Capítulo 2

Amaneció el día y como de costumbre mi madre me despertó para que no se me pasara la hora, después de ducharme y hacer mis necesidades y en cuanto salí del baño me vestí con el uniforme del colegio, bajé a las escaleras y me dirigí hacia el comedor y la acompañé en el desayuno, Patricia, la mujer que trabajaba en nuestra casa había ayudado a mi madre con el desayuno ya que hoy no venían las cocineras, así como todas las cosas de la casa. A mi madre no le gustaba depender de la gente y sólo aceptó que una mujer la ayudara en las tareas domésticas por orden de mi padre. 

- ¡Mamá, Felipe está aquí, ya voy! - Advertí desde la puerta.

- Que tengas una buena clase.

- Que Dios te bendiga, mamá.

- Que Dios te bendiga hija mía. 

Nada más llegar pude ver cómo era la escuela. La situación de la escuela era caótica, varios estudiantes estaban dispersos en el patio central de la escuela, tanto los nuevos como los veteranos. Pedro y Gabriel, los dos amigos de Felipe, en cuanto nos vieron llegar vinieron a acompañarnos y no fue diferente a Lucas y Vitoria. Lucas no tenía buen aspecto, tal vez todavía estaba borracho o tenía resaca. 

- ¿Alguien ha visto a la nueva chica? - preguntó Gabriel, buscando en las cuatro esquinas del patio.

- Por su pobre cara, quizá ya esté llegando, ya que al parecer sus padres no tienen ni siquiera una moto para traerla -bromeé. 

- ¡Chica, eres cruel! - dijo Aline detrás de mí mientras besaba a Pedro, que es su actual novio.

- Esto se está volviendo ridículo, Trix -me regañó Felipe.

- Deja de ser un pelele, hermano. Tú eres el que más se burla de sus amigos", le recordó Gabriel y él negó con la cabeza. 

- Tú también haces bromas -continué mientras el resto se reía.

- Este Felipe ya no está, el actual es bonito.

Había cambiado del agua al vino, y yo creía en su cambio ya que no era un chico de mentiras y cuando decía algo lo decía en serio. Realmente esperaba que este cambio no tuviera que ver con la nueva chica, como también esperaba que nada cambiara entre nosotros, era totalmente dependiente de él y eso nunca lo negaría.

La directora comenzó su aburrido discurso de bienvenida y de cómo cambiaría nuestra vida en este último año de bachillerato, ya que, según ella, era el año de elegir nuestro futuro y tenía razón, aunque yo sabía cuál era mi futuro no me gustaba mucho la idea de descubrir otros ámbitos, lo que me haría cambiar de opinión sobre el primero y llevaría a mi padre a odiarme, ya que soy heredera de la empresa Edwards y la reclamaría fácilmente si tuviera otra hermana o hermano. 

- ¿Estás preparado para el juego de inicio de curso? - preguntó Peter a los chicos, lo que me despertó de mi trance y me hizo ver que sólo había prestado atención al principio del discurso de la directora.

- Ya es mañana, ¿no? - preguntó Gabriel. 

Felipe era el líder del equipo de baloncesto del colegio, Gabriel y Pedro también estaban en el equipo popular y yo y las chicas estábamos en el equipo de baile, lo que me hacía feliz ya que mañana podría bailar y sólo entonces, hacer honor al apellido Edwards. 

- Desgraciadamente, pero tengo confianza, ya que durante las vacaciones nos reunimos mucho con el resto del equipo para entrenar, podéis estar seguros, ¡la victoria es nuestra! - dijo Felipe con seguridad.

- No pertenezco a nadie, sólo a mí. - Esta vez Victoria habló, haciendo reír a todos los de nuestro grupo, lo que me hizo reír a mí también, era muy divertida.

- Bestia, no me refería a ti, y creo que lo sabes -Felipe sonrió y luego se puso a tintinear.

- Quien da la lengua pide un beso, y creo que el trix está disponible para eso - Respondió sonriendo lo que hizo que me diera un largo beso y todos gritaran por lo bajo. 

- Eres un auténtico imbécil Felipe - sonreí y le devolví el beso.

- Y tú eres mi princesa.

Nos miramos como dos adolescentes enamorados y la realidad es que lo estábamos, él me hacía feliz y nunca negaría lo mucho que me había salvado. 

- Qué tierno - Gabriel puso cara de mareo al igual que el resto de nosotros - vamos a la habitación, ya van todos - llamó y así todos le seguimos.

Nuestros libros ya estaban guardados en nuestras taquillas desde el final del curso, y con las prisas yo era el primero en alejarme para coger mis libros y conseguir un buen sular en el aula, un miope que no llevaba gafas acababa de sufrir. 

Me desequilibré con tanta gente que también iba a por sus libros, y en un acto de conseguir equilibrarme de nuevo acabé chocando accidentalmente con una chica más pequeña que yo, y antes de que pudiera disculparme se giró con una mirada de odio y sólo entonces pude ver de quién se trataba, era la chica nueva.

- ¿Eres una chica ciega? - Preguntó ignorantemente como si fuera la persona más fuerte del mundo.

- Mira cómo hablas, ayer no usaste toda tu ignorancia con Carla, ¿por qué? - Pregunté viendo que se ponía incómoda mientras miraba hacia atrás y en cuanto miré entendí por qué, venía Felipe.

- ¿Pasó algo aquí? - preguntó Felipe en cuanto él y el resto se acercaron. 

- Chocó conmigo a propósito, lo que hizo que se me cayeran los libros - Habló en tono dulce y señalando los libros que antes no estaban en el suelo.

- Eres una chica insistente, no es exactamente así como sucedió, ¿verdad? - pregunté acorralándola. 

- No sé de qué estás hablando". Se hizo la víctima, lo que me hizo enfadar.

- Lo siento, guapa - la defendió Felipe, que casi no piropea a nadie por piropearla a ella - Esto no volverá a pasar - dijo - Sé buena por una vez en tu vida y recoge los libros que has tirado trix - Me miró serio y sonreí.

 La chica tiró los libros a propósito cuando se dio cuenta de que venía felipe, al parecer no me había creído, pero yo haría lo que me pedía como el alma bondadosa que era, lo haría con gusto. Pude escuchar una risa irónica proveniente de Caroline, al igual que las miradas incrédulas de nuestros amigos y otras personas que estaban en el pasillo. 

- Es un placer, amor. - Dije irónicamente

Capítulo 3

Me agaché lentamente, apoyando mi trasero en la parte de Felipe y recogí los dos libros que estaban en el suelo, en cuanto los recogí volví a la posición en la que estaba unos minutos antes, su mirada cambió a incomodidad y antes de que pudiera volver a cogerlos dejé caer los libros a propósito sobre su pie, haciendo reír a mis amigos. 

- No sabes con quién te estás metiendo, chica. ¿Quieres que sea el villano? Bien, seré el villano, pero no me pidas que me detenga, porque realmente no lo haré", le hablé al oído y me fui al salón sin tomar el mío. 

Nuestros amigos me habían seguido, excepto él, lo que me entristeció. No sabía qué pretendía esta chica, pero lo averiguaría y le mostraría la verdadera persona que era. 

- ¡Estuviste genial, amigo mío! - Aline me abrazó en cuanto me senté en la última mesa del fondo.

- Ella misma tiró los libros y quiso hacerse la víctima -dije, apostando por lo roja de rabia que estaba. 

- Hizo lo mismo con Aline y se hizo la víctima conmigo, la diferencia es que yo estaba lejos y vi lo que realmente pasó. 

- Creo que se va a hacer la víctima de todos los chicos de este colegio, espero que todos se den cuenta de lo perra que es esta santa engreída -dijo Victoria, y a los pocos minutos entraron Felipe y Caroline, sus ojos parecían llorosos, pero a mí no me importaría, porque yo no soy la villana. 

Cuando Felipe se sentó a mi lado no dijo nada, era como si estuviera enfadado por lo que había pasado hace unos minutos, y en cuanto entró el primer profesor en clase se quedó totalmente inmóvil sólo pensando, y yo daría cualquier cosa por saber en qué. 

La clase pasó rápidamente, bueno, en realidad no fue una clase, sólo se presentaron los profesores y se entregaron los contenidos que iban a repasar. A veces pillaba a la nueva alumna mirando fijamente a Felipe, que no parecía darse cuenta, pero le daba un beso, lo que la hacía volver la cara rápidamente. ¿Cómo puede una persona ser como era?

Cuando nos soltaron, tanto el equipo de baile como el de baloncesto se habían quedado para el último entrenamiento antes del partido de mañana, ya que íbamos a bailar para la inauguración. Aline y yo éramos líderes del equipo de baile, no éramos tan cercanas, pero también era mi amiga.

- Así no chicas, la pierna derecha va primero" grité para que todos en la cancha pudieran escuchar y ajustar la coreografía. 

- ¿Y si hiciéramos un puente al final y todo el mundo saltara? - sugirió Clara.

- Sería una buena idea, podemos probarlo para la próxima. - Lo dejaré para otro momento, Clara. ¡Estás despedido! - gritó Aline y se dirigieron al baño de mujeres. 

- ¿Te vas a duchar aquí o en casa? - me preguntó, mientras se limpiaba la cara con una pequeña toalla.

- En casa, buscaré a Felipe para que me lleve de vuelta.

- Se fue antes, ¿no lo viste, amigo? - Me preguntó y me quedé confuso. 

- Sinceramente no, hace mucho tiempo que se fue...

- ¡Hace una hora! - Peter vino detrás de nosotros hablando.

- ¿Sabes a dónde fue?

- No, dijo que tenía algo que atender y nos dejó ir temprano.

- Tal vez sea algo en su casa". Me quedé pensativa cuando lo dije, él no era de los que se iban antes de tiempo, y más cuando no hacía ejercicio, por no decir que también me lo decía. Es raro. 

- Te llevaré a casa si quieres", sugirió Peter. 

- Muchas gracias y me apunto a tu viaje, me ayudará mucho a que no me asalten de camino a casa. 

- Pensé", dije, "Estoy seguro de que encontrarás que es una buena idea esperarme fuera de la puerta. 

- Espérame fuera y traeré el coche - pidió Felipe 

Íbamos caminando hacia las afueras de la escuela y yo estaba muy aprensiva por qué Felipe no me había avisado que se iría antes y no me llevaría, me preocupaba su salud y también la de su familia que tanto quería, pero si éramos novios, debíamos compartir todo con el otro para no caer en la rutina y terminar desgastándonos. 

- Relájate, puede que haya sido algo relacionado con uno de sus parientes", dijo Aline como si leyera mis pensamientos. 

- Sí, tal vez lo fue y sólo estoy exagerando pensando en cosas que no existen.

- Él te ama, estoy seguro de que nunca te haría daño. 

- A veces tengo miedo y reconozco que me siento amenazada por la llegada de la nueva alumna, siento que no es una buena persona.

- Me di cuenta de que en la fiesta de ayer, de todos modos, también tendremos que tener cuidado con ella - me dijo Aline y me pregunté de qué era capaz cuando llegó Pedro llamándonos. 

El trayecto hasta mi casa duró unos veinte minutos, cuando me despedí de mis amigos y entré en la casa, escuché fuertes ruidos que provenían de la habitación de mi padre, siempre era así cuando llegaba, nos acusaba a mí y a mi madre, algo que hacíamos sin que él siquiera lo pidiera, mi madre vivía en un matrimonio infeliz, todo por culpa de mi difunto abuelo, un matrimonio concertado siempre terminaba así, ninguno de los dos sentía amor por el otro, al menos por parte de mi padre, ya que yo sentía lo mucho que le quería mi madre. 

Cuando llegué a mi habitación, cerré la puerta con llave y me puse a llorar, era como si volvieran mis problemas y me derrumbara sin tener nada que hacer al menos. Se oían fuertes sollozos, hasta que para evitar que mi madre viniera a preguntar qué pasaba, decidí ir al baño para estar sola y que nadie me interrumpiera y no tuviera que dar respuestas. 

No sé cuánto tiempo estuve en el baño ahogando mis lágrimas en el agua, pero cuando salí me di cuenta de que el ruido había cesado y, al llegar a la ventana, el coche de mi padre ya no estaba allí. Por supuesto, nunca estaba en casa, como si tuviera otra familia. Aunque nos da todo, lo único que no nos da es amor. 

Me puse una sudadera y unos pantalones cortos y bajé al comedor, tenía hambre y no había comido desde que había llegado del colegio. Cuando miré el reloj me llevé un susto, ya indicaba casi las seis de la tarde, pero ¿a qué hora había llegado del colegio? Necesitaba hacer algo antes de bajar, cogí mi móvil y marqué el número de Felipe, pero fue en vano, no obtuve respuesta, pero más tarde lo volvería a intentar. 

Encontré a mi madre llorando nada más llegar al comedor, era una de las cosas que más odiaba ver, sentía que todo lo que le pasaba era culpa mía, aún sabiendo que la verdad no era esa.

- Mamá, ¿ha pasado algo? - Le toqué suavemente la espalda y se sobresaltó, pero luego sonrió tranquilizadoramente. 

- No, querida, sólo lo mismo de siempre, no tienes que preocuparte por eso", dijo mientras se secaba las lágrimas.

- No me gusta verte así, mamá.

- Al igual que no me gusta verte triste, pero así es la vida adulta querida, pronto estarás comprometida y sabrás lo que es. 

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