Capítulo 4
Narra Allan.
Mi pequeña virgen anoche me agotó. No importa lo que hice, cuántas veces la tomé y la lleve al orgasmo, y creo que fueron cinco, ella lo tomó. Su boca y su coño fueron míos anoche. Estuve tentado de follar su culo apretado, caliente y jugoso, pero pensé que no serviría para apresurarla a nada. Especialmente cuando se trata del trasero de una mujer. Ese tipo de mierda necesita tiempo y prepararla para tomar mi polla.
Ahora estoy sentado con el ceño fruncido, mirando alrededor de la habitación, no veo ninguna señal de ella. Empujo la manta, veo que la mancha de sangre roja en las sábanas todavía está allí. Una huella de lo que pasó anoche. Sacudo la cabeza, pase los dedos por mí cabello, me dirijo al baño. No hay nadie ahí. No hay rastro de ella en absoluto. Miro la hora, veo que son un poco más de las siete, y no me gusta que se haya escapado sin que yo lo sepa. Nunca he tenido el sueño pesado, nunca, y sin embargo esta mujer se ha ido cuando nadie más podía ¡Mierda! Regreso al baño. Me lavo las manos rápidamente, trato de evitar mirar mi reflejo. Me veo jodidamente demacrado. Follar a una virgen, que me chupe la polla, ciertamente no me deja sintiéndome jodidamente renovado. Estoy molesto. Ella se ha ido, y lo peor es que ni siquiera sé su nombre, se que esta prohibido los nombres en este negocio, pero por alguna razón necesitaba saberlo. Cuando vuelvo a la habitación me visto, luego decido ir a buscar a Mendoza con la intensión que me de información sobre ella. Me se las reglas de memoria y no estoy seguro si él me de lo que quiero. Amo este lugar: Coño nuevo y fresco que podía arruinar. Anoche no se trató de arruinarla a ella. Se trataba de darle la experiencia de su vida, y la verdad del asunto era que no había forma de que pudiera alejarme. No después de mirar su fotografía. Había sido imposible de hacer. Ella me llamó, y ahora estoy empezando a sentirme como un jodido loco. Camino por el pasillo hacia la oficina de Mendoza. Por alguna razón, estoy enojado. Toco la puerta y se oye el firme "Adelante" de Mendoza. Entro al pequeño proxeneta sentado detrás de su escritorio. Él se ha vuelto rico con este negocio. Me sorprende que no haya vírgenes atadas a jaulas en su oficina para tentarlo.
—¿Qué hace aquí mi abogado favorito?—pregunta—. No sueles venir después de follar—agrega.
Tomo asiento frente a él. Mendoza me observa. Sé que él tiene reputación, pero no le tengo miedo, yo también soy peligroso. No tengo tiempo para esto. Mi buffet me necesita, y yo tengo necesidades más urgentes que mirar fijamente a este feo hijo de puta.
—La chica de anoche. Quiero saber su nombre —digo rápidamente.
—No va a pasar—responde.
Apretando los dientes, controlo mi temperamento. Este tipo me está cabreando ahora. No hay forma de que me digan que no. Es una palabra que no escucho ni creo, así de simple.
—¿Vas a intentar convencerme de que estas mujeres no quieren saber sobre su cita?—digo.
—Les digo a todos que se memoricen las reglas cuando vienen hacer un trato conmigo. Y entre ellas está no divulgar el nombre o los nombres de los involucrados—recalca.
—Oh, por favor, eres un proxeneta glorificado. Vendiendo vírgenes para ganar dinero—le digo con una sonrisa de burla.
Mendoza me mira fijamente.
— Una vez me dijiste que era un pedazo de mierda por siquiera considerar este negocio. Siempre pensé que eras un idiota hasta anoche. ¿Qué tiene esa mujer en especial para querer conocer su nombre?—pregunta.
—Púdrete—respondo.
Él sonríe.
—¿Sabes? en el momento en que ella entró en mí oficina, pensé en ti. Tiene esa mirada perdida. Ese pequeño toque de oscuridad que atrae a un hombre —agrega.
—Cuéntame sobre ella y su nombre —insisto.
—No te diré ni una maldita cosa sobre ella—responde.
—¿Cuánto me costará?— pregunto, buscando otro recurso. por obtener la información que necesito.
El hombre frente a mí se sienta hacia atrás. Me mira como si hubiera perdido la cabeza, y tal vez lo haya hecho. No puedo pensar con claridad en este momento. Que me digan que no es nuevo para mí. Estoy acostumbrado a conseguir lo que quiero.
—No—dice, su respuesta me enfureció.
—Eres un maldito que vende vírgenes, no es muy diferente a un burdel—digo ya molesto.
—Puedes pensar que soy un proxeneta, y está bien. En esencia esto es un burdel. Las chicas vienen a mí, las cuido, las protejo y, al final del día, se van a casa sanas y salvas. Te lo garantizo. No tengo nada que demostrarte. Mí conciencia es muy claro. Salvo a estas mujeres. Tomo una gran parte de su dinero. Tomo lo suficiente para mantener este lugar en funcionamiento, para pagar a los hombres y para obtener una pequeña ganancia por mis molestias. Si piensas por un segundo que esto siempre es fácil para mí, no lo es. Algunas de estas mujeres apenas son legales. Han tenido una crianza de mierda y quieren hacer un cambio. Para algunos, he visto las miradas en sus ojos cuando piensan que lo único para lo que son buenos es para follar. Entonces, ni siquiera pienses en sermonearme sobre lo que crees que es correcto o incorrecto—responde, mantiene su mirada furiosa mientras termina.
—Entonces, ¿no me vas a dar la información que quiero sobre esa chica?—vuelvo a preguntar.
—No.
—No voy a lastimarla—le recalco.
—Esas son las reglas por las que te inscribiste—contesta.
—¿Y si encuentro mis propios medios para encontrarla?—interrogo.
—Buena suerte—dice.
—¿Qué hay de su fotografía?
—Ha sido destruida. En el momento en que el reloj dio las seis de esta mañana, todos esos detalles fueron borrados. Sé quién es y lo que hace e incluso por qué necesita el dinero. No te diré una maldita cosa —responde.
No tiene ningún sentido discutir con él. Ha tomado una decisión y yo todavía estoy enojado. Se fue antes de que yo tuviera la oportunidad de hablar con ella. Me puse de pie, me dirijo a la puerta, la abro y salgo furioso. Al salir del edificio, encuentro a Alex apoyado en mí auto.
—Vaya, una noche de sexo sin ataduras y pensé que estarías en la luna, o al menos un poco más feliz esta mañana—dice al ver mis ánimos.
—Vete a la mierda—le digo. Mi estado de ánimo se está poniendo más oscuro. Su auto está estacionado a varios centímetros del mío.
—¿Cuál es tu problema?—pregunta.
—¿Tienes idea de lo que pasó anoche?
—Tu polla fue la primera dentro de una linda mujer virgen. Aunque me sorprendió que eligieras a la chica rellenita, pero aún así...
Apreté mis manos en puños, se necesita cada gramo de moderación para no estrellar mí puño en su cara. Mi intensión era pasar una noche con una virgen como en las otras ocasiones. Pero al pensar en sus labios alrededor de mi polla y en el ajuste perfecto de su apretado coño, el recuerdo todavía me enciende.
—Sal de mí maldito camino—le digo. Necesito darme una ducha. Para lavarme anoche para poder borrar todo el recuerdo de mí mente. El trabajo es en lo que necesito concentrarme.
—¿Vienes la próximo semana?— pregunta Alex, él nunca le ha importando mí manera de hablarle cuando estoy enojado.
—¿Próximo semana?
—Si, ya sabes siempre hay alguna virgen fresca que necesita dinero—recalca.
—Lo pensare—contesto subiendo a mí auto, cierro la puerta de golpe. Puse la llave, enciendo mí vehículo. ¿Quién es esta mujer que de alguna manera se ha metido debajo de mí piel? Ella ni siquiera lo había intentado. La noche había sido asombrosa. Cuando entré por primera vez en esa habitación, parecía un ciervo atrapado por los faros. A medida que avanzaba la noche y se acostumbraba a mí toque, se relajó y su sonrisa se volvió más natural. Sacudo la cabeza, me doy cuenta de que necesito sacarla de mí mente antes de perder el control. Fue solo una noche y debía olvidarla.
Capítulo 5
Narra Madeline.
Seis meses después...
Le doy un beso a mi hermana antes de irme a trabajar. Por su tratamiento ella vive prácticamente en el hospital.
—Te quiero, te veré luego—le digo.
—Yo también te quiero—responde.
Salgo de su habitación del hospital y me despido de las enfermeras. Era un poco tarde. Una vez que llego a mi destino trato de mantener la calma. Tengo un nuevo trabajo en el Bufete de Abogados Fox. Regresar a la universidad no está sucediendo, pero ahora Valeria está un poco mejor, el tratamiento al parecer está funcionando. Sin embargo, necesito más dinero. Conseguir el trabajo no había sido fácil. El programa de secretarias temporales había durado un mes con más de cincuenta solicitantes. Aunque mi sueño era ser abogada, este trabajo temporal me serviría como experiencia, ya que podía observar y escuchar como se llevaban algunos casos. En la solicitud que me dieron, exigieron una breve explicación de por qué necesitaba el trabajo. Puse problemas personales ya que tuve que hacerme cargo de mí hermana. Mis notas habían sido brillantes durante mis estudios. Afortunadamente, Valeria es una luchadora. Vivimos en un departamento pequeño y ella extraña ir a la escuela, pero su situación de salud no lo permite.
Había sido un shock para mí recibir la cantidad que tenía sobre la venta de mí virginidad. Cada centavo se destinó a ayudar a mí hermana. Después de un mes de turnos agotadores, de probarme a mí misma, de demostrar que tenía lo que hacía falta, conseguí el trabajo, junto con otras cuatro personas. Escuché a algunos de los empleados chismorrear sobre nosotros a nuestras espaldas. Hubo una apuesta para ver quién duraría más. No sé dónde encajo en todo esto. Parecería que mí nombre se había colocado en el medio. Había una chica que pensaban que brillaría más porque tenía un buen apellido y venía de una familia acomodada. El resto de nosotras no teníamos ninguna posibilidad. Aún así, estoy parada afuera del ascensor a las siete de la mañana, llevando sesenta archivos en mis brazos, apretándolos contra mí pecho. Mire mí reflejo en las puertas de metal, por un breve momento me permito pensar en él. El hombre que había destrozado mí mundo por completo. Me había dado una noche para recordar, y cuando estaba sola en mí cama, mirando hacia el techo, me permití la oportunidad de soñar. Pensar en sus manos mientras me sostenían. Habíamos follado más de una vez. Me sorprendió la cantidad de veces que me hizo correr. La forma en que me mantuvo en mí lugar, poniéndome de rodillas o de espaldas, o haciéndome tomarlo, para mirarlo a los ojos mientras me llenaba. Había estado crudo durante días. Caminar había sido un problema, pero como tenía que cuidar de Valeria no me permití vivir. Caminando, hablando, fingiendo que todo estaba bien, me había ocupado de mis asuntos hasta que llegué a este momento. Los recuerdos son todo lo que me queda. Las citas no son parte de mí vida. Mí hermana y ahora el trabajo llenan mí mundo. Hasta me hice un nuevo corte, para sentirme una mujer nueva.
Espero que llegue el ascensor, miro por encima de mí hombro, veo que soy la única que espera. La puerta suena llamando mí atención. Me doy la vuelta, entro al ascensor, sin mirar a las otras tres personas adentro porque eso demostraría mí impaciencia. Veo una mano de hombre que presiona el botón. Levanto la cabeza, jadeo al verlo. Sus ojos azules me miran fijamente. El hombre al que le vendí mí virginidad. El hombre al que no volvería a ver está parado en el ascensor conmigo. Mis mejillas se calientan mientras mí corazón se acelera. Sosteniendo los archivos con un apretón de muerte, trato, y probablemente fallaré, de parecer tranquila y serena. Esto es una pesadilla. Mendoza no me dijo qué hacer si alguna vez me encontraba cara a cara con el hombre que me había comprado. Necesito salir de aquí. Mis palmas están sudorosas. El ascensor se detiene a tres pisos de donde necesito estar. Las puertas se abren y, cuando estoy a punto de salir para escapar, me agarra del brazo y me detiene. Nadie mira hacia atrás porque estoy atrapada. No hay forma de que pueda gritar o llamar la atención sobre mí. Este trabajo paga bien, me permitiría tener una vida muy buena para mí hermana y para mí. Arruinar todo eso gritando sobre un cliente potencial no lo permitiría.
—No necesitas salir corriendo—dice. Su agarre se aprieta alrededor de mí brazo, tirando de mí hacia atrás. En el siguiente segundo, extiende la mano, presiona el botón de parada y nos quedamos quietos. Lo miro mientras se dirige al panel del ascensor y de repente aprieta un botón. Estar en espacios pequeños y confinados es un verdadero problema para mí. Unos segundos mientras voy de un piso a otro está bien, pero ahora mismo estoy entrando en pánico. Se vuelve hacia mí y yo me quedo con los archivos—. ¿No es esto una sorpresa? ¿Qué estás haciendo aquí?— interroga.
—Trabajo aquí—respondo.
Su mirada mira los archivos y luego vuelve a mirarme a mí. Sus ojos parecen entrecerrarse mientras mira mí cabello. Mierda, cortarlo de repente no me parece ahora una buena idea.
—¿Desde cuando?—pregunta.
—¿Desde cuándo, qué?
—¿Cuánto tiempo has trabajado aquí?—confirma su pregunta.
—Un mes. Soy parte del programa de secretarias temporales. Estoy a las ordenes del señor Smith—agrego.
—¿Has estado aquí un mes?—interroga sorprendido.
Asiento con la cabeza.
—¿Cuál es tu nombre?—pregunta.
—No tengo que decirte eso—digo.
Fue incorrecto decirlo mientras avanza hacia mí. Aún manteniendo mis archivos, lo miro fijamente. Sus manos se mueven para atraparme en la esquina del ascensor. Nos hemos detenido y supongo que ha apagado la cámara de seguridad, así que nadie sabe que estoy aquí. Inclinando mí cabeza hacia atrás para mirarlo, espero. Sus labios se presionan en una sonrisa.
—Mí nombre es Allan Fox—responde. Hace una pausa, claramente dándome unos segundos para darme cuenta de que él es el dueño de este bufete—. Ahora, dime tu nombre —pide.
—Es Madeline García.
—Un placer conocerte, Madeline—menciona.
Su mirada se mueve por mí cuerpo, y odio que responda. Me gusta que me mire como si quisiera comerme.
—No puedo creer que hayan pasado seis meses desde la última vez que te vi. Cuando me dejaste solo en esa habitación sin despedirte—menciona.
—Realmente necesito ir a trabajar—digo con prisa.
De repente, este trabajo no parece una buena idea. No se mueve. Su mirada todavía en mí. Esperando. Mi coño está resbaladizo. El aroma de su colonia me enciende; eso y la cercanía. Tiene esa cosa alfa del hombre de las cavernas en este momento. Es mucho más alto que yo. Es casi surrealista que hayamos estado desnudos juntos, follando. Él fue el primero, no he estado con ningún otro hombre, así que en este momento, él sigue siendo el único ¿me hizo difícil siquiera pensar en encontrar a alguien con quien compararlo? Su teléfono celular suena, rompiendo el hechizo. Sin embargo, no retrocede cuando responde la llamada. Lo veo presionar un botón y colocar el celular contra su oreja.
—Sí—responde. No entiendo la conversación, pero niega con la cabeza—.Todo está bien. No hay necesidad de entrar en pánico — agrega. Escucha unos minutos y luego guarda su celular en el bolsillo. Sus dos manos vuelven a la pared a cada lado de mí cabeza, atrapándome—.Esto es nuevo—dice. Toma un mechón de mí cabello. Es corto, hasta el cuello, estilo bob—. Me gusta tu nuevo look—agrega.
De repente, sus dedos están agarrando mí cabello, muy parecido a como lo hizo con el club. La acción me toma por sorpresa y dejo caer los malditos archivos que estaba guardando. Sus labios están tan cerca y la acción ha hecho que presione mí cuerpo contra el suyo. Me agarro de sus hombros para sostenerme, grito mientras sus labios succionan mí pulso, besando mí boca. El beso que me da es duro. Aprieta su agarre en mí cabello, haciéndome gritar mientras ataca mí boca, embelesándome. Se siente tan bien. No debería sentirse así, pero el golpe instantáneo de excitación inunda mis bragas mientras me presiona contra la pared. Su otra mano va a mí cadera, bloqueándome en su lugar, y no hay ningún lugar adonde ir. Su lengua se sumerge dentro de mí boca y pruebo el café en su aliento. Esto esta muy mal. Él es el dueño de este lugar, soy una simple empleada. Finalmente, obteniendo algo de cordura y tal vez una columna vertebral , no sé cuál, agarro sus hombros y me alejo.
—No podemos hacer esto—digo.
—¿Por qué diablos no?—pregunta.
—Tú eres el jefe el dueño de todo esto—respondo.
—Como dueño, puedo hacer lo que quiera y te quiero a ti—pronuncia poniendo mis manos sobre su pecho, niego con la cabeza.
—Necesito este trabajo—digo tartamudeando.
—¿Ese dinero que pagué no fue suficiente para ti? ¿Necesitas mas?—interroga.
Como un interruptor, me enfrío. Me aparto de su toque, me hundo en el suelo y rápidamente empiezo a recoger los malditos archivos.
—¿Podrías volver a encender el ascensor? Necesito trabajar—digo apresuradamente.
—Madeline.
—Por favor, necesito este trabajo—pronuncio.
Quiero este trabajo. El trabajo duro no es algo de lo que haya rehuido. Este trabajo, incluso sabiendo que está aquí, me encanta. Está lleno de desafíos y recompensas, y todo lo que amo. Este hombre, que acaba de herirme profundamente con unas pocas palabras escogidas, no va a cambiar eso. A menos que tenga una causa para despedirme y no voy a permitir que eso suceda.
—Madeline—dice de nuevo queriendo llamar mí atención.
—Mira, quiero mantener este trabajo, ¿de acuerdo? No quiero hacer esto contigo. Tuviste lo que pagaste, ¿podemos dejarlo así? —menciono seriamente.
Pasan los segundos, tal vez incluso minutos, antes de que finalmente ceda. Mientras recojo el último de los archivos y me pongo de pie, siento que las lágrimas brillan en mis ojos. Yo lucho contra ellos. Llorar no va a ayudar. En unas pocas palabras cortantes, había tomado una noche que me encantaba y la había convertido en algo feo. Voy a tener que buscar otro trabajo. No hay duda de eso. No hay forma de que trabaje para él ahora. Al bajar juntos del ascensor, soy muy consciente de que lo estoy siguiendo. Eso es porque estos archivos son para él. Cuando entra a su oficina y yo paso, no me detengo mientras coloco los archivos en su escritorio. Incluso mientras dice mí nombre, solo quiero salir de allí. En cambio, me detengo y miro hacia él.
—Esto no ha terminado—dice.
Con eso, me voy. No puedo quedarme y tengo que ir al baño para intentar recuperar la compostura. Él no podía saber sobre el motivo que tuve para vender mí virginidad o porque necesito el dinero. Soy una persona que no le gusta que le tengan lástima, se que puedo salir sola de esto sin ayuda de nadie. Ya viví mucho tiempo sintiéndome como una mierda, mí tío cada que podía nos echaba en cara la comida que nos daba, la poco ropa que nos compraba, pero todo eso no importaba, no cuando nos golpeaba sin ninguna razón. No tenía a mis padres para que nos protegieran, me di cuenta que estábamos solas, Valeria solo me tiene a mí, ella apenas tiene ocho años, sufriendo una enfermedad que no muchos sobreviven, tengo miedo de perderla sin haber hecho lo suficiente por ayudarla.
Capítulo 6
Narra Allan.
Hace un mes que está en mí edificio. Un mes donde podría haberla tenido. Es casi demasiado bueno para creerlo. Exijo su información a través de Recursos Humanos y espero a que encuentren su archivo y me lo envíen. Los archivos que tenía en la mano están en mí escritorio para que los revise. La mujer con el cuerpo tentador y el coño estrecho finalmente tiene un nombre y es bonito. Intenté encontrarla. Incluso fui tan lejos como para intentar usar a un artista para que me escuchara para poder dibujarla. Por supuesto, no ayudó. Ella jodidamente disparó mi sangre, y no pude tener suficiente de ella. La necesito más de lo que necesito mi próximo aliento. Recuerdo la forma en que sus labios se sentían alrededor de mi rígida polla. No he estado con otra mujer desde entonces, la quiero. Al verla subir al maldito ascensor, pensé que era una fantasía, que había estado alucinando. Ella había sido tan real. En el momento en que me vio, lo supe. Trató de escapar, y no había forma de que permitiera que eso sucediera. Ya había escapado una vez, y no había forma de que lo hiciera dos veces. Su cuerpo suave, su olor, me volvía loco. Habían pasado seis meses. Me pregunto si ha estado con muchos hombres desde entonces. Mi bandeja de entrada finalmente suena que tengo un correo electrónico, y lo abro rápidamente, leyendo todos los detalles: Veinte años de edad.
Es más joven de lo que pensé que sería. Soy quince años mayor que ella. Sentado, no me gusta esa sensación. Nunca he sido un hombre que se preocupaba acerca de una diferencia de edad, pero esto, sabiendo que vendió su virginidad, necesito saber más. No solo eso, ella es la única a cargo de su hermana menor. Leí los detalles de por qué abandonó la universidad y la poca información, pero no es suficiente. Copie los detalles en un nuevo mensaje, busco la dirección de correo electrónico del investigador privado y le envío una lista de lo que quiero. Una cosa buena de tener mucha riqueza es que la información se compra tan fácilmente. Con eso en mente, reviso la lista de archivos que llegaron a mi escritorio. La mayoría de ellos son contratos que ya conozco. Cuando Madeline los tiró al suelo, los echó a perder, así que a la mitad consigo la nota que Kenia colocó en la parte superior de lo que eran. Ella pertenece a la división de contratos temporales de mi Buffet y se ocupa de la contratación de varios clientes, pero también de la subcontratación de lo que no podemos hacer. Después de llegar a la mitad de la pila, me inclino hacia atrás para estirar y deshacerme del crujido de mi cuello. Estar en la sala del tribunal frente al juez defendiendo a la mayoría criminales, y negociar una reducción de sentencia es agotador. Mi asistente personal renunció hace unos meses y hasta ahora he podido manejar todo. Solo he conocido a candidatas incompetentes. Ver a Madeline me hizo pensar que ella podría ser mí nueva asistente. Nunca he creído en el romance de oficina. No lo permito. Cuando alguien se involucra
románticamente y esa relación termina en un desastre, mí empresa siempre termina sufriendo las consecuencias. Por no hablar del drama. El único problema es que Madeline no comenzó como una mujer más en una larga lista de ellos. Ella es la única mujer en la que he podido pensar durante los últimos seis meses. He tenido un par de citas, pero ninguna fue importante. Ni siquiera les di un beso de buenas noches. Mí polla se quedó completamente quieta, pero un viaje en ascensor con una pequeña ex virgen, es como si él tuviera una mente propia. Golpee con los dedos el escritorio, mí impaciencia crece mientras espero a que el investigador privado regrese a mí. La razón por la que acudí a él fue porque prometió tener resultados en una hora o al menos dar aviso de que estaba tardando más de lo necesario en obtener la información. Esto no es bueno. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, suena mí celular. No reconozco el número.
—¿Hola?—digo.
—Mis hallazgos han revelado algunos detalles interesantes, pero no estoy seguro de que los quieras en el correo electrónico—dice el hombre detrás de la línea, así que me doy cuenta que es el investigador.
—¿Qué tienes?—pregunto.
—La señorita García de veinte años, se convirtió en la única tutora de su hermana hace casi un año. Su tío fue arrestado por intentó de violación hacía ella, también tiene otro cargo de violencia intrafamiliar hace las dos hermanas. Los padres murieron en un accidente automovilístico—agrega.
Me reclino, sorprendido.
—¿Qué carajo?—exclamo.
—Valeria García, su hermana menor pasa mayormente su tiempo internada en el hospital, tiene Leucemia, pero los detalles profundos de su enfermedad no los he investigado a profundidad, ya que ella es menor de edad y no es a quien originalmente me pediste que investigara. Quise confirmar contigo primero antes de hacerlo—dice.
No necesitaba un genio de las matemáticas para resolver todo lo demás. Madeline había vendido su virginidad por su hermana.
—¿Estaba reprobando en la universidad?—quise saber.
—No. Sus notas eran impecables. Tenía una beca universitaria, pero necesitaba trabajar para pagar las facturas del hospital—responde—.¿Quieres que siga investigando?—pregunta.
—Sí, averigua todo lo que puedas sobre ella. Quiero que me lo traigas. No más llamadas telefónicas —digo.
Al colgar, miro mí escritorio. Ella había hecho lo que podía por su hermana, lo sabía. Por la fotografía que vi de ella hace seis meses en Dulce Placer, sabía que había una razón, pero no sabía exactamente qué. Ahora lo hago.
Todo este tiempo, ha estado más cerca de lo que pensaba. Aquí mismo. Justo debajo de mí nariz. Aunque la necesito más cerca. Pase una mano por mí rostro, miro hacia atrás a su fotografía. Ella todavía tiene ese aire de inocencia a su alrededor. Quiero conocerla. Esto no debería estar sucediendo, pero no podía sacar las palabras de Mendoza de mí cabeza. Me había negado a cada paso. Incluso me negué a volver a ese lugar aunque sé que Alex, mí mejor amigo, iba allí todos las semanas para ver qué coño se ofrecía. Tiene que haber una manera de acercar a Madeline a mí. Su currículum señaló que había sido mesera, trabajado en una cafetería y panadería, y también trabajó en un supermercado. Su programa de estudios había sido en Derecho, así que ella quería ser abogada. Yo soy el dueño de ese Bufete, Es sencillo: Haré que trabaje para mí.
Hago las llamadas pertinentes. Mañana por la mañana, cuando Madeline se presente a trabajar, vendrá a verme para empezar. Ella trabajará de cerca y finalmente la tendré para mí solo, que es lo que estaba deseando.
**
Termino el día. He sudado, sangrado y he hecho todo lo posible por este lugar y por convertirme en el hombre que soy ahora: El abogado mas exitoso del pais y propietario del mejor Buffet. Una vez que todos se han ido, soy el último en irme. Al salir del Bufete, me dirijo al estacionamiento subterráneo. No hay nadie cerca y me tomo mi tiempo para llegar a mi auto. Con la información que tengo ahora, sé dónde vive. Imprimí una copia de su registro de empleo, que incluye la dirección de su departamento. Lo último que debería hacer es escribir esos dígitos en mí GPS, pero lo hago de todos modos. Saliendo del estacionamiento, paso las puertas de seguridad y me dirijo en la dirección que me dice mí pequeña computadora. Al cruzar la calle, veo a Madeline Apagando mis faros, veo que camina con una niña, con un turbante en la cabeza, me di cuenta que era su hermanita. Ella está charlando animadamente con su hermana. La información de mí investigador privado vuelve a atormentarme mientras miro a las dos. Incluso al otro lado de la calle, veo lo triste que se ve la pequeña. De vez en cuando Madeline decía algo para poner una sonrisa en su rostro.
Esto está jodidamente mal. Ese hijo de puta de su tío arruinó la vida de ambas y en el proceso envió a Madeline a mis brazos. No es que tenga un problema. Sin embargo, si cualquier otro hombre se la hubiera llevado...no me gusta la idea e instantáneamente lo corté de raíz. No quiero pensar en ella con nadie más. Ese cuerpo suave se sentiría tan bien. Ella no mira en mí dirección, pero hace que su hermana camine delante de ella por los escalones que conducen al edificio. Allí hay seguridad y ella se asegura de que su hermana esté protegida antes de entrar.
Necesito saber más. Tengo que estar cerca de ella. Pase lo que pase, una sola vez no fue suficiente. Reclamé su virginidad y me había dado un mero gusto. Ahora es el momento de que me quede con ella, quizás mí corazón finalmente tenga una razón y un propósito más para seguir latiendo.
Capítulo 7
Narra Madeline.
Vi el reloj de la pared de la habitación del hospital, era hora de irme al trabajo. Ayer Valeria durmió en la casa, y ahora me tocaba traerla de nuevo al hospital para su tratamiento.
—Vendré por ti mas tarde—le digo a mi hermanita despidiéndome de ella con un beso.
—Claro te veré luego—responde.
Al llegar al Bufete, Kenia me informa que ya no trabajare para el señor Smith, sino para alguien mas y esa persona es Allan Fox. No podía creer lo que me estaba diciendo.
—¿Qué quieres decir que trabajare para el Señor Fox ? —digo sin comprender.
—Mira, el señor Fox necesita una asistente, mas que una secretaria y lo ha pedido por ti. Ha sido muy recomendada con el trabajo que ya has realizado aquí para el señor Smith. No será difícil. Tendrás que traerle café, redactar informes, tomar notas. Él te explicará todo lo que necesitas saber. Deja de entrar en pánico y deja de pensar —dice, luego me guiña un ojo.
Esto no ayuda a calmar mis nervios, que ya están raídos. El sueño no había sido bueno conmigo anoche. Estuve dando vueltas y vueltas hasta todas las horas. Entonces Valeria volvió a vomitar, era a causa de los medicamentos. Le habían dado permiso de pasar esa noche conmigo y hoy seria igual. Necesito poder controlarme para tratar con el dueño de este lugar. El hombre con el que me había acostado. El hombre en el que no he podido dejar de pensar cuando tengo dos minutos para mí. Tome el papeleo que necesita Allan Fox, no tengo otras excusas e incluso insinuar un día de enfermedad no sería suficiente. Empezaría a hacer preguntas. Lo último que necesito es que alguien piense que me estoy acostando con el dueño del Bufete. Me he acostado con el mejor abogado penalista del país. Esto es una pesadilla, una completa y total pesadilla. Deje la oficina de Kenia me dirijo al ascensor. Recordando lo que pasó ayer, inmediatamente me desvío y me dirijo a las escaleras, pero está bien. El agotamiento al final del turno sería un alivio bienvenido. Subiendo cada escalón, me agarro a la barandilla y cuento a medida que avanzo. Doblo una esquina, doy otro par de pasos y repito mí conteo mental. No quiero pensar en sus manos sobre mí. La forma en que me sujetó mientras golpeaba su polla tan profundamente que atravesó mí cuerpo virgen. Incluso con el dolor, ese pulso de excitación había sido tan fuerte, y no quería que se detuviera. Esa noche había sido todo lo que quería que fuera y mucho más. Sintiéndolo en mí boca, sus manos por todo mí cuerpo, haciéndome doler de excitación. Antes de darme cuenta, estoy en el último piso, solo que no estoy sin aliento. Estoy muy excitada. Mis pezones están tensos, presionando contra la parte delantera de mí blusa. Eso es lo que me puse para trabajar, una blusa blanca y una falda negra hasta la rodilla. Eran la ropa más barata que podía pagar en ese momento. El dinero que me sobraba se destinaba a la educación universitaria de Valeria, porque tenia la esperanza de que ella venciera la enfermedad que la aquejaba, también pagaba las terapias con la psicóloga que estaba recibido para asimilar lo que le está pasando y lo que pasó con mí tío. Verla con moretones no era algo agradable de ver, a pesar que yo recibía la mayoría porque que interponía para protegerla. Anoche ella realmente me sonrió. También fue una sonrisa real, no solo una para hacerme sentir mejor. Solo quiero lo mejor para ella. Por eso me vendí por dinero.
Cuando entro al piso principal, el ruido es bastante ensordecedor, hay tanta actividad. Nadie me presta atención, pero veo a Allan. Él esta esperando. Se apoya contra el marco de la puerta, la mano delante de él, mirando su reloj. Pero no voy tarde. Nunca llego tarde. Cerrando la distancia entre nosotros, me detengo justo frente a él.
—Kenia quería que te diera estos—digo, le extiendo los archivos y él sonríe.
—Bien. Supongo que te han puesto al día —dice.
—Sí—afirmo—.¿Porque me quieres como tu asistente?—pregunto.
Vuelve a sonreír, esa sonrisa que parece dejarme sin aliento. Lo recuerdo haciendo mucho eso cuando estábamos juntos. La sonrisa que prometía algo perverso. Han pasado seis meses desde la última vez que me tocó y lo quiero de nuevo. Ha pasado tanto tiempo. No he estado con nadie más. El dinero que solía pagar por todo siempre me pareció sucio.
—¿Puedes hacerme un café por favor? Negro, sin azúcar—dice—. Luego te prepararé para lo que vas a hacer hoy —agrega.
—¿Dónde está la máquina de café?—pregunto.
—En la esquina. Estoy seguro de que puedes encontrarlo —responde. Odio esto, pero camino a la estación de café. Veo una taza que tiene la palabra "Fox" impresa en ella. Agarrando la taza, me paro frente a la máquina de café, sirviendo una taza llena de líquido oscuro. Para empezar, no huele bien. Con su café en la mano, regreso a su oficina—.Cierra la puerta—dice. Mordí mí labio para no arruinar esta oportunidad, dejo el café sobre el escritorio y me quedo de pie, esperando—.Toma asiento—agrega, empujo mi falda debajo de mí, me siento en la silla frente a él manteniendo las piernas cerradas, lo miro. Está revisando los archivos que envió Kenia. Se lleva una mano a la cabeza y se frota una mancha. Su cabello oscuro parece un poco más largo de lo que recuerdo. No se lo ha cortado y me dan ganas de pasar los dedos por los gruesos mechones. Esta es una mala noticia. Fantasear con el dueño es un gran no. Espero a ver qué quiere. Su oficina es enorme. Su escritorio está frente a una gran ventana que derrama luz en la habitación. Algunas de las persianas están parcialmente bajadas, pero en su mayor parte, la vista de la ciudad es impresionante. En el lado izquierdo de su oficina hay un sofá con una gran mesa de café. Parece cómodo, acogedor. Claramente pasa mucho tiempo aquí. En el lado derecho, la pared está cubierta de libros. No puedo distinguir ninguno de los títulos, pero está bien. Juntando mis manos, devuelvo mi atención a él. Me ha estado mirando.
—Tienes una bonita oficina-—le digo, ¿Qué más se supone que debo decir? Esto es tan confuso. Ojalá Mendoza me hubiera advertido sobre esto. Nos había asegurado a todos que no tendríamos que conocer a los hombres que nos pagaron. Una noche. Sin consecuencias. Claramente, no había pensado en lo que sucedería cuando uno de nosotros fuera a buscar trabajo, y ¿por qué debería hacerlo? Mi servicio para él, y el suyo para mí, había terminado.
Metí un poco de cabello detrás de mis orejas, espero instrucciones.
—No me gusta que te cortes el cabello—dice de repente. Lo corté para no recordar todas las veces que me agarró del pelo mientras cabalgaba sobre mi cuerpo. En lugar de decir eso, espero pacientemente por cualquier otra cosa que vaya a decir—.¿Estabas en el proceso de obtener tu título en Derecho?—pregunta.
—Sí—respondo.
—¿Volverías a la universidad si pudieras?
Pienso en Valeria y sé que no es una opción para mí.
—No es algo que esté buscando continuar. Necesito trabajar, y no todo el mundo necesita un título para hacer una carrera—respondo.
—¿No tienes planes de formar una familia?—pregunta.
—No.
—¿Algún novio esperándote en casa?—volvió a preguntar.
¿Es relevante saber esto? Me parece un poco personal. Sacudo la cabeza, miro mis manos apretadas. Todo esto es tan vergonzoso.
—No—afirmo.
—¿Estás saliendo con alguien ?
—¿Por qué es esto relevante?—digo.
—Porque quiero saber, ya que me abandonaste—responde.
Lo miro, qué dijo?
—Estabas dormido —le respondo.
—Entonces, te escabulliste de la cama para no tener que enfrentarte a mí por la mañana. ¿Te preocupaba que yo quisiera saber tu nombre?
—Solo teníamos que estar juntos un par de horas y después podríamos ir por caminos separados. Eso fue lo que hice ¿Por qué sigues sacando el tema de esto? —le pregunto.
Me mira fijamente durante mucho tiempo. Me siento desgarrada. El año pasado se ha sentido más como una pesadilla de lo que quiero darme cuenta. Todo había cambiado y lo único que queda es un estado de miedo. He tenido miedo durante tanto tiempo. Incluso esa noche me entregué a él, tenía miedo, pero en el momento en que me tocó, todo se volvió muy claro. Desde que nos separamos, la vida ha continuado. De un día a otro, esperando que suceda algo.
Ayer en el ascensor, fue como si finalmente me despertara.
—Necesito que tomes algunas notas para mí en un par de llamadas telefónicas que estoy a punto de hacer—me dice, hablando ya de trabajo, su cambio de tema fue brusco—. Vendrán unos clientes, hazlos pasar cuando estén aquí—agrega.
Durante la siguiente hora, lo escucho mientras habla con algunos clientes. Todo el tiempo tomo notas. Cuando asiente en mí dirección, me aseguro de anotarlo para que no pase nada. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, la conversación cesa, los clientes se van. Mis siguientes órdenes son devolver los archivos a Kenia traerle un poco de café y darme prisa. Cada una de sus demandas incluye siempre que me apresure. Para no tomarme mí tiempo. Para seguir moviéndote. El día es largo y duro. Para cuando se acercan las cinco, estoy exhausta. Tendré que irme pronto, tengo que usar el transporte público y nunca es confiable. No hay nadie más en el piso, pero Allan sigue trabajando. Los nervios me inundaron mientras caminaba hacia la puerta. Llamé ligeramente para no molestarlo aunque quería su atención. Ha cerrado las persianas y su oficina ahora está a oscuras, aparte de una lámpara singular en su escritorio.
—Señor, me preguntaba si podría irme—digo.
He estado jugando con cómo llamarlo todo el día. Señor, señor Fox, idiota, la lista es interminable. "Señor" me parece más respetuoso, o al menos eso pensé. Levanta la cabeza. Durante varios segundos no dice una palabra. Lo miro mientras se pone de pie y camina alrededor del frente de su escritorio. Sigue mirándome.
—Ven aquí—dice. Fue muy similar a la instrucción que me dio en esa habitación. Al entrar en su oficina, me paro a unos metros de él—.Más cerca—agrega. Acercándome a él, jadeo mientras me agarra por la nuca, acercando mí cuerpo a él. Estoy al ras contra él, su polla presionando contra mí cadera. Es duro como una roca y no se puede negar lo que quiere. Él me quiere. Cuando golpea sus labios con los míos, gimo. Agarrando las solapas de su chaqueta, me aferro mientras su beso se vuelve duro, casi violento mientras muerde mis labios. Ese beso tiene el poder de destruirme. La humedad inunda mis bragas como mí excitación crece. Lo quiero. No quiero que se detenga. Mantiene mí cuello mientras su otra mano sostiene la mejilla de mí trasero. La última vez que estuvimos juntos, dejó moretones en mí carne. Cada vez que me miraba al espejo, las marcas eran una señal de lo que hacíamos juntos. Mientras toma el beso, paso mis manos por su pecho para envolverlo alrededor de su cuello. Esto no debería estar pasando. No estamos de vuelta en esa habitación. Estamos solos en su oficina. El rompe el beso, sus labios se arrastra por mí cuello— .Apuesto que estás mojada para mí ahora mismo, ¿no es así? Tan ansiosa, tan lista para ser follada. ¿Has tenido hombres después de mí?—pregunta.
—No—respondo.
—Así que ese coño apretado todavía es nuevo en tomar una polla—dice en un tono excitante.
—Esto está mal—digo en un intento de compostura.
—Solo está mal si no lo quieres—dice él.
—Va en contra de la política de la empresa—ataco. No sé cómo puedo estar pensando en la política de la empresa en este momento, pero me felicito por recordarlo. Él se rio entre dientes.
—Yo soy el dueño. Puedo escribir cualquier regla que quiera que se adapte a mis necesidades. Por eso voy a seguir sacando el tema. Me quieres, Madeline. Tus pezones están tan jodidamente duros en este momento, apuesto a que serían tan hermosos si me los llevo a la boca—agrega.
Justo cuando se inclina, mí teléfono celular emite una alarma para recordarme que necesito ir a recoger a mí hermana. Quiero esto. Lo quiero a él y a su boca, incluso si eso me puede costar el trabajo.
—Tengo que ir a buscar a mí hermana—menciono.
—¿Dónde está ella ? —pregunta—.Por suerte para ti, estoy más que feliz de ayudar. Vamos a recogerla —dice.
Se que no va a aceptar un no por respuesta, y con ese beso, perdí el tiempo. Necesito que me lleven. Solo espero que Valeria no se asuste.
Capítulo 8
Narra Allan.
Esta mujer es como una maldita adicción. Era como mejor whisky que se puede comprar con dinero. Ella se sienta en el asiento del pasajero, luciendo como si fuera a violarla en cualquier momento. Ella no está muy equivocada. Si su teléfono celular no hubiera interrumpido, esos senos habrían estado a la vista de mis labios. Seis meses lejos de ella era demasiado tiempo. Si cree que voy a dar marcha atrás en esto, se encontrará con un rudo despertar. Me estaciono fuera del hospital mantengo el auto en marcha ya que la niña la está esperando afuera acompañada de una enfermera. Para mí está claro que Madeline no quiere hablar de su hermana, así que no presioné el tema. ¿Por qué empujar algo así? Ella me lo dirá cuando esté lista; no voy a hacer ese tipo de mierda. Verla todo el día fue difícil. Todo lo que quería hacer era follarla, llevarla. Para saber todo sobre ella. Para saber qué la motiva. Rara vez sonríe. Noto que ella siempre es útil. No solo me preparó una taza de café, sino café para todo el piso.
Noté que un par de abogados la miraban. Los vigilaré. Están casados, pero un anillo no cuenta hoy en día. Ellas caminaron hacia mí. Madeline abre la puerta trasera del auto y Valeria entra. Luego ella toma asiento junto a mí.
—Tu debes ser el amigo de mí hermana, es un placer conocerte—dice la pequeña.
Que me presentará como su amigo no era lo que esperaba, pero era un avance.
—El gusto es mío señorita—respondo.
Madeline me dice su dirección. Nuevamente, no digo nada. El silencio llena el auto.
—Tengo hambre—dice Valeria. Su voz es dulce.
—Puedo detenerme para comprar algo. Hay muchos lugares para autoservicio—me adelanto a decir. Haré cualquier cosa para mantener a mí ángel cerca de mí por más tiempo.
—No será necesario. Dejé hecha la cena—dice Madeline.
—¿Hiciste albóndigas en la olla de cocción lenta?— pregunta la pequeña.
—Sí—responde Madeline.
—Impresionante. ¿Por qué no invitas a tu amigo? —sugiere Valeria.
Veo como su sugerencia molesta a Madeline.
—Estoy segura de que tiene cosas que hacer—le responde
—Para nada. Además me encantan las albóndigas—digo rápidamente. No es mentira No las he probado en mucho tiempo.
—¿Te gustaría cenar con nosotras?—me pregunta Madeline sin más remedio.
—Seguro—respondo con una sonrisa.
Iba a aprovechar cualquier excusa para prolongar mí tiempo con ella. Una vez que llegamos me dejó entrar a su departamento, este es pequeño. Hay un olor increíble que llena el lugar. Camino con ella a la cocina. Hay una mesa pequeña en la que solo caben dos personas.
—Toma asiento. ¿Quieres té, café, agua? —me pregunta.
—Tomaré agua—respondo.
—De acuerdo.
Me sirve un vaso luego regresa a la cocina, veo lo que está haciendo mientras manipula la olla de cocción lenta con las albóndigas burbujeantes. Sin embargo, verla me llena de una sensación de calma y promesa. Ella se ve tan bien y sexy. Cada vez que se inclina, veo el borde de su tanga. Si hubiera sabido que los estaba usando, no habría podido mostrar ningún tipo de moderación. Mi polla ya ha comenzado a endurecerse. La pequeña Valeria estaba a mí lado, comencé hablar con ella mientras su hermana preparaba la pasta. Me di cuenta que es una niña muy dulce, no podía imaginarme todo lo que ha sufrido y lo que está sufriendo con su enfermedad. Tiene un futuro por delante y ahora comprendo la razones de Madeline. Con tres platos frente a ella, sirve la comida. Parece cansada y me siento un poco culpable por haber causado eso. La había estado enviando por todo el edificio hoy sin pensarlo. Me gusta verla caminar. Ningún apoyo de un sostén evitaría que esas bellezas reboten. Su culo es una tentación. Lo quiero debajo de mí mientras conduzco dentro de ella. En el momento en que me deslicé dentro de su coño sedoso, debería haber sabido que no había forma de que pudiera probarlo. Esta mujer es como un buen vino, para ser apreciada, deseada y para pasar tiempo con ella. Valeria toma su plato da la excusa de tener que completar la tarea que le han enviado sus maestros. Estamos solos y estoy más que feliz por eso porque Madeline y yo tenemos asuntos pendientes. Tomo una albóndiga y pruebo, la carne es tierna y jugosa y llena de sabor y la pasta está deliciosa. Madeline hace girar su comida alrededor del tazón, de vez en cuando dando un mordisco. No me gusta que no coma.
—Tienes que comer—le digo.
—Estoy haciéndolo—responde. Su voz es suave.
—Tienes que comer más—le digo. Espero unos segundos para ver si me ha escuchado. Ella no come más y eso me molesta. No quiero que se enferme—.Ahora—agrego molesto.
—No eres mi jefe aquí —responde a la defensiva.
—Soy tu jefe en el trabajo y necesito asegurarme de que mi personal se cuide a sí mismo—respondo.
—Sé cómo cuidarme.
— ¿En serio? Desde donde estoy sentado, parece que estás teniendo una fiesta de lástima —digo.
—No pienses ni por un segundo que entiendes lo que está pasando aquí. No tienes ni idea. Ni siquiera deberías estar aquí —menciona molesta.
—¿Por qué?—pregunto.
—Fue una noche. Eso era todo lo que se suponía que debía ser —responde.
—Bueno, ¿adivina qué nena? Eso tampoco es todo lo que va a ser — contesto, tomo otro bocado y la miro.
—¿Por qué estás haciendo esto?—quiso saber. Ella no sabe que yo se lo que está pasando aquí, lo que pasa en su vida, sus problemas, sus necesidades. Sé mucho, y si ella tuviera una idea del alcance de la verificación de antecedentes que tuve sobre ella, probablemente se asuste—.¿Por qué estás haciendo esto tan complicado? Obtuviste lo que querías —formula otra pregunta.
Sentando en mi silla, la miro. Ella cree que obtuve lo que quería. De ninguna manera. Ni siquiera está cerca.
—No tienes idea de lo que quiero. Ahora, come tu comida. No serás útil para Valeria si te enfermas por no comer bien—digo. Nos miramos el uno al otro y ella no hace ningún movimiento para llevarse un solo bocado a la boca—.¿Quieres que vaya a tu lado y te ponga sobre mis rodillas? Puedo si consigues que hagas lo que quiero —agrego. No me gusta mucho el BDSM, pero solo con tener su cuerpo curvilíneo sobre mi regazo con mi mano en su trasero, estoy más que feliz de complacerla. Ella me mira, pero comienza a comer más. No le gusta la idea de que le peguen. Terminando mi propia comida, la miro. No me gusta verla así. Completamente retirada. No es por eso que vine a su casa. Por supuesto, tengo mis razones para venir aquí y no todas son para ayudarla. Primero, quiero que esta barrera que se ha erigido entre nosotros se derrumbe. En segundo lugar, quiero que ella confíe en mí. No voy a salir corriendo y gritar desde los tejados que está luchando. Tiene veinte años y está lidiando con una hermana que claramente está sufriendo. Ella necesita ayuda. Además, la quiero de nuevo. Simple como eso. La quiero debajo de mí, encima de mí, metiéndome profundamente en su coño y para terminar lo que empezamos hace seis meses. Con la comida terminada, Valeria no vuelve a salir y Madeline no hace ningún movimiento para ir a verla. Después de un café silencioso, sé que es hora de que me vaya. Terminando las últimas gotas del café de mierda, me pongo de pie. Salta y rápidamente se pone de pie—. Es hora de irme—pronuncio. Madeline asiente y camina delante de mí. No tengo ningún problema con eso. Me gusta mirar, y ella es un espectáculo para la vista, con su culo curvilíneo y todo.
Con su mirada al frente, no ve cuán cerca me acerco. Justo cuando está a punto de golpear la puerta, la agarro del brazo y la giro para que no tenga más remedio que mirarme. Presione su espalda contra la puerta, envuelvo mis dedos alrededor de su cuello.
—¿Qué estás haciendo?—pregunta nerviosamente.
—Dime que no sientes esto—pregunto. Presiono mi cuerpo contra el de ella, frotando mi polla dura como una roca en su estómago. Observo cómo se muerde el labio inferior. La acción es tan tentadora y sexy que no puedo resistir la degustación. Bese sus labios, deslice mi lengua contra su boca antes de sumergirme, escucho su jadeo seguido de un gemido. Ella es tan jodidamente tentadora. Con mi otra mano, toco su pecho. Son tan suaves y ella no está usando un sostén acolchado, así que puedo sentir el brote duro de su pezón contra mi palma. Pellizque el pezón, me froto contra ella.
—Por favor— dice, un poco sin aliento.
No puedo evitarlo. Profundizando el beso, paso una mano por su muslo para capturar su rodilla. La falda es demasiado obstructiva, así que la levanto hasta su cintura y regreso para levantar su muslo contra el mío. El movimiento pone mi polla cerca de su dulce coño, y maldita sea, quiero estar dentro de ella. Ella me pertenecerá. Seré dueño de este cuerpo. Es solo cuestión de tiempo. Con cada gramo de fuerza que puedo reunir, la beso por última vez y doy un paso atrás.
—Dime que no estás mojada en este momento. Que no quieres que te lleve a la cama y te folle tan fuerte que no puedes pensar con claridad —digo. Manteniendo ambas manos en su rostro, le sonrío—. Porque si puedes, me iré y no volveré a molestarte. Ambos sabemos que me quieres— agrego, luego hago una pausa—.Te veré mañana—finalizo. Con eso, la aparto del camino de la puerta, la abro y me voy.
Salgo con una sonrisa en mí rostro y con mí polla dura como una piedra. La había provocado y funciono.
****
Significado de BDDM: Es una sigla en inglés que incluye diferentes prácticas sexuales relacionadas con el establecimiento de roles de poder. La B significa bondage, o esclavitud en español, la D significa dominancia, la S sadismo y la M masoquismo.
Capítulo 9
Narra Madeline.
Semanas después
Trabajar para Allan no es tan fácil. Es exigente, por supuesto, y también siempre está ocupado. Eso es lo que noté durante la primera semana de trabajo para él. No pasa un momento en el que alguien no lo quiera, ni siquiera a altas horas de la noche. Se ha encargado de dejarme en casa. Mi hermana al parecer le agrada, sonríe y charla con él a gusto, ella lo sigue invitando a cenar, así que él ha ido a mí departamento durante estos días. Para cuando llego a casa, estoy exhausta. Allan le gusta enviarme por todo su edificio, persiguiendo papeles, asegurándose de que la gente lo llame para informarme. Me dijo que es porque la gente se vuelve perezosa hasta que ve a una persona real y visible .Para ser honesta, creo que me está utilizando porque no tiene la menor idea de qué hacer conmigo. Es competente con su trabajo. En el almuerzo, solía sentarme con las chicas que habían salido del Programa de Trabajo de secretarias temporales. Solo que me cansé de escucharlos decirme la rara oportunidad que era trabajar directamente con Allan Fox. Ninguno lo sabe. No entienden que me siento incómoda porque la noche que le di mi virginidad fue la noche que no puedo olvidar. Se suponía que no significaba nada. Allan me hace imposible olvidarlo. La forma en que siempre está cerca. Los toques. Las burlas. Esos toques me vuelven loca queriendo más. No quiero que se detenga y, sin embargo, siempre lo hace.
Durante cinco días estaré sola, Valeria no vendrá ni estará en el hospital, este ha organizado un pequeño paseo, una especie de campamento para niños con diferentes enfermedades, claro teniendo el personal especializado pasa su cuidado. Me siento alegre se que ella se divierta a pesar de todo. Pase los dedos por mi cabello, que ya ha empezado a crecer por el corte que me hice hace un mes. Estoy esperando las fotocopias, que se están imprimiendo. La fotocopiadora está ubicada lejos de todos en el piso. Están todos ocupados. Volteo hacia la puerta, veo a Allan parado allí.
—No tardaré mucho más, ya casi termino—le digo. Miré hacia la ventana de cristal mientras espero a que se impriman los papeles, observo su reflejo parcial mientras entra en la habitación. Mis pezones se tensan cuando cierra la puerta. En el siguiente segundo, él está detrás de mí, sus manos en mis caderas. No le digo que se detenga aunque debería. Esto es acoso sexual. No debería estar haciendo esto. Sin embargo, ¿es realmente acoso si lo quiero? Si me encanta la forma en que me toca, ¿la atención que me presta? Ya no soy la hermana de Valeria la fracasada, la que abandonó la universidad, la tutora, la fuente de ingresos. La responsable. Soy solo yo: Madeline García. Una de sus manos se curva alrededor de mí estómago, moviéndose hacia abajo entre mis muslos. La máquina cubre la mayor parte de mí cuerpo. No digo nada mientras se levanta la blusa blanca, y allí, en la sala de fotocopias, acaricia mí pecho—.Uno de ellos puede vernos—digo con dificultad.
—Si no quieres que haga esto, dime que pare. Dime que no quieres mis manos sobre ti, Madeline. Que no es lo que quieres. Me detendré —dice. Eso es lo que temo. No quiero que se detenga. Manteniendo la boca cerrada, aguanto un grito ahogado mientras él tira de la copa de mí sujetador sobre mí pecho y su palma la cubre. Me subió la falda por la cintura y me cubrió las bragas. Esta vez había olvidado la tanga y, mientras me frota los muslos, trato de contener un gemido. Es imposible. Cuando se burla debajo del borde de mis bragas y me toca, cierro los ojos y lo siento tocar mí coño. Sus dedos acarician mí clítoris, pero no se demora. Se desliza hacia mí entrada. Cuando empuja un dedo dentro de mí, jadeo. Alcanzo la máquina y la sostengo—.Eres tan estrecha como recuerdo. ¿Has estado con alguien más, Madeline? Necesito saberlo—pregunta.
Mí nombre de sus labios suena más como una caricia. Me encanta cómo lo gruñe. Para mí, lo hace sonar tan dominante y fuera de control al mismo tiempo.
—No. No ha habido nadie más —respondo.
—Bien. Este coño es mío. Tu cuerpo me pertenece. No me importa lo que pienses, siento lo húmeda que estás por mí. Cuánto quieres esto y yo también lo quiero. Haz arreglos para que estés sola en tu departamento esta noche, porque serás mía —me dice.
—Valeria está en un campamento durante estos próximos cinco días —respondo rápidamente.
Abro los ojos y miro su reflejo.
—Aun mejor—dice. Sus manos abandonan mí cuerpo, poniendo mí ropa en su lugar—.No me hagas esperar demasiado por esas copias—agrega. Observo, atónita, mientras se aleja. Está en la puerta cuando se detiene y se vuelve hacia mí—.Tampoco juegues contigo misma, no quiero que te toques—me advierte, luego se va.
Mí cuerpo está despojado por la pérdida de su toque. No puedo creer que me haya hecho eso. Lo último que quería era que se detuviera. Juntando mis muslos, trato de concentrarme en la fotocopiadora, esperando a que salga cada hoja de papel. No es bueno. Todo en lo que puedo pensar es en sus manos, su polla, su toque; todos mis pensamientos están dominados por él, y lo hizo a propósito. Esto es lo que ha estado intentando hacer. Con todo el papeleo hecho.
Regreso a su oficina, con la esperanza de hacerle entrar en razón. Está al teléfono y, por supuesto, me hace un gesto de silencio mientras habla. Extiende sus manos para el papeleo y estoy tan tentado de empujarlo en su cara, pero no lo hago. Allan sigue siendo mi jefe. Empuja algunos sobres en mí camino, y esa es mí señal para irme. Dejarle terminar su llamada. Como un niño, me expulsan. Tomando las cartas, me dirijo hacia el ascensor, pero no quiero que este trabajo termine pronto. Voy por las escaleras, necesitando un descanso completo. Sosteniéndome de la barandilla, bajo, tratando de no pensar en el placer que me recorre el cuerpo o en los sentimientos que me inspira.
Cuando estoy con él, me cuesta recordar que ya no soy solo yo. Tengo la responsabilidad de cuidar de mi hermana. Fallarle no es una opción para mí. Incluso mientras trato de encontrar todas las excusas que puedo pensar de por qué debería alejarme, denunciarlo o simplemente buscar otro puesto, no puedo negar que lo quiero. Ésa es la razón principal. Quiero a Allan Fox. La necesidad comenzó durante nuestra noche juntos. Después de haber tomado lo que había pagado. El resto de la noche, me había dado la oportunidad de explorar su cuerpo, tocarlo, saborearlo y burlarse de él de la manera que quería. Es por eso que no puedo alejarme. Esto es más que un asunto ahora. Yo lo veo. Tenemos asuntos pendientes entre nosotros. Es más, por una razón completamente egoísta, lo quiero para mí. Es por eso que no me alejaré. Por qué me niego a irme o hacer lo correcto. He estado haciendo lo correcto durante lo que parece una eternidad. ¿Sería tan malo tomar decisiones equivocadas? La única persona que corre el riesgo de salir lastimada soy yo. Yo soy el que tendrá el corazón roto. Esta tiene que ser la cosa más loca que jamás haya considerado hacer y, sin embargo, se siente tan bien.