— No puede ser, el Ángel de la muerte, ¿Cómo no me di cuenta? Definitivamente mi madre se decepcionaría de mí, ¿cómo se supone que guiare a mi familia si estoy perdida? — dijo haciendo un puchero y provocando que Neizan la abrazara, él mejor que nadie conocía el peso de no defraudar a los padres, la presión de llenar un lugar que te pertenece aun si no lo quieres.
— Tranquila princesa… — Neri no termino de hablar cuando Sandra había tirado “accidentalmente” un refresco sobre la joven, provocando que algunos rieran y otros observaran ansiosos.
— Pero ¿qué rayos? — dijo la castaña poniéndose de pie junto con Neri.
— Perdón, te vi tan caliente que creí que necesitabas refrescarte. — Neri jamás golpearía a una mujer, todos lo sabían, se sentía impotente, había tratado con Lucero durante todo un mes y le parecía una joven buena y tierna, incluso inocente, apretó sus puños mientras fulminaba a Sandra con la mirada y le pasaba unas servilletas a Lucero para que se limpiara.
— Realmente no sabes a quien estas molestando ¿verdad? — Neri no tenía idea que su nueva amiga quería pasar desapercibida, de a verlo sabido hubiera quedado en silencio.
— ¡Oye Neizan! que molesten a tu novia no te da permiso de que te metas con una mujer. — Hades estaba molesto con el ruso por una vieja pelea que habían tenido, y su furia pudo más que querer conquistar a la joven castaña.
— ¿Crees que ella necesita que la defienda? — Neri se carcajeo con cinismo puro, mientras Lucero seguía secándose.
— ¿Acaso es como tú? — refuto Zafiro desde su lugar, quería saber quién era su competencia, quien le estaba sacando a su ruso, debía saber contra quien competía.
— Jamás me compararía con un Bach, menos con la hija de Kimberly BACH. — Si el ruso hubiera sacado un arma y hubiera apuntado a la cabeza de Sandra no le hubiera causado tanto miedo como el que sentía en ese momento. Quien posee dinero o poder, sabe muy bien quien es Kimberly Bach, como también saben que su única hija es quien ocupara su lugar.
— ¡Neri! — al momento que la castaña lo llamo se dio cuenta que ella no quería que nadie sepa quién era, pero ya era tarde para arrepentirse.
— Lo siento princesa, dejemos a estos perdedores y mejor vamos a nuestro lugar, seguro Tiago se alegrará de vernos.
Neri pasó su brazo por arriba del hombro de Lucero y salió con ella de la cafetería, provocando diversas sensaciones en los jóvenes Zabet Ángel y en todos los demás allí presentes.
— Si el clan Neizan forma alianzas con los Bach, nadie los detendrá. — dijo Eros mientras observaba la puerta por donde los jóvenes habían salido.
— Yo lo único que sé es que ella es muy simpática y desde ya les digo que no pienso dejar de hablarle y no me importa tus problemas con el ruso, ¿entendiste Hades?
Dulce no espero respuesta y se marchó enojada de aquel lugar, con la firme idea de seguir a su nueva amiga.
Dulce camino deprisa por los pasillos de la universidad, hasta que pudo divisar como Neri y su nueva amiga Lucero se subían al Chevrolet camaro ZL1 convertible negro noche que poseía el ruso, se vio en un pequeño dilema, ya que ella viajaba con Hades o alguno de sus primos, mientras se decidía porque automóvil adquirir, no le había dado mayor importancia al tema, pero ahora se arrepentía, pero, aun así, tomo coraje.
— ¡LUCERO! — grito a todo pulmón, sin importarle mucho lo que pensaran las personas que se encontraban yendo y viniendo por todo el lugar.
Pudo ver como su amiga quedaba de pie al lado del vehículo y parecía que estaba discutiendo con el ruso, por lo que se apresuró a llegar con ella.
— Disculpa, disculpen los dos. — dijo casi sin aire, apoyando sus manos en las rodillas.
— ¿De qué hablas? — pregunto confundida Lucero.
— Lo de la cafetería, me siento culpable y avergonzada por lo que dijo mi prima y hermano, no sé porque defendieron a esa tipa. — dijo haciendo una mueca cómica con su rostro y Neri se dio cuenta que ella no era como los demás.
— No te preocupes, no tenían porqué defenderme. — respondió Lucero mientras sonreía, su amiga cada vez le agradaba más.
— Bien, si estamos en paz, ¿puedo ir con ustedes? — Neri clavo sus ojos azules en Lucero mientras negaba con la cabeza, Dulce se dio cuenta.
— Que malo eres ruso, no los pienso molestar, es más veré a otro lado cuando se besen. — Neizan no pudo evitar reír, por las ocurrencias de la niña, aunque era de esperar que todos creyeran que tenían algo, ya que Neizan siempre estaba solo.
¿Quién era Dulce Ángel? El orgullo más grande de su padre y su mayor decepción, a quien amaba incondicionalmente, pero evitaba verla a como diera lugar, la joven que trataba a sus tíos como padres y a sus padres como tíos. Dulce Ángel tenía un alma aún más pura que su tía Candy, la verdadera bondad personificada, jamás se enojaba, jamás quiso tocar un arma y menos aprender a luchar, en cambio, era cariñosa, tierna, cada vez que la joven abrazaba a su padre en un acto de amor, Matt temblaba, el ángel de la muerte temía a si sea tocar a su hija, creía que podría manchar su esencia tan pura con toda la sangre que había en sus manos.
Dulce Ángel era la mejor y única amiga que tenía Zafiro, más que primas eran hermanas, con una diferencia de un año, Zafiro que era mayor actuaba como guarda espaldas de su prima, jamás dejo que nadie la moleste o lastime, parecía ser la sucesora de Candy, Dulce obligaba a que la quisieran, mientras su hermano y su prima tenían una actitud desafiante y peligrosa así como Eros era calma pura, Dulce era amor, muchos creían que lo que los niños habían pasado cuando tenían 7, 6 y 5 años los había cambiado de por vida.
Cuando esos hombres que estaban tras el ángel de la muerte y su sucesor, quien en ese momento no era otro que Matt y Hades los encontraron en el bosque muchas cosas pasaron hasta que Candy llego a rescatarlos, Eros coloco a Dulce tras de él, si alguien seria herido o resultaba muerto seria él, no su prima quien temblaba y se aferraba a su espalda, era su deber, es la esencia de Eros, proteger a quienes quiere, mientras Hades y Zafiro estaban uno al lado del otro, tomados de la mano, como si no le temieran ni a la misma muerte.
Cuando los asesinos dieron con ellos, tanto Hades como Zafiro lucharon, siendo apenas dos pequeños, mientras Eros ocultaba aún más a Dulce dentro de un tronco y salía a hacer lo mismo que había hecho su madre, despistar a los hombres, llevarlos lejos de donde se encontraba su prima, pero todo fue inútil y cuando tenían sometidos a los tres niños, Dulce salió, con su rostro cubierto en lágrimas.
— Por favor, no los golpeen más, por favor, yo me iré con ustedes.
Era la más pequeña, la más buena, la más obediente y ese día demostró ser la más valiente, porque sabía que si se iba con esos hombres moriría. Por suerte de todos Candy los encontró y mato a cada uno de esos hombres, aun así, Dulce jamás tomo las clases de auto defensa que su padre y tíos querían.
— Sube Ángel, aunque sé que me arrepentiré. — termino diciendo Neri, y es que él y Hades eran enemigos jurados.
— Dulce, mi nombre es Dulce. — dijo mientras subía junto con Lucero.
— Bien Dulce, mi nombre es Neri, pero eso ya lo sabes ¿verdad? — dijo mientras la miraba por el espejo retrovisor, estaba seguro que su hermano le había hablado de él, y lo más probable que no fuera nada bueno.
— Como no saberlo si mi prima está enamorada de ti. — Lucero no pudo evitar carcajearse al ver el rostro rojo de Neizan y al ruso su respuesta lo tomo con la guardia baja.
— Pero tú ya lo sabes. — dijo de forma acusadora la pelinegra, los ojos azules de Neri lo delataban.
— Tu prima no me interesa en lo más mínimo. — mentía y ambas se dieron cuenta, lo que no entendían era ¿por qué?
No tardaron mucho en llegar al bar que estaba en los límites del pequeño bosque que se encontraba en la ciudad, Dulce se sentía en otra dimensión, Hades y Zafiro eran sumamente protectores con ella, por lo que en pocas ocasiones había podido disfrutar de ir a un lugar como ese, aun mejor se veía peligroso, las personas en su interior estaban bebiendo a pesar de ser aun temprano.
— Lucerito de mis ojos, hasta que te presentas o eres un espejis…— Tiago quedo mudo al momento que vio el bello rostro de Dulce, sus ojos parecían dos manantiales, su piel de un color crema exquisito y su larga cabellera negra como la noche enmarcaba su rostro, dando la sensación de estar ante una ilusión, una bella ilusión.
— Bienvenida blanca Nieves. — dijo de forma coqueta olvidándose por completo de molestar a Lucero o saludar a Neri.
— ¿Acaso es la cabaña de los 7 enanitos? — dijo mostrando una sonrisa coqueta y siguiendo el juego del moreno.
— No princesa, acabas de llegar a tu castillo y aquí está tu rey esperando por ti.
Dulce no sabía cómo contestar a semejante cosa y sus nuevos amigos no tardaron en reír.
— No lo tomes en serio, ven deja que te presente a este loco. — dijo Lucero tomando la mano de la joven.
— Dulce, Tiago, Tiago te presentó a una nueva integrante de los marginados. – y en el momento que la joven Bach dijo aquello Tiago la observo con un poco de pena.
— Te dije que si te unías a Neri te quedarías sola. – dijo con burla el moreno.
— Eso lo conseguí yo misma, ya todos saben que soy la niña Bach. — dijo haciendo un mohín con su rostro, como si su apellido pesara un mundo en sus hombros
— Mmm, entiendo, en ese caso más que marginados somos los intocables. — respondió de forma divertida mostrando su blanca sonrisa y asiendo suspirar a Dulce.
— ¿Intocables? — pregunto Neri sumándose a la locura de sus ahora tres amigos.
— Tu eres el vidente, nadie en sus cinco sentidos te tocaría, la lady a tu lado es la princesa Bach, por favor nadie la mirara ni para intimidarla, yo obviamente soy el peor y más temido de todos, llevo este lugar sin problema y me deshago de cualquier busca pleito y blanca nieves... — Tiago miro los ojos celestes de Dulce y esta le sonrió con amabilidad y divertida por sus ocurrencias.
— A ella no la molestara nadie, a no ser que quieran morir. — Neri llevo su mano a la frente llamando la atención de su amigo.
— Acabó de ver que te meterás en un lio muy grande. — Neri quiso decirle en aquel momento cual era el apellido de Dulce, pero cuando vio como ambos jóvenes se sonreían, prefirió guardar silencio, aun sabiendo que se arrepentiría luego.
Esa tarde no solo la pasaron de maravilla olvidando el pequeño inconveniente de la cafetería, también se sorprendieron del rumbo que habían tomado las cosas entre Dulce y Tiago, quienes comenzaron a conocerse a través de bromas y de un momento a otro estaban matándose a besos.
Al anochecer se retiraron para descansar, aunque a Tiago aún le quedaba mucho trabajo por hacer en el bar, después de todo ser el dueño tiene sus costos, Neri llevo a Dulce hasta el edificio donde se alojaba y descubrieron que no era nada llamativo a comparación del de ellos, pero claro a diferencia del de ellos, los Zabet Ángel no necesitaban ningún tipo de vigilancia adicional, ellos eran asesinos en potencia, lo llevaban en la sangre, todos los sabían y es por eso que los respetaban y lo que provocaba que muchas personas quieran estar a su lado, solo para sacar algún tipo de provecho de su amistad, ser rico y poderoso tenía su precio a pagar y ese era no confiar en nadie.
Continuaron su camino hasta el edificio donde vivían, mientras que Lucero bajo del vehículo, Neri quiso hacer lo mismo, pero de pronto se vio en el suelo, con un Hades furioso sobre su espalda doblando su mano y dejando el rostro blanco del ruso recibir el frio de la acera.
— ¿Dónde está mi hermanita Neizan? — siseo mientras su sangre hervía.
— ¿Qué rayos te pasa? Déjalo. — grito Lucero llegando a su lado y empujando al pelinegro, para así liberar a Neri.
— ¿Estás bien? — dijo con preocupación la castaña.
— No te preocupes princesa. — respondió a la joven, pero sus ojos atravesaron a Hades.
— Dejamos a Dulce en su edificio. — dijo la Bach con cierto desprecio al pelinegro y Hades se arrepintió de actuar así en su presencia, realmente le gustaba la joven.
— Lo lamento, creí que estaba en problemas. — trato de justificarse y antes que el ruso dijera algo la joven volvió a hablar.
— No, temiste que Neri le hiciera algo, no necesitas mentir, no sé qué problema tengas con mi amigo Ángel, pero te diré algo, ni él ni yo lastimaríamos a nuestra amiga y Dulce es eso, nuestra amiga, y te advirtió deja de molestarnos, serás el hijo del ángel de la muerte, pero yo soy una Bach, no quieras conocerme enojada.
Neizan jamás había sido defendido por nadie, menos por una mujer, se sintió raro, pero bien, ella era una amiga fiel, mientras Hades quería darse golpes por ser tan estúpido, su plan de conquista había terminado antes de comenzar.
Al llegar cada uno se fue a su hogar, grande fue la sorpresa de Lucero cuando al entrar a su dormitorio encontró a Zafiro sentada en el centro de la cama con las piernas cruzada, en su mirada una advertencia y una promesa.
— Tú y yo hablaremos. — dijo en un susurro tenebroso la rubia con rostro de asesina.
¿Quién es Zafiro Zabet? La primer princesa del imperio de joyas Zabet, la sobrina del Ángel de la muerte, la princesa de su padre Amir, la alegría de su madre Candy, desde que nació se crio con su hermano y primos, Dulce y Hades, una niña normal se podría decir, siempre se la podía encontrar en la cocina de la mansión, corriendo alrededor de Rosa, la cocinera que estaba casada con Miguel el chofer de la familia, si, Rosa era una gran amiga para Zafiro, cuando se enteró que estaba embarazada de una niña ayudo a sus padre a elegir un nombre para ella.
— Losita, ese es un elmoso nomble. — dijo la pequeña rubia de 4 años, que estaba sentada en medio de Miguel y Rosa.
— ¿Rosita? — quiso estar seguro Miguel, sabía que la niña cambiaba la R por la L.
— Si, si Losita, polque su mamy se llama losa y va a tenel una losita.
Fue ella quien eligió el nombre de la niña, la esperaba con una gran emoción al igual que Dulce quien tenía 3 años, esa bebé sería una amiga más, pensó, pero su corazón se destrozó el día que solo la bebé llego a la mansión.
— ¿Dónde está losa? — pregunto al ver como Miguel lloraba con su pequeña hija en brazos.
— Zafiro, Rosa… se convirtió en una estrella, para poder guiar a su hija y a Miguel, ella... — Zafiro era inteligente, sabía muy bien lo que eso significaba.
— losa se mulio. — dijo en un susurro mientras sus ojos se empañaban en lágrimas.
— Rosa seguirá viva, en Rosita, en ti y en mí, en todos los que la recordemos. — dijo Miguel mientras sus lágrimas caían.
Ese día Zafiro supo lo que era perder un ser querido y durante los dos años siguientes se dedicó a corretear alrededor de Miguel, y por supuesto a cuidar a Rosita, Zafiro se ocuparía que su amiga estuviera orgullosa de ella, pero luego vino un golpe aún más grande para la joven Zabet, algo que la atormentaría por años, el día que los atacaron, cuando quisieron secuestrarlos apenas siendo unos niños, ese día mientras su madre llamaba a Amir y Miguel conducía a toda velocidad tratando de escapar de quienes los perseguían, supo lo que era ser la presa de alguien, cuando el auto se detuvo y Miguel el fiel chofer le dio la señal a Candy para que huyera con ellos, vio cómo su amigo observaba la foto de Rosita, dejando un beso en ella y saliendo del vehículo disparando a cuanto hombre se atravesaba, hasta caer por los impactos de balas, ese día Zafiro conoció que tan malvado podría ser el ser humano, como había quedado sola en el mundo una niña de apenas 2 años, ese día se propuso aprender a luchar, para proteger a Rosita, quien paso a ser su hermana ya que Amir y Candy la adoptaron, ella daría todo para cuidar a quienes amaba, ese día Zafiro dejo ir la bondad, humildad y dulzura que todo niño posee, decidió mostrarse al mundo como una joven sin sentimientos, altanera e incluso un poco odiosa, toda persona que trataba con la joven Zabet decían que no tenía sentimientos, era como un diamante, igual que su padre, fría, dura, inquebrantable, lo que nadie sabía era cuanto sufría por mantener esa imagen, pero lo hacía gustosa, siempre que eso le garantizara mantener a cualquier persona lejos de sus dos verdaderas amigas y hermanas, Rosita y Dulce que si bien era su prima se criaron juntas, por lo tanto eran como hermanas.
Ahora era una joven de casi 20 años, dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir la felicidad de sus hermanas, aún más, su propia felicidad, y esa dependía del ruso, Neri Neizan no solo había captado el interés de la rubia, ella se había enamorado la primera vez que lo vio, ni que decir cuando lo encontró en una fiesta el año anterior y se dejaron llevar por los más bajos instintos de ambos, con la excusa perfecta de estar ebrios, pero todo se arruino cuando al día siguiente vio a Hades pelear con Neri, sabía que todo se arruinaría por eso, sin embargo fue la primera vez que ella demostró algún sentimiento por alguien que no fuera su familia.
— ¿Qué hacen par de idiotas? — dijo al tiempo que empujaba a Hades y detenía a Neri, quien la observaba sorprendido por sus movimientos.
— Neizan, hoy acabas de firmar tu sentencia de muerte. — el odio en las palabras de Hades heleaba la sangre.
— No tendrías posibilidades Hades, aun te falta mucho para ocupar el lugar de tu padre. — respondió sin temor el ruso.
— ¿Qué les pasa? — quiso saber una muy ansiosa Zafiro, su preocupación por el ruso la delato y a su primo eso no le gusto.
— Según los Neizan, las personas que no son de “raza” pura solo son un estorbo en el mundo, al igual que los discapacitados. — Hades temblaba de furia y Zafiro sabía muy bien porqué.
— ¿Es lo que piensas Neri? — Neizan sintió como su corazón se aceleraba, solo la noche anterior la había oído gemir su nombre mientras la hacía suya, pero la tristeza en sus ojos color Zafiro lo dejo sin habla.
— ¿Por qué te importa? — pregunto no queriendo mostrar sus sentimientos, el sería el próximo líder de la mafia rusa, no podía mostrar debilidad.
— Por empezar las personas no somos animales para que nos clasifiquen por raza y por terminar las personas discapacitadas tienen habilidades que ni tu ni yo jamás podremos conseguir, ¿vamos Hades? — el dolor estaba en cada palabra de la rubia, y Neizan no entendía por qué.