Ruedo los ojos cuando escucho los gritos de mi amigo. Me alejo de la hermosa mujer y camino hasta donde está Alejandro.
-¿Tienes su número? -pregunta.
-Salio espantada por tus gritos -Ruedo los ojos-. Vamos. Debemos buscar a Julieta antes de que forme un escándalo.
Julieta es una amiga de años, solicitó ser trasladada al hospital de España en el área de cirugía.
-Es una arpía. Estaba mejor es argentina -gruñe mi amigo.
-No entiendo tu desplante hacia Julieta. Es una excelente mujer.
-¿Excelente mujer? -me responde- Es una bruja que te tiene idiotizado, solo quiere meterse en tu cama.
Me río. Hace años, antes de conocer a Alejandro. Julieta y yo tuvimos una relación, por causa de nuestros carreras que nos dejaba poco tiempo libre, terminamos, pero la amistad siguio.
-Mejor cállate -Golpeo su hombro- Ya viene la bruja.
Mira hasta donde está mi amiga y cruza los brazos. Julieta nos sonríe y llega hasta donde estamos.
-Hola cariño -Besa mi mejilla. Una mueca de disgusto aparece en el rostro al ver a mi amigo - Hola.
-Hola -responde Alejandro.
La ayudo con las dos maletas. Julieta me cuenta como estuvo el viaje, su madre me envio saludos. Salimos del aeropuerto, Alejandro subió al auto y espera en el asiento por nosotros.
-Lo odio. -me dice Julieta.
-El sentimiento es mutuo -Me río- Del odio al amor solo hay un paso.
-Jamas estare con un hombre tan despota como el.
Guardo las maletas en el auto. Abro la puerta de atrás y Julieta entra. Me siento al lado de mi amigo, lo miro, el suspira y enciende el auto.
Primero íbamos a dejar a Julieta en su departamento; mañana a primera hora tiene que presentarse en el hospital y debe descansar. La conversación fue entre Julieta y yo; Alejandro no decía nada. Llegamos y ayudo a Julieta con las maletas.
-No te molestes, mejor sube al auto y calma a la fiera que tienes allá.
-Esta bien -La abrazo.
Nos despedimos y subo al auto.
-Eres un completo desgraciado -Mi amigo me mira.
-¿Por qué? -susurra.
-Julieta no merece tu desplante -le digo- Así que es mejor que deje tu estupidez a un lado y madures.
No dice nada, pero sabe que tengo razón. Vamos a trabajar en el mismo hospital y lo que menos deseo es que mis amigos me vuelvan loco con sus peleas sin sentido. Le pido que me deje en casa de mi madre; desde esta mañana está como loca llamandome y quiero saber el motivo. El auto se estaciona en frente de una casa de dos plantas, un jardín de rosas que hace que la casa de mis padres sea majestuosa.
-Amo tú casa -me dice Alejandro.
-Es de mis padres, siempre le han gustado vivir bien. Nos vemos luego y piensa en lo que te he dicho.
Bajo del auto. El guardia abre el portón y entro. Desde hace unos años, deje la casa y me compré un departamento en la ciudad; mi madre no estuvo de acuerdo, pero terminó aceptando. El ama de llaves me abre.
-Buenos Días, Señor Maximiliano.
-Hola Beatriz. -Ella se ríe. Lleva años con nosotros y la considero como mi familia.
-Su madre está en la sala con la Señorita vivían.
No entiendo el porque está esa mujer aquí. Vivían es mi ex esposa, nos habíamos casado a los veinte años al quedar embarazada. Al tercer mes de su embarazo lo perdió, desde ese momento nuestro matrimonio fue un infierno, sus celos cada día eran peores, hasta que decidí poner fin a nuestra relación. No fue fácil, porque sus amenazas y sus intentos de suicido empeoraba todo. Pero tras años de lucha, logré separarme de ella.
Trato de calmarme y así no perder los estribos cuando Vivían está cerca, no entiendo la razón del porqué sigue frecuentando mi familia. Llegó a la sala, Vivian es la primera en percatarse de mi presencia, veo el brillo en sus ojos y una sonrisa aparece en sus labios, se levanta y se acerca a mi.
-Tiempo sin verte, querido -me dice, dejando un beso muy cerca de mi boca.
-Lo mismo digo -Me alejo- ¿Qué haces aquí?
Cuando está a punto de hablar, mi madre se adelante.
-Me alegro que estés aquí, quisiera hablar contigo de un asunto -Mira a Vivían- Creo que ya hablamos mucho ¿Me dejas a solas con mi hijo?
Vivían nos mira, rueda los ojos, y de mal humor, agarra su bolso y sale molesta de la casa.
-¿Que hacía Vivían aquí? ¿Para eso me llamaste? -Abre los ojos y niega con la cabeza.
-Hijo... -Agarra mi mano y nos sentamos en el mueble-. Sabes que jamás la quise para ti -Suspira- Apareció para pedirme dinero, sus padres están en la bancarrota y eso la está está volviendo loca, está desesperada.
-No me importa en la situación que esté, no la quiero ver -le digo.
-Lo se, hijo.
-¿Donde está mi padre? -le pregunto. Llevo días, que por cuestiones de trabajo, no lo he visto.
-Esta en su habitación -Mi madre comienza a llorar-. Quiero que hables con el, desde hace días lo he notado un poco cansado, sabes de su problema del corazón.
-¿Se está tomando sus medicamentos? -le pregunto.
-El me dice que si, pero no estoy segura -Me levanto y llevo mis manos con desespero por mi cabello- Hablaré con el.
Subo las escaleras, la habitación de mis padres está en la segunda planta. Se escucha el piano y me río, mi padre adora en su tiempo libre tocar el piano y lo hace muy bien. Toco la puerta.
-Pase -Su grueza vos hace que mi corazón se estremezca.
Abro y entro, me mira y una sonrisa aparece en su rostro, me siento a su lado y comienzo a tocar el piano, sus ojos brillan.
-Tan inteligente como tú padre -Palmea mi espalda- ¿Cómo está todo, hijo?
-Bien padre ¿Cómo estás? -Mi mirada lo detalla.
-Bien. -Hace una mueca- Está exagerando, se que estás aquí porque ella te ha llamado.
-¿La conoces bastante bien? -Una carcajada resuena en la habitación, mi padre sabe cómo tranquilizarme.
-Como la palma de mi mano.
Sus brazos me rodean y siento que todo está bien cuando estoy a su lado. Federico Ferdiz es un hombre ejemplar y un excelente padre, no se que sería de mi sin el en mi vida.
La casa está arreglada y todo se ha ordenado como dije. Julián deja mis maletas en la sala y se retira. Una señora de la edad de mi madre, tez blanca y corpulenta sale de la cocina.
-Buenos días, Señorita Serena -Se presenta- Mi nombre es Juliana y soy su ama de llaves.
-Mucho gusto, Juliana. Por favor, llámame Serena. -Le doy la mano y gustosa me la recibe- ¿Dónde está mi habitación?
-Sígame -Agarra mi maleta.
Subimos las escaleras, tenía tiempo que no venía a la casa, y agradezco que mi madre se haya encargado de contratar mi ama de llaves. Más tarde la llamaré y se lo agradeceré. La señora Juliana abre la puerta y me deja entrar a lo que será mi habitación, la decoración es bellísima, colores rosa pálido y blanco adornan mi cuarto. Deja mi maleta a un lado de la puerta.
-Cualquier cosa que necesites no dude en avisarme -me dice- La llamaré cuando el almuerzo esté listo.
-Muchas gracias.
Observó nuevamente todo. Lo que más llama mi atención es el balcón que da al hermoso jardín que tengo en mi casa, una de las cosas que me enamoró al verla. Salgo a la terraza y cierro los ojos. Ahora creo firmemente que la decisión de venir a esta hermoso país fue la correcta. Mi celular suena, camino hasta donde está mi cartera, la reviso y agarró el teléfono, es una llamada de Ignacio. Contestó.
LLAMADA:
-Te extraño -Su voz suena triste.
-No llevo un día, Ignacio -ruedo los ojos y me río.
-¿Cómo estás? ¿Qué tal el viaje? -me pregunta.
-Bien. El viaje fue un poco agotador.
-Bueno. Te dejo para que descanses. Estaré aquí para ti siempre, no lo olvides.
Cuelgo y una lágrima rueda por mi mejilla, mis manos van a esa zona de mi cara y la limpio. No puedo permitir sentirme mal en las decisiones de mi vida, dejo de lado mis sentimientos y me preparo para acomodar mi ropa en el closet, aunque toda la vida he vivido bien, no me gusta que otras personas, no importa si trabajan para mí, toquen mis cosas, me desespera. Abro mi maleta, comienzo a dejar en la cama mis productos personales y los coloco en mi baño. Después de media hora, mi cuarto está perfectamente ordenado, tocan la puerta de mi habitación, me levanto de la cama. Abro la puerta y veo al ama de llaves.
-El almuerzo está listo -dice.
-Estaré abajo en unos minutos -Se retira y cierro la puerta.
Me cambio la ropa por algo más cómodo, busco un mono y una franela manga larga. Me miró en el espejo y bajó. Caminó hasta el comedor, me siento y espero. Miro a todos lados, está soledad no me gusta, una chica de rasgo fuerte, piel morena y un poco más baja que yo, traía mi desayuno.
-¿Quién eres? -pregunto. Ella abre los ojos y mira hacia la cocina.
-Soy la hija de Juliana -susurra.
-Oh... -La miro un poco más, no debe tener dieciocho años todavía.
-Si... -murmura. Coloca mi almuerzo en la mesa y se retira.
Me río y niego con la cabeza. Agarró el tenedor y como un poco de ensalada, mi celular suena y es un mensaje. Es Sasha.
"¡No puedo creer que estés aquí! Ignacio me lo dijo está mañana y estoy súper feliz. En la tarde iré a verte, Besos preciosa."
Sasha es mi mejor amiga, sus padres eran amigos de hace años de los mios. Es una mujer maravillosa, carismática y un poco impertinente a veces, pero eso no quita el corazón tan maravilloso que tiene. Es arquitecta y trabaja en una de las empresas más prestigiosas de España, teniamos años sin vernos, mi carrera de modelo y sus grandes proyectos nos deja poco tiempo. Pero ahora que estoy en España, no voy a desaprovechar la oportunidad y pasar tiempo juntas.
Termino mi almuerzo y me levanto, subo las escaleras y entro en mi habitación. Me siento en la cama y suspiro, llevando mis manos por mi cara, cierro los ojos por un momento y mi mente no deja de revivir cada momento vivido con Alexander. Mentiría si dijera que mi corazón no lo extraña, porque me estaría engañado una vez más.
Alexander no solo es el hombre que amo, ha sido un amigo de muchos años, su apoyo en mi vida siempre ha sido importante y me duele que ya no formé parte. Me río y limpio una lágrima que estaba rodando por mi mejilla, no puedo seguir así, me acomodo en la cama y me quedo dormida.
****
La cama se hunde y siento una mano pasar por mi cabello, me estremezco y abro los ojos. La mirada dulce de Sasha es lo primero que veo, me levanto y ella, sin la mayor delicadeza, me abraza.
-¡Me alegro que estés aquí! -chilla.
-Te extrañe -digo. Nos separamos y noto algo distinto en ella.
-¿Pelirroja? -Me acerco y la observo mejor.
-¡Siii! Estoy guapa ¿Cierto? -me guiña un ojo.
-Siempre los estás.
-Cambiate que vamos a salir y no quiero un no como respuesta -Me señala con el dedo.
-¿A Dónde iremos? -suspiro.
-Deja todo en mis manos querida.
Ruedo los ojos y entro al baño, tardo un par de minutos, lavo mi cabello y cuando estoy por agarrar mi jabón con olor a rosas, la puerta se abre.
-¿Tardarás mucho? -Se queja Sasha- No tenemos mucho tiempo.
-¿Qué tienes en manos? -Cruzo los brazos y así cubrir un poco mi desnudes.
Se ríe y cierra la puerta. Termino de bañarme y agarro la toalla, me la coloco y salgo. Abro mi closet y busco que ponerme, opto por una blusa color amarilla y un pantalón corte alto negro, elijo unas zapatillas, me siento frente al tocador para maquillarme bajo la atenta mirada de mi amiga. Me levanto, agarro mi cartera junto a mi teléfono, miro a mi amiga y le hago seña que ya nos podemos ir.
-Quiero que te olvides del mundo hoy -Sasha me abraza- Mereces ser feliz.
Es lo que más deseo.