía.

— Lo estudiamos en el colegio, la familia más rica del continente, luego de los Bach, ¿sabes que sus hermanas están casadas con mafiosos?

Chapter 2

Mi dulce adolescente pasa horas contándome los mejores chismes de la familia de mi amor platónico, hasta que comienza con sus desvaríos y suelta una locura.

— Termina la universidad, pídele a tu amigo un empleo y la pagas con eso.

— ¿A quién? ¿de qué? — mi adolescente habla con demasiado rapidez como para que le siga la charla.

— A tu amigo, puedes terminar tu carrera a distancia y pedirle empleo a Mateo Zabet, su empresa principal no queda muy lejos, solo un par de horas en automóvil, yo podría ayudarte con los niños…

— Delfina, él no podrá darme empleo, nunca me gradué ¿lo recuerdas? No creo que en su empresa requieran a alguien como yo, una inútil…

— Mamá, le corriges los planos a Mariano.

— No llames por su nombre a tu padre. — Delfi deja salir un bufido, ella a diferencia de mis demás niños si ha visto a su padre golpearme.

— Lo que sea, tú eres lista, inteligente, tu…

Las palabras de mi hija me llenan de un valor que jamás creí tener, me recuerda que tan lista y útil puedo ser, y es cuando me atrevo a desear algo para mí.

Me esfuerzo por hacer una cena digna de dioses, les pido a mis pequeños que se comporten como cuando sus abuelos vienen de visita y a Dios le encomiendo mis plegarias, mientras sirvo la cena bajo la atenta mirada de Mariano.

— Mariano, hoy estuve pensando… — las carcajadas de mi esposo provocan que aferré los cubiertos con mayor fuerza.

— Eso es nuevo ¿verdad Emilia? Tu madre puede pensar. — mi niña quita sus ojos de su cena y lo ve empática.

— Mamá es más lista que la tonta que tienes de secretaria. — suelta de la nada Delfina y comienzo a sudar.

— Mira jovencita…

— Cariño. —llamo su atención y me alivio de obtenerla, aunque creo que mi plan se fue por un caño.

— Mejor dime que mierda quieres Elizabeth, me toca las bolas que des tanto rodeo para decir mierda. — los ojos de mis hijos sobre mí me hacen hiperventilar, muerdo mis labios para retener las lágrimas y mostrar una estúpida sonrisa.

— Te quería preguntar si podría inscribirme en la universidad, para terminar… — el golpe que da en la mesa me hace pegar un brinco, mientras Delfina se pone de pie y sale del comedor.

— No, sabes que el dinero que tenemos es para la universidad de Delfina, pero como veo que te sobra el tiempo como para querer desperdiciarlo en estudiar a tu edad, sabiendo muy bien que eso ya es inútil, y que mi hija se cree muy adulta para intervenir en nuestros asuntos… será mejor que busques empleo y que Delfina se encargue de sus hermanos cuando salgan del colegio. — el silencio se esparce por un largo tiempo, es como si mi estúpido cerebro no quisiera comprender lo que acaba de decir.

— Cariño… Delfina no tiene por qué cuidar a sus hermanos, son nuestra responsabilidad, no la de ella, y ¿Qué tipo de empleo puedo aspirar cuando solo fui un año a la universidad…?

— Primero que los niños son tu responsabilidad, no la mía y lo sabes, segundo si te digo que ella se ocupe lo debe hacer, a no ser que quiera que la coloque en su lugar como lo hago contigo. — Tiara deja caer un vaso de agua y por un segundo creo que ella sabe de los golpes.

— Lo siento, manos de manteca es mi segundo nombre. — bromea como siempre lo que hace que me quede tranquila, no necesito que mis hijos sepan cosas que no se pueden cambiar.

— Es verdad, tú eres mi princesa manos de manteca. — mi hija sonríe cómplice a su padre, dejándome en claro que él es un buen padre, no como yo. — Y en cuanto a lo otro, Elizabeth, trabaja trapeando baños, quizás así Delfina comprenda lo que le espera si no levanta sus notas, ser una inútil como tú, que solo puede aspirar a un empleo de limpieza.

Chapter 3

Mateo:

Gracias al cristal que remplaza la pared frontal de mi oficina, puedo ver todo lo que pasa en este sector, aunque no son muchos los empleados que comparten mi piso, a decir verdad, tampoco me interesa lo que ellos hacen, solo una persona es el centro de mi mundo, siempre lo fue, la había perdido, me la habían arrebatado y yo solo lo permití, pero el tiempo y la suerte la puso nuevamente frente a mí y yo me encargué de mantenerla allí, a solo unos metros de distancia.

Observó cómo sus labios atrapan la punta de la pluma, y mi pene crece de solo imaginarla haciendo con él lo que hace con esa bendita pluma, como a veces la aleja de sus labios, pero aun así su lengua la sigue tocando, me remuevo en el sillón, y no puedo evitar que un suspiro pesado salga de mí, ¿Cuántas noches la imagine dormida a mi lado? ¿Cuántos años desperdicie buscando a una mujer con su mismo color de cabello, sus mismos ojos? ¿y para qué? Todo fue inútil, porque ella es única.

Mis ojos bajan para apreciar sus piernas, de más está decir que yo elegí el modelo de escritorio, ese mismo que ahora me deja apreciar sus piernas bien torneadas y un poco gruesas, sonrió sin poder evitarlo, se ha quitado los zapatos una vez más como cada día, y mueve sus dedos para aliviar la molestia que debe sentir, aunque no comprendo por qué, nunca usa tacones, siempre lleva zapatos bajos y por lo que he podido observar en este tiempo solo tiene tres pares y son del mismo estilo, claro que ella no necesita tacones, tiene casi mí misma altura, aun así, no debería sufrir por llevar sus zapatos, me molesta ver que lleva medias negras, siempre medias negras, ella las odiaba, decía que una mujer no debería cubrir sus piernas con aquellas cosas, pero fueron muchos años que sufrí por no saber de ella, quizás cambio de pensamiento, todos cambiamos, yo incluso la quise remplazar, y solo conseguí arruinar todo.

Observo la delicadeza con la que lleva sus pies dentro de sus zapatos negros y juro que estaría más que dispuesto en arrodillarme y colocárselos, pero soy consciente que no puedo hacerlo, solo puedo admirarla, como lo he hecho estos últimos tres años, verla a través del cristal y soñar que algún día dejara al perdedor de marido que tiene, no la merece, nunca la mereció, si fuera mi esposa no estaría trabajando, sería una reina, sería mi reina, recorrería cada día su cuerpo hasta dejarlo grabado en mi mente, en mi piel, y aun así la seguiría besando, follando y adorando todo de ella.

Disimulo al verla ponerse de pie, sé que viene hacia mí, es su único trabajo, venir a mi oficina, darme un poco de alivio al dejarme oír su voz.

— Mateo, ¿puedo pasar? — la veo, y casi rio a su pregunta.

— Tu siempre puedes pasar, y lo sabes Elizabeth. — sonríe, y mi mundo cobra sentido, se llena de colores, deja de ser gris y aburrido, camina con esas largas piernas que en más de una ocasión sueño con tener enredadas a mi cadera, mientras le hago el amor o sobre mis hombros mientras bebo todo de ella.

— El señor Halle quiere hacer una reunión contigo, para el próximo martes, dice que quiere cambiar unas cosas del proyecto. — me pierdo en ese gesto casi imperceptible que hace con sus labios rellenos, cada vez que algo no le gusta, los devoraría como un maldito animal y nunca me saciaría de ello, estoy seguro.

— ¿Y cuál es el problema? — me ve sorprendida, casi con horror, y estoy tentado a tomarle una foto, sus ojos cafés brillan, y hace meses que no lo hacen, algo que me molesta, no saber qué pena la embarga.

— ¿Cuál es el problema? No puedo creer que preguntes eso, es tu cumpleaños Mateo. — mi corazón se acelera, ella lo recuerda, cada año, ella me recuerda. — ¿Recuerdas cuando te hice un pastel en la universidad? — niega mientras habla y sé muy bien porque, esta apenada.

— Era de vainilla, pero creí que era de chocolate porque estaba quemado. — una sonrisa estira mis labios, si tan solo supieras que solo sonrió en tu presencia.

— Si, aun lo recuerdas. — sus mejillas se sonrojan, se ve tan deliciosa como una manzana tentándome a devorarla. — A mi defensa era el primer pastel que hacía y tu fuiste mi víctima. — mi amada Elizabeth, si supieras que ese día fue uno de los más felices, porque te tenia a mi lado. — Imagino que ahora debes tener algún plan con tu familia, no es como que estas en otro país como cuando íbamos a la universidad y nos hacíamos compañía.

— Es un día más, deja de ser especial con los años, más cuando lo debes compartir con cuatro personas. — me sonríe, solo a mí, ella me comprende, mi Elizabeth no me ve como un ser frio como los demás, ella sabe cuándo rio, aunque mi rostro permanezca neutro.

— Aun así, debe haber alguien que quiera hacer algún plan solo contigo…

— ¿Tu? ¿Pasarías el próximo martes conmigo? — lo dije, y me arrepiento, no sé de qué pueda ser capaz de hacerle si estamos solos, después de todo, hay algo en lo que nadie se equivoca, cuando pierdo el control de mis emociones, soy capaz de cualquier cosa.

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