Capítulo 4

Narrador

El auto deportivo de Atlas llegó hasta la recepción del compromiso, y captando todas las miradas de los presentes, apenas ayudó a Abril a descender de este, ambos se sintieron incómodos.

Y es que a pesar de todos saber que Dante había abandonado a Abril, aún eran algo moralistas, y verla colgada del brazo de su cuñado, no era algo que tomáran de buena manera.

Caminando con elegancia, Abril, y Atlas ingresaron al salón, y siendo recibidos por la pareja de prometidos, estos entablaron una pequeña charla

—Abril... Qué gusto que estés aquí, no esperé que llegaras con Atlas... Menos siendo tu cuñado

Forzando una sonrisa, Maya, la hermana menor de Erika, realizó este comentario con toda la mala intensión de hacerla sentir mal, y es que una de las partes que no menciono Atlas, es que la fiesta era en honor a ella, y su prometido, los cuales estaban próximos a contraer nupcias.

Sonriendo forzadamente, al entender lo que está pretendía, Abril llevó una copa que traía en su mano, a sus labios y seguido de tomar un sorbo de la bebida, respondió

—¿Y qué tiene de malo eso? Atlas, y yo somos buenos amigos, nos conocemos desde hace muchos años, no le veo el problema ¿Como tu hermana se encuentra viviendo con un hombre casado, y eso no lo ves?

La rivalidad entre Abril y las hermanas Bennett, viene de años atrás, esto por el mismo Dante, motivo por el cual, estas no se llevaban bien, algo que Atlas no recordó al invitarla.

Aclarando su garganta, Atlas y Cristian, el prometido de Maya, intervinieron, y logrando alejar a Abril, Hackett se disculpó por lo sucedido.

—No recordaba que tú, y las hermanas Bennett no se llevaban bien... Lo siento Abril

¿Como llevarse bien cuando una de ellas se encuentra con su esposo en otro país?

Sonriendo un poco con la ira carcomiendo su ser, Abril en un intento de distraerse, tomó una de las manos de Atlas, e invitándolo a bailar una pieza que sonaba en ese instante, este se sonrojó un poco.

Caminando hasta la pista de baile, él rodeó la delicada cintura de la chica, y acercando sus cuerpos de manera lenta y delicada, sus miradas se cruzaron, así como sus rostros quedaron a escasos centímetros.

La respiración de Abril se agitó, así como también el corazón de Atlas, y una vez que la música subió su volumen empezaron a moverse de manera lenta, y delicada.

Algunos de los presentes eran cercanos a los Hackett, y murmurando que se trataban del joven Atlas, y su cuñada, los rumores mal intensionados empezaron a surgir.

Y es que la forma en que la miraba Atlas no era común, no era como un hombre ve a su cuñada, y acercando sus labios a su mejilla, este murmuró para que Abril pudiese escuchar.

—Te ves hermosa

Las luces del salón, el sonido de la música, y sus corazones agitados, aportaron a que la atmósfera romántica, nublara el juicio de ambos, pero conteniéndose, Abril solo empezó a reír

—Estaba pensando en un número para la revista ¿Qué tal Mujeres empoderadas? Serias ideal para aparecer en la portada.

Tratando de contenerse para no besarla, Atlas propuso una idea que desde hacía mucho venía rondando en su cabeza, y negando de manera frenética, sin dejar de reír, Abril respondió

—Me encanta la idea, pero ni loca aparezco en la portada... Me parece poco ético hacer un número sobre mí, además ¿Qué tiene de especial una simple editora?

Atlas conteniendo el aire, sintiendo que cedería a la tentación frente a él, bajo la mirada de todos los presentes, este agregó

—Mucho, en solo tres años nos has posicionado en la cúspide de la industria, sin mencionar que estamos valorados en millones, y millones de dólares, a tu corta edad eres una eminencia, y creo que todos deben saber de ti, quién es el cerebro de la revista, y por supuesto el corazón.

Estas palabras conmovieron a Abril, y es que justo esto era lo que ella pretendía lograr, y en cada edición de esta, ella dejaba alma, y corazón

Llevando sus manos hasta el cuello del chico, Abril lo observó en silencio por unos segundos, y perdiéndose en su mirada gris, está intentó convencerse de que Atlas Hackett, era el hombre ideal para ella.

—Aun así, no es correcto, no puedo permitir que mi profesionalismo se vea empañado por mi necesidad de ser conocida, así que no estoy de acuerdo

Atlas, en un intentó de controlar sus instintos, mordió su labio inferior, y continuando con el tema, preguntó.

—¿Y si me encargo yo de ese número? Abril no me parece justo que pocos conozcan de ti, que nadie vea el rostro hermoso detrás de tanto trabajo... Deseo hacerlo, y lo haré.

Negando al ver que este no renunciaría a su idea, ambos continuaron moviéndose al ritmo de la canción que sonaba en ese instante, y finalizando esta, él la invitó a tomar un trago.

—Sabes que no descansaré, sé que si le propongo esta idea al abuelo, y a tu padre, me apoyarán, así que de nada sirve resistirse.

Esto mejor que nadie lo sabía, de hecho el abuelo tiempo atrás pensó en algo parecido, pero debido a que ella siempre posponía el tema, este número jamás se hizo.

Caminando entre los invitados, la pareja llegó hasta la mesa que les fue asignada, y tomando unas copas, ambos se dedicaron a brindar

—Por una noche diferente, por qué sea la primera de muchas, y porque por primera vez no me veas como el dulce Atlas

Los labios de Abril se fruncieron ante tal brindis, y es que Atlas de dulce ya no tenía nada, antes el chico con el que ella solía jugar, era pequeño, delgado, cariñoso.

Ahora el Atlas frente a ella, era todo un hombre, rostro esculpido por los dioses, mandíbula cuadrada, labios carnosos, y un cuerpo... Que incitaba a tocarlo, su abdomen, era duro como una roca, y la V al final de esta... Hacía que cualquier mujer enloqueciera.

Tragando grueso, Abril recorrió el cuerpo de Atlas con su vista, y al verlo sonreír, esta supo que se hallaba en graves aprietos, si no se controlaba.

Ambos continuaron charlando por unos segundos, y viendo como la pareja, agasajada, golpeaba una de las copas con un cubierto, su anuncio empezó

—La noche de hoy para mí, es un placer tenerlos en este lugar. Hoy, todos ustedes serán testigos de la unión Matheson-Bennett, quienes por años han esperado este momento. Esta noche, su servidora Maya Bennett se comprometerá con Cristian Matheson, su único, y verdadero amor, con el fin de establecer lazos eternos.

Tomando la palabra la menor de las hermanas Bennett, Abril solo rodó los ojos por lo forzado de su discurso, y es que no era un secreto que esta pretendía casarse con Cristian solo por su dinero, y no por amor.

Atlas divertido por la situación al pensar lo mismo que Abril, elevó su copa, y tomando un sorbo de esta, agregó

—Lástima por Cristian, lo quiero como a un hermano, se crio con Dante y conmigo, pero el amor a veces nos hace pendejos.

El comentario hizo a ambos sonreír, y siguiendo con sus palabras, el discurso continuó.

—Ahora invito a mi hermana, mi mejor amiga, mi confidente. Erika ¿Algunas palabras para nosotros?

Colocándose de pie de entre los invitados, Erika Bennett, la amante de Dante, elevó su copa con su rostro muy limpio, como si la gente hubiese olvidado lo que ella, y Hackett, le hicieron a Abril, e iniciando su discurso, Ella palideció al verla de regreso

—Hermana, mis mejores deseos para ambos, sé que su amor es puro, y sincero, y no habrá obstáculo que se interponga entre ustedes... Por Cristian, por ti, y por qué pronto tendremos otro compromiso.

Las piernas de Abril se entumecieron, así como también su corazón se agitó

¿Qué estaba queriendo decir?

¿Que Dante, y ella se comprometerían?

Desviando su vista a Atlas, este notó los ojos de Abril cristalizados, y negando la tomó de la mano, y la invitó a salir.

—Abril ¡Mierda! Fue una pésima idea traerte aquí.

Deteniendo sus pasos en la entrada principal del lugar, él llevó su mano hasta la mejilla de Abril, y acariciando esta, demostró lo arrepentido que estaba, y es que en realidad su intención jamás fue hacerla sentir mal, y bajando su rostro, ella contuvo sus lágrimas

—Y lo sé... Ahora vamos, no quiero estar ni un segundo más aquí

Por más que ella dijera que no le dolía ver a Erika tantos años después, si lo hacía, y Atlas con solo verla lo supo, por lo que moviendo su mano con delicadeza no dejo de acariciarla.

Abril, vulnerable y lastimada, aferró su mano a la de él, y observándose por unos segundos, Atlas empezó a acortar la distancia entre ambos.

Desde hacía mucho que él se había imaginado este momento, en el que sus labios se juntaran con los de Abril, y chocando sus respiraciones, sus ojos se fueron cerrando de a poco.

Faltaban milímetros para sellar el momento con un beso, cuando de la nada, una garganta se aclaró a su lado. Atlas, con su mano aun reposando en la mejilla de Abril, se detuvo, y abriendo sus ojos, y viendo hacia un lado, la imponente figura de Dante se divisó en la entrada.

Remojando sus labios, este se separó de Abril, y al ella notar que algo sucedía, miró en esa dirección para ver al responsable de su sufrimiento de años.

Allí parado como si nada, con sus brazos cruzados, su ceja enarcada, y su mandíbula tensa, estaba Dante.

Está demás decir que ambos se sintieron intimidados por la presencia del mayor de los Hackett, pero ignorando esto, Atlas tomo la palabra.

—Dante, cuanto tiempo sin verte

Dante, sin decir palabra alguna, dirigió su mirada a Abril quien no dejaba de verlo, y sonriendo de lado, dio un paso hacia adelante, en dirección a su hermano, quien se enfureció al ser interrumpido a medio beso con la mujer que amaba.

—Muchos, y por lo que veo... Tú no pierdes el tiempo.

Colocándose de pie, justo frente a su hermano, estos se miraron frente a frente, demostrando que existía una pequeña rivalidad entre ellos, y desviando su vista unos segundos después a su esposa, este ordenó

—Camina... Tenemos que hablar

Decir que Abril no sentía sus piernas tambaleantes, era omitir una parte importante de lo sucedido, así como también esta sentía que su corazón se saldría por su boca.

Asintiendo en dirección de Atlas, está le señaló que iría, y empuñando sus manos, Atlas vio como ambos, se alejaban de él.

Capítulo 5

Narrador

Deteniendo su andar un par de pasos alejados de Atlas, Dante se giró sobre sus talones para hacerle frente a Abril, quien lucía imperturbable ante este.

Quería gritar, reclamarle por lo que recién acababa de ver entre Atlas, y ella, pero conteniéndose, Dante, solo frunció sus labios.

—¿Tan rápido hiciste tu vida después de mi partida?

Escondiendo la ira que sintió en ese instante, Dante permaneció a la espera de una respuesta que llegó cargada de indiferencia de parte de su esposa

—¿Te parece poco tiempo 3 años, Dante?

Intentando fingir que la presencia repentina de su esposo no removió nada en ella, Abril se cruzó de brazos ante él, quien se hallaba colérico, y su rostro tenso lo demostró enseguida, cuando dando un par de pasos llegó hasta ella

—Fue muy poco tiempo Abril, tres años no son nada, pensé que tus palabras eran ciertas, que tus te amo eran verdad... Pero ahora que llego, y te veo a casi en un beso con Atlas, supe que todo era una mentira, y que tu Abril Granfort, jamás me amaste

Llevando su mano hasta el mentón de la chica, Dante hizo una leve presión en este, que ardió de tal manera que se extendió por todo su rostro, y haciéndolo a un lado, Abril lo evitó

—¿Jamás te amé Dante? ¿Quién lo dice? ¿Tú? Quien para llevarme a la cama me prometió el mundo entero, y luego desapareció, ¡Tú! Que para cobrar una herencia te casaste con alguien que no amabas, ¡Tú! Que prometiste amarme, y luego te fuiste dejándome sufrir la vergüenza de tu abandono ¡Tú! Dante que cuándo te marchaste solo me dejaste un papel arrugado, no me hables de promesas falsas... Porque tú eres el rey de ellas

Sosteniendo su mirada, Abril liberó todo lo que tenía atascado en su pecho, todo lo que por años calló, y no pudo soltar porque de él no supo nada más.

Dante, por su parte, sintió como esta verdad lo atravesaba como dagas en su pecho, al verse enfrentado finalmente; aun así, manteniendo su rostro inexpresivo, continuó el reproche.

Sí, porque aunque no lo pareciera, Dante Hackett le reprochaba a su esposa, por intentar olvidarlo, por intentar seguir después de su partida, una que la dejo sumergida en el dolor

—Eres el menos digno para reclamar, no eres digno siquiera de pararte frente a mí.

Abril en otra situación hubiese roto en llanto, suplicado por perdón, pero ahora que se hallaba más fortalecida, solo deseaba seguir liberando eso que tenía atascada, y sentía que moriría si no lo soltaba.

Empuñando su mano, Dante dio un paso al frente intentando hacerla entrar en razón, y tomándola de los hombros, la agitó para qué reaccionara, pero en lugar de permanecer tranquila, esta se alejó de nuevo

—Me imagino que ahora si eres feliz, al final cumpliste tu sueño de estar con la mujer que amabas, con la dueña de tu corazón ¿Cómo fueron estos años junto a Erika? ¿Qué se sintió vivir tu casi matrimonio con tu amante?

La boca de Dante se abrió por unos segundos, mientras intentaba procesar lo que sucedía con Abril, y cuando estuvo a punto de defenderse, esta elevó su mano para callarlo

—Sabes que ¡No me importa! No quiero saber nada que tenga que ver contigo, nada que incluya tu nombre Dante Hackett, esto era lo que tú querías, entonces te deseo lo mejor del mundo, eso sí... Lejos de mí.

Intentando marcharse de allí, Abril dio un par de pasos al lado opuesto de Dante, quien caminó detrás de ella, y se interpuso en su trayecto para que esta no se fuera

—Abril ¿Qué pasó contigo?

Recorriendo su rostro con su vista, Dante intentó descifrar que pasó con la dulce mujer que se casó con él, y obteniendo que esta soltara una carcajada sin gracia, respondió.

—Te olvidé Dante Hackett... Te olvidé querido esposo

Decir que estas palabras no dolieron era mentira, calaron hasta lo más profundo del corazón de ambos, más el de él, quien jamás imaginó que este momento llegaría.

Para Dante Abril siempre sería su puerto seguro, que hiciera lo que hiciera, ella estaría para él, pero viéndola allí mismo descubrió que no fue así. Y que uno de los responsables de que esto sucediera era su propio hermano, Atlas. Quien llevaba su propia sangre, y creció junto a él.

Elevando su mano para palpar el rostro de Abril, esta la tomo antes de que lo lograra, y demostrando por primera vez lo que sentía, Dante murmuró

—Eso no es cierto, tú aún me amas Abril

Con la esperanza de que ella dijera que todo era un juego, él se mantuvo mirándola a los ojos, y sonriendo al ver por primera vez a Dante descolocado, Abril agregó dándole la última estocada

—No Dante... Ya no. Atlas me ha enseñado lo que es el verdadero amor, y lo que tú prometías, no eran más que mentiras. Mentiras que creí, pero que ahora sé que son falsas

Analizando todo a su alrededor, Dante quería pensar que la Abril ante él, no era su esposa, pero no era así.

Sus ojos azules, como el mismísimo cielo, le decían que sí era ella; así como también su hermosa sonrisa, la cual jamás sería para él, si no que ahora solo su hermano la podía disfrutar.

Y ciertamente ya no era la misma tonta con la que se casó; la Abril de ahora no se dejaría humillar, como lo hizo en el pasado, que se marchó, que la utilizó después de despojarla de su pureza, y la abandonó

La Abril de ahora, la mujer ante él, era tan opuesta, se defendía, y nunca más bajaría su mirada, lo cual comprendió al verla firme ante él.

Dando un par de pasos hacia atrás, Dante aún no entendía, o mejor dicho, no aceptaba lo que estaba sucediendo.

—Ahora si me disculpas... Tengo que irme, señor Hackett

Retomando su marcha, Abril se giró en sus talones, y elevando su mano, este quiso detenerla, hasta que de pronto la mano firme de Atlas, se lo impidió

—¿No has escuchado que se quiere ir?

Los ojos claros de ambos hermanos, se encontraron por un instante, y ejerciendo agarre sobre su brazo, Atlas le dejó en claro que lo quería lejos de Abril

—¡No te metas Atlas! Porque no respondo

Conteniéndose de darle un puñetazo, Dante se colocó frente a él, a escasos centímetros; que de no ser por el lugar, y porque un par de presentes los miraban, los hermanos se irían a los puños allí mismo

Como si nada, y portando una enorme sonrisa al ver que Abril se había defendido de Dante, y no se había dejado manipular, el menor de los dos, elevó su mentón de manera desafiante, y empujándolo un poco, de no ser porque era su hermanito, Dante no se contendría

—¿Si no qué harás Dante? ¿Me golpearás? ¡Ven! ¡Te espero!

Abril, al escuchar estas palabras, regresó, e interponiéndose entre ambos hombres, que eran mucho más altos que ella, colocó sus manos en el pecho de ambos para marcar distancia

—Atlas... Detente Por favor

El terror, y la tensión se apoderaron de ella, y empezando a suplicar, una vez que el aludido la escuchó, la observó para decir

—Solo, si vienes conmigo

Sin titubear ni un instante, Abril asintió, y tomándola de la mano, Atlas tiro de ella, y se la llevó sin mirar atrás

Dejando a Dante, colérico, en shock, y dolido, ya que Abril no miró atrás ni un segundo, no se opuso, este asimiló que la perdió. Y Sintiendo que una delgada mano, tomaba la de él, este miró a un lado, y hallando a Erika, sonrió amargamente.

En otra situación, él se habría opuesto, habría protestado, pero después de escuchar a Abril, y lo que sentía, supo que en el corazón de ella, hacia él, solo encontraría odio. Lo cual comprendió, y justificó

—Te lo dije, ella ya no te ama

Sintiendo un enorme dolor en su corazón, Dante asintió, aun así él no se resignaba al olvido de Abril, y lucharía para recuperarla

Capítulo 6

Narrador

Con su respiración agitada, y sintiendo el escozor de sus ojos, apenas se alejaron lo suficiente de Dante, Abril se detuvo, y llevando las manos a su cintura, trató de controlar su respiración agitada.

—¿Por qué carajos fuiste con el Abril? ¿Qué te dijo Dante?

Con la curiosidad carcomiendo todo su ser, Atlas bombardeo a Abril con preguntas, y obteniendo que esta elevara su mano, indicándole que se calmara, cuando estuvo más serena, habló

—Hablar estupideces, reclamarme porqué estoy aquí contigo ¿No es descarado?

Atlas negó enseguida mientras se acercaba a ella, y acunando su rostro quedó a escasos centímetros de sus labios.

El deseo y las ganas de retomar lo que quedo a medias lo azotaron enseguida, debido a lo apetecible que lucían sus labios, pero viendo a su alrededor y notando a un par de personas, se contuvo.

—No tienes por qué prestarle atención Abril, Dante está loco, siempre lo ha estado, y el ver que ahora has cambiado, y que lo has dejado atrás quiere retenerte de nuevo, pero no te dejaré… No dejaré que regreses a los brazos de ese idiota que no te supo valorar, y que por desgracias lleva mi sangre.

El desprecio que sentía el menor de los Hackett hacia su hermano se sentía en sus palabras, y sin esperar mucho tiempo, este se acercó a Abril sintiendo que moriría si no rozaba sus labios en ese instante, por desgracia, la mano de ella se posó en su pecho evitando que el tan preciado beso llegara.

—Atlas perdona... Sé que tu intención era distraerme, pero luego de lo que pasó.

Sus palabras quedaron a medias, cuando este llevando uno de sus dedos a sus labios, calló lo que estaba a punto de decir, haciendo que ella sonriera de ternura, de cariño por el, quien siempre estuvo para ella.

—Y lo siento, y no me cansaré de decirlo, Abril fue mi culpa y no hace falta que pidas perdón, cuando llegue el momento estaré para ti, sin prisa, sin presiones, te he esperado, y lo seguiré haciendo ¿Has entendido?

Su mano, mientras hablaba, se dirigió hacia su mentón, y acariciando la zona que Dante lastimó, Abril sintió alivio, calma, paz.

Eran tan opuestos...

Uno frío, amargado, severo...

Mientras que el otro, era un amor

¿Como no amar a Atlas?

Lo peor del caso es que ella, aun después de tres años a su lado, no podía hacerlo

¿Estaba algo mal en ella?

Definitivamente, sí, pero lo que ella jamás haría de nuevo era humillarse por Dante, y su tortura pronto terminaría.

Sonriendo los dos avanzaron hasta el auto de Atlas, y abordando este, Abril le dio una última mirada a Dante, quien se hallaba a escasos metros de ella.

Una mirada cargada de odio, de resentimiento, que le pesó, que le supo amarga, y que dolió por el resto de la noche en donde no se pudo centrar en Erika que parecía una chiquilla falta de atención.

**** ****

Llegando a la amplia mansión Hackett, Abril descendió del vehículo, y colocándose de pie al borde de la escalera, antes de marcharse a su habitación, dijo algo que dolió para Atlas, algo que si estuviese en sus manos no permitiría.

—Mañana me voy... Dante regresó, y no puedo permanecer un dia mas en este lugar. Me quedé por ti, por tu abuelo, pero ahora que el retomará su vida en este lugar, no puedo quedarme... No cuando Erika se paseará a sus anchas en este lugar.

Sonriendo, Abril se tragó el nudo en su garganta, y permaneciendo en silencio, los recuerdos la azotaron de manera amarga

Inicio de Flashback

Caminando de manera tímida por la misma estancia de los Hackett, ya que solo habían pasado 3 días desde su boda con Dante, Abril pretendió subir a su habitación en esa mansión.

Habitación en la que dormía sola, ya que Dante no deseaba consumar su matrimonio, por lo que pidió dormir separados.

Con delicadeza, Abril colocó su pie en el primer peldaño de la escalinata, y viendo como Erika salía sonriendo del estudio en donde se hallaba Dante "Trabajando" se quedó rígida para ver lo que hacía la muy descarada, quien al notar la presencia de la chica a escasos metros fingió, ordenar su vestido, y limpiar sus labios de una manera muy peculiar.

Moviendo sus caderas de manera sensual, Erika se acercó a ella, y apoyando su mano en el barandal, esta miró a los lados antes de hablar, solo para asegurarse que nadie viniese.

—¿Espiando Abril? No te parece que te has humillado lo suficiente al casarte con un hombre que no te ama, que debes estar husmeando... Ya sé la verdad, Dante no te ha tocado, no lo ha hecho, y no lo hará ¿Cuándo comprenderás que solo fuiste esa cláusula que debía cumplir para cobrar su herencia?

Los labios de Abril se fruncieron al escuchar la cruel realidad, ella sabía que él no la amaba, de hecho en la cena de su compromiso se lo dijo, cuando le echó en cara, que por su culpa había perdido a Erika.

Elevando su vista vidriosa hacia Erika, esta sonrió de manera maquiavélica al ver que sus palabras dolieron, y arreglando el corpiño de su vestido, continuó sembrando la cizaña, una que caló hasta lo más profundo del alma de pobre Abril

—¿Y sabes por qué él jamás te tocará? Por mí, porque mientras tú estás aquí cumpliendo con el rol de esposa sumisa, mujer de la casa, él descarga su lujuria en mí, algo que tú jamás experimentarás

Un par de lágrimas tontas salieron de los ojos de Abril al escuchar tales palabras. La forma en la que ella se arregló la ropa, limpio la comisura de sus labios, dejo en evidencia lo que ese par estaban haciendo en ese lugar, bajo su mismo techo, en la misma casa que ella habitaba, lo cual dolió

Mucho, ya que su amor por él, era puro, real, algo que él no entendía ni valoraba.

Desviando su vista a un lado, Abril exhaló el aire de sus pulmones, y armándose de valor un par de segundos despues, respondió.

—Es posible, pero jamás seré la querida... Dante Hackett es mi esposo, y mientras tú y él se revuelcan como los cerdos en un chiquero, cada vez que yo lo desee él tendrá que guindar de mi brazo, y solo serás la la otra, quien nos verá desde las sombras

Colérica Erika intentó elevar su mano para golpear a Abril por la molestia que ocasionaron sus palabras, e interponiéndose en su camino sin que ellas lo notarán, el mismo Dante sostuvo su mano

—Erika...

Sus ojos se hallaban rojos producto de la molestia del instante, la cual lo azotó no porque quisiera a Abril, sino porque sabía que si ella la golpeaba se metería en graves problemas con su abuelo, y Erick, quienes adoraban a la chica, y la impusieron como su esposa.

Tirando a un lado su mano, Dante, con su mandíbula tensa, centro su mirada gris en ella, y espetando un largo de aquí, la mujer sintió que sus piernas temblaban.

Y es que por más amante de él que fuese, si algo tenía claro, Erika es que con Dante no se jugaba, asustada, la mujer bajo su rostro y pasando, por un lado, de ambos, salió lo más rápido que pudo de la mansión.

—¿Qué fue eso Dante? ¿Erika y tú?

Ahogando un sollozo, y conteniendo las lágrimas que querían salir, Abril dejó su pregunta a medias, y desviando su vista a ella, él solo frunció el ceño de su frente.

—No sé a qué te refieres

Con su ceño igual, Dante pregunto ajeno a lo que Erika acababa de confesar, y soltando un hipido, Abril no pudo seguir

—Olvídalo, he sido una tonta

Dejándolo a medias Abril empezó a subir por las escaleras, y llegando a la puerta de su habitación, abrió esta, y se sumergió en la penumbra.

No tenía nada que pelear, ella misma al casarse sabía que esto podía suceder, y no se equivocó por qué tiempo después, él se marcho con la misma mujer

Fin de Flashback

El rostro de Atlas se hallaba triste, durante 4 años se había acostumbrado a la presencia de Abril en casa, de sus buenos días, de sus largas charlas antes de dormir, que ahora solo terminaran con su partida, por el regreso de Dante.

Tomando su mano, este se negó a esa idea, la cual le parecía muy injusta

—No puedes irte, no puedes dejarme Abril

Lo que más aterraba a Atlas, era el miedo al abandono, que ella se marchara, y no regresara, que solo deshiciera la sociedad entre las familias, y lo desechara, algo para lo que no estaba preparado.

Abril, por su parte, sonrió con cierta tristeza al ver la melancolía en Atlas, y luego de apreciar su rostro, agregó

—No pienses que te desharás de mí, nos veremos a diario en la empresa, y te prometo que solucionaré esto

Hacía un año, con asesoría legal, Abril hallo la manera de deshacerse de Dante, y ahora que este al fin había regresado, el momento llegó

Tras charlar un par de segundos, Abril subió a su habitación, y antes de caer en un profundo sueño, producto del cansancio, alcanzó tomar su teléfono para hacer la llamada que marcaría un antes y después para la pareja

—Llegó, necesito para mañana los documentos, ahora Dante descubrirá que conmigo no se juega.

Y efectivamente así sería, Dante Hackett descubriría que Abril Granfort, no era la misma estúpida que dejó

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