Chapter 8

Dulce no podía dormir, solamente miraba el techo y en el veía reflejado el rostro de Tiago, su piel bronceada contrastaba de buena manera cuando se tomaron de las manos, eran como el día y la anoche, pero no solo su piel, Dulce era buena pero no tonta, sabía que aquel joven escondía algo, un brillo peculiar en sus ojos mieles le advertía que era peligroso, pero aun así cayo rápido bajo los embrujos de la sonrisa y voz del joven, aun ahora se encontraba tocando sus labios un poco hinchados por ser besados con tanto desenfreno y pensando en él, solo en él, Tiago Anderson había capturado el corazón de la más inocente de los Ángel.

La luz entro por la ventana y el primer pensamiento de la joven al despertar fue Tiago Anderson, se sentía estúpida y más niña que nunca, gracias a sus primos y hermano nadie jamás se había atrevido así se a rozar sus labios y ahora que por fin sabía lo que era un beso, se encontraba confundida, ¿solo era un beso? ¿Tendría la posibilidad de ser algo más? ¿Quería ser algo más de Tiago? La respuesta a la última pregunta era fácil, claro que quería, pero no sabía cómo.

— Tierra llamando a Dulce. – la voz burlona de Eros la regreso a la cocina de su departamento.

— ¿He? ¿Me hablabas? — Eros la observo y luego volteo a ver a Hades, quien la veía con preocupación.

— ¿En qué pensabas? ¿Dónde te llevo el ruso ayer? ¿A qué hora regresaste? — sí, Hades podía llegar a ser demasiado protector.

— Pensaba en uno, ¿cómo pueden ser tan idiotas? y arruinar la oportunidad de conocer a una excelente persona como Lucero, solo porque se habla con Neri, dos, “el ruso” y LUCERO me llevaron a conocer los alrededores y nos divertimos un poco y tres, regrese temprano pero solo estaba Eros con… ¿Quién era la chica que gritaba tanto tu nombre anoche? — Eros fue víctima de su mayor defecto y vergüenza y es que el joven era sumamente reservado en algunas cosas y ante la mínima indagación a sus noches de sexo desenfrenado sus mejillas enrojecían, lo que para las chicas era tierno, para los amigos del mayor era el motivo de burlas.

— Dios pareces un tomate. — dijo mientras rompía a reinar a carcajadas Hades, pero Dulce consiguió lo que quería, que su hermano terminara con el interrogatorio.

— Perdón por eso pulga, no debías escuchar. — respondió el rubio mientras sus mejillas regresaban a su tono habitual y se reprendía mentalmente por la poca consideración que tuvo al llevar a su “amiga” al departamento, que compartía con sus primos y hermana.

— Buen día chicos. — Todos voltearon a ver a la rubia que acababa de entrar por la puerta principal vistiendo la misma ropa que el día anterior, un claro indicio de que no durmió en casa.

— ¡¿Dónde rayos estabas?! — Eros casi se infarta, paso toda la noche creyendo que su hermana estaba en su habitación.

— Por ahí. — respondió la rubia sirviéndose una taza de café, mientras caminaba rumbo a su habitación para arreglarse.

— ¡Ven aquí Zafiro y dime dónde demonios estabas! — grito lleno de coraje el mayor y la rubia volvió sobre sus pasos.

— A mí no me gritas hermanito, ni me cuidas que ya soy bastante mayorcita como para saber lo que hago, a mí no me manda nadie Eros... que no se te olvide. — esas palabras y la forma fría en que las pronuncio lo dejaron fuera de juego, Zafiro tenía carácter eso lo sabían todos, pero nunca había actuado así con él.

— Pero que… — antes que Eros pudiera decir algo más, la rubia lo interrumpió.

— Hoy Dulce y yo almorzaremos con una amiga, asique no nos esperen pueden ir con los idiotas de sus amigos. — Zafiro entro a su habitación sin preocupación alguna, había tomado su decisión, lucharía por Neri, el ruso seria suyo.

Chapter 9

Dulce solo levanto sus hombros dando a entender que no tenía ni la menor idea de que era lo que sucedía, desconocía que su prima había pasado la noche con Lucero, pero si agradecía no tener que soportar a los amigos de sus primos, Max e Ian, había algo en los jóvenes que no le agradaba, Max parecía tatar de metérsele por los ojos a Zafiro mientras Ian trataba de llegar a ella mediante Hades, algo que la molestaba aún más, que la trataran como si ella no tuviera ni voz de ni voto ni nada.

Neri observaba de reojo a su amiga, había algo en sus ojos que le advertían que la joven Bach planeaba algo para el día de hoy, el vidente, así lo apodaban y era por una razón, Neizan tenía el don de leer a las personas, amigos y enemigos.

— ¿Qué ocurre? — Lucero aprendió a conocer al futuro mafioso en el tiempo que llevaban de amigos, el azul cobalto de Neizan brillaba cada vez que la observaba, el vidente olía que algo tramaba, la había descubierto.

— Lo mismo digo princesa ¿Qué has hecho de anoche a esta mañana? — Neri clavo sus ojos en ella y Lucero trago duro, ¿cómo le explicaría que paso toda la noche con Zafiro y que juro ayudarla a enamorar a su amigo?

— Neri… tú ya sabes que nunca tuve amigos… solo tú y ahora Tiago. — comenzó a explicar mientras jugaba con su desayuno, esa cara de niña inocente el ruso no la compraba, el aura de Lucero le mostraba que lo quería embaucar, pero no sabía cómo o por qué.

— Al igual que nosotros princesa, siempre estuve solo hasta que encontré a Tiago y luego a ti, ¿Cuál es el problema? — el ruso la miro confuso.

— Ahora también esta Dulce… — la mueca que hizo el ruso la dejo sin habla.

— No tengo problema con que sea tu amiga, pero no es la mía y menos de Tiago, lo que me recuerda que tengo que ir a hablar con ese idiota. — las palabras de su amigo la inquietaron, pero trato de mantener la calma.

— Dulce no es mala. — rebatió Lucero, pero eso Neri ya lo sabía, no era ella... eran los demás y entre ellos la rubia que ponía su mundo de cabeza.

— No, claro que no, ella no es el problema, lo soy yo, los Neizan en realidad. — contra aquello Lucero no tenía nada que decir.

— Tu no quieres a Dulce cerca… porque te recuerda lo lejos que estas de Zafiro. — Neri se trapico con el café, Lucero había dado en el clavo.

— No estoy lejos de Zafiro, la quiero lejos mío que es otra cosa y teniendo a Dulce con nosotros no lo voy a conseguir, ella tomará eso como una invitación y querrá…

— Ellas almorzaran con nosotros hoy. — el cubierto de Neizan se estampo contra el plato de frutas con molestia.

— ¿A qué mierda estás jugando Lucero? ¿Piensas que porque me conoces hace meses sabes que es lo mejor para mí? ¿O ya estas tomando el lugar de tu madre y piensas que el mundo gira a tu alrededor? Serás una Bach, pero yo soy Neizan, a mí nadie me impone nada. — los amigos discutían en ocasiones y en otras se lastimaban, así se forjan las verdaderas amistades, Lucero podía ver como Neri y Zafiro eran iguales de testarudos y orgullosos, eso no era bueno.

— Te equivocas Neri, te hablo como tu amiga, veo el amor en tus ojos cuando la nombras, también sé que no compartes los ideales de tu familia y me duele que tengas que renunciar al amor para tener un lugar en la mesa de los Neizan, pero eso no te da derecho a desquitarte conmigo, soy una Bach, algún día ocupare el lugar de mi madre y dirigiré a mi familia es verdad, pero nunca impondré mi voluntad y menos a la gente que aprecio. Nos vemos luego Neri y solo para que te quede claro, hoy almorzare con ellas es tu decisión si nos acompañas o no, recuerda que eres libre Neri Neizan y eso no lo puede cambiar ni tu familia. — Lucero salió de la cafetería con toda la elegancia que la caracterizaba, sin saber que alguien le seguía los pasos.

Como cada día desde que comenzó la universidad Dulce y Lucero pasaron juntas las clases, mientras Zafiro y Neizan coincidían en la última hora antes del almuerzo, el ruso se dedicaba a observar la rubia cabellera de su gran amor a la distancia, se conformaba con ello, ya lo tenía asumido Zafiro nunca seria suya.

— Hola hermosa. — la voz de Max provoco que Zafiro levantara la vista de sus apuntes, mientras Neri que estaba dos filas detrás observaba atentamente su intercambio de palabras.

— Max. — se limitó a responder mientras levantaba una ceja, el joven en cuestión no estaba nada mal a la vista, era alto, rubio, ojos celestes, un alemán muy deseable, pero para Zafiro solo existía Neri.

— Vi esto en la joyería y recordé tus ojos. — el joven abrió una pequeña caja de terciopelo y dejo a la vista un colgante de plata con un zafiro en forma de gota en el, levantando así los suspiros de todas las chicas que observaban con envidia, la joven Zabet levantaba suspiros por donde pasara.

— Es muy linda, pero no la quiero. — Max apretó la mandíbula ante su desprecio, cualquiera diría que la joven era desagradable, aunque para los que realmente la conocían sabían que ella era frontal, con Zafiro era blanco o negro, no había grises.

— Zafiro, ¿acaso no te enseñaron a agradecer y aceptar un maldito presente? — el primogénito de Schneider, gran empresario alemán no aceptaba un no por respuesta y Zafiro se lo estaba dando hacía meses.

— Pues… a mí me enseñaron a hacer mi puta voluntad, Max Schneider, tu presente dáselo a otra que lo aprecie, si querías impresionarme te equivocaste, recuerda que soy Zafiro Zabet, nadie tiene más joyas que mi familia ¿y tú pretendes que brinque de emoción por un zafiro de 2 quilates y una cadena de plata?— la burla bailaba en sus labios y en sus ojos, Max estaba perdiendo la calma, no era solo que le gustaba la muchacha, su padre le había dicho que la atrapara, como si eso fuera fácil o posible, necesitaban el dinero de la familia Zabet, el error era claro, a través de Zafiro, solo conseguirían problemas, pero eso al joven no lo desalentó, solo sirvió para que se encaprichara más con ella, la quería ver bajo sus pies.

— Zafiro estas colmando mi paciencia, no quieras conocerme enojado…— la rubia estaba a punto de romper a carcajadas, él podría ser muy amigo de Hades y Eros, pero estaba cometiendo un grave error al amenazarla, pero antes de poder así sea respirar, un golpe hizo que todos girara al lugar que ocupaba Neizan.

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