Chapter 1

Kimberly Bach de 18 años es la nieta preferida del multimillonario Marcus Bach, a pesar de que el hombre tiene varios nietos entre ellos el hermano mayor de Kim, Sam de 28 años, la joven es su debilidad, no solo porque es la única mujer de la familia entera, sino que también porque él la crio, y gracias a eso pudo seguir viviendo y es que en ese entonces hacía un año el hombre había perdido a su único amor, su esposa Dalia, cuando su hijo Dexter murió junto con su esposa Amelia en un accidente, la joven era apenas una bebé de 2 años, desde ese día Marcus se hizo cargo de ella y su hermano que en aquel entonces tenía 12 años, crecieron en una familia unida y armoniosa, a decir verdad, toda su familia giraba al rededor suyo.

Sus tres tíos a pesar de ser serios y estrictos se doblegaban ante la sonrisa de la joven, y sus tías trataban de ser la madre que ella siempre necesito, aunque a veces eso creara asperezas entre ellas, que competían por el cariño de Kim.

Sus siete primos eran otra cosa, junto con Sam la trataban como lo que era, la niña más pequeña de la familia y es por eso por lo que eran sumamente hostiles con cualquier hombre que tratara de acercarse a ella, no importaba si era un príncipe o un mendigo, nadie podía acercarse a la joya de los Bach, Kimberly era intocable.

Todos trataban de que ella jamás se sintiera sola, triste o con algún malestar, habían jurado proteger a esa pobre niña que, con solo 2 años, había perdido más que cualquiera y algo que ellos con todo su dinero y poder jamás le podrían dar, una madre y un padre, pero si un hogar con mucho amor.

Pero un día Kimberly confió en quien no debía, ella creía que todos eran tan buenos como su familia, y le tocó averiguar que la vida no es color de rosas, que una palabra te puede dañar más que mil golpes, que nadie te puede evitar sufrir por amor y lo peor de todo, que a veces decir NO, no es suficiente.

Jared me mira sonriendo desde la puerta, y yo solo quiero desaparecer, dejar de existir.

— Vamos Kimberly, sé que lo disfrutaste, quita esa cara.

— Confié en ti... ¡¿por qué?!— no puedo evitar levantar la voz al terminar de hablar de la misma impotencia que siento.

— Porque tú cuerpo lo pedía a gritos, ahora mejor vete, está es la habitación de mi hermano.

Cerró la puerta y se fue, dejándome en esa cama sola y adolorida, ¡¿Que hice?! las tías me lo advirtieron siempre, no debí confiar en él, no debo confiar en nadie.

Kimberly lloraba mientras recordaba las largas conversaciones que le tocó tener con sus tres tías, la primera vez que se embriago.

—Jamás Kim, jamás bebas más de la cuenta cuando no estén tus primos o hermano cerca, nunca, no confíes en tus amigas, ellas pueden distraerse, además nadie te cuidara como la familia.

— Alissa, deja de asustarla, tú solo ten presente que si algo te pasa mataremos a cualquiera que se atreva a tocarte.

— Rebeca ¡eso no valdrá de nada! ¿Qué cosas le dicen? Mira Kim tú solo no bebas de más, puedes tomar y divertirte, pero no hasta marearte, nuestra voluntad a veces flaquea cuando bebemos, y terminamos dejándonos llevar por lo que nuestro cuerpo siente y no por lo que la razón nos dice.

No tía Denise, esto no está bien, mi cuerpo no quería, yo le dije que NO, eso lo recuerdo, no estaba tan ebria, no fue mi culpa, ¡YO DIJE NO!

La puerta se abrió y un hombre que ella no conocía entro, estaba asustada, estaba sola, por primera vez en la vida tenía miedo.

— ¡¿Quién eres tú y que haces en mi habitación?!

— Yo... yo…lo siento, Jared... — La joven no sabía que decir, su boca se abría y cerraba parecía un pez fuera del agua, pero no salía sonido alguno, mientras sus lágrimas caían. ¿Qué podía decir? Si ni ella misma quería reconocer en voz alta lo que le había sucedido.

— Oye ¿estas bien? Acaso mi hermano... — el hombre reparó en que la joven no se encontraba bien, pero no quiso pensar nada malo de su hermano menor, después de todo acababa de volver al país, y no sabía si era la novia o amiga de Jared, además estaba con su vestido puesto, tenía el cabello un poco desarreglado, pero aparte de eso nada más.

— Disculpa, debo salir de aquí. — Y así sin más la joven se levantó y salió casi corriendo, mientras se quitaba las lágrimas de su rostro.

Es bonita, y tímida, ¿acaso mi hermanito por fin cambió de gustos? O ¿estaba llorando porque la dejó?

Liam Simons es un hombre de 28 años muy responsable y orgulloso, a pesar de que su familia pertenece a la clase alta, y está ubicada como una de las más poderosas del país, él prefiere crear su propio camino, y es por eso que estuvo varios años viviendo en el extranjero, volviendo al país por una enfermedad que aqueja a su padre Jack y por pedido de su madre Nancy, quien le pidió ayuda con sus hermanos, Jared de 23 años, un mujeriego empedernido y que tiene problemas con el alcohol y su hermana menor Riny de 19 quien está sumida en una profunda depresión luego que su novio la abandonara por su mejor amiga.

El hombre que llegó a su casa después de tantos años se encontró con una fiesta que su hermano estaba ofreciendo en su honor, eso estaría bien, si no fuera por el hecho que su padre estaba en el hospital, su hermana encerrada en su habitación y que la fiesta ya hacía varias horas que había empezado cuando él llego.

Dejo su maleta y fue a ducharse, para cuando regresó al cuarto y se sentó en la cama, lo que vio le heló la sangre y cambiaría la vida de varias personas para siempre.

— ¡¿Que mierda?! no, no, no mi hermano no haría...

Salió de su habitación y fue a la de su hermano, la fiesta ya había terminado, su corazón latía tan rápido que creía que le daría un infarto al igual que su padre.

— ¡Jared! — grito con furia abriendo la puerta sin molestarse en tocar primero.

— ¿Qué pasa Liam?, ya es tarde y estoy cansado.

— ¡¿Quién era esa chica que estaba en mi cuarto?!— podía jurar que su rostro estaba al rojo vivo de la misma furia que sentía.

— ¿Que, todavía no se marcha?, ¡no le creas nada de lo que te diga!, ella quería, ahora que no mienta. — las palabras de Jared encendieron las alarmas en la mente de Liam.

— ¿Qué fue lo que hiciste? — Era tal el miedo que este hombre sintió que su pregunta salió con un débil sonido, trataba de respirar, pero era como si el aire no les llegara a los pulmones.

— Ella quería un poco de acción y se la di, eso es todo.

— ¿Es tu novia? — algo en su interior le decía que no, pero debía preguntar.

— Claro que no, solo es una ex compañera de clases de Riny, una niña mimada, ya sabes esas que se hacen las moscas muertas, las que provocan y después se hacen de rogar.

Liam veía como su hermano iba y venía por toda la habitación, aún en penumbras, por lo que prendió la luz para decirle que le explique qué era lo que estaba pasando realmente, pero no fueron necesario las aclaraciones cuando lo vio.

Jared tenía rasguñado parte de su cara y cuello, y la marca de dientes en su hombro, una clara evidencia de que alguien trato de resistirse a algo.

— ¡Abusaste de esa chica!

— No, claro que no, ella quería solo que después se le pasó la borrachera... ¡ella quería Liam, deja de mirarme así!... Tú no eres nadie para juzgarme, además no puedes decirle a papá ¡él tuvo un infarto!

— ¡Por tu culpa Jared, porque está cansado de arreglar tus problemas!

— Mejor aún, no tienes nada de qué preocuparte, ella no dirá nada, no le conviene, o su reputación de intocable se irá a la mierda.

— ¿Que?

— Ella jamás ha tenido un novio que le dure más de una semana, ¿por qué crees que es? Se debe revolcar con ellos y luego la deben dejar, pero claro por más que preguntes nunca averiguas nada, si puede ocultar sus conquistas, de esto no se enterara nadie, ahora vete, mañana vendrán nuestros papás y no querrás que haya algún problema, ¿verdad?

— ¡Esto no se quedará así! esa chica... ¡era virgen!, mi cama está manchada con su sangre, y tú te harás responsable de ella.

— ¡Estás loco!, qué crees ¿que vivimos en el siglo pasado?

— ¡Te casaras con ella!

— Nunca, jamás y si me obligan te juro que la única que perderá será ella, haré de su vida un infierno.

Liam comenzó a ver en lo que su hermano se había convertido, y a comprender por qué su padre estaba enfermo, aunque discutieron por horas no consiguió nada, ni siquiera un nombre, tampoco podría haber reconocido a esa joven, el hacía 10 años que estaba en el extranjero.

Volvió a su cuarto y sacó la manta que estaba sobre su cama, esa mancha de sangre que demostraba que la inocencia de alguien fue arrebatada esa noche.

Él era Liam Simons, y se aseguraría que el honor de esa joven sea restaurado, costara lo que costara.

Chapter 2

— Buenos días abuelo. — Kimberly llego al comedor dando pequeños saltos como si de una niña pequeña se tratara, sabía que a su abuelo le encantaba verla saltar por todos lados.

— Oh mi nieta hermosa, tu sonrisa es lo que ilumina mi corazón. — El gran Marcus Bach se convertía en un cachorro indefenso al estar cerca de su nieta.

— Siempre sonreiré para ti ¿dónde está Sam?

— Tú hermano pasó la noche fuera.

— ¿Ah? ¿Y eso? — Kim tomo su lugar y comenzó con el desayuno.

— En la casa de su novia, creó. — Marcus le hacía gestos sugerentes con su cara de lo que su hermano podría a ver estado haciendo, mientras la joven reía.

— ¿Cuándo piensa presentarla? — pregunto con molestia la joven.

— Creo que tiene miedo de que no te guste. — su abuelo le ofreció una sonrisa a modo de disculpa por la desconsideración de Sam.

— ¿Sabes lo que teme? Que le haga lo mismo que él hace cuando traigo a algún amigo. — y es que ella pensaba hacer eso exactamente, no dejaría que Sam tuviera novia si ella no podía tener novio.

— No puedo culparlo, tú eres todo lo que tiene. — los ojos del viejo Bach se nublaron por un momento, y el dolor tan conocido para él se hizo presente en su pecho.

— También te tiene a ti. — su nieta se apresuró a consolarlo no le gustaba ver a su abuelo triste.

— Mi pequeña, sabes que es distinto, mi hijo Dexter nos tenía a nosotros, pero Amelia, no tenía familia, él... ve a su madre cuando ve tus ojos, son iguales a los de nuestra querida Amelia.

— Cuéntame más, ¿en que más me parezco a mi mamá? — la joven dejo de alimentarse para prestarle toda su atención a su abuelo, a ella le encantaba que le hablaran de sus padres.

— Tu carisma, tu alegría y esa sonrisa, es igual a la de ella, ya vez como son tus tíos, tu padre era igual, los cuatro tenían el mismo carácter. — Marcus agito la cabeza al recordar cómo son sus hijos y con la facilidad que poseen para enojarse.

— Mmm no entiendo, tú no eres así.

— Mi amada Dalia, ella era una mujer con carácter fuerte, debía serlo con esos cuatro muchachos corriendo por toda la casa... esos eran tiempo felices. — sí, Marcus extrañaba esos tiempos, extrañaba a su esposa y a su hijo, ese que recién comenzaba una vida, una familia.

— ¿Y ahora? ¿Ya no estás feliz abuelo? — los ojos celestes de la joven amenazaron con llenarse de lágrimas, por lo que su abuelo se apresuró a contestar.

— ¡Claro que estoy feliz!, porque los tengo a ustedes, pero el dolor de perder al amor de tu vida te deja un vacío... que cuesta mucho llenar, y luego, mi Dexter partió con su amada Amelia...

— ¿Por qué no estaba con ellos ese día abuelo?

— Porque Dios me quiso dejar un motivo para seguir viviendo, tú salvaste a este viejo de morir de pena. — no pudo evitar besar la frente de su amada Kim.

Si, su nieta había sido quien lo obligó a continuar, cuando le avisaron que su hijo menor había tenido un accidente y que había muerto, el corazón de Marcus sintió que ya no podía soportar tanto dolor, pensó en pedirle a su hijo Cameron que se ocupara de ellos, ya que era él mayor de los cuatro, pero cuando volvieron del cementerio, Kimberly no quería irse con nadie.

— Tata, ¿mamá? ¿Papá? — Ella solo hablaba con su tata, como lo llamaba y le hacía una pregunta que él solo pudo responder con la verdad.

— Ya no están, Kim, ellos se fueron con la abuela, ahora yo te cuidaré. — Y así lo hizo los últimos 16 años, cuidó a su nieta, al igual que todos en la familia.

— Kimberly Bach, ¡¿cómo es eso que quieres un año libre antes de ir a la universidad?!

— Hola Sam, ¿cómo estás? — lo saludo de la forma más sarcástica que pudo.

— No quieras hacerte la chistosa, niña.

— ¿Quién te lo dijo? Fue ¿Archie, Vincent, o Bastián?

— Archie, él me lo dijo, ¡¿por qué lo sabían casi todos menos yo y el abuelo?!

— Yo también lo sabía, mi nieta no tiene secretos conmigo. — Marcus continúo desayunando, tratando de evitar la guerra que se estaba generando en el comedor.

— Pero... ¡y no le dijiste nada!

— Claro que no el abuelo me entiende, en cambio tú...

— ¡¿Yo que?! Soy tu hermano, debes consultarme. — y esto era lo que ella más odiaba, que su hermano quisiera ocupar el lugar de su padre.

— Estoy cansada Sam, ¡siempre dices no a todo!

— Porque todo lo que dices no tiene el más mínimo razonamiento.

— Deja de tratarme como una niña. —Kimberly apretaba los dientes, para contenerse de no gritar.

— Lo eres.

— ¡No, no lo soy!

— ¡Pero ¿qué pasa aquí?!

— ¡Tía! Sam me está molestando. — Kim sabía que siempre podía encontrar aliadas en sus tías.

— Sam, deja de molestar a tu hermana, ya tienes 28 años y te comportas como Vincent.

— Aun así, tía, Vincent con 20 años tiene más razonamiento que ella.

— Hola Rebecca.

— Hola Marcus, dime ¿a qué se debe el espectáculo de hoy?

— Kim quiere tomarse un año libre antes de ir a la universidad. — el patriarca de la familia anuncio la noticia.

— Me parece perfecto, podríamos viajar por Europa y Asia, ¿qué dices Kim?

— ¿Acaso perdieron la razón? ella debe estudiar administración de empresas...

— ¡No! No voy a estudiar eso. — Era el colmo que quisieran manejar absolutamente toda su vida.

— ¿Por qué?

— ¡Porque tú lo dices! Estoy cansada de tus órdenes. — la más joven de la familia, termino explotando y salió corriendo lejos de su hermano.

— ¡Kimberly ven aquí! ¡KIM!

— Sam, no grites.

— Abuelo la están mal acostumbrando, ella debe estudiar.

— Lo sé, pero ¿no te das cuenta de que la presionas? ella no sabe que es lo que quiere hacer de su vida, ¿cómo sabrá lo que quiere estudiar?

— Es mejor que se tome un descanso querido, quizás si viajamos...

— No tía, ella no saldrá de mi radar.

— ¿Te escuchas? Acaso yo te prohibí algo, siempre hiciste lo que quisiste. — ahora ya no era el abuelo Marcus el que hablaba, ahora era la cabeza de la familia.

— Porque soy hombre. — refuto con suficiencia Sam.

— ¡Que machista! — Rebecca quería a sus sobrinos, pero estaba a punto de sacarle la cabeza a Sam y él lo sabía.

— No es eso tía no me mal intérpretes, pero no me voy a arriesgar que un cazafortunas se aproveche de mi hermana y la enamore.

— ¿Eso? O tienes miedo de que ella se enamore y te deje, dime ¿hace cuánto que sales con Samanta?

— Dos años. — contesto de manera automática.

— Y todavía tú hermana no la conoce, ¿por qué?

— No creo que le agrade. — dijo removiéndose inquieto en la silla.

— ¿O tienes miedo de que ella la espante como has hecho con los tres chicos que ella trajo a esta casa?

— Yo no hice nada. — Sam trato de poner su cara de niño bueno, pero no pudo engañar a su abuelo, nadie podía engañar a Marcus.

— No, tú solo no, fueron los ocho señoritos Bach, debería darle vergüenza amedrentar de esa forma a los novios que trae tu hermana, ¿no ves que lo único que conseguirán será que se largue con cualquiera? — su tía intervino a decir lo obvio.

— No es para tanto.

— Hace una semana cumplió 18 años, lo único que quería era salir a bailar con sus amigas y ¿que obtuvo?

— Un mini Cooper convertible último modelo, es mejor que ir a bailar. — la cara de Sam mostraba orgullo por su regalo, sin embargo, pronto se le borraría la sonrisa.

— Pero no es lo que quería. — rebatió Marcus con seguridad.

— Ella es una niña...

— Basta, Rebecca ve y habla con Kimberly, dile que llame a Maia, hoy saldrá SOLA con sus amigas.

Mientras Marcus discutía con su nieto, Kimberly se sentía completamente feliz, sin saber que esta noche la esperaba el infierno.

— ¡Ese vestido te queda fantástico!

— Gracias Maia, por suerte tenemos la misma talla.

— Tu hermano de verdad que se pasa, como puede ser que te haya echo poner ese horrendo vestido de monja.

— Fue el punto medio, ya sabes el abuelo interfirió para que me deje salir y a cambio prometí que me pondría el vestido que me regaló el año pasado.

— Bien, ahora lo que haremos será lo siguiente, Doris se irá en tu auto al club y nosotras vamos a ir a una fiesta en el mío.

— ¿Qué fiesta? ¿Por qué no iré en mi auto?

— Por qué tu primo Derek me dijo que le puso un GPS a tu automóvil así te podrían rastrear.

— ¡¿Que?!

— Hey no puedes decir nada, le prometí que no te diría nada, pero ya sabes, él es mi novio, pero tú eres mi amiga.

— ¡No lo puedo creer! ¡¿Por qué me tratan así?!

— Porque te quieren y piensan que son víctimas de alguna maldición porque en más de cinco generaciones nunca nació una mujer en tu familia y tienen miedo de que te pase algo.

— ¡¿Entonces me ofrecerán de monja en algún convento?!

— Vamos amiga no seas tan mala, ellos te quieren y te cuidan, eso es lo importante.

— ¡Hace cuanto que sales con mi primo?! — Kim aprovecho el descuido de su amiga, para acorralarla a contarle la verdad.

— Eres muy despistada, hace seis meses. — Maia no pudo evitar reír.

— Todos tienen novia y no me dicen nada.

— Es porque temen a tus represalias, pero yo sé que me amas.

— Y como no amarte, eres mi única amiga, ahora ¿a dónde iremos?

— A la mansión Simons, Jared dará una fiesta por la llegada de su hermano Liam.

— Mmm no lo sé.

— ¿Qué sucede?

— No me llevaba muy bien con su hermana en el colegio.

— ¿Y eso? nunca me lo contaste.

— Era por su amiga, una vez la vi besando a su novio y le dije.

— ¿Y qué paso?

— Me dio una bofetada y no me creyó.

— Perra, está noche será nuestra venganza, a la mínima provocación la golpeare.

— No lo hagas, no le dije a mis tías por eso mismo, no quiero problemas, además fue hace tiempo, ya no importa.

Chapter 3

Las jóvenes partieron con un plan establecido, irían a la fiesta y si Doris veía a alguno de los primos de Kimberly, tomaría el automóvil iría a buscar a Kim y ella volvería a su casa con la excusa de que llevo a Doris a la mansión de los Simons, nada podía salir mal, ¿verdad?

Kimberly se dedicó a tomar y bailar con su amiga, la fama de inalcanzable mantenía a los muchachos alejados de ella, eso le molestaba, ella no estaba enamorada de nadie, ni tenía atracción por ninguno de los que estaban en esa fiesta, pero, aun así, con el pasar de las horas, el alcohol comenzó a afectarla, su enfado iba subiendo a medida que todos la miraban y murmuraban.

— Iré al tocador Maia.

— Bien amiga, te acompaño.

— No, por favor, no es como que me van a secuestrar ni nada, no te contagies de la sobreprotección de mi familia. — Kim se arrepentiría de esas palabras, pero ya no habría nada que pudiera hacer.

— Tienes razón, perdón Kim.

La castaña se miraba al espejo y veía doble, el baño del salón estaba ocupado, por lo que se aventuró a buscar otro y lo encontró en la planta alta, donde el ventanal del final del pasillo que daba a un balcón estaba abierto y el aire que entraba por él le ocasiono que el alcohol la mareara, todo le daba vueltas y le costaba mantenerse en pie.

Al salir del baño se encontró con Jared, algo que no la sorprendió, ya que era su hogar.

— Pero mira que linda paloma vino a visitarme. — la sonrisa del muchacho parecía amistosa, pero guardaba otras intenciones.

— Hola Jared, linda fiesta. — respondió lo más amable que pudo y trato de seguir el camino que la llevaría con su amiga, pero ya no pudo.

— Hey espera, ¿por qué el apuró? — El joven la tomó de la mano y cuando la jalo, simplemente la besó, Kim se sorprendió, pero le gustó, ese beso no era como los pocos que había recibido, era un beso osado, nada cuidado ni temeroso, era un beso rudo, como Jared.

Pero se empezó a sentir incómoda cuando las manos del joven comenzaron a tocarla y aplastarla más y más contra él.

— Para, detente Jared.

— Vamos palomita, no te haré nada que no quieras.

En un movimiento, astuto de su parte como su estuvieran bailando él dio un giro y abrió una puerta, de un momento al otro estaba en una habitación y Kimberly no sabía qué hacer, en otras circunstancias su hermano o primos hace rato le hubieran sacado a ese hombre de encima, pero ahora estaba sola, sola y asustada.

— Déjame, ¡¿qué haces?!

— Kim, me gusta tú olor, eres exquisita. — Le dijo mientras la aplastaba con su cuerpo y lamia su cuello, lejos de excitarla la asusto más.

— Basta, no quiero, déjame.

Pero Jared no estaba dispuesto a dejarla, y en el momento que le tapó la boca con la mano ella se desesperó, jamás había estado en una situación así, la tiro sobre la cama y sintió cuando él arrancó su ropa interior, quiso gritar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo esto a él le encantaba, sabía muy bien quien era Kimberly Bach, o como le decían, la intocable, todos trataban de llegar a ella, pero siempre se encontraban con los ocho obstáculos que eran sus primos y hermanos, pero hoy... estaba sola.

Se deleitó penetrándola lentamente, mientras ella se retorcía tratando de salir de debajo de él, y luego comenzó a moverse, le liberó la boca para presionar los hombros de la muchacha y así poder moverse más rápido, y ella aprovechó para morderlo y rasguñarlo, a estas alturas no gritaba, solo lloraba, Jared era hábil y la sometió de inmediato, con una mano atrapó sus brazos y con la otra volvió a cubrir su boca, hasta que descargó su frenética lujuria dentro de ella.

— ¡Kimberly! Demonios ¿dónde estabas...? ¡¿Que rayos te pasó?! — su amiga se asustó de verla tan pálida.

— Nada, nada, solo vomite, vámonos. — no estaba dispuesta a decir nada de lo que le había sucedido, sentía que era su culpa.

— Claro, Doris nos está esperando afuera hace 15 minutos.

Las chicas subieron al auto, Kimberly tomo el lugar del conductor, aún estaba aturdida, comenzó a conducir lo mejor que podía, con lo que le había sucedido el alcohol que había ingerido se había esfumado, entonces en un momento vio el auto de su primo Dylan, y en un par de calles el de sus primos Thomas y Conall se le sumaron, fue cuando entró en un estado de pánico y furia, se sentía perseguida y vigilada, pero sin embargo no llegaron cuando los necesitaba, aunque ella misma había ocasionado esa situación, Kim se culpaba y los culpaba por los sucedido, su mente no trabajaba bien y de pronto otro auto se cruzó en frente al de ella casi en la entrada de la mansión, era el auto de Sam, freno de golpe y recién ahí se dio cuenta de los gritos de Maia y Doris

— ¡Dios Kimberly! ¡¿nos querías matar?!

— Estás loca niña, quiero seguir viviendo un poco más. — no se había dado cuenta que había conducido a más de 150 kilómetros por hora. Pero antes de decir nada tenía a Sam golpeando el capó de su auto, estaba tan furioso que la vena del cuello se le marcaba.

—¡Baja ahora mismo! ¡¿Que mierda te pasa?! ¡¿Cómo eres tan irresponsable?! — Y unos segundos después sus primos aparecieron, ella vio tres automóviles siguiéndola, pero estaban todos, los ocho gritándole, diciéndole que no era más que una niña irresponsable.

— ¡Eres una irresponsable!

— ¡Si algo te hubiera pasado tu serías la responsable del dolor que caería sobre esta familia!

— ¡¿Qué demonios piensas que haces Kimberly?!

— ¿Cómo puedes defraudar al abuelo?

— Sabía que no debías salir sola, no eres más que una niñata caprichosa.

Los gritos la estaban aturdiendo, y sus amigas bajaron a hablar con los furiosos hombres.

Kimberly seguía escuchando esas palabras una y otra vez mientras sus amigas discutían con sus primos, dio marcha atrás y chocó con el auto de Dylan, y todos corrieron hacia ella, aprovecho que el camino frontal quedó libre y acelero, llevándose puesto el vehículo de su hermano, de esa forma entró en la mansión, con su auto destrozado y diez personas corriendo y gritando detrás de ella.

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