Portada de la novela ¡Yo, la curvy!

¡Yo, la curvy!

9.3 / 10.0
La vida de una joven cambió trágicamente al cumplir dieciocho años, cuando el desprecio público de alguien amado destrozó su amor propio. Diez años después, aunque cree haber superado el trauma y ser más selectiva con su entorno, las cicatrices emocionales persisten. A sus veintiocho años, un encuentro fortuito con su pasado la obliga a confrontar aquellas antiguas inseguridades, demostrando que las heridas del ayer aún no han sanado del todo.

¡Yo, la curvy! Capítulo 1

POV Elizabeth Collins

«Esto es el colmo» pienso mientras intento colocarme el vestido que apenas hace una semana había comprado únicamente para esta entrevista.

—¡No puede ser que haya subido! —pataleo de la impotencia. —¿En qué momento comí tanto?

Me siento frustrada a un nivel inasequible. Esta es mi única opción, no tengo nada apropiado para ir a esa entrevista y me temo que si no me visto decentemente perderé la única oportunidad que tengo de acceder al puesto de diseñadora en Edwards Design & Fashion.

—¡Por dios, Elizabeth! ¿Cuándo vas a aprender a cerrar la boca? —la voz de mi prima desde la puerta me sobresalta. —Nuevamente, subiste, ¿No? Si sigues así tendrás que diseñar ropa especial talla hiper plus para ti misma.

Sus carcajadas de burla no hacen más que aumentar mi desazón.  Se tira a mi cama y me mira sin disimular su desprecio. Ya estoy acostumbrada a sus críticas nada amables, pero creo que en esta ocasión tiene algo de razón, aunque no del todo. Que no tenga sus medidas de 90, 60, 90 no significa que esté enorme y no pueda verme bien con la ropa adecuada, pero el de diseñar ropa de esa talla no es una mala idea, incluso es algo que he considerado.

—En vez de criticar deberías ayudarme —chillo. —De este trabajo depende que pueda seguir pagando tu escuela VIP y tengas comida caliente que llevarte a la boca todos los días. Y ni hablemos de la ropa que siempre me pides que te compre para tus saliditas con amigos.

Se levanta de mala gana y me ayuda a cerrar los botones de la espalda, ejerciendo más presión para demostrar su protesta. 

—No entiendo por qué no te vas si te molesta tanto colaborar con los gastos de la casa —se defiende. —No haces más que reprochar todo el tiempo que eres la única que trabaja. Si no vivieras aquí, no tendrías que ocuparte de nada ni molestarte por mis pedidos.

Gran pregunta y una muy fácil de responder y entender. En esta casa he pasado las peores y mejores épocas de mi vida. Mi madre me abandonó cuando yo tenía apenas 3 meses, en realidad, a mí y a mi padre. Poco tiempo después mi padre falleció de una enfermedad muy avanzada y quedé al cuidado de mi abuela. Mi vida nunca ha sido agradable y estuvo llena de precariedades, no solo económicas, sino también afectivas.

No malinterpreten, amo a mi abuela y ella a mí; es de las únicas personas en el mundo que me aman sinceramente y que ha arriesgado todo por mí, me ha dado todo lo que podía darme y hasta más, pero la situación dio un giro de 360º cuando mi tía Raiza vino junto con Tamara, mi prima, a quedarse con nosotros.

El motivo nunca estuvo claro, o por lo menos yo lo ignoro, porque según estaba felizmente casada con un hombre millonario que la trataba como reina, pero de un día para otro solo apareció en la puerta con una maleta vieja, una pequeña de apenas 1 mes en sus brazos y con unos buenos moretones en la cara.

De eso ya pasado 18 años, en ese entonces yo tenía apenas 10 años, he iba a la escuela. Desde ese día me convertí en una sirvienta y niñera en vez de dedicarme a mis estudios o a jugar en mis ratos libres, y más tarde, cuando ya cumplí la mayoría de edad, mi obligación era trabajar para ayudar con los gastos porque mi abuela no podía con todo y su salud empeoraba rápidamente por la vejez.

Esa es la verdadera razón por la que aún estoy aquí, mi abuela; no podría abandonarla cuando ella me cuidó en el momento que yo más lo necesitaba. Todo lo soporto por ella.

—Si al menos la tía y tú consiguieran algún ingreso, estaríamos mejor y mi abue no tendría que estar pasando trabajo en el mercado a su edad —replico. —Pero no tienen ni la más mínima intención de ayudar. Si me voy de la casa, llevo a la abuela conmigo donde no sea explotada y pueda al fin descansar como se lo merece.

Me mira con la ceja arqueada y de brazos cruzados, como si estuviera bromeando, pero es algo que había sopesado desde hace mucho. Niega con una sonrisa de suficiencia y sale de la habitación cuando escucha a su madre llamándola.

Si la vida conspira a mi favor y consigo el puesto, finalmente podría cumplir con mi propósito y alejarnos de estos parásitos. Bastante me esforcé para graduarme y recibir mi título de diseñadora como para desperdiciar mi talento vendiendo verduras toda la vida en un puesto improvisado en el mercado.

Termino de arreglarme y salgo. Para mi desgracia una lluvia cae justo antes de mi salida. Busco mi paraguas y en compañía de mi abuela caminamos hasta la estación de buses, que queda a menos de 30 metros.

—Esta lluvia no ha parado —bufa mi abuela secándose con su pañuelo. —Ya me está cansando, traigo toda la ropa húmeda y ya me está picando la nariz. Si sigo así terminaré internada nuevamente.

—Lo sé abuela, también estoy aburrida de esto. —salgo un poco hacia la calle para mirar, pero nada que aparece ese estúpido autobús. —Esta lluvia lo único que ha hecho es retrasarnos. Mira la hora que es, yo debería estar esperando en la empresa y tú en el puesto. 

—Debiste pedirle a tu novio que te lleve, hija, te lo dije, esta es la época más lluviosa del año, no hay día que no caiga al menos un aguacero, así todo el mundo anda retrasado y nervioso —también se levanta y camina hacia mí. —No encontrarás una oportunidad como esta. Ese puesto es exactamente lo que has esperado siempre, si la pierdes será difícil que encuentres otra igual.

—Sabes que no me gusta molestar a Víctor, abue, ya le debo muchos favores, además debe estar muy cansado de su viaje —me froto la nariz de puro nerviosismo. —Lo del trabajo es cierto, espero llegar a tiempo.

—Pues yo no veo el problema, es tu novio, ¿no? Y van a casarse pronto.

Miro el delgado anillo en mi dedo y suspiro. Es una promesa de casi 5 años de los 7 que llevamos juntos y no hemos dado el paso aún. Hay días que me pregunto si todavía desea casarse conmigo.

Sacudo mi cabeza y me enfoco en lo realmente importante ahora. «Necesito estar serena» razono. 

Ya de camino a la empresa empiezo a practicar mentalmente mi discurso. Tengo claro todo lo que necesito demostrar, no es muy complicado, pero la oportunidad es única.

Aspiro un par de veces para tranquilizar mi nerviosismo cuando al fin llego a mi destino, el gran y prestigioso edificio de 30 pisos de Edwards Design & Fashion, afino mi vestido, acomodo mi cabello con los dedos y camino de manera lenta, pero recta hasta la recepcionista.

—Buenos días, señorita —levanta la vista y me mira de manera indiferente para luego asentir. —Vengo para la entrevista de trabajo.

—¿Para qué puesto?

—Para el departamento de diseño —comento con voz firme. Ella me mira con el ceño fruncido, pero luego teclea algo en su computador para finalmente darme un pase con el número de piso donde debo ir.

Mi estómago es una revolución de locas emociones, esto lo había esperado hace tanto tiempo que ahora mismo no puedo creer que esté pasando.

El ascensor es bastante rápido y cuando llego al piso correspondiente mi estómago se contrae aún más al ver a todas las candidatas que allí esperan, al menos veinte que me miran fijamente cuando entro.

Inmediatamente, siento un peso sobre mi espalda al analizar mis probabilidades, todas ellas son hermosas y elegantes. No dudo de mi capacidad ni de lo que he aprendido, pero mi sobrepeso siempre ha representado un problema en todo lo que me he propuesto. 

«¿Por qué todo tiene que ser tan difícil para mí?»

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