Chapter 1

Chelsea siempre había sido el tipo de mujer que no esperaba a que la vida resolviera las cosas por ella. Inteligente, hermosa y decidida, se había graduado en Administración con excelentes resultados y estaba acostumbrada a valerse por sí misma. Desde muy joven había trabajado duro para construir su propio camino, sin depender de nadie, convencida de que la independencia era una de las pocas certezas que podía controlar.

Sin embargo, el amor nunca había sido tan sencillo.

A pesar de haber tenido algunas relaciones, ninguna había logrado llenar realmente ese espacio en su vida. Siempre parecía faltar algo: comprensión, conexión, o tal vez esa sensación profunda de estar frente a la persona correcta.

Fue en medio de ese pequeño desencanto emocional cuando decidió probar algo distinto.

Una aplicación de citas llamada Fighting Love.

Pero aquella app no funcionaba como las demás. Allí no existían fotografías ni perfiles llenos de apariencias. Las personas no podían verse, ni siquiera intercambiar imágenes. Todo estaba diseñado para que la conexión naciera únicamente a través de las palabras, de las conversaciones y de aquello que cada uno llevaba en el alma.

Si dos personas decidían conocerse, solo entonces podían verse por primera vez.

Fue allí donde Chelsea conoció a Fred.

Durante semanas hablaron casi todos los días. Al principio con cautela, luego con una naturalidad sorprendente. Entre mensajes nocturnos, risas escritas y confesiones inesperadas, ambos comenzaron a descubrir en el otro algo que parecía auténtico.

Fred se convirtió en su match perfecto dentro de la aplicación.

Alguien que, sin rostro ni apariencia, parecía entenderla de una forma que pocas personas habían logrado.

Finalmente, el día anterior habían tomado una decisión: era momento de verse.

Habían acordado encontrarse en un restaurante al día siguiente.

Por primera vez, después de tantas conversaciones, se mirarían a los ojos.

Y ahora ese momento había llegado.

Chelsea respiró hondo antes de salir de casa, sin saber que aquella simple cita no solo cambiaría el rumbo de su vida… sino también el de muchas personas a su alrededor.

Chapter 2

Chelsea bajo del taxi, se dispuso a entrar al lujoso bar. No podía negar que estaba algo nerviosa, era su primera cita con Fred, el chico que conoció en una de las app más recientes. A diferencia del resto de las aplicaciones para citas de parejas, el perfil del usuario es incógnito, por lo que ella se encuentra literalmente en una cita a ciegas.

Se acerca a la barra, pide un gintoni, es su bebida preferida, eso sin mencionar que le permite salir un poco de su timidez. Mira su reloj un par de veces.

—¿Será que le escribo? —murmura en voz baja. Abre su bolsa para extraer el móvil, y como suele suceder no logra encontrarlo— Por mil demonios, ¿Dónde habré dejado mi celular? —se lleva el dedo a la frente dando ligeros golpes mientras repite— Piensa Chel, piensa. —repentinamente recuerda que debió dejarlo sobre el mesón de mármol de la cocina— Tuvo que ser allí. Todo por salir apurada para llegar puntualmente y él no llega. No me queda otra que esperar por él. ¿Pero cómo podré saber que es él? Nunca me dijo como vendría vestido, claro yo tampoco lo hice.

Piensa en que esperará sólo veinte minutos, si en ese período no ha llegado se irá. Mientras se mantiene en su soliloquio, decide ir al tocador y retocar su maquillaje, quiere verse perfecta, quiere deslumbrar a su galán. Lleva más de un año que tuvo su última conquista, y quiere parecer tan normal como el resto de sus amigas.

—Disculpa, el baño de damas —pregunta al bartender y este señala el pasillo. Ella se levanta, hace un gesto con su mano de que pronto regresará.

Mientras se retoca, ve que ya han pasado un par de minutos, regresa a la barra, se sienta, no deja de mover su pierna de forma impaciente, entre las pocas luces que alumbran el local, distingue la silueta de un hombre.

—¿Será él? —lo observa sacar su móvil y llamar un par de veces. Asume que sí, que debe ser él que está intentando llamarla. Se sienta, pide otra bebida, y lo mira— Cinco minutos y me acerco. Solo eso.

En tanto, el hombre también percibe la insistencia con el que la chica de la barra lo mira.

—Linda nena. —murmura. Si en cinco minutos no apareces por esa puerta Larissa Hamilton, te vas a arrepentir porque no pienso quedaré esta noche sin pasarla rico.

Repentinamente ve a la hermosa chica aproximarse a la mesa. Ella lo mira como esperando que él reaccione de la misma manera que ella, mostrando interés.

—¿Fred? —pregunta con cierta duda. Si aquel era su cita a ciegas, la había pegado esta vez, aquel hombre era perfecto.

—¡Sí! Sí, siéntate —se levanta, toma la silla y ella se sienta.

Mientras ella intenta calmar su nerviosismo, él humedece sus labios y piensa en devorar aquel caramelito con papelito y todo.

—Vi que estuviste llamándome. Disculpa dejé mi móvil olvidado en el mesón de la casa.

—Sí, ya estaba por irme —discretamente saca su móvil y lo apaga mientras piensa “sorry querida, llegó tu suplente”

—Bueno, cuéntame ¿Cómo has estado? Anoche no pude conectarme para chatear porque estuve algo ocupada haciendo unos currículos para buscar empleo.

—Extrañé no verte en las redes —agrega él con extrema picardía. Logra ver que ella se sonroja.— ¿Qué deseas tomar? —pregunta él.

—No sé, yo ya llevo un par de gintonic —él eleva ambas cejas sorprendido por su respuesta.

—Me llevas ventaja, pero que tal si brindamos con Champagne, es una ocasión única ¿No te parece?

—Claro, no hay problema.

Él llama al mesonero, quien al verlo lo saluda con confianza, justo cuando va a llamarlo por su nombre le hace un gesto.

—Bienvenido sea usted y su acompañante esta noche.

—Champagne para brindar con mi querida… —hace una pausa y ella se adelanta a responder:

—Chelsea. ¿Olvidaste mi nombre? —pregunta un poco desconcertada.

—No en lo absoluto. Es que estoy un poco desenfocado, ya sabes el trabajo.

—¿Me dijiste que eras diseñador gráfico ¿No?

—Sí, exactamente. Aunque no lo creas requiere de mucha creatividad, por eso suelo buscar en todo lo que veo, una idea, un insight para desarrollarlo luego —le da un guiño, Chelsea se sonroja, nunca imaginó que Fred fuese tan desinhibido y sexy.— ¿y tú me dijiste que…?

—Recién me gradué como Técnico en Administración de empresas.

—¿Por qué no dejamos nuestros chat para luego? Me gustaría conocer un poco más de esta Chelsea. —Ella asiente.

—Sí, por supuesto.

El mesonero se acerca descorcha la botella, ella se sorprende al ver aquello. Nunca antes pensó que sería protagonista VIP de una escena tan famosa de las películas románticas que suele ver en su apartamento. El asombro en su rostro, no pasa desapercibido por Steve.

—Por esta noche que comienza en la mejor compañía. —nuevamente Cheisea se sonroja.— ¡A tu salud! —ella levanta su copa y brindan, ella bebe de un solo sorbo la espumosa bebida.

Nuevamente sorprende al experto en seducir mujeres Steve Bullock, el prestigioso CEO de las empresas Bullock&company propiedad de su padre Hugh Bullock el magnate del Traden Coin. Para un hombre como Steve es increíble ver a una chica asombrarse con cosas que para él son simples y muy comunes. Está acostumbrado a salir con mujeres de mundo, desinhibidas como su actual pareja Larissa Hamilton, la bloguera del momento.

—¿Deseas comer algo?

—No, no es necesario. Ya cené.

—Entonces otro brindis, sirve la segunda copa de champagne para ella, quien por segunda vez, la toma de un solo trago.

La conversación se vuelve amena y divertida sobre todo para Chelsea que no para de reír por todo. Pronto llega la medianoche y Steve recuerda que debe llegar temprano para la reunión de socios.

—¡Creo que debemos irnos?

—Claro —concuerda ella, quien también tiene una entrevista a primera hora en lo que puede ser su nuevo empleo como asistente de una prestigiosa empresa local.

Mientras él se levanta para saludar al gerente del bar, Chelsea intenta ponerse de pie, pero está muy mareada. Trata de disimular cuando ve al apuesto hombre ir hasta donde está ella. Él le ofrece su brazo y ella se enlaza a él como si no quisiera soltarse jamás.

Steve se percata de lo que está sucediendo con aquella chica, está ebria, supuso que eso ocurriría cuando la vio beber de un solo sorbo las cuatro copas de Champagne que bebió. Aunque aquello es un punto a su favor para un playboy como él, por una extraña razón no siente ternura hacia ella.

Suben al lujoso auto, ella recuerda una de las conversaciones calientes que tuvo con Fred, se ríe con picardía.

—¿Pasa algo?

—No, nada. —responde ella. Steve la mira y sonríe, pero sin él esperarlo, ella se inclina hacia él, lo sujeta del cuello y lo besa apasionadamente.

En tanto sus labios se unen en un beso, él piensa en lo ardiente que es aquella chica, ya la ternura hacia ella desaparece en cuestiones de milisegundos y ahora solo desea poseerla.

—Vamos a otro lugar —propone él, pero en la mente de ella solo pedalea la conversación entre ella y Fred de lo divertido que sería hacerlo en un auto a la luz de la luna.

—Déjate llevar —bisbisea ella.

—¿Quieres hacerlo aquí? —pregunta él, hurgando entre sus piernas. Ella enarca su espalda y se estremece al contacto de sus dedos fálicos.— Mejor vamos a otro lado. Pueden detenernos. Y créeme lo que menos deseo es dormir en una celda.

Chelsea reacciona en aquel instante. ¿Estaba yendo muy rápido? Siente un tanto de vergüenza, se gira hacia su asiento y arregla su vestido. Trata de respirar, mientras Steve achica sus ojos para verla sin entender lo que está pensando.

—Disculpa, creo que me excedí. Debió ser el champagne.

—No te preocupes, si algo me fascina es el ímpetu como te manehas. —enciende el auto— Vamos a un lugar más íntimo. —Sonríe.

Aunque Chelsea quisiera desistir, su cuerpo arde, arde de placer y de ganas, su vagina es una horno a 250° C, mucho más cuando por el rabito del ojo ve a Steve frotar su índice y pulgar con el líquido viscoso de sus fluidos vaginales para luego olfatearlo como lobo en celo.

Chapter 3

Mientras Steve conduce, Chelsea sonríe, evaluando cuan exitosa sería esta vez su cita. Ella había investigado sobre los tres pasos básicos para considerar una cita exitosa: el primero, era lograr una cita; el segundo, pasarla espectacular y fallar; y el tercero, que indicaba si había sido perfecto, el mensaje o la llamada del día siguiente. Por ahora todo iba viento en popa.

Las anteriores citas de Chelsea habían sido un fraude, todo por su manía de creer en el amor y sobre todo en las frases cliché “Nunca te vayas a la cama en tu primera cita” “Los hombres no se casan con mujeres fáciles” “Aguanta que el que te ama, te espera” frases inusuales en la realidad. Ella las había creído todas y peor aún, las habia implementado todas, eran su bandera de guerra.

Mas esa noche en realidad, ella estaba dispuesta a deslastrarse de sus prejuicios y creencias y a entregarse a lo que realmente sentía. Sexo, sexo gritaba en su cabeza cada uno de sus pensamientos.

Cuando el auto se detuvo, él bajó y dio la vuelta hacia el otro lado para abrirle la puerta. “Gracias a Dios” pensó ella. Al menos podría sujetarse de él y no caerse al salir, todo en su vista tenía movimiento, inclusive la columna de concreto situada a un lado del auto.

Steve, le ofreció su mano, ella se sujetó y logró salir del coche. Caminaron hasta el ascensor, nuevamente ella se aventuró a besarlo, y esta vez él no dudó en hacerla humedecerse aún más. Estaba en su territorio y podía darse algunas libertades. Por lo que la hizo girar dw espaldas a él, llevándola hacia la pared posterior y acariciando sus muslos fuertes y suaves, el rostro de ella estaba pegado al espejo, el cual se empañaba tras la respiración agitada de Chelsea.

Steve restregó su pelvis contra las nalgas de la chica, ella podía sentir su dureza, su pene a punto de traspasar el pantalón de lino que llevaba. Solo se detuvo cuando el ascensor se paró. La tomó de la mano y salieron, afortunadamente el lujoso apartamento de soltero de Steve estaba a un par de metros. Sacó el manojo de llave de su bolsillo y con desesperación pudo encajar la correcta. Abrió, entraron, como dos lobos hambrientos se besaron, ella podía sentir lo tibio de sus manos encendiendo cada lugar por donde pasaban, sus lenguas y labios entrelazados en una cruenta lucha por tomar el control de la situación, logró respiración agitada, ritmo cardíaco a mil y sus sexos húmedos, agitados, curiosos y deseosos por conocerse.

Steve deslizó sus labios y lengua por su cuello, fue bajando hasta su pecho, sus manos lo ayudaron a sacar del escote el par de senos que como capullos se mostraban ansiosos de sentir la humedad de su lengua. Lamió, mordió y succionó cada uno de sus pezones. Ella gimió y movió frenéticamente sus caderas como mostrándole el camino que debía seguir. Ella acarició su amplia y espalda, bajó por la curvatura y reposo sus manos en la parte baja donde inician sus dos colinas. Sus manos, las de él se aventuraron a ir hasta el interior de sus muslos, al sitio tibio y húmedo de donde emana el exquisito fluidos que parece tenerlo con la boca hecha agua. Con sus dedos hurgó entre sus pliegues, buscó su cartílago y lo frotó estaba lo suficientemente duro e hinchado, siguió con sus dedos hacia la hendidura de su sexo que como una ventosa se abría y cerraba, latente, palpitante. Comprobó su humedad y tibieza, ella estaba ardiendo como agua para chocolate, a punto de ebullición.

Aquello provocó en Steve un nivel de excitación excesivo e incontrolable. Comenzó a desvestirse rápidamente, mientras Chelsea contemplaba su perfecta anatomía. “Dios, es perfecto” pensó, él notó su curiosidad visual e hizo su mejor espectáculo como exhibicionista hasta mostrar la dureza, firmeza y grosor de su falo erecto en 3D.

Ella estuvo tentada a hacerlo, se acercó a él y lo acarició, podía sentir como sus venas parecían inyectarse aún más de fluidos, pero Steve necesitaba estar dentro de ella, le quitó el vestido para sentir su piel por completo, se agachó para quitar su pantie y sentir aquel olor directamente de su sexo almíbarado, abrió sus pliegues con sus dedos y posó su lengua con movimientos circulares. Ella dejó escapar un gemido intenso al recibir aquella caricia.

—¡Ahhhhh! —lo miró como diciéndole sin hablar, es allí; y él sonrió.

Hurgó un minuto entre sus pliegues y su hendidura, se levantó y la pegó contra la pared, sujetó uno de sus muslos dejando ver sus labios verticales hinchados y mucho más húmedos. Preparó su embestida taurina y acestó con un movimiento firme su pene dentro de la cavidad uterina de su amante desconocida, al sentir su suavidad y el fuego interno que se desprendía, sus movimientos pélvicos no se hicieron esperar, su pene encajaba de manera perfecta, ajustado, suave, aquella chica parecía tener poca actividad sexual y volcánica.

Efectivamente así lo era. Chelsea había estado tres veces con su ex, Rusbel su primer novio y único gran amor de su vida, para ella; para el chico sexy de la universidad Chelsea solo fue la apuesta que esperaba ganar como siempre. Tres meses de noviazgo y poco amor.

Para ella aquella experiencia era única e increíble. Los sonidos de sus pieles chocando, el sonido de sus sexos contenidos uno en el otro, sumado a los latidos cardíacos acelerados, la respiración entrecortada, jadeos y gemidos completaban la pieza musical perfecta para este par de amantes desconocidos. Steve la disfrutó al máximo, no quería salir de ella, pero lo estrecho de su cavidad lo enloquecía y lo obligaba a correrse en el próximo movimiento. Por lo que instintivamente sacó su falo y roció su montículo.

Chelsea entía que las piernas le temblaban, tuvo que sostenerse del pequeño buró y como pudo se sentó en el sofá. Steve en tanto fue hasta el baño para ducharse. Ella estaba ensimismada, flotando en una nube, preguntándose a sí misma si había hecho eso. Y sí, lo había hecho y lo había disfrutado al máximo.

Como pudo, tomó el vestido que descansaba sobre la alfombra y se limpió el vientre. Steve salió de la ducha envuelto en la toalla, la ayudó a ponerse de pie. Chelsea sintió la humedad de su cuerpo que le quemaba.

—Ve a ducharte, aún no hemos terminado —Susurró a su oído y un escalofrío la invadió por completo. Asintió y fue hasta la ducha.

Debajo del agua tibia, su cuerpo volvía a hervir con ganas de más de aquella exquisita experiencia. Salió del baño, se cubrió con la toalla que apenas alcanzaba para taparse a medias. El baño la había ayudado a minimizar el aturdimiento de licor que había tomado. Steve la esperaba ansioso, cuando ella lo vio, él la sujetó de la cintura, la lanzó sobre la cama, abrió sus piernas sujetando sus rodillas y se sumergió entre sus acantilados para saborear su sexo por completo, Chelsea elevaba sus caderas, provocando mayor roce de sus labios, su lengua, su nariz y su mentón. Su vagina se contrae, desea más y Steve también lo desea. Él puede sentir sus ganas por lo que sin dudarlo, la vuelve a penetrar una y otra y otra vez.

Durante el resto de la noche, lo hicieron una vez más. Los cuerpos cayeron exhaustos y durmieron profundamente, al punto que al percatarse, ya estaba amaneciendo. Chelsea despertó angustiada, se había quedado dormida, su entrevista sería en media hora. Como pudo se vistió, tocó el hombro de Steve para despertarlo.

—Fred, despierta —pero este solo se movió para acomodarse boca abajo.— Mierda, voy a llegar tarde.

Salió de la habitación, tomó su bolsa, se colocó los tacones y salió de la habitación apresuradamente, con un poco de suerte, si acaso lograría cambiarse y tomar un taxi para llegar a la hora pautada para su entrevista.

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